MONGE REALIZA ESTUDIOS DEL HOMBRE DE ALTURA EN COLQUIJIRCA (Junio de 1937)

El hombre de alturaUtilizando las instalaciones del moderno hospital de Colquijirca, adecuadamente actualizadas por disposición de don Eulogio Fernandini, el acucioso investigador y hombre de ciencia, Carlos Monge Medrano, realizó estudios de los efectos de la altura en los hombres. Monge era en ese momento Director del Departamento de Medicina Interna del Hospital Arzobispo Loayza y Director del instituto de Biología y Patología Andinas.

De sus estudios, siempre atinados y precisos, tomamos algunas generalidades –más tarde ampliadas por su discípulo el doctor Alberto Hurtado- que bien puede abonar para el conocimiento del efecto que la altura produce en los hombres.

La disminución en la presión parcial del oxígeno aspirado, consecuencia de la menor presión barométrica, origina, en las grandes alturas, una condición de hipoxia. La sangre arterial sale de los pulmones con la hemoglobina sólo parcialmente saturada de oxígeno y la fracción de este gas, físicamente disuelto en el plasma, tiene también una menor tensión. En estas condiciones se dificulta su difusión a los tejidos de nivel tisular, y su utilización por las células metabólicamente activas.

Cuando la hipoxia es moderadamente severa, como ocurre sobre los cuatro mil  metros de altura, se requiere la adaptación de mecanismos adaptativos. Numerosos trabajos han demostrado que estos mecanismos adquieren su máxima eficiencia en el hombre nacido y desarrollado en un ambiente elevado. El término de “aclimatación natural” se ha aplicado al conjunto de características compensadoras que exhibe este sujeto, en contraste con la “aclimatación adquirida” presente en individuos expuestos temporalmente a la hipoxia y que, al parecer, no llegan a adquirir un grado similar de tolerancia.

El estudio del nativo de altura atrajo relativamente poca atención hasta hace pocos años. En 1857 Jourrdanet, de observaciones realizadas en México, concluyó que este hombre posee limitaciones en su rendimiento mental y físico. Poco tiempo después, Bert, publicó su hoy clásico libro titulado, “Presión Barométrica; Investigaciones en fisiología experimental”, en el que, por primera vez se relacionaba los efectos de la altitud con la disminución en la presión parcial del oxígeno.

Bert definió con precisión la aclimatación natural en una de sus conclusiones que dice: “Los organismos que al presente existen en un estado natural sobre la superficie de la tierra, están aclimatados al grado de tensión de oxígeno en el cual viven; cualquier disminución, cualquier aumento parece ser perjudicial a ellos cuando están en una condición de salud”. En 1895, Herrera y Vergara presentan evidencias acerca de la inexactitud de las conclusiones previas referentes al fisiologismo de los habitantes de México. Hace cuarenta años, Barcroft y colaboradores, llevaron algunos estudios en el Cerro de Pasco, Perú, a una elevación de 4,360 metros, y concluyeron que: el hombre nativo de este nivel no está perfectamente aclimatado.

Existe definida evidencia, mediante nuestra experiencia en estudio de actividad muscular que ha revelado que, el hombre nativo de esta altura, 4360 metros, tolera grados intensos de ejercicios, superando, en tiempo de tolerancia, a sujetos residentes y estudiados a nivel del mar.

Los principales mecanismos adaptativos, responsables de la aclimatación natural, pueden ser clasificados, de una manera general, en dos categorías. Unos intervienen a lo largo de la gradiente de la tensión de oxígeno, de aire aspirado a sangre venosa mixta, introduciendo una apreciable economía en su caída progresiva; y otros operan a nivel tisular, siendo de naturaleza vascular, química y enzimática, permitiendo la difusión del oxígeno, su utilización y la producción de energía. Estos últimos mecanismos tienen importancia fundamental en la eficiencia de la aclimatación.

Desde entonces, con la colaboración de distinguidos investigadores, se ha llegado a valiosas conclusiones que, grosso modo, hacemos conocer.

Hombres y mujeres que habitan este paraje, poseen una serie de connotaciones biológicas especiales. Corazón y pulmones enormes para soportar el rigor extremo de la altura y el frío. El agrandamiento cardíaco es una verdad física que no tiene ningún desmentido “El hombre cerreño tiene el corazón más grande del planeta”. Lo malo es que pasado ciertos niveles de agrandamiento, se convierte en un factor de descompensación. Hombres y mujeres están condenados a riesgosas condiciones de hipoxia crónica, es decir a vivir en un medio ambiente de poco oxígeno que origina un aumento notable de glóbulos rojos: la  eritrocitosis, primer paso a la desadaptación. Más tarde surge el Mal de Montaña Crónico con sus síntomas de cefaleas, mareos, somnolencia, insomnio, fatiga, tendencia a la depresión y quemazón de las extremidades. El síntoma más saltante es la cianosis, coloración azul-morada de las manos y labios con marcada dilatación de las venas. Los rostros de hombres y mujeres adultos, congestionados por la policitemia, evidencian claramente el mal. La eritrocitosis excesiva es un 20% mayor en los habitantes del Cerro de Pasco. La atmósfera enrarecida ha disminuido la concentración de oxígeno y la presión atmosférica ha bajado notablemente. Sin embargo, el hombre de estas alturas, realiza intensos ejercicios que superan en tiempo de tolerancia a sujetos residentes a nivel del mar. Las mujeres sangran más días durante su menstruación, poseen alta tasa de fecundidad a pesar que tienen una tardía primera “regla” y, la menopausia se les presenta a una edad mucho más temprana que la acostumbrada en otros lugares. En este corto lapso su vida reproductiva es mucho más alta. Las frías estadísticas lo dicen. El intervalo ínter genésico entre un hijo y otro, es muy corto pese a que la lactancia materna exclusiva es más alta aquí que en otras partes del país. Está probado en el mundo entero que la lactancia materna protege a la mujer de resultar embarazada, pero esto no acontece en la ciudad minera. Aquí está dando de lactar a su hijo  y se está embarazando de nuevo. Es que la Prolactina, hormona que regula la fertilidad con la lactancia, casi no existe en la ciudad minera; no es efectiva como método anticonceptivo natural. De ahí que el promedio de hijos por pareja sea de seis a ocho.

Es notoria –para hombres y mujeres- la hinchazón que sufre el sigmoides y el colon por efecto de la presión barométrica. Los médicos la comparan con las llantas de los carros. En la altura se hinchan más por el cambio de presión barométrica. Si éstos  rotan pueden producir una fisquemia por torsión  con necrosis, pudiendo ser mortal. A este fenómeno, los mineros nativos llaman Lipidia.

La neumoconiosis -asesina de los mineros- es tan común entre éstos  que gran cantidad muere asfixiada. Los dañados pulmones cubiertos de polvo metálico acumulado a lo largo del trabajo minero, los hacen inútiles. La palabra neumoconiosis significa retención de polvo en los pulmones.  Cuando el aire puro ingresa en las labores mineras, durante su circulación sufre un descenso en su contenido de oxígeno pero un incremento en el de anhídrido carbónico debido a la respiración de los trabajadores, a la descomposición del enmaderado, a la oxidación del carbón y minerales sulfurados, y en cierta medida a los disparos que se realizan. El polvillo que se presenta en las diferentes operaciones son partículas sólidas, finamente divididas, que se generan por acción mecánica en la perforación y otras propias de la industria minera. La enfermedad una vez adquirida, por su carácter progresivo, conduce al enfermo a la incapacidad parcial o total para todo trabajo que demanda esfuerzo físico. A muchos, al cabo de tres o cinco años, en plena juventud, deja en condiciones de inválidos si antes no los ha matado.

A través de los años, Monge, Hurtado, Salinas, y otros distinguidos estudiosos, han demostrado que la vida en altura es riesgosamente diferente a la de las orillas del mar. Las oportunidades de enfermar y de morir son mayores en el Cerro de Pasco que a nivel del mar. Las estadísticas aseguran también que la tasa de muertes fetales, es decir de niños que nacen muertos, se duplica en esta ciudad en comparación con las de la costa. Que  ciertas patologías están vigentes en la población minera. Todos viven en  perenne riesgo.

FUENTE: EL MINERO, (27-VI-1937).

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