EL ECLIPSE TOTAL DE SOL (8 de junio de 1937)

Eclipse de sol

Un gran despliegue de publicidad como pocas veces había ocurrido en el Perú,  anunciaba que el 8 de junio de 1937, tendría lugar un eclipse total de sol que sumiría en oscuridad total a la tierra. Se anunciaba que el eclipse constituiría la desaparición momentánea del disco solar por la cobertura de la luna. Se ponía especial énfasis en afirmar que el Cerro de Pasco por su ubicación geográfica y ser el punto más alto de la tierra, permitiría contemplar el fenómeno con mayor claridad debido a la luminiscencia de su cielo.

Su importancia era enorme porque –se decía- que hasta el año 2,150, no volvería a verse otro de igual o de  parecida magnitud. Esta noticia causó tan grande impresión en los mundos científicos del mundo que, como nunca había sucedido en la tierra minera, recibió gran cantidad de gente interesada en presenciar el fenómeno.

Desde días antes, gentes de todas las regiones del país utilizando los más variados medios de locomoción, se afincaron en el Cerro de Pasco. Los hoteles estaban completamente repletos. “El Universo”, “El Venecia”, el “Champa”, el “Fort”, el “América”, “El Iberoamericano”, “Central”. Fue tanto el número de huéspedes que las instituciones sociales y religiosas tuvieron que improvisar alojamiento para las  agrupaciones científicas y estudiantiles que no alcanzaron cupo en los hoteles.

En muchas casas particulares se abrió, también, un sistema de alojamiento para las personas que lo requirieran. No sólo científicos de varias nacionalidades arribaron en afán de estudio, sino también personalidades del mundo social así como estudiantes nacionales y extranjeros. Alumnos de la Universidad Católica, San Marcos, la Recoleta de Lima; Colegios de Jauja, Huancayo, Tarma, Huánuco. El Hotel Esperanza, de los norteamericanos recibió más de 160 huéspedes ilustres. Entre ellos, al respetado científico, don Santiago Antúnez de Mayolo; al doctor, Oscar Razzetto, y muchas personalidades más. No era para menos, el lugar más privilegiado en el mundo, era nuestra ciudad. La delegación más importante y numerosa la constituyó la conformada por sabios de la HAYDEN PLANETARIUM GACÉ del Museo Americano de Historia Natural de Estados Unidos de Norteamérica, presidida por la científica, Dorothy A. Bennett; el pintor astronómico,  Dillon Owen Sllepheus y Mr. Charles Coles y Joel Stubbins de la Universidad de Wisconsin. Esta delegación, desde muchos días previos se preocupó de armar sus aparatos de estudio ante la curiosa mirada de numerosos lugareños.

El día central, después del almuerzo, la gente premunida de vidrios ahumados y anteojos especialmente preparados fueron a ubicarse a las partes altas de la ciudad: “Cuchis”, “Chuco Punta”, “Huancapucro”, “Garga”, “Jaujaipata”, “Santa Catalina”, “Gayachacuna”, “Arenillapata”. Se veía muchísimos curiosos repletando las mirillas de la Torre del Hospital Carrión. Los techos de las casas se constituyeron en inmejorables tribunas para presenciar el fenómeno.

El cielo gloriosamente azul, completamente despejado, en el que se veía en toda su majestad al astro rey, permitió observar el fenómeno en toda su magnificencia. A la 4.15 se vio aparecer a la luna que iba al encuentro del sol y, desde ese instante, en tanto se superponía la luna, el sol iba oscureciéndose paulatinamente. Por misterioso consenso, un sepulcral silencio se apoderó del ambiente. A las 5.19, la penumbra era muy acentuada y minutos más tarde, se podía ver con toda nitidez numerosos luceros, y en medio de un recogimiento sobrecogedor,  la total oscuridad sumió en tinieblas al mundo. La oscuridad duró seis minutos y medio. Fue una tenebrosidad total y sobrecogedora que dejó mudos a los numerosos curiosos que contemplaban cariacontecidos aquel extraordinario fenómeno. En ese lapso, las oraciones y lamentos de las mujeres del pueblo se oían claramente plañideras, alarmadas por lo que estaban viendo. Se produjo muchos desmayos entre las damas y la proliferación de un llanto general que se hizo contagioso. En algunas partes habían quemado piras de paja pidiendo el auxilio divino. En esos instantes tan dramáticos ocurrió un accidente que felizmente fue superado. Un curioso, en su afán de ver de cerca el trabajo que hacían los científicos, hizo caer un costoso telescopio, malogrando muchas placas que se habían tomado.

Cuando el clima de estupefacción había originado un silencio absoluto, tras seis minutos y medio, poco a poco, volvió a aclararse el día. El sol, como si nada hubiera ocurrido se lució nuevamente majestuoso para ocultarse a las seis de la tarde. La gente quedó vivamente consternada. Todos se santiguaron prosternados. Los comentarios fueron nutridos y espectaculares.

El jefe de la delegación estadounidense declaró a los periodistas de la Prensa, lo siguiente: “Este ha sido el más hermoso de los cuatro eclipses totales de sol que yo he observado, especialmente por el magnífico efecto del aro diamantino que se produjo al comenzar y al finalizar el eclipse. El primer contacto del eclipse de hoy se produjo a las 4.15 de la tarde y, poco a poco, la luna fue caminando hasta la mitad del sol. Un misterioso efecto de delicados colores purpúreos, podían notarse en el cielo como en la tierra, cuando la luna había cubierto completamente al sol y la corona se reflejaba en el firmamento. En ese momento me fue posible escuchar las manifestaciones de aprobación de los observadores acerca de la corona que ha determinado que el de hoy haya sido el más hermoso de los eclipses totales. Muchas personas consideran un eclipse total de sol como el más hermoso de los fenómenos de Natura; pero el de hoy ha sido perfecto. El más grande –estoy seguro- de la historia”.

En otra parte del reportaje brindado a los periodistas, dijo: “Seis grupos de prominencias parecieron en la superficie del sol, dos de ellas se desarrollaron a 50 a 100 mil millas, más arriba del fondo del limbo del sol. Estas prominencias eran violentas erupciones. Los halos de las coronas eran por lo menos de una a una y media veces mayores que el diámetro del sol. Las bandas de sombras eran visibles al comienzo de la totalidad viajando a través de una placa de cuarenta pulgadas a razón de un segundo. Las bandas de sombra de una pulgada de ancho”

Como dándole razón a los científicos, los días que sucedieron al eclipse, los diarios de la capital, fueron reproduciendo las interesantes fotografían que habían tomado en el Cerro de Pasco. Mucho se habló en el mundo de aquel eclipse total de sol.

Eclipse de sol 1

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s