(DOCUMENTOS PÚBLICOS)

documentosEl lunes 16 de febrero de 1948, el indignado pueblo del Cerro de Pasco perpetró una cruenta asonada que culminó con la muerte de Francisco Tovar Belmont, prefecto del departamento de Pasco. De esto hace 68 años. Las consecuencias fueron terribles. Abarrotaron las cárceles de  culpables e inocentes iniciándose una implacable persecución a quienes habían dejado la ciudad. El tirano Odría clausuró periódicos y  diarios cerreños, dejando en tinieblas a una ciudad que ha tardado mucho en reponerse de aquella traumática revuelta. En nuestro libro EL PREFECTO, hemos hecho un pormenorizado relato de todo lo que aconteció aquella vez. En esta oportunidad, iniciando nuestra serie DOCUMENTOS, hacemos conocer algunos pasajes del correspondiente proceso judicial. Son copias auténticas publicadas en los periódicos de Lima. En este caso, en “El Comercio” del 9 de abril de 1951.

“Siendo las 5. 30 de la tarde del 5 de abril de 1952, el doctor Domingo García Rada, iniciaba el juicio contra los acusados por el execrable asesinato del prefecto Francisco Tovar Belmont y del obrero Filomeno Páucar. En la misma fecha se juzgó también lesiones en agravio de personas que resultaron heridas con armas de fuego, numerosos estragos cometidos contra la tranquilidad pública y el patrimonio en agravio del estado. En el acto están incursos cinco mujeres y 23 hombres”.

“Iniciado el juicio, el Agente Fiscal, doctor Manuel Caro Santiváñez dio lectura a su informe que se ha consignado en fojas 3171 del cuaderno undécimo:”

“El asesinato del señor Francisco Tovar Belmont –Señor Presidente- fue decretado y debidamente preparado por el Partido Aprista Peruano que lo había sentenciado a muerte debido a la actitud enérgica que la mencionada autoridad asumiera ante los desmanes sectoriales cometidos  en el departamento de Pasco. Con motivo de la llegada del dirigente Luis Negreiros Vega a la ciudad minera, un grupo de apristas y el sectario mencionado, amenazaron de muerte al prefecto, repartiendo anónimos por la ciudad”.

“El sábado, víspera de carnaval de 1947, tuvo conocimiento que masas apristas se preparaban para atacar la prefectura por lo que pidió ayuda a Huancayo. Esta enérgica medida frustró la asonada. Un día, una delegación de mujeres fue recibida por el prefecto, pero cuando le faltaron de palabra, les hizo desalojar la sala. El día siguiente -16 de febrero- los dirigentes apristas, hombres y mujeres, reunidos soliviantaron a la masa obrera para asesinar al prefecto”.

“El concierto de los encausados está probado y que al acceder el prefecto los tres puntos exigidos por los manifestantes, o sea venta libre de azúcar, libertad de Mercedes Agüero y su renuncia al cargo, lo obligaron a salir entre la multitud para asesinarlo vilmente. La reclamación fue pretexto para llevar a cabo los siniestros planes de los complotados”.

“El sindicato de mineros apristas había citado a todos los afiliados a la puerta de la mina Lourdes para efectuar una manifestación contra el prefecto. En esa oportunidad las mujeres que habían protagonizado en las colas de venta de azúcar por la mañana, los esperaron para que le hicieran justicia. Se demuestra la dirección aprista del movimiento por los emblemas en los brazos. En el avance de la poblada, los disciplinarios cuidaban el orden. Humberto Luis, Patricio Chagua, Pedro Ávila, Encarnación Rodríguez, Víctor Benítez, Cecilio Córdova, Emilio Barreto, pronunciaron discursos incitando a la  poblada”.

“En la Plaza Centenario la fuerza policíaca al mando del capitán Héctor Ehegoyen, efectuó dispararon al aire conteniendo el avance del populacho. Como dispararon al aire, los manifestantes se arredraron, especialmente las mujeres que quisieron retirarse. Más adelante se desconcierta la policía que al no disparar al cuerpo origina una rebasamiento por los manifestantes que avanzan hasta la prefectura. Humberto Luis Solís y Luis Germán Del Mazo en la plaza Carrión, arengan de nuevo a la poblada y la hacen formar cuadros para continuar la marcha. Atacan a la Guardia Republicana que custodia la prefectura y que disparaba al aire rebotando las balas en las paredes de la iglesia e hiriendo a varios manifestantes. Luego el alférez Pradell ordena a sus tropas cesar los disparos al aire”.

“En eso ordena que el prefecto que la tropa se retire y pase al local la comisión que nombraron para el efecto y que lo conforman veinte (20) personas. La comisión exige al Señor Prefecto que ordene la venta libre de azúcar y la supresión de colas a lo que la autoridad muestra las comunicaciones y telegramas recibidos por el Ministerio de Agricultura, asegurando la normalización de los envíos y sale al balcón a anunciarlo a la gente. Ésta no lo deja hablar. La comisión le pidió la libertad de los detenidos, disponiendo el Prefecto que Mercedes Agüero saliera libre. La poblada al verse complacida decide retirarse, pero Del Mazo, Llanos, Eva Rodríguez, Francisco Alvarado y Luis Luna pronuncian discursos demagógicos para bajar a la plaza haciendo circular rumores entre la multitud incitándolos al asesinato”.

“Llanos pide a la multitud que no se vaya y obligue al Prefecto a renunciar inmediatamente, entonces ya los manifestantes comienzan a gritar “Que renuncie dentro de dos horas, vivo; si no dentro de tres, muerto”, y colocando escaleras trepan por los tubos del desagüe, asaltan el local al par que arrojan cartuchos de dinamita y piedras. Llanos de la Matta dice al Prefecto: “Que renuncie, que se vaya, que el pueblo está furioso y quiere sangre”. Los amigos del señor Tovar se oponen a su renuncia, pero ante la presión y los ofrecimientos que le hacen los miembros de la comisión, el prefecto decide retirarse de la ciudad”.

“Al salir, el señor Belmont camina muy pocos metros y recibe una pedrada en la cabeza; al levantarse hacen estallar un petardo junto a él. Llanos de la Matta grita: “Ya lo tenemos, queremos sangre. Con el pueblo no se juega”. Los amigos que acompañaban al prefecto hasta ese momento, comienzan a disgregarse, dejándolo solo, circunstancia que los asesinos se lanzan sobre él encabezados por Llanos de la Matta que da el primer garrotazo y lo victima cobardemente. Paulina Venturo baila sobre el cadáver como una loca, luego lo arrastra con una cuerda que había colocado en su cuello a la vez que gritaba: “Hay que colgarlo a la moda de Bolivia”. ¡No queremos más abusivos!”. Para eliminar cualquier posibilidad de que el señor Tovar saliera con vida, los apristas habían colocado comisiones en las carreteras en donde detenían  los vehículos para revisarlos”.

“Este crimen ha sido político, organizado por los apristas por intermedio de su Sindicato de Mineros, azuzada con previa campaña periodística y radial con huelgas y manifestaciones en contra. Los disciplinarios apristas hicieron que las mujeres y los hijos de los afiliados se colocaran desde temprano en las colas obstaculizando el aprovisionamiento del pueblo”.

“En conclusión: el Partido Aprista Peruano ocasionó la muerte del prefecto de Pasco, don Francisco Tovar Belmont”.

Documento (El prefecto)

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