RICARDO SOLÍS FERNÁNDEZ (Nuestros escritores)

Ricardo Solis Fernández (Rimancho), nacido en el Cerro de Pasco ha realizado sus estudios secundarios en el Instituto Industrial No 3 de esta ciudad. Sus relatos se pueden sumar a la expresión de la literatura realista que prospera en el país, teniendo como figuras sobresalientes a Vargas Llosa, Ribeyro, Congrains, Reinoso, Viaña, etc. Esta literatura es fuerte y sincera, no porque ella halague con referencias a temas escabrosos, sino  porque pinta con fuerza y profundidad un medio en el que miseria y ternura alternan en un contrapunto acertadamente conducido. Sus relatos claros, precisos y enervantes nos indican que el autor ha bebido de la técnica moderna del cuento. Creemos que sus lecturas han sido cuidadosamente elegidas y magníficamente observadas ya que los temas que aborda en las diversas ediciones de “Cuentos Pasqueños”, están bien logrados. Rimancho acaba de alcanzar su inicial consagración al ocupar el Primer Puesto en relato correspondiente a los Juegos Florales, organizado por la Universidad local. Tenemos fe en su entrega a esta incomprendida misión de escribir y esperamos – Pasco lo espera- que siga diciéndonos su voz reveladora. He aquí una de sus primigenias creaciones:

Rumicha

R U M I C H A

-¿Ya…?

-Sí…

-¿Apagaré…?

Apagó.

Todo negro quedó. El cadencioso rumor de las hojas del árbol, afuera; el somier, las ansias, los goces, adentro.

Fue la misma cosa desde que no pudo tomar la chicha de los quince años, no la llegó a saborear ni las “pachamancas, cuyes” frente a la alegre familia comuna. Antes que cumpliese, era la niña más feliz del lugar; estaba orgullosa de su padre. Don Graciano, el comunero viejo, el luchador por la causa del pueblo. Él fue quien encabezó a ellos hacia la recuperación de las tierras de la comunidad. Una vez triunfado, propició el trabajo comunitario, el “wallpo”; ella siempre le acompañaba, alentándole con sus ojitos claros como un manantial en verdes pampas, su cabellera negra, color trillado trigo jugando al aire. Su presencia abrigaba a todos los corazones “chacreros” que palpitaban en la fecunda falda.

Como las noches de siempre, invadía la quebrada convirtiéndolo en un mar de sombras.

Apenas se sentó él a la mesa de repente se abrió la puerta de una patada. Cinco rostros poco tratables le miraron, unas manos fuertes apretaron sus brazos.

-Registren la casa…!!!

Perplejas y mudas retrocedieron las mujeres, sin saber qué hacer. A puntapiés y rodillazos lo sacaron a taita Graciano. Sus quejidos y pasos se perdieron en la estrecha y oscura calle de Huachón. Rumilda quiso gritar, pero un zambo alto la derribó al suelo; su matinal cuerpo lentamente se ahogó en la desesperación. Sus claros ojos derramaban cristalinas gotas, iba delinéandose en su blanca cara como la nieve del “Waguruncho”; allí hecho dolor bajaba y bajaba. El moreno cuerpo ensució la diáfana piel. Poco después quedó consumada y el silencio llenó el cuarto, la roja sangre resaltó en sus muslos sonrosados como una negra mancha.

Días después, su madre partió en busca de taita Graciano. ¿A dónde lo habrían llevado..?…¿Qué sería de él…?.

Sé por intermedio de los obreros, que él y tres obreros más fueron asesinados en un lugar secreto. Al enterarse esto, doña Prude enloqueció, ya loca anduvo y siguió andando pobre y olvidada. Tal vez en alguna calle de la patria estaría estirando sus manos pidiendo una limosna o sería un objeto viviente que servía para divertir a los “palomillas” del barrio, insultándola y fastidiándola.

-¡Loca…!….¡Loca…!

-Ya.

-Sí.

Todas las noches estuvo así. Aún la cara del negro, su cuerpo pesado, su brusquedad estaba en su cerebro, en sus sueños. Reía como idiota y lloraba amargamente cuando se despedía la noche.

-La loca.

-Qué cochinada, ¿No..?

Esos comentarios  estaban impregnados en las turbias calles de Huachón. ¿Cómo se les podía juzgar a esas bocas?… ¿A esos comuneros…?. Si ellos no conocían la realidad en que se encontraban. Tantos intelectuales fueron a ese pueblo con el afán de educarlos, pero no; sirvieron para atollarlos, hundirlos en el barro de la ignorancia, de la desconfianza.

-Apague.

Se apagaron las luces. La quebrada de Huachón volvió a ser la de siempre: un mar de sombras. Allí Manuela, Blanca, Rosa, Matilde, Luz, Shatuca y muchas otras, en temprana edad dieron frutos nuevos seres y que esos jamás conocerán a sus padres. Allí la burla, el engaño. Allí los politiqueros negociaban la humana conciencia; allí los habladores eran dueños de los hombres. Allí la juventud se moría en vida.

Llegará el día en que relumbrarán los cerros, los ojos claros de Rumicha, volverá a renacer entre las flores del amor; nacerán muchos taita Graciano; nacerán Prudencias. Brillarán los ojos de los hijos de ellas, el hijo de sus hijos cantarán a sus hombres como el caudaloso río que baja en las quebradas profundas, cantarán al día; brillarán sus dientes junto con el majestuoso “waguruncho”.

La Rumicha, la niña.

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