EL PUEBLO INCONQUISTABLE (La leyenda de Antapirca) (Segunda parte)

Cuenta la tradición que un  25 de julio de unos de aquellos años, hizo su entrada triunfal enla leyenda de Antapirca 2 el pueblo una majestuosa comparsa presidida por San Santiago que venía sobre soberbio corcel  escoltando a la bellísima Santa Ana y séquito impresionante que se dirigía a la ciudad de Tarma. El santo iba en poderoso caballo chileno, castaño claro, armado de armas brillantes y, sobre ellos, preciosísimo vestido de damasco azul, sembrado de diamantes, esmeraldas y rubíes. Cubría su cabeza con costosísimo chambergo francés de muchas plumas verdes, azules y encarnadas que se fijaban con un trecellín de filigrana de oro. El marco musical con muchos clarines, trompetas y atabales, era impresionante; algo nunca visto por aquellos lugares.

Para esto, ya el pueblo creyente había anticipado el proceso de la celebración jubilar. Juntó abundante leña que alimentaría las “tullpas” para hervir la chicha, los guisos, chupes, locros… Se tuvo mucho cuidado en seleccionar el maíz rojo y amarillo que, molido y hervido como jora, fue depositado en enormes barriles para su fermentación. Especial dedicación se tuvo en contratar a los músicos más diestros de los contornos. Después de la molienda elaboraron panes de trigo, maíz y zapallo que utilizarían en el “Trucay”. Los novillos, carneros, cabritos, cuyes y gallinas beneficiados se colgaron en el frontispicio de la casa del prioste adornados con cadenetas, cintas y banderas multicolores. Anunciado por corneta, tambor y repiques de campana, los fieles asistían al novenario que finalizaría el 22. El día siguiente 23, antevíspera, en medio de un bullicio extraordinario anunciado por una cohetería imparable, entró San Santiago escoltando a la anciana Santa Ana y un séquito de acompañantes selecto que visitó la casa del mayordomo en donde desayunaron opíparamente. Los cocineros habían preparado un ponche especial y el sabrosísimo “Shiple Caldo”. Y como desde entonces ha quedado establecido, el mismo San Santiago entró en la plaza luciendo sus mejores galas. (Actualmente lo reemplaza el Capitán). Entretanto el pueblo bebe abundante chicha y se embriaga de alegría. Los días subsiguientes, los “prucuchos”, encabezando la cuadrilla de danzantes, visitan  a las familias que habrán de colaborar el próximo año. Todos se disputan ese honor. El último día, alegre y multicolor, la rondalla campesina despide la fiesta cuadrillando por Cañari, Pariagaga, Shuyhuayog y Chancha barrio. A medida que decae la alegría con la música, se espera que la celebración del próximo año sea mejor.

la leyenda de Antapirca 3Aquel día la fiesta fue presidida por San Santiago -el pueblo todavía lo recuerda con especial cariño- que el patrono instauró la Capitanía que cada año se celebra con pompa. Desde entonces, quien quisiera ejercer la mayordomía de la fiesta tendrá que cumplir con esta tradición. Al final -los ancianos no lo han olvidado- San Santiago decidió quedarse en Antapirca disponiendo que una comitiva especial acompañara a Santa Ana hasta Tarma en donde fue entronizada como matrona de aquel lugar al que se le bautizó con el nombre de Villa de Santa Ana de la Rivera de Tarma. 

Como es natural, en todo el tiempo, muchos acontecimientos tuvieron lugar en Antapirca. Por ejemplo…

En una de las elevaciones de “Tres Lomas”, muy cerca de Chaupichancha y desde tiempos inmemoriales, existe un surtidor de donde fluye abundante agua de misteriosos poderes mágicos. Su nombre es “Suero Puquio”. Los hombres que la beben por primera vez se tornan belicosos y valientes, capaces de increíbles empresas. Se asegura que muchos antes del tiempo de los incas, los guerreros que iban a entrar en combate bebían el agua de pozo prodigioso y nada ni nadie agotaban sus brazos pugnaces en sus acometidas bélicas.

Hasta ahora no han podido explicar la razón por la que el agua blanca como leche de este misterioso manantial, ejerce un extraño sortilegio en las personas. El hombre que la bebe desde niño, alcanza una fortaleza extraordinaria. Tal el caso de WARICHANCHA, un hombre sencillo pero poderoso, que desde niño había bebido el agua de aquel pozo. Empeñosamente trabajador, jamás había sido vencido por nadie en las  labores de la comunidad. Colaborador y constante más que ninguno, se había ganado el cariño de todos y con ello su reputación y fama se difundieron por aquellos confines serranos del centro del Perú. Así las cosas, fue invitado a participar en una competencia de barbecho en las chacras del cura de Margos quien había establecido como premio para el ganador, un robusto toro de cinco años. Naturalmente Warichancha se inscribió.

Cuando se presentó a la competencia portando su chaquitacklla minúscula y apenas amarrado con un hilo liviano al acero de la punta, las gentes se rieron de buena gana. Nadie daba ni un real por él.

Durante la competencia los numerosos participantes hicieron derroche de pundonor y resistencia, hasta que le tocó a él.

A medida que avanzaba, las gentes no perdían detalle de lo que hacía. No podían dar crédito a sus ojos. En un santiamén, pese a lo pequeño de su chaquitaklla, levantó uniformemente más champas y trazó ordenados surcos en aquel campo. Al final, nadie lo puso en duda, Warichancha fue el ganador. Aclamado por la gente retornó a Antapirca a seguir brindando la generosa ayuda de sus poderosos brazos.

Esta agua prodigiosa también ejerce poderosa acción mágica en las mujeres. Tal es el caso de una joven pastora que llevaba diariamente a sus cabras por aquellos andurriales y bebía el agua de este fontanar misterioso. Fue haciéndose más hermosa hasta alcanzar -como por arte de magia- la plenitud de la belleza corporal. Para rendir justicia a su hermosura le pusieron el nombre de “Azucena Wayta” (Flor de azucena). Grácil y garbosa, de un cuerpo armonioso y esbelto, resaltaba por su rostro de ensueño en el que sus ojos, como pedernales de reflejos diamantinos, hipnotizaban a quien los mirara; su piel nacarada, extrañamente suave con tersura de seda, era impresionante. En realidad, era una verdadera azucena.

Lo fatal de esta mágica transformación radicaba en que los jóvenes de todos los contornos, la leyenda de Antapirca 4enterados del prodigio, se enamoraron perdidamente de ella. Con tan sólo mirarla quedaban vivamente impresionados. Todos haciendo demostraciones de pericia y su arrojo juveniles trataron de alcanzar la correspondencia de su amor. No lo consiguieron. Muchos, al no alcanzarlo, se suicidaron. Sólo dos jóvenes lugareños consiguieron la esperanza de la promesa futura.

Como ella no se decidiera por ninguno de los enamorados se sumó en una tristeza grande. No quería ofender a quien no fuera elegido. Así las cosas, los pretendientes, uno de Antapirca y el otro de Wanrin, comprendiendo el doloroso dilema que se le había formado a la chica, decidieron, en un marco de estricta caballerosidad campesina, realizar una dura y arriesgadísima prueba que decidiría cuál sería el ganador y, por ende, el que desposaría a la linda mujer.

La prueba consistiría en que cada uno llevaría sobre sus espaldas un saco de frejoles a las espaldas además de dos calabazas en sendos brazos. Quien llegara primero a la cumbre del cerro Mollín, sería el ganador. El de Wanrin partiría desde Wanchuy Pampa –amplio paraje cubierto de arbustos de frutos duros y redondos llamados wanchuy- hasta coronar la cima de Mollín. El de Antapirca, llevando igual carga, partiría desde Ninailacq –río que cuando riela con el viento da la impresión de que arrojara candela, de ahí su nombre- hasta coronar la cima del cerro Mollín.

Y partieron.

Estimulados por la hermosa perspectiva de desposar a la guapa aborigen, comenzaron a subir y cuando ya había llegado más o menos a la mitad –cada uno por su ruta- comenzaron a sentir los estragos del esfuerzo. Brazos y piernas casi agarrotados no les permitía la cómoda ascensión. El mozo de Antapirca, desesperado por una sed abrazadora, con los labios hinchados y el corazón desbocándole en sus pulsos, al no poder soportar más la sed inclemente, aplicó un furibundo puñetazo sobre el suelo y al momento brotó del lugar, abundante agua fresca y cristalina. Desde entonces, a este lugar se le denomina Kutash. Refrescado y con más ímpetu,  siguió hacia la cumbre. En cambio el de Wanrin no tuvo igual suerte. Agotado por el esfuerzo perdió el equilibrio y su cuerpo rodó por la pendiente destrozándose completamente en el trayecto.

El único que llegó triunfante a la cumbre de Mollín fue el joven de Antapirca. Como ganador del torneo, casó con la bellísima chica y vivió muy feliz por muchos años rodeados de sus numerosos hijos.

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