EL GOLPE DE ESTADO CONTRA BILLINGHURST (4 de febrero de 1914)

BillinghurtsAquella mañana del 4 de febrero de 1914, el Cerro de Pasco se alarmó con las noticias que llegaban de Lima. No era para menos. El doctor Guillermo Billinghurst, que había demostrado vivo interés en solucionar los graves problemas de la sufrida clase obrera peruana y los que aquejaban a nuestros indios maltratados de nuestras comunidades, acababa de dimitir ante el Ejército Nacional.

Al amanecer de aquel día se había producido el pronunciamiento de la Guarnición de Lima al mando del coronel Oscar R. Benavides. Esa negra madrugada fue cobardemente asesinado el general Enrique Várela que se había quedado a dormir en el Cuartel de Santa Catalina en la esperanza de que su presencia amenguaría el espíritu levantisco de la tropa. No fue así. Los alzados en armas después de breve balacera lograron entrar en Palacio ya que la Guardia de Honor del Presidente se había plegado a sus filas. Don Guillermo Billinghurst, para evitar cualquier inútil derramamiento de sangre firmó de inmediato su escueta dimisión en los términos siguientes: «En vista de la actitud asumida por la Guarnición de Lima invocando la defensa de la Constitución, dimito a la Presidencia de la República ante el Ejército».

El defenestrado Presidente fue embarcado al destierro pero atacado de un peligroso y grave mareo, se le recluyó en el Panóptico. De allí fue expatriado al extranjero. Al año siguiente, el 28 de junio de 1915, fallecía en Iquique en vísperas de cumplir 64 años.

Como ninguno otro, el pueblo del Cerro de Pasco, acusó un profundo pesar por la dimisión del hombre que había ayudado a nuestro RUMIMAQUI a cumplir su destino histórico e hizo, como nunca más, que un cerreño del pueblo integrara una Embajada de visita al vecino país de Chile; que un político cerreño ocupara el cargo de Premier de la República; que los obreros se sintieran protegidos y apoyados por el Gobierno. Todavía hoy en día, viejos cerreños lo recuerdan con reverencia y gratitud.

Pero… ¿Cómo se enteró nuestra ciudad de los acontecimientos?

El Subprefecto e Intendente de la Policía, César A. Vega, había recibido en el curso de aquel día, una serie de telegramas oficiales a los que nos referimos de inmediato.

Subprefecto Vega-Cerro.

Le saluda Ministro de Gobierno- Hágase cargo inmediatamente Prefectura, para cuyo efecto, doy orden telegráfica al señor Prefecto de ese Departamento. Procure conservar inalterable orden público y proceda comunicarme rápidamente lo que ocurra «OSORES».

Director de Gobierno a Prefectos (Circular) 

Ante dimisión Presidente de la República, don Guillermo Billinghurst, hoy nombrada Junta de Gobierno por Senadores y Diputados con acuerdo de todos los partidos políticos con el siguiente personal: 

Presidente Junta de Gobierno y Ministro de Guerra y Marina, coronel Oscar R. Benavides. 

Ministro Relaciones Exteriores, Dr. José Matías Manzanilla

Ministro Policía: Dr. Arturo Osores

Ministro de Justicia, Dr. Rafael Grau

Ministro de Hacienda: Ingeniero José Balta

Ministro de Fomento, Dr. Benjamín Boza 

Lo que comunico a usted del orden del Señor Ministro para su conocimiento y circulación en el Departamento de su mando, siéndome grato manifestarle que el suscrito ha sido nombrado Director de Gobierno, en cuyo Despacho ofrezco a usted las facilidades necesarias para el mejor desempeño de su cargo asegurando el orden público. R.F SÁNCHEZ RODRÍGUEZ. (Acuse recibo circular a Prefectos y Comandante Generales de la región). 

Acto seguido, el Prefecto accidental César A. Vega, luego de conocer a los integrantes de la Junta de Gobierno, promulgó el bando que en su parte mandante, decía: 

ARTICULO ÚNICO.-Que siendo indispensable hacer público este hecho para la tranquilidad de la familia peruana y de los extranjeros en general, el comercio y las industrias; ordeno y mando se reconozca dicha Junta de Gobierno, hasta que, como lo indica nuestra Carta Magna, sea llamado para ocupar la Presidencia de la República el ciudadano designado por ley. 

Publíquese por bando, circule por los pueblos más apartados de mi mando y fíjese en carteles en los lugares más visibles. 

Dado en la Casa Prefectural, en el Cerro de Pasco, a los cinco días del mes de febrero de mil novecientos catorce.

CESAR VEGA (Prefecto Accidental)- FRANCISCO S. PEÑA (Secretario Accidental).

 Aquella misma noche… ¡Cuando no! Enrique Sánchez Burgos, ex inspector de Policía, acompañado de un grupo de «matones» se apersonó al local obrero Billinghurst y tras arrancar el escudo de la institución que estaba en su frontispicio lo llevó a quemar en la Plaza Carrión. Por su parte, Augusto Durand, Jefe del Partido Liberal, hacía conocer el acontecimiento felicitando a sus partidarios. Uno de ellos publicó el siguiente suelto en un periódico local:

 LA HORA PRESENTE

En el reloj de la patria querida, ha sonado la hora de la regeneración. 

«El Gobierno ayer aclamado por la voz popular de la Nación, olvidando sus deberes, ofuscado por sus consejeros, ingrato para la Madre que lo arrullara, despreciando los dictados de su conciencia, desoyendo el clamor del Perú sensato, quiso erigirse en tirano, creyó las vocinglerías del inconsciente, pensó elevarse al pináculo de la grandeza y se ilusionó con la visión de un triunfo decisivo e incontestable; más la justicia encarnada en la protesta del egregio jefe del Partido Liberal primero y del Comité Civil, después, ha dejado escuchar su voz en los ámbitos de la República, con el dulce embeleso del ensueño redentor, el Dr. Durand, Manuel y Jorge Prado y Ugarteche y el héroe de «La Pedrera» Oscar R. Benavides, han sido los designados para ahogar el engendro de la dictadura y traer la nueva aurora de felicidad al país. ¡Sí de felicidad, porque el Perú se salva de una lucha horrorosa, con oleadas de sangre hermana; se salva del abismo en que iba a ser sepultado por sus malos hijos!!!! Sí, felicidad, porque decapitada la hidra de la tiranía, los albores de una época de progreso, de bienestar, nos vienen con la hora presente».

 Cerro de Pasco, 5 de febrero de 1914

AUTORIDAD ES VEJADA

Una de las primeras víctimas del golpe de estado contra Billinghurst, fue el Subrefecto César A. Vega que hasta el 7 de febrero venía desempeñándose como Prefecto Accidental del Departamento de Junín. Al promediarse las tres de la mañana de aquel día, un grupo de opositores integrado por el ingeniero Yáñez, el Mayor de Guardias, Lizandro Jaramillo Cabrejos, el Subprefecto Accidental y un nutrido grupo de matones contando con la complicidad venal de los guardias de la Prefectura, irrumpió violentamente en el dormitorio de Vega y tras de reducirlo y maniatarlo, le colocaron una escopeta en el pecho conminándolo a que inmediatamente se «largara» del Cerro de Pasco. Al día siguiente partió a Lima lamentando la venalidad y felonía de sus guardias y otras autoridades que de inmediato se plegaron a sus enemigos.

EL PERÚ DE AQUELLOS DÍAS A PROPÓSITO DE BILLINGHURST

Guillermo Billinghurst había jurado el cargo supremo de la nación el 24 de setiembre de 1912, en medio de la expectativa general consiguiendo gobernar durante dieciséis meses, cada vez más difíciles. No obstante el éxito que había conseguido como Alcalde de Lima, una vez instalado como Presidente de la República, dirigió mensajes ampulosos y polémicos a un Parlamento encerrado en su lucha entre partidarios de Leguía y los llamados «bloquistas». El Parlamento en su contra se negó a aprobar el Presupuesto para 1913. Billinghurst respondió negándose a convocar a una sesión extraordinaria para la discusión del Presupuesto declarando válido el presupuesto por Decreto Presidencial. Fue suficiente. El Parlamento le ofreció un odioso enfrentamiento, la prensa se hizo su enemiga ya que no aprobaba su antiparlamentarismo y el Ejército comenzó a verlo como un pro-chileno por sus planes de organizar a sus partidarios obreros de todo el Perú, en milicias ciudadanas armadas. Tan peligroso se consideraba a Billinghurst que en noviembre de 1913, los miembros del Congreso empezaron a preparar un golpe para defenestrarlo uniéndose a esta idea el Ejército Peruano. El 4 de febrero se asesta el Golpe de Estado con el coronel Oscar R. Benavides a la cabeza. Al respecto Jorge Basadre dice: «En el manifiesto de los Diputados y Senadores que declararon la vacancia de la Presidencia de la República, había un párrafo según el cual el Congreso mientras resolvía lo conveniente al ejercicio del Poder Ejecutivo, investía de «autoridad bastante para que en su nombre se ejecute cuanto fuese necesario el restablecimiento del régimen constitucional» a una Junta de representantes presidida por Augusto Durand. Esta directiva no fue acatada el 4 de febrero de 1914.

Como el primer Vicepresidente Roberto Leguía, residía entonces en el extranjero, no fue mencionado; pero el segundo Vicepresidente Miguel Echenique estaba en Lima. La idea de entregar el poder fue rechazada (dijo Ulloa por su inoportunidad dada la incorrección actual de su mandato por la falta del requisito del juramento y la imposibilidad de prestarlo por la ausencia del Congreso) al ser aceptada la eliminación de Echenique vino a ser perjudicada la ulterior pretensión de Roberto Leguía. La fórmula que lógicamente debía tener más fuerza en aquellos momentos fue la de entregar el poder al coronel Benavides.

FUENTE: (BASADRE, Jorge «Historia de la República del Perú» Tomo 12,302).

 

UNO DE LOS TANTOS ACCIDENTES EN LA MINA “LOURDES” (17 de setiembre de 1942)

Accidente mineroEl 16 de setiembre, ocurrió un trágico accidente en la mina “Lourdes” de la Cerro de Pasco Copper Corporation en el que perecieron el timbrero Basilio Trujillo y su ayudante Teófilo Rojas.

Basilio Trujillo era natural de Chacos, provincia de Ambo, de 30 años, casado y deja un hijo de corta edad, y Teófilo Rojas, era natural del Cerro de Pasco, de 27 años, casado y deja también un hijo de menor edad.

Ambas víctimas trabajaban juntas, por eso se encontraron en la mañana del infortunado día para comenzar sus labores. Iniciaron el trabajo ese día, cargando maderos de eucalipto en la jaula, para trasladarlos de la superficie al interior de la mina, donde debía servir para enmaderar. Una vez terminado el carguío, ellos también penetraron en la jaula para conducir la carga, produciéndose en esos momentos el accidente fatal. La jaula, sin control alguno, se precipitó  conjuntamente con Trujillo y Rojas a las profundidades de 1200 y 1400 pies, respectivamente. En  pocos momentos fueron extraídos del interior de la mina, uno tras otro, con pequeños intervalos, dos masas humanas destrozadas.

Se nos dice que la causa del accidente puede haber sido el cambio que se hizo de cable con que funcionaba la jaula por otro viejo, en la oportunidad en que se realizó el primer accidente, del cual ya hemos informado.

El Inspector del Trabajo, doctor M. Salvador Mayorga Villena, tan pronto se le dio a conocer este accidente, se dirigió al lugar del suceso, con el objeto de constatar sobre los móviles de este suceso desgraciado y se nos informa que se continúan las investigaciones para establecer la responsabilidad consiguiente.

EL SEPELIO DE LAS VÍCTIMAS DEL TRABAJO

Ayer se realizó el sepelio de los obreros Basilio Trujillo Quinto y Teófilo Rojas Meza, cuyas vidas han sido tronchadas por la mano cruel e inexorable de la muerte, ex abruptamente, en una de esas traidoras encrucijadas de la fatalidad que acecha constantemente al trabajador minero, sumándose estas dos vidas jóvenes a las miles de víctimas de trabajo en las labores de las minas. Dos existencias pletóricas de vida, dos músculos del esfuerzo noble que mueve el volante de la producción, cegados inesperadamente, dejando los ojos llorosos de dos esposas y de dos hijos que lamentan irreparablemente su tragedia.

Desde el día anterior los despojos mortales de estas dos víctimas se velaron en severa capilla ardiente en el local de la sociedad de Obreros Billinghurt situado en la calle La Libertad, de donde salió el cortejo fúnebre a las 4 y 30 de la tarde, atravesando por la primera cuadra de la calle Bolognesi para desembocar a la plaza Jorge Chávez y luego a la Plaza Carrión, donde esperaban miles de obreros. Ha sido tal el sentimiento de dolor colectivo, en todas las esferas sociales, y tal el lamento lúgubre de la masa trabajadora ante la desaparición trágica de sus compañeros, que la traslación de sus restos al cementerio ha tenido la imponencia de los hechos que se plasman verdaderamente en el corazón del pueblo sin distinción de clases, pues, una masa enlutada y compacta, donde se confundían unas 4,000 almas de todos los sectores, formaba el cortejo severo e impresionante como una expresión  de solidaridad obrera, que acompaño a los extintos, encerrados en severas cajas mortuorias, hasta la tumba donde cobijaran sus restos eternamente. Numerosos aparatos florales presidían el cortejo.

Antes de inhumarse los restos mortales de estas dos víctimas del trabajo, pronunciaban discursos que trasuntaban su profundo sentimiento doloroso, los siguientes: Víctor Ramírez y José Cárdenas, por la delegación obrera; Arturo Flores, por los obreros de la mina; Epolonio Mejía, por los timbreros; Artidoro Paredes, por los obreros de la superficie; y el secretario de la Sociedad Obreros Billinghurst, señor Oswaldo Robles.

La banda municipal acompañó el cortejo, poniendo las notas dolorosas de una marcha fúnebre en consonancia con el espíritu doliente colectivo. A este respecto, debemos hacer presente, que los dirigentes del Club Unión Minas, Timbreros de la Mina Lourdes, entidad a la que pertenecían los extintos, nos han podido agradecer por medio de nuestro diario, al Concejo Provincial por la gentileza que ha tenido de enviar la banda para el sepelio de sus dos compañeros y a la Sociedad de Obreros Billinghurst, por haber cedido su local para velar en el sus restos y armar la capilla ardiente.

Para terminar estas líneas, queremos manifestar nuestras más sentidas condolencias a la viuda de Trujillo y a su menor hijo, así como a la viuda de Rojas y también a su menor hijo, que quedaron huérfanos de la protección de los padres de familia y jefes de los respectivos hogares truncados por la desgracia.

FUENTE: Diario Los Andes

Muere el poeta Enrique Bustamante y Ballivián

Enrique BustamenteEste notable peruano que residiera en nuestra ciudad en calidad de Prefecto del Departamento de Junín, murió en la ciudad de Lima el 1º de febrero de 1937 ante la consternación del mundo intelectual.

Había nacido en Lima el  20 de noviembre de 1883. Hijo del poeta Enrique Bustamante Salazar y de doña María Josefa Ballivián y Jaimes. Inició sus estudios en el colegio jesuita de la Inmaculada de donde fue al José Granda para luego pasar a la Escuela de Ingenieros en 1902, de donde tuvo que retirarse por la rigidez de las formulas matemáticas, consagrándose entonces al periodismo. Colaboró en, “La Prensa”, “Opinión Nacional”, y “La Nación”. En compañía del compositor Daniel Alomía Robles realizó giras por Sudamérica. En Cuba alcanzó tres premios poéticos que lo encumbraron como poeta. Llegó a ser Prefecto del departamento de Junín en el año de 1923. Su estadía en nuestra ciudad sirvió para aumentar la creación poética de nuestros artistas del verso, pero, fatalmente al año siguiente partió a Arequipa para ocupar su Prefectura. A partir de 1935 se desempeña como encargado de negocios en el gobierno de Brasil, luego a Uruguay y finalmente plenipotenciario en Bolivia. Caído Leguía se dedicó a labores editoriales.

Otra nota cronológica da cuenta de la muerte del que fuera Prefecto del departamento de Junín, coronel Octavio Negrete, también del que ocupara el mismo cargo en otra oportunidad,  Manuel P. Villanueva.

Crónica sobre Inés Huaylas

Nos honramos con publicar esta interesante crónica del el distinguido historiador peruano desaparecido el 25 de diciembre de 2006, doctor José Antonio del Busto Duthurburu, docente y profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica del Perú , respecto de un personaje que mucho tiene que ver en la Historia del Perú.

Inés HuaylasInés Huaylas fue hermana de Atahualpa y esposa de Francisco Pizarro y es casi un personaje de leyenda. He aquí, pues, su interesante historia.

Cuando Atahualpa fue apresado en Cajamarca, recibió un día la visita de una de sus hermanas. Era la bella ñusta, hija de Huayna Capac y de una hija del Cacique del Imperio Huaylas. Para ganarse la misericordia de Pizarro (cosa que al final no consiguió), Atahualpa la manda donde este último y prácticamente se la regala. Cautivado por la belleza de la ñusta, Pizarro la toma como esposa de acuerdo con el ritual incaico. Fue entonces que la bautizan con el nombre de Inés en recuerdo de una hermana y una tía del conquistador. Huaylas fue por el lugar de su nacimiento.

Dicen los cronistas de la época que Inés era alegre, coqueta y bulliciosa. Pizarro la llamaba mi Pizpita (que viene de pispireta y coqueta). Parece ser que en España hay un pájaro que se llama así. Inés acompañó luego a Pizarro al Cuzco y a Jauja, donde se quedó mientras él se dirigía hacia la costa en busca de un lugar ideal para fundar la capital.

En 1534 nace su primogénita, Francisca Pizarro y Yupanqui. A finales del 35 nace su segundo hijo, Gonzalo, heredero más tarde de la Gobernación de Nueva Castilla y del linaje de los Capacunas del Cuzco. Cuando Manco Inca, hermano de Inés Huaylas, se subleva en el Cuzco, ella fue acusada de proporcionar información a los indios y de haber querido huir con cofres llenos de oro y plata. A raíz de esto, surgieron desavenencias entre ella y Pizarro, lo que les llevó a una separación.

En 1538, Inés se casa nuevamente con Francisco Ampuero, uno de los que había apresado a su hermano Atahualpa. Se casaron por civil y religioso, cosa no muy usada por los españoles en esos tiempos, lo que hace pensar y decir que fue un castigo de Pizarro, quien habría sorprendido a Inés y Ampuero como amantes.

Cuando muere Pizarro en 1541, en el testamento que dejó no menciona a Inés para nada, ni como su ex-esposa, ni como madre de sus hijos. En 1544 muere Gonzalo y en 1551, su hija Francisca viaja a España, a pedido del Rey, enviada por su padrastro Ampuero. Con éste, Inés tuvo tres hijos: Martín Alonso, Francisco e Isabel. Más tarde, Ampuero llegó a ser Alcalde Mayor de Lima y al morir dejó todos sus bienes a su esposa legítima, Doña Inés Huaylas, la bella ñusta de la que nunca se separó.

Cuentan los cronistas de la época que se veía a Inés, aún simpática y garbosa, acudir a las misas de la Catedral. La gente la llamaba de diferentes maneras, tales como: Inés Yupanqui, María Quispicuri, Inés Huaylas, Ñusta o simplemente Doña Inés.

Nunca se supo a ciencia cierta dónde ni a qué edad murió esta bella y cautivante ñusta que conquistó el corazón de dos aguerridos y gallardos conquistadores.

 

El Romántico «Zorro» Jiménez (Segunda parte)

A partir del 26 de noviembre arreciaron las expresiones de descontento contra la Junta de restos del comandante JimenezGobierno. Se habló repetidas veces de un golpe encabezado por el coronel Aurelio Godos, ex director de la Escuela Militar de Chorrillos, quien se encontraba en Europa. Finalmente, después de varios amargos insurreccionales, sofocados en su nacimiento, a fines de febrero de 1931, se levantó en armas, en el sur, un importante sector de la ciudadanía y del Ejército, cuyo abanderado era el prestigioso político sureño Elías Samanez Ocampo. Pedían la restitución de las garantías individuales, la normalización legal de la República y el fin de la persecución política. En esas circunstancias Gustavo Jiménez, a pesar de sus diferencias con Sánchez Cerro, se ofreció para dirigir una expedición punitiva al sur. Al mando de un importante contingente de tropas zarpó del Callao a bordo del Rímac. En esos momentos, el 28 de febrero, la Marina de Guerra, bajo el comando del contraalmirante Vinces, lanzó un manifiesto a la nación. Coincidente con los propósitos del movimiento del sur y, desplegada, en línea de batalla, cerró el paso al Rímac con su bélico contingente, Jiménez quedó inmovilizado. El 1º de marzo, una junta de notables escuchaba en Palacio la renuncia del jefe de la Junta, Sánchez Cerro, y dispuso que se encargara del gobierno el presidente de la Corte Suprema, doctor Ricardo Elías, vistas las dificultades que surgieron con respecto al encargado del arzobispado, monseñor Holguín.

Si alguien ha recibido el mando presidencial con menos deseos, ése fue el doctor Elías. De inmediato, entró en conversaciones con Samanez y con Jiménez. Éste fue autorizado a desembarcar en el Callao. Lo hizo con sus tropas y con ellas avanzó sobre el Palacio de Gobierno. Allí, deseoso de volver a sus menesteres judiciales. «El Zorro» Jiménez invitó a Samanez a venir a Lima. Samanez lo hizo en avión. Se encargó de la presidencia de la nueva Junta de Gobierno, cuyo ministro de Guerra era el comandante Jiménez.

La Junta de Gobierno de Samanez presidió las elecciones del 11 de octubre de 1931. En ellas contendió por primera vez Haya de la Torre, llegado de su exilio sólo en agosto. El nuevo presidente constitucional, Sánchez Cerro, inició una política de franca represión contra el aprismo y los elementos liberales. Ya lo hemos referido. El 15 de febrero de 1932, Jiménez, que trataba de establecer un Frente Constitucionalista, fue arrancado de su hogar y desterrado a Arica.

En Arica, siempre en orgullosa pobreza, que era su gran capital, decidió conspirar con los opositores a Sánchez Cerro. Se sabe que él debió encabezar la revolución del norte, precipitada extemporáneamente por el golpe al cuartel O’Donovan el 7 de julio de 1932. En septiembre se inició el conflicto de Leticia. Las vicisitudes de ese conflicto han sido referidas por escritores militares, entre ellos los coroneles César Enrique Pardo y A. Vallejo. «El Zorro» Jiménez creyó que su deber era instaurar un régimen de ancha base nacional y decidió iniciar un levantamiento de la Fuerza Armada. Clandestinamente, viajó de Arica a un puerto del centro y de allí se trasladó a Cajamarca, donde lo esperaba el regimiento número 11 para sublevarse. La sublevación se produjo en marzo de 1933. Las tropas de Jiménez avanzaron sobre Trujillo. Les salió al encuentro la tropa adicta al gobierno en la pampa de Paiján. Jiménez comprendió que no había posibilidad de éxito. Sus cálculos e informes habían sido deshechos por una realidad, para él, inesperada. Prisionero, según dice una versión, prefirió suicidarse a sufrir castigo y vejación. Circuló la versión de que su muerte violente se produjo de otra manera. La versión predominante hasta ahora es, hasta ahora, la del suicidio, que calza con su carácter altivo, abnegado y valeroso. Fue sepultado silenciosamente en el cementerio provincial, de donde sería exhumado años más tarde para darle tumba más digna.

«El Zorro» Jiménez dejó documentos escritos sobre su experiencia durante los años 1931 – 1933. Lo poco que de ellos conocemos relieva la reciedumbre de su carácter y la firmeza de sus opiniones.

Fuente: Semanario “Siete Días”.  1- II- 1974

 

El Romántico «Zorro» Jiménez

El maestro Luis Alberto Sánchez ha escrito muchísimas páginas sobre el Cerro de Pasco resaltando su lucha gremial y constancia en el acopio de fondos para solventar los gastos del Erario Nacional. En una que otra página se ha referido también personajes simpáticos e inolvidables que, en su momento, fueron figuras del ámbito nacional como es el caso de nuestro “chiflado” Pedro Ángel Cordero y Velarde, “Presidente de Aire Mar y Tierra del Perú” o de Víctor Morris, el “cojo” Morris que en su bar del jirón de la Unión, popularizó la bebida que había hecho nacer en el Cerro de Pasco el 28 de julio de 1904: EL PISCO SOUR, nuestra bebida de bandera. En esta ocasión se ocupa del comandante cerreño que fuera presidente del Perú por breves días. 

Por  Luis Alberto Sánchez.

El zorro JimenezVerdaderamente, tenía algo de zorro: los ojillos vivaces; las orejas agudas; la permanente tensión; el tamaño del cuerpo, pequeño y elástico; el aire resuelto y a la vez huidizo. Lo apodaron así desde la Escuela Militar a la que ingresó apenas salida de la secundaria. Había nacido en Cerro de Pasco el año de 1886, un año después de que José Gálvez  naciera en la cercana Tarma. El poeta y el militar formarían parte del mismo gabinete que quiso cerrar las puertas de la violencia y abrir la de la legalidad en 1931.

Gustavo Jiménez, el presunto suicida de Paiján, destilaba un reguero de debilidad y desinterés, de sacrificio y audacia. Era segundo jefe de cuartel de Santa Catalina, el 4 de julio de 1919, el día que Leguía dio el golpe de Estado que lo llevó por segunda vez a la presidencia constitucional. Entre ellos, el coronel Samuel de Alcázar, jefe de regimiento, y Gustavo Jiménez. Como no podía hacer otra cosa, pidió su baja y se retiró a la vida civil. Como tenía que ser, se hizo sospechoso. En la primera intentona de rebelión contra Leguía –y fueron muchas-, Jiménez fue a dar con sus huesos a la desamparada isla de Taquile, frígida y solitaria. El cautiverio duró cerca de un año; luego, lo desterraron a Bolivia. Aquel bautizo le inspiró nuevas andanzas subversivas. Se hallaba en una conspiración cuando lo apresaron durante el oncenio por segunda vez y le tuvieron tres años en la isla de San Lorenzo que era como la Bastilla. Salió en 1927. Había compartido su dura suerte con políticos y militares de diversos rumbos. Se acercó a los germancistas que habían roto con los augustistas desde 1923. Esa amistad daría frutos.

Durante los tres años que aún duro Leguía, «El Zorro» Jiménez, que había colgado el uniforme de teniente coronel, o sea comandante, fue camionero, comisionista, despachador de vinos, agente viajero, todo ello esforzado y honesto. Sufrió su pasión con hombría y sacrificio. Tan limpia ejecutoria debía tener su recompensa.

Al producirse el alzamiento de Sánchez Cerro, el 22 de agosto, en Arequipa, Gustavo Jiménez abandonó sus quehaceres y se dedicó con febril actividad a comunicarse y convencer a los oficiales de la guarnición de Lima. Fue uno de los más dinámicos complotados de la noche del 24 de agosto, que impidió a Leguía formar gabinete con premierato militar para que le facilitara el transito a otra solución que la que se impuso. Rápidamente, voló a Arequipa a influir a Sánchez Cerro a que no aceptase otra solución que él mismo. Acompañó a Sánchez Cerro en su ingreso victorioso a Lima y fue designado ministro de Gobierno de la Junta Militar, presidida por un comandante como él.

La designación de Jiménez para ese cargo tuvo como una de sus razones, la idea de que él, a causa de sus sufrimientos bajo el oncenio, sería implacable persecutor contra Leguía, sus familiares y colaboradores. De inmediato, llamó a colaborar con él a los exgermancistas, es decir, al «leguiísmo rojo» de 1919, que fue desalojado.

Los primeros actos del flamante ministro de Gobierno fueron un duro ataque al leguiísmo y sus ramificaciones. Se publicaron listas de presuntos transgresores de sus deberes administrativos. Hasta se produjo el suicidio de un caballero cuyo honor no admitía el escándalo en que se le pretendía envolver. No obstante esa actitud, la Junta, paulatinamente denominada por elementos cercanos al civilismo, o sea a la vieja oligarquía, encontró incómoda la presencia en ella de Gustavo Jiménez, cuya tendencia izquierdista constituía un riesgo para el derechismo que se opuso con tibieza a Leguía, pero quería cobrar con creces el costo de su derrota de once años. A fines de noviembre de 1930, a los tres meses de poder, Gustavo Jiménez pasaba a la disponibilidad política. Sánchez Cerro lo sustituyó con el coronel Antonio Beingolea, ex administrador de la hacienda Tumán, de la familia Pardo. El 26 de noviembre debió realizarse un pronunciamiento civil – militar, organizado por jóvenes militares; fracasó en su raíz y se culpó de ello, sin prueba ni causa, al naciente aprismo que sólo tenía dos meses de creado.

El zorro Jimenez 2
Conformante de la Junta de Gobierno de Sánchez Cerro (Con terno oscuro)

Continua…

 

LA SEMANA SANTA EN EL CERRO DE PASCO (Tercera parte)

semana santa 5Con la lluvia penetrante que empapa el féretro, el Divino Nazareno avanza llevado por los recios hombros mineros; hombros broncíneos que  cargan metales; que sostienen traqueteantes perforadoras; que empujan coches repletos de metal por negras galerías; perforistas, troleros, enmaderadores, timbreros, tareadores, wincheros, maquinistas. En su corazón y su mente, en todo su ser, se repiten sus siempre renovadas esperanzas de lo que Él nos prometiera hace dos siglos: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

Nunca mejor llevado el Salvador del mundo por hombres que sufren el duro calvario de las trágicas oquedades mineras como Él ha sufrido. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. “Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Estos penitentes, abrigados con gruesas bufandas e impermeables y pellizas de cuero, conducen al Señor por las rúas inundadas. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Los pasos uniformes y acompasados chapalean en los charcos, sin perder la disciplina del avance. Cabezas y cirios se guarecen bajo negras paraguas en tanto fieros ramalazos centelleantes iluminan la marcha contrita. “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

                        Jesús viene por las calles,

                        todo llagas y dolores,

                        y con los brazos abiertos,

                        en busca de pecadores. 

Las adoloridas voces broncas, de extrañas tesituras, compitiendo con los estrepitosos fuetazos del tiempo inundan la noche alternando con la banda de tambores y estridentes clarines. La multitud entona el canoro texto del Miserere. El Divino Redentor, tiene cubierto el cuerpo magullado con un alba túnica que hace resaltar sus pómulos tumefactos y sus sienes laceradas por las agudas púas de la corona del suplicio. Su gloriosa presencia atenúa rencores, alivia penas, consuela dolores. Las voces engoladas cantan:

¿Hasta cuándo, hijo perdido,

                                               hasta cuándo has de pecar..?

                                               ¡No me seas tan ingrato,

                                               llora pues tu iniquidad…!

Escoltando el féretro, los gallardos  bomberos de la Cosmopolita con casacas rojas y pantalones blancos, brillantes cascos de bronce y  hachas con crespones negros avanzan a imitación de las centurias romanas (Wilmer: que no muera nuestra hermosa  tradición); en fila paralela, los miembros de la policía con uniformes de gala y  armas a la funerala. También están los “Santos Varones” y los integrantes de otras cofradías.

¿No me ves aquí clavado

                                               con espinas en la sien. ?

                                               Hijo mío, así me has puesto

                                               con tu negra ingratitud.

 Durante el largo recorrido procesional, piadosas mujeres arrojan flores -ayer recogidas- sobre el lacerado cuerpo de Cristo. Son las únicas flores heroicas que se atreven a germinar en nuestras alturas. Son las pequeñas “para-para huaytas” de corolas amarillas y naranjas y rojas y lilas que caen desde las ventanas, desde los balcones, desde los altillos. Las abuelas conmovidas aseguran que estas florecillas son las lágrimas de la Dolorosa.

semana santa 6La Santa Virgen María, con el rostro traspasado de dolor y perlado de lágrimas, avanza en hombros de las devotas mujeres cerreñas. El sufrimiento de saber que sus hijos están envenenados de plomo y otros metales pesados y agonizan, las hace orar con conmovedora esperanza. «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra”. “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

Las esperanzadas mujeres, arrebujadas en sus gruesos pañolones negros, uniforman sus pasos en una lentitud de recogimiento, en tanto sus voces agudas salmodian emotivas canciones.

¡Salve!…¡Salve!, cantaban, María,

            que más pura que Tú, sólo Dios;

            y en el cielo una voz repetía:

            más que Tú sólo Dios, sólo Dios…!

 La afligida Madre Virgen –viva imagen del dolor- va sobre riquísima peana de plata repujada y negro manto de terciopelo negro bordado en oro. Siete puñales de plata le atraviesan el corazón sangrante apenas sostenido por su pálida mano.

Con torrentes de luz que te inundan,

            los arcángeles besan tus pies,

            las estrellas tu frente circundan,

            y hasta Dios complacido te ve.

El terebrante sonido de las matracas acompasa el lento caminar de los cerreños. En cada esquina y debajo de un farol ex profesamente colocado, desafiando la opacidad de la lluvia, el altar o monumento familiar erigido por las piadosas manos femeninas de la casa. Cada uno de ellos iluminado también con lacrimosos cirios, estampitas de flores, rodeados de palmas y olivos santos.

María, Tú eres mi madre,

                                               María, Tú eres mi luz,

                                               María, madre mía,

                                               Yo te doy mi corazón.

 Hombres y mujeres, ante la conmovedora presencia de la Dolorosa, han olvidado diferencias, han dado tregua a cotidianos rencores porque sólo Ella, la Paz, está presente.

El sábado, dedicado a la Santísima Virgen María, la iglesia sigue de duelo. A las diez de la mañana el Santo Oficio empieza con la consagración del nuevo fuego; sigue la bendición de los cinco granos de incienso destinados a aplicarse al cirio pascual cuya santificación va seguida de las doce lecciones de la Escritura Sagrada, llamadas Profecías, cuya lectura se alterna con cánticos y oraciones.

Por otra parte, cercana la medianoche del sábado, parejas de esposos, novios, amigos de barrio y fieles creyentes de nuestro pueblo minero, se dirigirán a las Capillas de los barrios y acompañados de orquestas típicas efectuarán el “Cruz Jorgoy”, que consiste en sacar la cruz para conducirla en procesión al taller del artesano que lo retocará para la “Fiesta de las Cruces” que esa noche tiene inicio.

Al día siguiente, domingo de Pascua de Resurrección, DOMINICA IN ALBIS, carcajadas de sonoras campanas delatan la alegría del pueblo. ¡Cristo el Señor ha resucitado! En el desayuno degustarán mórbidos “Panes de Dulce” remojados en espesos y apetitoso chocolates cusqueños. Atrás quedan los potajes de “lawitas” y mazamorras, de guisos y frituras con el blanco bacalao de Noruega que los extranjeros importaban a sus tiendas; toda una variedad culinaria para aliviar los obligados ayunos en los que predominaban la abstinencia de la carne; de todas las carnes. Los severos atavíos negros serán nuevamente guardados, -protegidos por bolas de naftalina-, en los viejos arcones familiares hasta el próximo año. Se ruega al Divino que, entretanto, no sea necesario  sacarlos. Los negros catafalcos de la iglesia serán reemplazados por sendas túnicas blancas; los santos nuevamente asomarán en sus hornacinas. Por la noche, entre la algazara del pueblo, públicamente será quemado el monigote que representa a Judas Iscariote, el maldito traidor y, libres de pecados, hombres y mujeres, renovarán sus bríos laboreros y la vida continuará, como siempre.

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN EL CERRO DE PASCO (Segunda parte)

semana santa 4El Lunes Santo, los fieles recuerdan la visita de Jesús a casa del resucitado Lázaro y la manera cómo la hermana de éste ungió de perfumes los pies del Señor y los secó con sus cabellos. Por eso este día muy especial la misa es celebrada preferentemente para los dolientes. Los pacientes del hospital Carrión ayudados por enfermeros están presentes en la santa misa. Éste como los siguientes días santos, se realizará pláticas doctrinales alternadas con  sermones morales, trisagio con la exposición de su Divina Majestad, Salve en honor de la Virgen Madre y antes de cada acto, el rezo del Santo Rosario.

El Martes Santo, siempre en completo recogimiento, se efectúa las oraciones y el recorrido de las siete estaciones dentro del templo guiados por el cura y la colaboración de las numerosas hermandades religiosas de la localidad. Del lunes al viernes santo, el devotísimo ejercicio del Quinario.

El Miércoles Santo comienzo del gran duelo cristiano. Se recuerda el día en que fue sentenciado a morir el divino Nazareno. El dolor de los penitentes es cada vez más dramático. La iglesia con asistencia de todos los fieles celebra el Oficio de las Tinieblas en el que se enciende once cirios colocados en un candelabro triangular, que se van apagando sucesivamente al final de cada Salmo. Demás está ponderar el recogimiento con que es acompañado este rito cristiano.

Ahora es jueves santo, Día de Todos los Misterios. El frío intenso ha sosegado al pueblo minero que dando tregua a sus afanes observa un recogimiento inusitado. Desde las primeras horas de la mañana premunidas de magros fiambres las familias han ido a recoger abundantes flores silvestres que, en mantas y talegas, llevarán a la procesión nocturna del día siguiente o, desde balcones y ventanas las arrojarán sobre el cuerpo inanimado del Divino Maestro, y más tarde, bendecidas ya por la sangre redentora, servirán para frotar los cuerpos de críos asustados y enfermos incurables.

Con las sombras vesperales oscureciendo el ambiente, ataviadas de severísimo luto, las mujeres entran en la iglesia en compungido silencio. Allí están todas. Las del pueblo, esposas, novias, hijas y hermanas de los obreros, con pañolones de Alaska o mantas de Castilla cubriéndoles la cabeza. Las espléndidas y bellas mujeres extranjeras, españolas, italianas, francesas, inglesas, yugoslavas; esposas e hijas de los ricos mineros, hacendados y comerciantes mayores, llevando vistosos rosarios y libros de rezo en una mano y blancos cirios con festones negros en la otra. Ellas, cumplen un papel importante en todas estas celebraciones luciendo sus lábaros distintivos primorosamente bordados y sus insignias personales, conformando las diversas agrupaciones eclesiales: “La Congregación  de los Sagrados Corazones y Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento”, “Las Hijas de María”, “La Venerable Tercera Orden Franciscana”, “La Hermandad de Nuestra Señora del Carmen”, “La Hermandad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, “La Hermandad del Niño Jesús de Praga”, “La Hermandad de la Virgen del Tránsito”, “La Hermandad del Beato Martín de Porras”. Los hombres que las acompañan, raramente silentes, caminan de puntillas no obstante sus pesados zapatones. Allí en la santidad del templo están los que mandan y los que obedecen; los campanudos dueños de los filones y los que los trabajan de sol a sol; cada uno en su lugar, respetuosos y silentes; el dolor del Hijo del Hombre los ha reunido en el santo lugar ajeno a las negras galerías mineras, usinas, talleres y oficinas.

El Altar Mayor que ha sido cubierto con un gigantesco paño negro, oculta hornacinas que cobijan a santos menores; el monumento a la Santa Eucaristía preside los actos litúrgicos. Debajo de este túmulo santo, en sendos recipientes de vidrio, el Aceite para los enfermos, el Santo Crisma para el bautizo y el óleo para los catecúmenos. En su debido momento, todo es bendecido por el sacerdote como parte fundamental del rito vespertino que recuerda los grandes Misterios de la Pasión del Señor. Al leerse la Epístola sacada del capítulo XI de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios se recuerda la institución del Sacramento de la Santa Eucaristía promulgada por el Nazareno en la Ultima Cena y, el cura remarca, una y otra vez, el crimen y el castigo de los que a ella se acercan indignamente.

El lavatorio de los pies de doce mendigos lo efectúa el Vicario Parroquial a imitación de su Maestro y Señor que lavó los pies de sus apóstoles; para finalizar se entregará la llave del Sagrario al Prefecto del Departamento que debe guardarla hasta el día siguiente en que la devolverá al inicio del ritual.

Concluida la Santa Misa -siempre en ordenado recogimiento- el sacerdote guía el itinerario del Santo Rosario. Voces en sordina entremezclan sus susurros suplicantes cubiertos de lágrimas. De rato en rato, para mantener activa la vigilia, con su patética voz de bajo, el cura estremece el templo con plañideros motetes gregorianos. Todo, durante el velatorio, es a capella; la música instrumental está ausente. Las horas transcurren así, lentas y dolorosas, en las que más de unos ojos se han cubierto de lágrimas. Los cofrades de las diversas instituciones eclesiales asisten religiosamente al acto que transcurre en un recogimiento ejemplar y, al aparecer los primeros rayos del alba,  retornan silenciosamente a sus hogares.

Cercano ya el mediodía del Viernes Santo, todo el pueblo -sus autoridades por delante- asisten a escuchar las siete palabras que las dirá un orador religioso invitado especialmente para la ocasión. Durante el Sermón de las Tres Horas se evocará la agonía del Señor y se meditará profundamente acerca del significado de las siete palabras pronunciadas en la cruz.

Llegada la hora nona, ya muerto el Salvador después de pronunciada sus últimas palabras, cuando las tinieblas cubren al mundo, los integrantes de la cofradía de los Santos Varones, ataviados de túnicas y turbantes blancos, auxiliados de escaleras, sogas, tenazas y lienzos, proceden a descolgar el sangrante y descoyuntado cuerpo de Cristo como lo hicieran José de Arimatea y Nicodemo. Este es un momento muy emocionante. Las mujeres lloran desconsoladas y más de un hombre deja caer gruesos lagrimones por sus mejillas. En silencio reverente, guiados por las conminatorias voces del prioste, los hombres de blanco proceden a  colocar el  Santo Cadáver en su iluminado féretro de gruesos cristales. Un poco más tarde –no importa que llueva o nieve o el cielo esté encabritado entre ramalazos eléctricos- sacarán en procesión los despojos del Salvador que entonces deberá recorrer las calles cerreñas.

Iglesia de Chaupimarca
La vieja iglesia de Chaupimarca en los últimos años del siglo XVIII. En las paredes pueden verse las publicaciones que, andando los años, originaron el comienzo del periodismo en la tierra minera.

Continúa…

LA SEMANA SANTA EN EL CERRO DE PASCO (Primera parte)

semana santaEl inicio de la Cuaresma siempre ha sido observado con verdadero recogimiento por nuestro pueblo minero. Sus cuarenta y seis jornadas que se inician el miércoles de ceniza en las que se conmemoran los cuarenta días que  Jesucristo ayunó en el desierto, tuvieron especial significado en nuestro pueblo creyente. Pasadas las locas jornadas del carnaval, agotados de tanto juego y disipación, hombres y mujeres, se aprestan a obedecer los mandamientos vigentes de la Cuaresma. El párroco de San Miguel de Chaupimarca, ha hecho circular el programa a cumplirse. Su  introducción, dice: “La Santa Cuaresma es el tiempo destinado a restaurar las fuerzas espirituales y sacar al alma de la inercia, indiferencia y olvido en que vive con relación a su Creador y fin último, cuya consecuencia es la suprema aspiración de los hombres de la tierra. De aquí nace para todo hombre el deber de conquistar la vida eterna, mediante la oración, la penitencia y las distintas obras de misericordia: Prácticas esenciales que deben observar en todo el tiempo, pero de un modo especial en la Santa Cuaresma, destinado por la Iglesia Católica para el arrepentimiento y el perdón de las culpas”.

En este ambiente de recogimiento se recibe las efemérides católicas de más impactante significación: Semana Santa. El pueblo minero está de duelo la semana entera. En ella se recuerda los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Su inicio está fijado para el Domingo de Ramos, rememorando su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén, cinco días antes de su muerte. Es la  semana que precede a la fiesta de la Pascua de Resurrección,  en que la oración, recogimiento y ayuno deben ser estrictamente observados. Nadie, por más agnóstico que sea, romperá la tradición del ayuno. Caso de no observarse una férrea abstinencia de alimentos prohibidos, en el comercio citadino se hallará los sustitutos de las carnes rojas. Los comerciantes extranjeros, han importado para la fecha, notable cantidad de Bacalao de Noruega que ricos y pobres consumen durante estos días. También encontrarán variedad de sardinas sevillanas en aceite de oliva, calamares en su tinta, anchoas, y cangrejos en conserva; es decir una variada muestra de enlatados, noruegos y españoles, preferentemente. Quienes quisieran especies marinas frescas, deberán esperar en la estación del ferrocarril pescados y mariscos enviados de Lima en gigantescas cestas repletas de hielo.  Cuando los bolsillos no son pródigos para estas consumiciones, en casa se conformarán con una serie de platos muy típicos, muy nuestros, como el cushuro, una alga redonda con la que se prepara sabrosos picantes; los “pogtes” de zapallo, los “ajiacos” con buena porción de queso, también, cómo no, los “morayes”, grandes chuños blancos, rellenos de queso que puestos al horno son una delicia; las ensaladas de berros y una variedad de dulces de caya, maíz, chuño negro, calabaza, tocosh, cahui y maca. En el mejor de los casos, ranfañote con cocos, nueces, chancaca, queso, etc.

semana santa 2

Se inicia la procesión del Domingo de Ramos

Desde las primeras horas del domingo, en el atrio de la vieja iglesia de Chaupimarca, se topa uno con numerosos vendedores de palmas y ramos venidos de pueblos vecinos como Dos de Mayo y Panao, principalmente. Sus atuendos los denuncian a las claras, especialmente sus “chaplacas”, toscas sandalias con correajes que los aseguran a sus pantorrillas. (En referencia a este tipo de calzados, nosotros siempre les hemos llamado “Chaplacos” a los huanuqueños y personas de la zona; ellos en reciprocidad nos decían “Shucuyes” por nuestros cómodos calzados hechos de cuero de oveja o llama, previamente liberado de su lana abundante. (Son cómodos y ágiles mocasines con el que nuestros antepasados se desplazaban por estas inmensas soledades en su tarea de pastoreo)

Estos artesanos que desde días antes han estado tejiendo artísticamente los ramos en gran variedad de figuras; desde las más simples hasta las que, en primor de filigrana, revelan a artistas populares de gran habilidad. El precio de cada ramo está fijado por el arte y la paciencia con que ha sido tejido; desde unos cuantos centavos hasta un sol.

El caso es que todos los fieles compran sus correspondientes ramos de palmas con los que entrarán en la iglesia. A las once de la mañana, anunciada por las campanas, comienza la celebración solemne con la bendición de palmas y la homilía correspondiente. Finalizada ésta, en un ambiente de fiesta y contento sacan en procesión la imagen del Señor, los fieles la acompañan blandiendo palmas y entonando cánticos religiosos de Hosannas y Aleluyas triunfales. Los mineros, sus esposas y sus niños, acompañan el cortejo.  Las principales calles celebran el paso triunfal del Mesías montado sobre un pollino blanco y gracioso. Aplausos, vivas y cánticos enmarcan la procesión que hace un gran recorrido.

Terminada la fiesta, las palmas benditas son guardadas con reverencia y colocadas en las partes altas de la casa -se tiene por cierto que ellas alejan los males que los enemigos personales puedan hacer-; es más, un ramo pequeño es siempre portado con fe porque, quien lo posea, estará a salvo de rayos y truenos que en esta tierra son mortales. (Recuerdo que aquella mañana del 23 de diciembre de 1963 -por ejemplo- cuando partía a la Marcha de Sacrificio con la que logramos nuestra Universidad, la mamita Rebeca (hermana de mi madre) me entregó un pequeña Cruz de Domingo de Ramos y, poniéndome el casco minero del tío Dalmacio, me echó la bendición). En todo el trayecto no me deshice de ella). El ramo se utiliza también para ponerlo en manos de un agónico, ayudándole a bien morir. La bendición y milagros de estos ramos, son incontables.

Continúa…

EL VENCEDOR DEL DIABLO (Leyenda cerreña)

el vencedor del diabloEs muy sabido en el mundo entero que a partir de los primeros años del siglo XVII, se consolida el prestigio que venía ganando el Cerro de Pasco gracias a sus fabulosas riquezas minerales. Es precisamente que en 1626 adquiere fama universal cuando desparecen las vetas argentíferas de Potosí. Ese día ocurrió un aluvión estremecedor que un cronista describía así: “El domingo 15 de marzo de 1626, tercera de Cuaresma, entre la una y las dos del día, a la hora en que todos los de la Villa estaban comiendo reventó con gran estrépito la laguna grande de Caricari que sólo los presentes a tan grande estrago pueden deponer de una verdad increíble, de una nunca antes vista pérdida, la mayor que tuvieran los reyes en Castilla y con las más lastimosas muertes que imaginar se puedan; la más terrible tragedia que se hubiera visto en el mundo; justo juicio de Dios por tanto pecado e infamia en Potosí, la Villa Imperial” (…) “De los que describieron este estrago, hay quien diga que de españoles e indios de  la Villa de Potosí, llegaron a más de cuatro mil los muertos”. Es a partir de entonces que  reemplazando al emporio desaparecido y merced a sus notables contribuciones a las arcas reales españolas, se le denomina “El nuevo Potosí”; bien ganado valimiento que se afianza universalmente cuando por Real Cédula de 1639,  se le otorga el título de “Ciudad Real de Minas”.

En todo este tiempo los audaces mineros venidos allende los mares llenan sus faltriqueras con buenos doblones de plata. Entre estos aguerridos aventureros destacaba don Manuel Bautista Pérez, minero portugués que se daba el lujo –en aquel momento- de ser el hombre más rico del Perú. Residente en una amplia casona solariega, frente a la capilla de la Virgen del Milagro, en Lima, con amplísimo patio, escalera principal frente a la puerta de la calle, numerosas habitaciones, corredores espaciosos le daban todas las trazas de castillo feudal. Desde este regio aposento capitalino, el portugués comandaba a distancia, el arduo trabajo minero en sus socavones del Cerro de Pasco.

Era el único minero –cosa rara- que no encontraba dificultades en el recio trabajo de sus minas. Era proverbial su continuo hallazgo de deslumbrantes filones que explotaba con celeridad y facilidad asombrosas. La plata se reproducía misteriosamente. Nunca se supo que tuviera algún tropiezo. Hasta el agua, enemiga declarada y persistente de los socavones, había respetado sus propiedades. No obstante esta suerte que el pueblo no se explicaba, el rico pero avariento minero, trataba cruel y despiadadamente a los astrosos hombres que trabajaban de sol a sol en las negras galerías de su propiedad. Nunca le importó la suerte de estos miserables que, con el sudor y sangre de sus cuerpos, amasaban incalculables fortunas para él.

Lo que el apacible y laborioso pueblo cerreño ignoraba era que el tal Manuel Bautista Pérez tenía firmado un pacto con Satanás, mediante el cual, Lucifer atiborraría de riquezas las arcas del sacrílego minero a cambio de que éste le sirviera incondicionalmente como su ministro en la satisfacción de todas sus apetencias.

En cumplimiento del diabólico convenio, todos los viernes por la noche, en los amplios salones de su casona limeña, Bautista Pérez convocaba a sus numerosos seguidores, más de cien judío-portugueses, a una sacrílega ceremonia de escarnio y afrenta a Dios.

En una espaciosa habitación cubierta de negros catafalcos, iluminada por gruesos velones, se ubicaba el ministro de Luzbel en un amplio butacón negro bajo encarnado dosel. Desde allí dirigía encendidas y demoníacas palabras a los adoradores del maligno que en riguroso orden se dirigían al centro de la sala donde se encontraba un crucifijo de tamaño natural con el cuerpo del Divino Nazareno para azotarlo salvaje y encarnizadamente; siete veces cada uno. Esta era la manera de renovar su creencia y su fe en Satán que, complacido, retribuía con riquezas mineras a sus adoradores.

Un día, imperioso, el exigente Lucifer conminó al minero para que lo acompañara al Cerro de Pasco. Le explicó que la única dificultad que encontraba para el cumplimiento de sus malvados designios de arrastrar a todo el pueblo a su reino del pecado, era el Pan Sagrado de los Cielos que se encontraba en la custodia de oro de la iglesia de Chaupimarca. Que era imperativo sacarlo de ahí para destruirlo: “Sólo así –le dijo- se podrá conseguir que todas las gentes del pueblo me sigan”.

  • Pero, para ti que eres poderoso y en otras iglesias lo has demostrado hurtando el cáliz y el cuerpo de Cristo. ¿Cómo es que en el Cerro de Pasco no puedes hacerlo? –preguntó el ministro.
  • Es que en la iglesia hay un guardián muy poderoso al que realmente temo. Es el Arcángel San Miguel, el Príncipe de los Ejércitos Celestiales, que ya una vez me venció. No quiero darle una nueva oportunidad de hacerlo. Por eso entrarás tú solo y robarás el cáliz y el Pan Sagrado de los Cielos.

Como tenía que ser, el apóstata minero aceptó la orden y una lóbrega noche que el pueblo cerreño dormía, se dirigió a la vieja iglesia de Chaupimarca en compañía de su amo. Ya en la puerta, Mefistófeles entregó un puñal a su ministro diciéndole:

  • Toma, con esta daga, podrás violentar la puerta del tabernáculo y cumplir con todo lo que te ordeno. Yo te estaré esperando a la puerta.

El sacrílego tomó el arma y franqueando la puerta de la iglesia, se dirigió sigilosamente al altar mayor donde estaba el tabernáculo. En el momento de introducir el filo del puñal en la juntura de la puertecilla para violentarla, sintió que una fuerza superior a la suya lo contenía de la muñeca; sorprendido vio que aquella mano blanca y fuerte, continuaba en un brazo hercúleo cubierto con  reluciente coraza.

El profanador quedó como petrificado por un instante, pero temeroso de que el demonio ejerciera represalias contra él, intento nuevamente destruir la puertecilla del propiciatorio, pero esta vez, un fuerte sacudón le hizo girar. En ese momento vio a un joven rubio cubierto de una brillante armadura que con su espada en la diestra y los ojos como ascuas, le señalaba la puerta del sagrado recinto para que se marchara. El intruso no lo pensó dos veces. Presa de terror, salió despavorido, y al llegar a la puerta, fue contenido por Belcebú, que le dijo:

  • No te atormentes. Bien sabía yo que no lo conseguirías. Esta custodia está muy bien resguardada por Miguel el Santo, el Arcángel, el defensor del Pueblo de Dios. Vámonos, nuevamente me ha derrotado.

A partir de entonces, el diablo humillado abandonó el Cerro de Pasco dejando en el más completo desamparo a su protegido que cayó en desgracia; sus minas se inundaron, las ricas vetas desaparecieron como por encanto, y lo que es peor, la noche del diabólico aquelarre del 11 de agosto de 1635, sin que advirtieran que estaban siendo espiados, los judío-portugueses fueron apresados por los alguaciles de la Santa Inquisición. Enterado el pueblo limeño de la profanación de la santa imagen de Cristo por los seguidores del demonio, bautizaron con el nombre de Judas a Bautista Pérez y, la casona donde se realizaban estos actos demoníacos, con el nombre de la Casa de Pilatos.

El proceso de este sonado juicio duró cuatro años en que los judaizantes –todos ellos económicamente poderosos-  trataron de torcer la vara de la ley sin conseguirlo. El domingo 23 de enero de 1639, se realizó el acto de fe en el que Manuel Bautista y Pérez y diez de sus cómplices fueron quemados vivos en la plaza de la inquisición.