LOS CARNAVALES DE ANTAÑO (Primera parte)

Los carnavales 1Considerando que la Municipalidad Provincial, así como el Consejo Regional de Pasco, han fijado la celebración del Carnaval Cerreño para los días 12 y 13 de marzo, con singular aprecio, nos sumamos a esa disposición y para el conocimiento de nuestra niñez y juventud, a partir del día de hoy difundiremos algunas notas pertinentes para el conocimiento de cómo fue el Carnaval de Antaño en nuestra tierra.

Hay una populosa fiesta que desde mediados del siglo XVIII alcanzó auge extraordinario en nuestra tierra: Los Carnavales. Durante la vigencia de la también llamada Carnestolendas, se  permitían los excesos que estaban prohibidos durante la  cuaresma: música, bailes, disfraces. Época en que hombres y mujeres se permitían excesos. No debe llamar la atención estas celebraciones ya que en páginas publicadas anteriormente en este blog, vimos que todo lo referido a “fiestas, mujeres y vino” tuvo una extraordinaria vigencia en nuestro pueblo minero.  Como un ejemplo de este aserto, consignamos una cita que el estudioso Alejandro Reyes Flores señala en su trabajo: “La vida cotidiana en el Cerro de Pasco”

“Se estimulaban las fiestas religiosas y paganas por parte de la clase dominante. Sobre las primeras puede leerse el documento anexo al presente trabajo. Sobre lo segundo, los carnavales por ejemplo, era evidente que se permitía que la gente diera rienda suelta a sus inclinaciones, pues, el pueblo se paralizaba durante tres días por los juegos de carnaval. Sobre esto, el mismo Corregidor de Canta, Santa y Ortega, para 1757 se quejaba que tenía que verse precisado a suspender una diligencia judicial debido a que lo había sorprendido los carnavales en el Cerro de Pasco”

Por su parte, don Manuel Ascensio Segura, al prologar un libreto denominado “Literatura de Carnaval” publicado en febrero de 1945, dice. “Entre nuestras fiestas populares, ocupan lugar preponderante las de carnaval desde los legendarios tiempos coloniales en que nuestros progenitores hispanos, trasplantaron a este suelo los regocijos y festivales del pueblo peninsular en celebración del antiquísimo fasto europeo de Carnestolendas (…). Esos tres días eran de locura, de perpetuo e incesante desorden, de completo desenfreno. Las jeringas, los baldes, las bateas y las tinas, eran armas de combate en el arsenal carnavalesco”  

Está oficialmente reconocido en el mundo entero que los carnavales se inician el año 1096, en la bella ciudad de Venecia –reina del Adriático- cuando celebra el primer carnaval con espectacular fiesta de disfraces. A partir de entonces, lejanos pueblos como Londres, Inglaterra, Francia, Japón, Israel, Estados Unidos etc. hacen lo mismo con gran entusiasmo. En España alcanza su mayor auge con los reyes católicos, especialmente en Tenerife. Desde allí se propaga a toda América y en Brasil alcanza su mayor apogeo con el llamado “Carnaval de Río”.

Los carnavales 2
Fotografía de la comparsa en pleno del Club Carnavalesco Vulcano, lista para su desfile por plazas y calles del Cerro de Pasco -1910-. Conjuntamente con los músicos ejecutantes están los “líricos” (Cantantes). Todos muy disfrazados de la mejor manera, haciendo gala de creación y entusiasmo. Era la demostración general del entusiasmo popular. En la foto no figuran las reinas que presidían la comparsa; ni los chalanes, encargados de repartir programas con cánticos y mensajes; ni los integrantes de la nutrida banda de música.

Referente a nuestra patria, los italianos residentes en nuestra ciudad fueron los que implantaron el carnaval con gran beneplácito del pueblo. Comenzó siendo una fiesta de élite social que después se difundió al pueblo que la hizo suya hasta alcanzar dimensiones espectaculares.

Mucho hay que decir respecto de su organización tan meticulosa que comprometía a todo el pueblo. Todos, ricos y pobres, participaban de la algarabía natural de esos días. Para tener una idea cabal de aquellas festividades, copiamos textualmente lo que EL MINERO decía al respecto en 1923. “En los anales de la ciudad tiene que ser señalado con muy gratas notas, el carnaval de 1923 por la transformación cultural que ha experimentado entre nosotros y por los relieves de alegría, de entusiasmo y de orden sin precedentes, dentro de los que ha discurrido esta fiesta tradicional, que hasta ayer fue en todas partes loca y desenfrenada diversión que tocaba a veces en los límites de la incultura y que se hacía, por lo tanto, acreedora a merecidos reproches. Hoy, aquí como en Lima y en casi todos los pueblos de la república, ha quedado desterrado el carnaval antiguo y odioso de los baldes de agua, de los paquetes de pintura y de las demás prácticas retrógradas y dañosas sin arte ni belleza alguna, para reemplazarlo por las fiestas artísticas y sugestivas de toda la ciudad ha contemplado llena de satisfacción y que dejan en el ánimo público una impresión tan deleitosa como memorable. 

Los carnavales 3Y es digna de admiración y de aplauso, la maleabilidad de todas nuestras clases sociales, del pueblo en especial y hasta de la chiquillería irreflexiva, habituados todos a los desenfrenos y devaneos del carnaval de antaño, como a mérito sólo de disposiciones policiales y municipales y ante la perspectiva de un programa de nuevos festejos para celebrar los días de Carnestolendas, han hecho abandono de los antiguos métodos y se han entregado llenos de entusiasmo y de gozo a contemplar las escenas festivas que la renovación del carnaval les ha ofrecido y que sin duda les han dejado más deliciosa y espiritual fruición.

En vísperas de la fiesta. 

“Desde la mañana del sábado se acentuó en forma muy marcada el entusiasmo público que en días anteriores se venía advirtiendo para la celebración del carnaval, entusiasmo que se traducía en el semblante alegre de todas las gentes; unas empeñadas en adquirir los elementos necesarios para la confección de los vestidos con que acudirían al baile de máscaras, otras entregadas a la preparación de los carros alegóricos que forman el corso, todas comentando por anticipado el desarrollo de la fiesta que auguraban del más hermoso y satisfactorio resultado. Este entusiasmo y ajetreo unánime del vecindario, unido a la actividad de las comisiones organizadoras del festival y a los preparativos de los clubes carnavalescos que se aprestaban para hacer su entrada en la ciudad, daban a ésta un aspecto extraordinario de regocijo y animación. Nuestra urbe palpitaba de alegría y bullía de emoción ante el advenimiento de la Fiesta de Momo, que quería celebrar con las más cálidas manifestaciones de su alborozo y de su cultura”. 

Los carnavales 4“Boletines emitidos por el Club Vulcano desde la mañana del sábado anunciaron para las dos de la tarde la llegada del Correo de S.M. Vulcano XVII. Efectivamente, con exactitud cronométrica, el correo ingresó en la ciudad en vistosa y alegre cabalgata distribuyendo el mensaje y el bando de su majestad, aumentándose desde ese instante, la alegría que invadía a todos los espíritus. Virtualmente, el carnaval había comenzado”.

Continúa……

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