OTRA MÁS DE LAS “CASAS MALAS” (Cuarta parte)

                                               Del día que te conocí,

                                               no puedo vivir sin tí:

                                               Norma mía.

las casas malas 4La belleza de Norma residía en sus rasgos agresivos, recios, terminantes. Era hermosa hembra con todos los atributos que la escogencia del mestizaje había seleccionado. La opulencia de sus carnes bien proporcionadas y un cierto desparpajo al hablar, hacían pensar en una cholaza resabida, pero no. Era una mujer que, echándose el alma a las espaldas alternaba con los marchantes del chongo. Su corazón a pesar de lo trajinado de su cuerpo, se encontraba virgen, extrañamente invicto; por eso cuando encontró al hombre que le habló diferente revelándole su cariño, ella –intuición de mujer- le correspondió.

                   

                    Aunque no quieras tú,

                   ni quiera yo, lo quiere Dios;

                   hasta la eternidad

                   te seguirá mi amor.

No le importó que se rieran de su pareja, un diminuto jugador de fútbol del Railway; valiente como pocos y con un corazón gigante identificado corporal y espiritualmente con ella. Cuando él la “sacó” del burdel y la llevó a vivir al campamento obrero, todo el mundo les volvió las espaldas; pero ellos, solos contra el mundo, afrontaron con valor los desaires y las ofensas. Él no dejó de trabajar en la compañía pero se aisló en el cariño de su mujer. Casi siempre quedaba con las huellas de sus discusiones. Ella, por su parte, sepultó su nombre de combate lupanario conjuntamente con su pasado; dejó de ser Norma y olvidó los afeites y los trajes atrevidos. Con estoicismo sobrellevó insultos e indirectas. Jamás bajó la cara. Eso sí, al igual que las otras mujeres del campamento, llevaba el almuerzo a la mina, cargaba el carbón y la leña que le correspondía a su esposo y hacía interminables colas para adquirir el pan y las subsistencias. Todo en silencio, sin un reproche, sin una condena.

                                               Como una sombra iré,

                                               perfumaré ti inspiración,

                                               y junto a tí estaré,

                                               en el dolor.

Al morir su cuñada, una pobre viuda desamparada, ella ocupó el lugar de la madre. Llevó a los cinco niños a su casa y trabajó como nadie para sacarlos adelante. Con el menor a las espaldas llevaba a los mayores a la escuela y el almuerzo de su marido. Poco a poco, la gente que la ofendía, fue advirtiendo que hacendosa y humilde era todo una señora y comenzaron a saludarla y conversar con ella. Al final se convirtió en la más respetada de las mujeres del campamento La Esperanza.

                                               No sé mi negrita linda,         

                                               qué es lo que tengo en el corazón,

                                               que ya no como ni duermo

                                               sino pensando sólo en tu amor

La negra María, ojos juguetones, roja sonrisa, boca carnosa para ser mordida; cabello sedoso y crespo; camina majestuosa y cimbreante como si estuviera danzando, los burdeleros la contemplan con hambre, con ojos torvos y concupiscentes, enloquecidos por sus contornos; sus caderas generosas gobiernan el desbocado latir de los corazones putañeros al ritmo de sus posaderas enormes, anunciándose ostentosamente bajo el ceñido traje que la esculpe toda.

                                               Hay muchos que me aconsejan,

                                               que te abandone, que me haces mal,

                                               y yo no sé lo que pasa

                                               que cada día te quiero más.

Todos  la amaron con frenético ardor, pero su cariño fue exclusivamente para un torerillo que soñaba con Acho, esperando triunfar para sacarla del lenocinio y desposarla. Muy jóvenes creyeron posible la materialización de ese sueño. La realidad fue otra. Cada vez que “Gallito” volvía rendido de sus giras provincianas, lleno de cardenales, magulladuras y heridas el entusiasmo iba muriéndose. El día que se enteró que la negra estaba preñada, cogió sus bártulos y diciendo que no pararía hasta España partió a “doctorarse” de torero. No sólo no fue a España ni se doctoró en nada. Desapareció para siempre de la vida de la negra monumental. Entonces a ella  le invadió  una terrible amargura que  sólo el cariño de su hija la hizo soportar. A la criatura le entregó todo su amor. Juró que nunca más volvería a amar a nadie. No cumplió. No pudo cumplir su promesa.

                           ¿Qué tiene la zarzamora

                            que a todas horas,

                            llora que llora

                            por los balcones.

 

                            Ella que siempre reía,

                            y presumía

                            de que partía

                            los corazones.

En una de sus largas vigilias putañeras, conoció a un hombre joven bien parecido y amable que logró despertar  su aletargado sentimiento de mujer y, embebida de su despreocupada alegría y acaramelada parla, cayó en sus brazos. Nuevamente sus ojazos negros comenzaron a brillar. La compañía de Humberto fue su salvación. Con él vivió los mejores momentos de su vida, pero un día recibió una carta apremiante. Su hija estaba muy enferma en Lima y su madre la urgía a viajar inmediatamente. No lo pensó dos veces. Lió petacas, se despidió de su “marido” y partió a la capital. Su ausencia tuvo que prolongarse. En ese lapso, un consejo de familia determinó la necesidad de cortar por lo sano la disipada vida del joven tarambana.

Y lo que son las cosas. Aquellos días su “marido” conoció a una hermosa niña cerreña que llegaba de vacaciones a visitar a sus padres. Su presencia perturbó completamente al limeño. Todo fue muy rápido. La belleza de la niña terminó por doblegar al “Speaker”. Al mes se anunciaba el matrimonio y todo el mundo comentaba el acontecimiento.

                            En la vida hay amores que nunca 

                            pueden olvidarse,

                            imborrables momentos que siempre,

                            guarda el corazón.

 

                            Porque aquello que un día nos hizo

                            temblar de alegría,

                            es mentira que hoy pueda olvidarse

                            con un nuevo amor.

La negra María no lo pudo creer cuando se lo contaron. Los irascibles consejos en el burdel oscilaron desde el “Córtalo para que no se olvide de ti en su perra vida” hasta el “Mátalo al concha de su madre, porque eso no se hace”. Al final, todas las chuchumecas acordaron que irían a arruinar la boda. Ella –mujer al fin- no lo permitió. Lo había amado tanto que no fue capaz de esa infamia. El día de la boda lloró como nunca antes y bebió hasta quedar sin aliento. Desde entonces jamás volvió a amar a  otro hombre. Los que pasaron por su vida dejando generosas monedas en pago de sus favores, sólo se llevaron la emocionante experiencia de poseerla, porque ella, con el corazón marchito, ya no volvió a amar a nadie más.

                            Dos almas que en el mundo,

                            había unido Dios,

                            dos almas que se amaban,

                            eso éramos tú y yo.

 

                            Por la sangrante herida

                            de nuestro inmenso amor,

                            nos dábamos la vida,

                            como jamás se dio.

 

                            Un día en el camino,

                            se cruzaron nuestras almas,

                            surgió una sombra de odio

                            que nos separó a los dos.

Cuando ya el tiempo había borrado todos los rasgos de su antigua belleza se afincó en el burdel de La Oroya. Allí se enamoró perdidamente del contador de la compañía que, para su mala suerte, fue victimado por unos delincuentes para robarle una buena cantidad de dinero. La policía la detuvo acusándola de cómplice y la encerraron en la cárcel. Cuando salió ya era una fantasma sin un mínimo rasgo de su belleza de ayer.

las casas malas 5

FIN……

 

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