El Romántico «Zorro» Jiménez

El maestro Luis Alberto Sánchez ha escrito muchísimas páginas sobre el Cerro de Pasco resaltando su lucha gremial y constancia en el acopio de fondos para solventar los gastos del Erario Nacional. En una que otra página se ha referido también personajes simpáticos e inolvidables que, en su momento, fueron figuras del ámbito nacional como es el caso de nuestro “chiflado” Pedro Ángel Cordero y Velarde, “Presidente de Aire Mar y Tierra del Perú” o de Víctor Morris, el “cojo” Morris que en su bar del jirón de la Unión, popularizó la bebida que había hecho nacer en el Cerro de Pasco el 28 de julio de 1904: EL PISCO SOUR, nuestra bebida de bandera. En esta ocasión se ocupa del comandante cerreño que fuera presidente del Perú por breves días. 

Por  Luis Alberto Sánchez.

El zorro JimenezVerdaderamente, tenía algo de zorro: los ojillos vivaces; las orejas agudas; la permanente tensión; el tamaño del cuerpo, pequeño y elástico; el aire resuelto y a la vez huidizo. Lo apodaron así desde la Escuela Militar a la que ingresó apenas salida de la secundaria. Había nacido en Cerro de Pasco el año de 1886, un año después de que José Gálvez  naciera en la cercana Tarma. El poeta y el militar formarían parte del mismo gabinete que quiso cerrar las puertas de la violencia y abrir la de la legalidad en 1931.

Gustavo Jiménez, el presunto suicida de Paiján, destilaba un reguero de debilidad y desinterés, de sacrificio y audacia. Era segundo jefe de cuartel de Santa Catalina, el 4 de julio de 1919, el día que Leguía dio el golpe de Estado que lo llevó por segunda vez a la presidencia constitucional. Entre ellos, el coronel Samuel de Alcázar, jefe de regimiento, y Gustavo Jiménez. Como no podía hacer otra cosa, pidió su baja y se retiró a la vida civil. Como tenía que ser, se hizo sospechoso. En la primera intentona de rebelión contra Leguía –y fueron muchas-, Jiménez fue a dar con sus huesos a la desamparada isla de Taquile, frígida y solitaria. El cautiverio duró cerca de un año; luego, lo desterraron a Bolivia. Aquel bautizo le inspiró nuevas andanzas subversivas. Se hallaba en una conspiración cuando lo apresaron durante el oncenio por segunda vez y le tuvieron tres años en la isla de San Lorenzo que era como la Bastilla. Salió en 1927. Había compartido su dura suerte con políticos y militares de diversos rumbos. Se acercó a los germancistas que habían roto con los augustistas desde 1923. Esa amistad daría frutos.

Durante los tres años que aún duro Leguía, «El Zorro» Jiménez, que había colgado el uniforme de teniente coronel, o sea comandante, fue camionero, comisionista, despachador de vinos, agente viajero, todo ello esforzado y honesto. Sufrió su pasión con hombría y sacrificio. Tan limpia ejecutoria debía tener su recompensa.

Al producirse el alzamiento de Sánchez Cerro, el 22 de agosto, en Arequipa, Gustavo Jiménez abandonó sus quehaceres y se dedicó con febril actividad a comunicarse y convencer a los oficiales de la guarnición de Lima. Fue uno de los más dinámicos complotados de la noche del 24 de agosto, que impidió a Leguía formar gabinete con premierato militar para que le facilitara el transito a otra solución que la que se impuso. Rápidamente, voló a Arequipa a influir a Sánchez Cerro a que no aceptase otra solución que él mismo. Acompañó a Sánchez Cerro en su ingreso victorioso a Lima y fue designado ministro de Gobierno de la Junta Militar, presidida por un comandante como él.

La designación de Jiménez para ese cargo tuvo como una de sus razones, la idea de que él, a causa de sus sufrimientos bajo el oncenio, sería implacable persecutor contra Leguía, sus familiares y colaboradores. De inmediato, llamó a colaborar con él a los exgermancistas, es decir, al «leguiísmo rojo» de 1919, que fue desalojado.

Los primeros actos del flamante ministro de Gobierno fueron un duro ataque al leguiísmo y sus ramificaciones. Se publicaron listas de presuntos transgresores de sus deberes administrativos. Hasta se produjo el suicidio de un caballero cuyo honor no admitía el escándalo en que se le pretendía envolver. No obstante esa actitud, la Junta, paulatinamente denominada por elementos cercanos al civilismo, o sea a la vieja oligarquía, encontró incómoda la presencia en ella de Gustavo Jiménez, cuya tendencia izquierdista constituía un riesgo para el derechismo que se opuso con tibieza a Leguía, pero quería cobrar con creces el costo de su derrota de once años. A fines de noviembre de 1930, a los tres meses de poder, Gustavo Jiménez pasaba a la disponibilidad política. Sánchez Cerro lo sustituyó con el coronel Antonio Beingolea, ex administrador de la hacienda Tumán, de la familia Pardo. El 26 de noviembre debió realizarse un pronunciamiento civil – militar, organizado por jóvenes militares; fracasó en su raíz y se culpó de ello, sin prueba ni causa, al naciente aprismo que sólo tenía dos meses de creado.

El zorro Jimenez 2
Conformante de la Junta de Gobierno de Sánchez Cerro (Con terno oscuro)

Continua…

 

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