El Romántico «Zorro» Jiménez (Segunda parte)

A partir del 26 de noviembre arreciaron las expresiones de descontento contra la Junta de restos del comandante JimenezGobierno. Se habló repetidas veces de un golpe encabezado por el coronel Aurelio Godos, ex director de la Escuela Militar de Chorrillos, quien se encontraba en Europa. Finalmente, después de varios amargos insurreccionales, sofocados en su nacimiento, a fines de febrero de 1931, se levantó en armas, en el sur, un importante sector de la ciudadanía y del Ejército, cuyo abanderado era el prestigioso político sureño Elías Samanez Ocampo. Pedían la restitución de las garantías individuales, la normalización legal de la República y el fin de la persecución política. En esas circunstancias Gustavo Jiménez, a pesar de sus diferencias con Sánchez Cerro, se ofreció para dirigir una expedición punitiva al sur. Al mando de un importante contingente de tropas zarpó del Callao a bordo del Rímac. En esos momentos, el 28 de febrero, la Marina de Guerra, bajo el comando del contraalmirante Vinces, lanzó un manifiesto a la nación. Coincidente con los propósitos del movimiento del sur y, desplegada, en línea de batalla, cerró el paso al Rímac con su bélico contingente, Jiménez quedó inmovilizado. El 1º de marzo, una junta de notables escuchaba en Palacio la renuncia del jefe de la Junta, Sánchez Cerro, y dispuso que se encargara del gobierno el presidente de la Corte Suprema, doctor Ricardo Elías, vistas las dificultades que surgieron con respecto al encargado del arzobispado, monseñor Holguín.

Si alguien ha recibido el mando presidencial con menos deseos, ése fue el doctor Elías. De inmediato, entró en conversaciones con Samanez y con Jiménez. Éste fue autorizado a desembarcar en el Callao. Lo hizo con sus tropas y con ellas avanzó sobre el Palacio de Gobierno. Allí, deseoso de volver a sus menesteres judiciales. «El Zorro» Jiménez invitó a Samanez a venir a Lima. Samanez lo hizo en avión. Se encargó de la presidencia de la nueva Junta de Gobierno, cuyo ministro de Guerra era el comandante Jiménez.

La Junta de Gobierno de Samanez presidió las elecciones del 11 de octubre de 1931. En ellas contendió por primera vez Haya de la Torre, llegado de su exilio sólo en agosto. El nuevo presidente constitucional, Sánchez Cerro, inició una política de franca represión contra el aprismo y los elementos liberales. Ya lo hemos referido. El 15 de febrero de 1932, Jiménez, que trataba de establecer un Frente Constitucionalista, fue arrancado de su hogar y desterrado a Arica.

En Arica, siempre en orgullosa pobreza, que era su gran capital, decidió conspirar con los opositores a Sánchez Cerro. Se sabe que él debió encabezar la revolución del norte, precipitada extemporáneamente por el golpe al cuartel O’Donovan el 7 de julio de 1932. En septiembre se inició el conflicto de Leticia. Las vicisitudes de ese conflicto han sido referidas por escritores militares, entre ellos los coroneles César Enrique Pardo y A. Vallejo. «El Zorro» Jiménez creyó que su deber era instaurar un régimen de ancha base nacional y decidió iniciar un levantamiento de la Fuerza Armada. Clandestinamente, viajó de Arica a un puerto del centro y de allí se trasladó a Cajamarca, donde lo esperaba el regimiento número 11 para sublevarse. La sublevación se produjo en marzo de 1933. Las tropas de Jiménez avanzaron sobre Trujillo. Les salió al encuentro la tropa adicta al gobierno en la pampa de Paiján. Jiménez comprendió que no había posibilidad de éxito. Sus cálculos e informes habían sido deshechos por una realidad, para él, inesperada. Prisionero, según dice una versión, prefirió suicidarse a sufrir castigo y vejación. Circuló la versión de que su muerte violente se produjo de otra manera. La versión predominante hasta ahora es, hasta ahora, la del suicidio, que calza con su carácter altivo, abnegado y valeroso. Fue sepultado silenciosamente en el cementerio provincial, de donde sería exhumado años más tarde para darle tumba más digna.

«El Zorro» Jiménez dejó documentos escritos sobre su experiencia durante los años 1931 – 1933. Lo poco que de ellos conocemos relieva la reciedumbre de su carácter y la firmeza de sus opiniones.

Fuente: Semanario “Siete Días”.  1- II- 1974

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s