LOS CARNAVALES DE ANTAÑO (Séptima parte)

Los carnavales 17
El carro que transportaba a la reina del Club Cultural Rancas en el momento de tomar su emplazamiento correspondiente para el inicio del desfile carnavalesco. Esta institución tuvo una destacada vida cultural en nuestro pueblo. Fundó la primera emisora radial que tuvo el Cerro de Pasco que irradiaba las creaciones más destacadas de nuestro artistas citadinos

EL CABALLO DE ORO

(Relato de un carnaval cerreño)

por Ambrosio Casquero Dianderas

El Cerro de Pasco, cuna Del dorado que descubrió Huaricapcha en una cueva insigne, tuvo ayer unos esplendorosos carnavales, tal vez inigualables a los de hoy. No llegaba a extinguirse aún el alba de nuestra vida soñadora, cuando ya era fama muy clavada en el alma cerreña la del insigne don CALIXTO que duró tantísimo años en la ciudad.

Los hechos que pasamos a narrar, se diría que de por sí son novelescos, si no hubiera intervenido la realidad en el desarrollo de la acción que daremos a conocer a nuestros lectores.

I

Era en los carnavales de antaño, el primer factor que los movía, el de “quedar bien” ante el público, para lo cual, debía obrarse con el concepto de lo original. Por otra parte, cada miembro de las comparsas a lucirse, debía sufragar sus gastos personales con plata propia, desde la cotización de socio a la Institución a que se pertenecía, hasta el disfraz de seda y el magnífico caballo de paso bien presentado. Y había que tenerse en cuenta,  para el lucimiento, un sinúmero de socios disfrazados…Un verdadero conjunto, o mejor legación de vasallos del monarca reinante en los días de Momo. Claro que a cualquier tiempo fue mejor. ¡Oh! Manes del Dios de Antaño…!.

II

Así queda muy bien,.. ¿No es cierto?  Sí, pero una manita más por debajo del anca..

Ya…

Eso es…

Y tras este diálogo, el caballo de un miembro del Club memorado, el caballo de aquel que hoy con toda amplitud de nuestra pluma lo evocamos, quedó convertido en un magnífico CABALLO DE ORO. ¿Qué pasó para que obrara tal milagro de convertirse en eso?…. Poca cosa: varias manitas de purpurina dorada con el zumo de plátano hicieron el milagro. El animal, así pintado de oro sobre el pelo fino, era un caballo irreal, fantástico, se diría tal vez trasunto de un sueño de Allan Poe o de algún poeta dadaista.

 Sobre el caballo ya pintado, todo el cuerpo, cubrieron una hermosa montura de galápago con risueños adornos de géneros de colorines y cascabeles en enorme profusión. Luego que estuvo expedito, apareció a la puerta de su residencia, el que debía cabalgar sobre el noble bruto. Recordamos claramente. Era un bien caracterizado súbdito de Mefisto. Un demoníaco ser, con su ropaje rojo, sus amplias y plateadas alas, el largo rabo de notable ostentación; en fin, una figura que, sobre el caballo dorado constituía lo maravilloso, lo imponente, como lo fantástico.

Un amigo del diablo aludido que montaba el noble bruto, en tanto iba con la guitarra en las manos, templándola “en llano”, medio borrachín, en el patio del dueño del caballo evocado, comentó diciendo: ¡Este se saca el premio!

III

Éxito contundente en toda la población, la tarde magnífica de aquel lejano carnaval cerreño. El paseo de la inconmensurable legión de súbditos del Monarca de entonces, fue soberbio, imponente, magnífico, único, rubricado con el melodioso canto de la muliza, toda alma cerreña, toda “te quiero palomita” y toda:

                                                                              Te adoro mi dueña

                                                                              Y escucha mi voz….”

Muy delante de dicha magnífica comparsa lucía su estampa el caballo dorado, gallardo e inquieto, a su apuesto conductor demoníaco. Se supo que él, con su caballo y con su magnífico y original disfraz, estuvo designado para el premio entre los que mejor se distinguieron en su presentación.

IV

 Y, en efecto, salió triunfante el diablo de la leyenda, que hoy evocamos y su caballo dorado. Pero el epílogo no estaba previsto. Cuando ya había cerrado la noche, y, en la clara hondura azul del cielo, fulgían los luceros rutilantes cerreños, el caballo de oro, sufrió un violento estertor en su pesebre bajo un viejo quinual y, fulminado por aún no sabemos qué, quedó tenso en la tierra…

¿Qué había pasado?… Los comentarios fueron cien, pero la versión que prevaleció sobre todas: la pintura del polvillo de oro, dada al caballo sobre el fino pelaje cubriéndolo totalmente, lo había intoxicado… La química seguramente, obró en sentido opuesto a la vitalidad del animal…. (EL MINERO, 14 de febrero de 1942:4).

Continúa….

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