De la sangrienta insurgencia minera de 1930 (Segunda parte)

Insurgencia minera2Son las dos de la mañana.

La turbamulta ha llegado al Hotel Esperanza e ingresa apoderándose de todo lo que encuentra, vajilla, manteles, cubiertos, locería. Todo lo que está a su alcance. De los dormitorios -ahora desocupados por sus aterrados huéspedes- se lleva frazadas, sábanas, colchas, cubrecamas, toallas, alhajas, maletas… todo.

En el exclusivo Club Esperanza, continúa con la depredación loca y atropellada. La valiosa biblioteca con centenares de volúmenes es saqueada totalmente. De sus salones se llevan relojes, cuadros, adornos, trofeos; todo aquello que puedan transportar.

De aquí, la turba pasa a asaltar las viviendas. Al encontrar en su trayecto el automóvil de Philpott, lo vuelcan y lo incendian. Las lenguas de fuego, cada vez más voraces, iluminan el escenario de la asonada.

En todo el tiempo transcurrido, los comerciantes de la ciudad -todos ellos extranjeros- en la seguridad que concluida  la depredación de Bellavista la turba invadirá el centro, de preparan adecuadamente. Miembros de la Guardia Urbana y de la Guardia Civil, se pertrechan y conforman piquetes de contención en las bocacalles de acceso. Los croatas, Nicolás Lale, Ciurlizza, Vlásica y Klococh, conjuntamente con los japoneses Takishan, Morita y Maquino; los chinos Hop-Hen y Cam-pong, con el contingente de sus empleados, cierran la calle del marqués, armados hasta los dientes. Kukurelo, Pehovaz, Moretti, Pisculich, Ivancovich y Plejo, conjuntamente con sus empleados, cierran la entrada a la calle Lima. Los ingleses Taylor, Slee, Steel; los italianos, Anselmi, Birimisa y Litorno; los franceses Boudrí, Chavaneix y Lafossé, conjuntamente con los voluntarios, cubren Cajamarca. El grueso de la Guardia Civil, armada con escopetas de caza, fusiles, mosquetones, reatas, picas y garrotes se aglutinan en la subida de Santa Rosa aguardando el ingreso de los alzados. La espera no es prolongada.

Al promediarse las tres de la mañana, la gente que retorna con su botín comienza a subir Santa Rosa ignorante de lo que le espera. De pronto, en medio de la oscuridad y sin siquiera una voz de aviso, se escucha una orden aterradora. !Fuego!. Los fusiles iluminan la madrugada con trágicas luciérnagas de muerte. Hay estremecedores gritos de terror. Nazario Baldeón, 16 años, natural del Cerro de Pasco, cae cribado por balas que le horadan el vientre; quiere gritar, pero la sangre que inunda su garganta se lo impide; con las manos crispadas reclama aire para sus pulmones  y no lo encuentra; sus ojos vidriados cede al acuciante sueño de la muerte. El enmaderador Alejandro Gómez, natural del Cerro de Pasco, 21 años, cae abatido por dos balas que le perforan el pecho y un surtidor inagotable de sangre se forma en el lugar donde ha caído; un momento más tarde, entre estertores de agonía, queda inmóvil, exangüe como un papel, desangrado hasta un límite inexplicable. El smeltino Bernardo Ramos de 22 años, carpintero en la Lumbrera Central, con el cráneo abierto y la masa encefálica regada, yace en una posición grotesca. El perforista Laveriano Torres, de 32 años, conocido en la Lumbrera Central ha caído con el corazón perforado por una bala. El portero de la Oficina Legal, Higinio Quinto, de 48 años, ya no volverá a su Huachón querido; una bala le ha perforado los pulmones. Marcelino Villanueva, de 20 años, natural del Cerro de Pasco, enmaderador del Diamante, con un enorme reloj entre sus manos, yace con el cráneo destrozado. Decenas de heridos gimen presas de dolor. El desconcierto es general por un momento. Sin embargo, luego de un rato se vuelven a reunir a extramuros de la Esperanza.

Aquí, obnubilados, deciden asaltar la mina para apoderarse de la dinamita que les permitirá enfrentarse a la policía. Forman tres grupos. Uno va a la mina “El Diamante” y el otro se dirige a la mina “Excelsior”. Un tercer grupo a la cárcel para liberar a los presos. Los dos primeros grupos después de dramáticos instantes de refriega logran su cometido; se han apropiado de dinamita, mechas y fulminantes. El tercer grupo, infructuosamente se enfrenta a la guardia que custodia la cárcel; no puede cumplir su misión. Entretanto, las horas han pasado.

Ha amanecido.

Aquella fría madrugada, el Cerro de Pasco estaba horrorizado. Toda la subida de la Esperanza y Santa Rosa está regada de heridos quejumbrosos y sangrantes. En algunos lugares la sangre estancada ha formado charcos claramente visibles. En la parte alta con sus cuerpos en posiciones grotescas y trágicas yacen  los cadáveres de seis obreros.

Cuando los heridos eran transportados al Hospital Carrión y los cadáveres remitidos a la morgue, llega la fuerza policial de refuerzo de la Oroya. Al levantar el cuerpo de Mac Queen comprueban que todavía respira.  De inmediato es enviado a Chulec en un tren expreso. Luego de riesgosas y numerosas operaciones, el asesino quedó definitivamente baldado y loco. El resto de sus días fue víctima constante de terribles pesadillas y repentinos ataques de ira que sus carceleros tenían que atenuar mediante camisas de fuerza e inyecciones adormecedoras.

Al día siguiente, martes, temerosos de que la compañía norteamericana cerrara sus puertas cancelando las operaciones mineras, se reúnen los trabajadores para sopesar la situación y comprueban que han sido manipulados por un grupo de organizados instigadores que han desaparecido misteriosamente. Ya no están en el Cerro de Pasco, los Ravínez, los Pavletich, los Del Prado, los De la Torre; se han hecho humo. Por su parte, el periodista Andrés Urbina Acevedo, decía en la primera página del LOS ANDES, vocero de los trabajadores: “Indigna sepultura es la que se ha dado a los despojos de las seis víctimas de la horripilante tragedia obrera. Se los ha llevado a la fosa común desnudos y envueltos en mugrientas sábanas como si se tratara de peligrosos epidemiados; sin una merecida reverencia de homenaje de sus compañeros”…(…)…”Señalando al asesino Mac Queen como promotor y único culpable de los sucesos, el índice del pueblo señala también a los MERCACHIFLES extranjeros que conformaron la malhadada Guardia Urbana que disparó contra nuestros hombres. Todos estos extranjeros deben  saber que los que tienen la felicidad de ser cobijados en este rico suelo y los que vengan en pos de fortuna, el Cerro de Pasco amamanta hijos muy nobles que sufren con resignación vejámenes como los mencionados, pero ¡mucho cuidado!, no tolerará la impiedad infame”.

Una vez más, como en anteriores oportunidades, el pueblo ha sido masacrado. El gobierno del “Mocho” se hizo de la vista gorda y todo el Perú miró con indiferencia –como siempre lo ha hecho — la cruel masacre obrera.

Después de aquel trágico comienzo, otros obreros fueron baleados en el Puente de Malpaso. Murieron 27  y hubo más de un centenar de heridos.  Era el 11 de noviembre de 1930. Más tarde se lograría la creación de la Federación de Trabajadores del Perú que de inmediato logró resoluciones aprobatorias sobre el Seguro Social, la organización sindical y la unidad proletaria. Todo había comenzado aquella noche del 7 de setiembre. Nuestro pueblo no debe olvidar este dramático pasaje de nuestra historia

F i n …..

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