EL CAMPEÓN “RACHI” CASAS

el rachi casasFue el imbatible vencedor de todas las pruebas pedestres que se realizaron en la capital minera en el lapso que va de 1920 a 1947.  Cada 30 de julio era el vitoreado triunfador del circuito pedestre de Patarcocha que con motivo de fiestas patrias organizaba la Municipalidad.

De pequeña estatura, fuerte como un roble, disciplinado y metódico en su vida privada, odiaba el cigarrillo, el alcohol, las mujeres y las trasnochadas. Sus diarios entrenamientos en medio de una frígida niebla de muchos grados bajo cero, venciendo las quemantes esquirlas de las heladas o el silencioso caer de la nieve, le facilitaron alcanzar un envidiable estado atlético que le permitió acumular, además de incontables diplomas, 84 medallas de plata, una artística copa de plata bruñida en estuche de fina madera acolchada con pana roja, ganada en 1928 y, un hermoso reloj de oro obtenido en 1937.

Nacido en 1904 en el distrito de Aucas de la provincia de Jauja, fue traído por sus padres a las minas cerreñas cuando éstas iniciaban el boom del cobre en el centro del Perú. Aquí dio sus primeros pasos, y al cumplir los quince años fue incluido en el flamante equipo del Club Unión Esperanza. Allí alternó con el Serafín “Togro” Rojas Montero, Ricardo Arauco, Miguel Velásquez, Julio Wilson, Fortunato Salvador, Froilán Espíritu, Teófilo Dorregaray y muchos otros cracks de aquellos tiempos. Su nombre completo era Francisco Casas Vizurraga, pero los aficionados cerreños lo conocían por su popular apodo: RACHI; El “Rachi” Casas. Su rostro devorado por una feroz viruela, había dejado la secuela de una serie de agujeros en toda la extensión de su faz cruelmente maltratada, semejante a la irregular superficie de un mondongo de res que recibe el nombre de rachi. Pero el mote, lejos de incomodarle, lo distinguía. En su rostro damnificado, sus ojos diminutos y juguetones brillaban con destellos de vitalidad envidiable.

Su fidelidad al club que lo recibió muy joven, fue proverbial. En cuanto duró su vigencia deportiva de jugador excepcional, jamás cambió de camiseta; sólo la aurinegra de La Esperanza y, una que otra vez, la de la selección del Cerro de Pasco. Nunca otra camiseta, ni siquiera de refuerzo.

Lo conocí personalmente y conversamos con él cuando llegaba hasta nuestro “camerino” –un rinconcito querido en el viejo estadio de Patarcocha- y nos desafiaba  a los integrantes del “Estudiantil Carrión” a dar “unas cuantas vueltas a la laguna”.  Él, sexagenario y todo, lucía todavía un físico y una pujanza envidiables. Nos hablaba de sus numerosos éxitos en canchas de Huancayo, Jauja, Tarma, Huánuco, la Oroya, Smelter, Goyllar. Nosotros lo escuchábamos reverentes –aquellas épocas se respetaba a los ancianos- mientras bebíamos un café caliente con emparedados  de jamón que el viejito Solís y su esposa nos brindaban.

Han pasado muchos años pero todavía nos emocionamos al recordar a este viejo crack de nuestro fútbol, figura indiscutible del atletismo.

De repente lo dejamos de ver como si la tierra se lo hubiera tragado. Nadie habló más del veterano campeón. Yo presiento que al sentir el peso de los años y la incomodidad de la altura, retornaría a su tierra para morir en paz. No sé. En todo caso. Mi homenaje a su memoria.

 

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