LOS CARNAVALES DE ANTAÑO (Tercera parte)

 

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Grupo de disfrazados de la comparsa carnavalesca a extramuros de la ciudad alistándose para hacer su entrada triunfal en la ciudad que los espera repletando calles y plazas adornadas con serpentinas quitasueños, globos y máscaras. Se vivía momentos muy emotivos en medio de una alegría popular generalizada.

El lunes de carnaval 

“En este segundo día hizo su entrada triunfal en la ciudad, Apolo II con su compacta y elegante comitiva que como las de Vulcano y Cayena, acudieron a rendir su homenaje a la reina de la ciudad Isabel I, en el trono que ya hemos descrito. Después del canto ritual de la muliza, la comitiva continuó su marcha por toda la ciudad ofreciendo en todas partes nuevos atractivos y alegrías que no amenguaron en un sólo momento”.

 El último día

“El corso de carruajes realizado en la tarde del martes fue la nota más culminante de este día y de todas las fiestas del carnaval. Cierre brillante de esta jornada de esparcimiento espiritual y de refinado gusto que ha contemplado la ciudad en los días que reseñamos”. 

los carnavales 10“Iniciaba el desfile el carro municipal en el que iban el Prefecto del departamento, coronel Galdós, el Alcalde Municipal, Benjamín Madueño, el Síndico de Rentas, Vicente Caballero y el concejal, Edmundo Cárdenas. Luego cuatro batidores y luego el Carro de la reina Isabel I.- Sobre una plataforma magníficamente tapizada y bordeada por un barandal de flores se levantaba el trono, obra de exquisito gusto y decorado con todo lujo. Bajo su dosel, magníficamente ataviada con traje banco estilo egipcio, cubierto de ampliaciones de oro y con las clásicas insignias de la soberanía, iba la reina Isabel I. El triunfo de la belleza y la gracia de la señorita Isabel Ravelli Malpartida que quedaba así, consagrado y ostentado ante las multitudes que a su paso le rendían vasallaje y admiración.

“Dos pajecillos caracterizados con perfección por los niños Julio A. Gallo y Juan Klococh y en traje tipo Luis XV, de pana color oro, escoltaban a la reina y en la gradería del tono la acompañaban sus damas de honor, señoritas Mary Shaw, María Malpartida, Josefina Alania, Juana Martínez Curty, Manuela de la Puente y Rebeca Balvín. Estas agraciadas señoritas iban lujosamente vestidas con trajes de seda de corte egipcio, de color blanco unas y rosa, otras. La reina como sus damas, estaban lujosamente alhajadas. Escoltaban la comitiva del Vulcano y su crecida comparsa. Una comisión municipal formada por Francisco Chavaneix y Antonio Cilliani, montados a caballo dirigían el orden del desfile y el cuidado del desarrollo del programa de las fiestas”. 

“El carro de la reina del mercado.- Un anda decorada con motivos incaicos y alegorías netamente nacionales y sentada en elevado trono que coronaba un magnífico sol, iba la señorita, Marcelina Ureta, con traje de coya y ostentando el Cetro Imperial. El personaje histórico estaba soberbiamente caracterizado, así como el de las ñustas  que hacían la corte de la reina, niñitas Jacinta Ortíz y Marina de la Torre”.

“El anda iba en hombros de seis indios con los vestidos exactos de la época incaica. Una llamita que precedía el anda daba la ilusión de de halarla por medio de cintas. Este carro ideado en todos sus detalles por el señor Juan Arias Franco y a cuya realización contribuyó el artesano Julio Zavala, produjo la más viva impresión y fue objeto de merecidos elogios”. 

“Seguía el hermoso carro de la colonia austro húngara, representando el sublime arte de  lalos carnavales 11 pintura, a continuación el carro del Apolo que lo constituía un elefante construido admirablemente; tras de éstos, el carro de la compañía Americana, un carro especial ofrecido por la municipalidad ocupado por varios niños disfrazados, el carro del Cayena, los miembros que forman los diferentes clubes, la orquesta del Cayena, un carro alegórico primaveral representado una canasta de flores, carros particulares y una excepcional concurrencia que no bajaría de 4 a 5 mil personas”.

“El cuadro en extremo sugestivo cautivó pues y proporcionó momentos de expansión espiritual, a los habitantes todos de esta población que casi en su totalidad se dieron cita en el centro del lugar donde se desarrolló esta fiesta simpática y culta y que esperamos que en años venideros se repetirá como exponente del grado de cultura alcanzado por nuestro pueblo en homenaje a Momo”. (EL MINERO, 15 febrero 1923:3 y 4)

Para redondear -por así decirlo- este muestrario de lo que era nuestra fiesta carnavalesca, nos hemos tomado la libertad de echar mano de páginas reveladoras de nuestros escritores a fin de que ellos, -testigos de excepción-, nos los den a conocer sus valiosos testimonios en las páginas que siguen.

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S.M. Isabel Ravelli Malpartida, inolvidable reina de la ciudad del Cerro de Pasco en su época de esplendor. Está acompañada de su Corte de Honor.

Leerán lo que nos dicen Gerardo Patiño López, insigne patriarca de nuestro periodismo citadino; Carlos Malpartida, aquel viejecito cunda que firmaba con el seudónimo de “Athos”, dejándonos una serie de relatos íntimos reveladores de la grandeza pasada de nuestro pueblo minero; de Ambrosio Casquero Dianderas el cual, no obstante ser un notable poeta, también entraba con pie grande en el relato como el que van a leer y, nosotros, basándonos en los informes de viejos amigos que ya no están con nosotros, reviviremos una crónica de aquellos tiempos. Hablaremos previamente,  cómo no, de los clubes carnavalescos, organismos comunales que mantuvieron al tope el entusiasmo por estas celebraciones; de los bandos carnavalescos y de nuestras hermosas reinas de carnaval.

Los Clubes Carnavalescos. 

El primer Club carnavalesco que se fundó oficialmente en el año de 1880, fue el CALIXTO. Su vida de 32 años –pues desapareció por decisión de sus socios- estuvo cargada de éxitos rotundos. Su boato y magnificencia fue tal que, en Ambo, Junín, Carhuamayo, San Rafael, Yanahuanca, Huariaca, Goyllarisquizga, Smelter. etc, también surgieron clubes con el mismo nombre.

En 1905 se fundan BONIFACIO, MARISCO y MEFISTOFELES, tres clubes que dejaron grandes recuerdos en el pueblo. En 1906, en cambio, nace el Club que como ninguno representa al Cerro de Pasco: EL CLUB VULCANO. Sus socios, preclaros y queridos ciudadanos cerreños han sabido mantener, generación tras generación, la más fiel tradición musical popular de los carnavales. Actualmente lo continúa con una pertinacia digna de aplauso la familia Rodríguez.

Cuando Don Calixto había alcanzado raigambre en el pueblo minero, un grupo de jóvenes “bien”, con el fin de alternar emotivamente en todas las celebraciones de Momo, decide “sacar” su comparsa que, a diferencia de los otros grupos no utilizarían cabalgaduras para desplazarse por las calles. A la usanza de los jóvenes cruzados de la alegría y la música, idénticas a las “Tunas” españolas irían a pie, portando sus gonfalones característicos bordados con arte exquisito y la guarnición de decenas de cintas de mil colores,  con los instrumentos en ristre. No tendrían compañía femenina porque de lo que trataban era de rendir pleitesía a la belleza de la mujer cerreña. En lo único que se igualarían a los otros conjuntos sería en la interpretación de nuestros huaynos y mulizas, matizados con los “Bandos” y “Mensajes”; para ello contaban  en sus filas con los mejores compositores y poetas del parnaso local. Cundas, jaranistas, enamorados y buscabroncas, eligieron por nombre, el de la prisión ubicada en la Guayana Francesas en donde, se decía, estaban los más sanguinarios criminales del mundo: CAYENA.

En tanto vivieron alcanzaron resonantes éxito por su “buen ver”;  todos eran guapos y de buenas familias; a ello había que añadir la calidad de sus interpretaciones con exquisitas voces juveniles. El único problema que tenían que afrontar era el de ir a pie y su consecuencia de tener que mojarse los pies hasta extremos increíbles además de convertirse en fácil presa de las chicas que los mojaban a su gusto. Su vida -como dijimos- fue muy breve pero espectacular. Dejaron grandes recuerdos. Cuando se subieron a sus cabalgaduras perdieron su atractiva particularidad. Les siguieron BONIFACIO, MEFISTOFELES Y MARISCO.

El entusiasmo carnavalesco jamás decayó en la ciudad minera; por el contrario, pueblos aledaños, contagiados de exaltación juvenil de sus comparsas, fundan sus clubes correspondientes: KAISER, (Huariaca 1918), ASTOLFO, (Goyllarisquizga 1921), COW BOYS (Smelter), MARTE y PIZARRO (Goyllarisquizga), LIRA OLLANTAY, (Paucartambo), CHAPLIN, (Huariaca), SAN JOSE, (Mina Ragra), VULCANO CHICO, (Carhuamayo). DON QUIJOTE (La Quinua 1920), MOMO DE YANAHUANCA, (1920), MOMO DE CHACAYAN (1922), TRIFON, (1913), ATAHUALPA ANDINO (Yanahuanca 1926). Etc.

En el Cerro de Pasco, como es natural, siguieron fundándose otros clubes carnavalescos como: Club Juventud Apolo, (1922), Filarmónico Andino (1924), Lira del Ande, Lira Cerreña, Hijos del Tahuantinsuyo, Don Nadie, Los Diamantes de Yanacancha, Rosario de Yanacancha, etc.

Continúa……

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