GERÓNIMO GORA UN HEROE OLVIDADO DE LA BATALLA DE JUNÍN (Por don Gerardo Patiño López)

Gerardo Patiño López (dibujo)En esta parte de nuestro periplo por la historia de nuestro pueblo, he querido rendir mi homenaje de admiración y afecto a dos hombres  notables de Pasco que, aunque separados por las coordenadas del tiempo, están sólidamente unidos en la hermosa tarea de difundir la grandeza de nuestra cuna. Cada uno en su tiempo. El primero, nuestro patriarca Gerardo Patiño López, periodista  extraordinario que ha dejado plasmado en su pluma magistral -acertado cronista- medio siglo de vida tumultuosa y heroica del pueblo cimero del mundo.  El otro, un joven valor de innegable talento artístico que con notabilísimo acierto nos está regalando hermosas pinturas que hablan acertadamente de su mensaje. Nos referimos a Wilmar Orlando Cosme Calzada, no una promesa sino una vigente y poderosa realidad del arte actual de nuestro pueblo. Mis parabienes a nuestro joven artista de quien estamos reproduciendo un retrato en finos trazos al carbón de nuestro patriarca. Abrigo la esperanza de que en el futuro continuaremos disfrutando de su arte que, con su permiso, exhibiremos en nuestras modestas  páginas de PUEBLO MÁRTIR.

La batallas emancipadoras realizadas en América contra las tropas españolas, han tenido, muchas de ellas, un héroe anónimo que ha pasado a la historia, sin que se le haya dignificado, cual merecieron sus actos.

El paso de los Andes que don José de San Martín con clara visión y patriotismo realiza con todo su ejército, contaba con el baquiano Justo Estay y, su perro, que guiaron al ejército libertador en su atrevida travesía para dar el triunfo en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, con la que se consiguió la libertad de Chile.

La batalla de Junín también tuvo un héroe anónimo, su guía en la victoria fue el jinete y pastor de Rancas llamado GERONIMO GORA. Baquiano, conocedor de la ruta del oeste del lago Chinchaycocha, lleno de fangos y encrucijadas que él conocía palmo a palmo, se puso a la cabeza del libertador Simón Bolívar como un cicerone para evitar algún desastre en esa fangosa zona y marchó con más de cien jinetes ranqueños que en el Cerro de Pasco se unieron al Ejército Libertador para pasar revista en las pampas de Sacramento, cerca de Rancas, a los 9,000 hombres que se componía, que aclamaron y escucharon el 2 de agosto de 1824, la histórica proclama del libertador Bolívar que hoy se halla esculpida en broce en el frontis del Concejo Distrital de Simón Bolívar, en el mismo Rancas, capital de este distrito.

Quien no conoce los detalles, por insignificantes que fueran de la estadía de Bolívar en el Cerro de Pasco, de su permanencia en la villa  de Pasco y de todas las contingencias de esta “Batalla blanca de las caballerías” y de los héroes de la jornada en que resaltan Sucre, Rázuri, Suárez, Miller y otros más y de la desbandada de Canterac; pero la historia oficial no consigna el hecho de que el propio Libertador Simón Bolívar en el mismo campo de batalla, después del triunfo, lo ascendió a capitán. Este dato no se ha extinguido, pues de generación en generación, es transmitido con admiración y cariño. Y Gora, con sus 100 jinetes ranqueños, que participaron en la batalla han pasado a la historia como anónimos de esa épica jornada.

Creemos que el patriota Gora merecería, por lo menos, un significativo obelisco, por pequeño que sea, levantado en su honor en su propio pueblo de Rancas. Ahora que se avecina la celebración del sesquicentenario de la Batalla de Junín, en la que los hijos del Cerro de Pasco se enrolaron en las filas del Ejército Libertador y derramaron su sangre en el campo de batalla, le prestaron al Libertador Simón Bolívar, todo su apoyo moral y económico que coronó  con éxito esta histórica campaña. Es por eso que por gratitud y justicia, creó el Departamento de Junín, haciendo del Cerro de Pasco su capital, el 13 de setiembre de 1825. En uno de sus considerandos establece “que para dar testimonio de aprecio que le merecen los servicios que ha hecho el Departamen­to de Huánuco y la población del Cerro de Pasco, a la causa de la Independencia y perpetuar el mensaje de la brillante jornada de Junín por el Ejército Libertador, dando principio a sucesos memorables conque ha terminado la contienda de la libertad” y agrega “para darle el título de DISTIGUIDA VILLA DEL CERRO DE PASCO”. Así dice esa histórica ley dictada por el Libertador Simón Bolívar y porque en ese tiempo, los grandes hombres eran justos y tenían emociones patrióticas y cabales, dejando de lado las ambiciones y la ingratitud de muchos. Y en estos momentos tendríamos que hacer una tajante interrogación de preguntar si los pueblos del actual Departamento de Junín, contribuyeron en algo, por insignificante que sea, al triunfo de la memorable lucha por la libertad. La respuesta es obvia, que mientras sólo Huánuco  y el Cerro de Pasco, está a aclarado, fueron los que hermanados secundaron el éxito de esta histórica batalla.

A grandes pasos se avecina la fecha del sesquicentenario de la “Batalla de Junín” que se celebrará el 6 de agosto del presente año, y ante este grato acontecimiento debemos evocar patriótica­mente esa fecha, como acaba de hacerlo la ciudad de Trujillo que ha recordado la presencia de Bolívar y, en su honor, se programaron diversidad de ceremonias cívicas y siguiendo “el camino de los libertadores” que así le llamaremos, le tocaría a Huaraz, Huánuco y llegar a Yanahuanca y el Cerro de Pasco donde arribó el 25 de julio de 1824. Son pues fechas inolvidables y conocidas plumas de historiadores han dado a conocer con detalles tan minuciosos de la estadía el Libertador en esta tierra de Huaricapcha, destacándose el hecho de que su presencia, el Alcalde de la ciudad, el patriarca don Ramón de Arias, le ofreció como alojamiento del marqués de la Real Confianza a lo que de inmediato se apresuró a rechazar manifestando que era “casa de un godo y que preferiría hacer una tienda en plena plaza Chaupimarca al lado de su tropa”. Fue entonces que se alojó en la mansión de los Alcántara en la calle de las “Siete Estufas” que hoy se halla totalmente destruida como todo ese barrio, pero queda la Casa de Bolívar en el distrito de Rancas donde se debe colocar una placa conmemorativa, porque en ella pernoctó la noche del 1º de agosto y al día siguiente marchó con todo su ejército a la meta que lo cubriría de gloria. La municipalidad del Cerro de Pasco, juzgamos que debe convocar a una reunión patriótica con el objeto de evocar la llegada de Bolívar y preparar un programa digno de su celebración.

En esta ocasión impetramos a quienes corresponda, ya que estamos dentro de un período de transformaciones y justicia, que la ciudad del Cerro de Pasco, el pueblo olvidado de los gobernantes, también merece una oportunidad como el caso de Ayacucho, con motivo del sesquicentenario nacional, tantas obra en el ámbito de su actual estructura urbana, para que la antigua ciudad no se siga devastando y que sean intangibles sus viviendas, calles, plazas y edificios públicos que aún quedan y se asegure la ampliación de ella en el sector comprendido en la zona de Patarcocha y se atienda judicialmente las peticiones que hace actualmente el municipio de la “Ciudad Opulenta” y se garantice a sus moradores la estabilidad del radio urbano que citamos, porque en ella están el grueso de sus habitantes y el comercio floreciente y con nuevos estudios se fije definitivamen­te la zona divisoria afectada en el futuro de los trabajos del “Tajo Abierto”.

Volveremos a repetir que para evocar esa fecha histórica, ya que estamos en el “Año del sesquicentenario de Junín y Ayacucho”, no reclamamos filantropía, reclamamos un derecho para todos esos pueblos donde el libertador Simón Bolívar, con sus patrióticas tropas, trazaron el camino del triunfo hasta llegar a Junín el 6 de agosto de 1824, que fue el segundo hito de las batallas de la libertad; primero fue el Cerro de Pasco en 1820, luego Junín y terminó con la capitulación de Ayacucho, pero felizmente, los tiempos de otrora han cambiado porque son nuevos los hombres que están identificándose para escuchar a los pueblos con sus necesidades, pero hay grima y dolor profundo ver las calles, plazas del antiguo Cerro de Pasco, de los lados norte y oeste, totalmente destruidos y, por los suelos, su historia y su tradición; por la acción de una nefasta empresa extranjera que ha explotado las riquezas de su minas y que tuvo por misión la destrucción total de la ciudad, por la que nada hizo en los setenta años en que se iniciaron los trabajos de ese fabuloso centro minero del Perú que asombró a propios y extraños por la potencialidad de sus yacimientos que fueron asombro del mundo entero.

Lima, 15 de marzo de 1974.

Gerardo Patiño López.

 

 

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