La plata y el cobre en el Cerro de Pasco (Año 1921)

Castillo de Lourdes 1En un muy interesante libro jubilar publicado en 1921 para festejar el centenario de la Independencia del Perú, se hace mención a la producción de plata y cobre en el país, haciendo hincapié en el Cerro de Pasco. Sólo refiriéndonos a estos dos renglones, citamos lo que dice el libro:

La plata.-“Entre los centros mineros que están en el radio de influencia del Ferrocarril Central, se tiene al más antiguo y conocido centro mineral de plata: el Cerro de Pasco, famoso en el mundo por su producción, pues de él exclusivamente, y según documentos auténticos, sólo de 1784 a 1878, trabajando con los medios rudimentarios de la minería antigua, se exportaron 4’780,000 kilos de plata en barras provenientes de esta minas.

En este centro la plata se ha encontrado en la  parte superficial del yacimiento, o sea  la zona de  oxidación de los depósitos cuproargentíferos en actual explotación. Dichos minerales superficiales fueron los cascajos   y los pacos  siendo los primeros rocas siliceas impreganadas de especies metalífe­ras, principalmente de plata, y los segundos óxidos de fierro argentíferos en enormes depósitos y bajo los cuales yace la zona de transición inferior, en la que se ha encontrado bolsonadas de plata nativa, argirosa, panabasa y otros sulfuros ricos de plata en estado de descomposición y que han constituido las llamadas boyas.  La zona inferior, o sea la zona sulfurada, está constituida por pirita, chalcopirita, cobre gris, bournomita y otras especies de cobre; y esta zona mineralizada está casi intacta, pues sólo desde 1905 se ha comenzado a explotarla en gran escala como mineral de cobre.

COBRE.-El rápido desarrollo de la minería del cobre en el Perú es una muestra de los espléndidos resultados que puede dar la mineralización del país cuando un metal se pone en explotación. Así, antes el año 1897 no se explotó en el país ninguna mina de cobre sino por las insignificantes cantidades que demandaba el magistral usado como reactivo en la amalgamación; pero desde este año, el alza del precio del cobre y el predominio cada vez más acentuado de la ley de cobre contenido en los minerales argentíferos del Cerro de Pasco, permitió comenzar a utilizar minerales abundantes y a la mano, que antes eran despreciados. De 1897 a 1903 la producción de cobre fue sucesivamente aumentando, y en 1903 se llegó a producir 9,497 toneladas de cobre, con valor de  de 476,894 libras. Pero desde 1905 la minería de cobre tomó gran vuelo, entrando en actividad los intereses americanos de la  “Cerro de Pasco Mining Company” y se estableció en la metalurgia, por primera vez en el Perú, la bessemerización para llegar al cobre metálico.

La producción de cobre que en 1906 fue de 12,213 toneladas, en 1916 fue de 43,078 toneladas y en  1917 de 45, 176 toneladas con un valor de 5’059,000 libras alcanzándose el el record de la producción por el alto precio a que llegó el metal en ese año. En 1918 bajó a 44,414 toneladas, por las restricciones impuestas a la importación en E.E. U.U y, en 1919 a 39,230 toneladas por la gran baja de cotización.  (…) existen riquísimos distritos mineros en trabajo, de los que proceden las tres cuartas partes de la actual producción de cobre del Perú. Entre tales distritos como uno de los más famosos es el del Cerro de Pasco, notable por su pasada enorme producción de plata y por la variada mineraliza­ción que contiene de cobre, oro, plata, plomo, zinc, vanadio y otros metales. Se encuentra en la conjunción de la gran cordillera occidental de los Andes con las cordilleras Central y Oriental, lo que se llama el “Nudo de Pasco”. En él y en el centro de la hoyada formada por una línea de cumbres, a los 4,327 metros sobre el nivel del mar está la ciudad del Cerro de Pasco en cuyo subsuelo se encuentran las riquísimas minas de cobre como un gran depósito metálico (..)

La producción en el país es la siguiente:

Pasco (Junín) 28,384 toneladas; Lima 9,835 toneladas y los otros departamentos, 1,010 toneladas. En la enorme producción del Departamento de Junín (Pasco), con respecto a los otros Departamentos, han influido grandemente no solo los poderosos elementos de trabajo puestos en juego, como son los grandes capitales con métodos intensivos de explotación de minas y beneficio de minerales, lo que indudablemente permite reducir el costo de producción, sino también  los transportes fáciles y económicos por los ferrocarriles existentes, lo que ha permitido utilizar grandes cantidades de minerales de baja ley, de combustibles  y fundentes, moviendolos rápidamente sin dificultad. Así en el Cerro de Pasco se ha constituido una minería industrial altamente poderosa, de la de la que es exponente la “Cerro de Pasco Copper Corporation ” que hoy explota gran parte de las minas  del Cerro de Pasco, Morococha y Casapalca.

Dicha compañía fue iniciada -como hemos visto-por una compañía que compró en 1901 un grupo de pequeñas propiedades del Cerro, en la región antiguamente trabajada por plata y que constituyó la “Cerro de Pasco Mining Co”. La compañía comenzó a trabajar activamente las minas con un poderoso equipo de laboro, asociando después a ellas diversas entidades útiles, como la “Empresa Socavonera”, la que por medio de su socavón de Rumiallana de 3,228 mts. de largo desagua todo el yacimiento. Constituyó la “Cerro de Pasco Railway” como una subsidiaria de ella, la que construyó el ferrocarril de la Oroya – Cerro de Pasco de 133 Km. y los ramales a las minas de carbón de Goyallarisquizga y Quishuarcancha de 41.6 y 17.6 Kms. respectivamente, con las que  las minas, las carboneras y la fundición quedaron en comunicación por ferrocarril con el puerto del Callao. (VELASQUEZ JIMENEZ, J.-“Las industrias Nacionales” en el libro EL PERU EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU INDEPENENCIA’-Berlín 1922-pág 278)

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PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro angel Cordero 2

Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”..”Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mítin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡ A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Musolini), dile que estoy pendiente de su llamada. ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabre a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Primera parte)

Pedro Angel CorderoDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor-, asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, de baja estatura y cetrino como todo mestizo de predominio andino, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas, fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono, aunque risible para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdía ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente!. Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula barataria”.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Los que se van, se van muy tristes,

los que se quedan, quedan llorando.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semidestruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días, transforma en profundo amor su loca admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Operas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio!. Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

será el Presidente primero,

que al Perú lo lleve avante.

Pobres y ricos serán,

lo que ellos debieron ser,

tenemos oro, plata y mujer,

que ustedes no negarán

Continúa….

INFORME DEL MERCURIO PERUANO (1890)

informe del Mercurio peruano

En un informe del MERCURIO PERUANO de 1890, se decía: «El Cerro de Pasco tiene afamadas minas de plata con sus vetas de Colquijirca y Pariajirca de 9,600 pies de largo y 412 de ancho y 6,400 pies de largo y 380 de ancho, respectivamente. El laboreo de las minas se hace sin seguridades ni precauciones con el fin de ahorrar dinero; de allí la abundancia de accidentes como el que ocurriera en la mina de Matagente, donde perecieron trescientos indios. Los trabajadores eran fijos y permanentes o transeúntes o maquipuros; éstos últimos cuando se producen boyas, es decir, cuando la producción viene a ser abundante; podían ser también barreteros (los que arrancan el metal) y japiris o chaquiris, los que llevan a la superficie, desnudos, en sacos llamados “Capachos”. El trabajo se hace de día y de noche y por turnos de doce horas entre grupos llamados “puntas” que se alternaban a las seis de la mañana y a las seis de la tarde. Cuando la mina produce poco, los barreteros reciben seis reales por día y los japiris sólo cuatro; en los tiempos de boya se les daba algo de mineral  sacado (“Huachaca”). La separación de la plata se lleva acabo a cierta distancia del Cerro de Pasco, en las haciendas pertenecientes a los dueños de las minas. La amalgama entre plata y azogue tiene un modo empírico, imperfecto y costoso de efectuarse por medio de los cascos de los caballos especialmente traídos del Cusco y Ayacucho; en pequeña escala los indios hacen el pisoteado del azogue y la plata en los boliches con grave daño para la salud y su vida y el buen provecho de los propietarios, a su vez habilitados por capitales que cobran grandes intereses. El azogue se trae de Huancavelica sólo en pequeña proporción; la mayor parte de viene de Almadén (España) en vasijas de barro costosas,». 

«Mucho pierden los mineros con el alto precio y el desperdicio de azogue y la defectuosa manera de tratarlo, pero buscan la manera de resarcirse de diversos métodos sin excluir el contrabando de la plata enviada a Europa sin pasar por la callana y embarcada en puertos menores como Huacho». 

«Los trastornos políticos también repercuten en la producción minera; así, cuando cayó Santa Cruz, uno de los más activos mineros cerreños, don Miguel Otero, fue desterrado del Cerro de Pasco y como resultado se tuvo una bajísima producción».

«La mayoría de los mineros que son dueños de sus pertenencias con carácter hereditario, salvo unos pocos, tenían que atender sus gastos con préstamos de capitalistas de Lima cuyos intereses llegaban a 100 por 120 por ciento, pagaderos en plata. Muchos han perdido todo por los riesgos mineros y además, a tales contingencias se une la pasión por el juego, cartas y dados que cuentan con innumerables partidarios en el Cerro de Pasco.» 

«Los indios que viven permanentemente en este lugar, llegan a unos tres o cuatro mil; cuando vienen tiempos de bonanza su número se triplica y llega a cifras elevadísimas. Sobrios y frugales en la vida cotidiana, se vuelven pendencieros en sus borracheras y  suelen combatir entre mineros de unos contra otros de otra mina con cuchillas, palos y piedras sin que la policía pueda intervenir».

mineros 2 

HUAINO DEL RECUERDO

Cuando reunidos en EL CONGRESO (Huarike comeño) los cerreños evocábamos pasados momentos de nuestras vidas en inolvidables escenarios de nuestra tierra, emergían viejas emociones que llegaban a través de las inolvidables canciones del terruño. Ya algo briagos, convertidos en un nudo inseparable de amigos, cantábamos exultantes las melodías que duermen en nuestro corazón. Dejábamos que brotaran una tras otra, traída por memoriosos cerreños, las notas que no obstante el tiempo transcurrido y las enormes latitudes que nos separan, llegaban frescas y emotivas, a veces regadas con lágrimas mal disimuladas y silenciosas. Entre ellas, este huaino que lleva el nombre de MAL PASO, que es el inicio de un popurrí que un gran conjunto cerreño: LOS BOHEMIOS JARANEROS DEL CERRO DE PASCO, que comanda el saxo de oro Jesús Víctor Paitán Suárez, acompañado de Jesús Nolio Yabar Cárdenas, Luis Manuel Paitán Suarez, Danilo Morón Fonseca, Francisco Verástegui Ramírez, Jesús Paitán Rojas:

Estos muchachos han heredados la suprema habilidad de César Bustamante, Nolio Yábar, y tantos otros maestros inolvidables y ahora, a través de las grabaciones, los podemos escuchar muy emocionados. Gracias muchachos. Sigan conservando lo nuestro. Por si quisieran conocer, las letras del primer huaino.

EL  MAL  PASO

Del mal paso que yo he dado

todo el mundo se admiró;

otros resbalan y caen

como no me admiro yo

 ——–

¿Quién es aquel pajarillo

Que canta sobre el limón?

Anda y dile que no cante

Se me parte el corazón.

——— 

Vidas alegres para ti

Vidas amargas para mi;

Naranjas dulces para ti,

Naranjas “acchas” para mi.

Notable temporada teatral (1926)

puesta teatral Nuestros Hijos 1926 C de P
Grupo de aficionados cerreños en la emblemática obra del uruguayo Florencio Sánchez: NUESTROS HIJOS

El elenco teatral comandado por el notable actor peruano, Leonardo Arrieta e integrado por la dama joven María Ruiz Madrid, el galán Eduardo Albornoz, el cómico Edmundo Moreau y otros notables artistas, se presentó durante el mes de marzo del año de 1926, en funciones de abono con las notables obras siguientes:

EL GRAN GALEOTE, drama en verso del poeta español José Echegaray;

HONOR DE OBRERO, vigoroso drama social que fue muy aplaudido por el público;

EL MÍSTICO, drama sentimental de enorme valor con el que se consagrara el inigualable Enrique Borrás;

HONRARAS A TU MADRE otro drama grandioso y conmovedor que fue muy comentado.

LA TIA DE CARLOS la comiquísima obra de Muñoz Seca, cerrando la serie de obras.

Don Leonardo Arrieta a quien se le quiso mucho y trabajó por el progreso de nuestro teatro, al ver la gran acogida que alcanzaban las presentaciones teatrales en nuestra ciudad, decidió presentar obras teatrales con los aficionados que en gran número había en nuestra ciudad. Convocó principalmente a Francisco Irato, Carlos Masferrer, a la Señora Claudia de los Ríos, a los hermanos Ordoñez y muchísimos aficionados más. Con los que alcanzó notables triunfos en nuestros escenarios y los de pueblos aledaños.

El teatro ha sido una actividad muy aplaudida y querida en el Cerro de Pasco. Las temporadas grandes se sucedían anualmente y, en forma interna, los clubes presentaban sus famosas veladas donde asomaban las nuevas figuras que con las que se nutría nuestros elencos locales.

Ya en los últimos tiempos vimos que los principales clubes sociales hacían excelentes presentaciones teatrales, entre ellos el Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión que, para su fecha jubilar, a la par con la coronación de la reina del plantel presentaba excelentes obras teatrales donde brillaron don Ginés Pomalaza  Cosme,  Marciana Evangelista, Juan José Aizanoa, Eugenio Pastrana Chamorro, Felix Ramírez Gallo, Julio Baldeón Gabino, Félix Luquillas, Pepe Alfonso García…..y muchos más.

Esperamos que las generaciones actuales hagan algo por reverdecer viejos laureles histriónicos.

 

Inauguración del Lazareto del Hospital Carrión. (Enero de 1926)

lazareto del hospital Carrión

Antes de referirnos al tema, consideramos necesario una definición de lazareto, término que se halla en desuso por el avance de la ciencia pero que, en su momento, dio magníficos resultados. Así se definía.

“Recinto sanitario donde se observa y se somete a tratamiento a personas que han contraído o pueden haber contraído una enfermedad contagiosa”.

“Estación sanitaria donde se somete a observación y desinfección a los viajeros procedentes de lugares atacados por alguna epidemia”.

Después de esta necesaria explicación pasamos a transcribir lo que informaba el diario EL MINERO con motivo de su inauguración: 

“Después de doce años de haberse acordado su construcción, el pueblo vio con agrado la terminación del edificio. En 1914, el Concejo Provincial había acordado la construcción del Lazareto asignándole una partida que se sumaba a la que daba la Junta Departamental. La compra del terreno costó 130 libras por su colindancia con el Hospital Carrión. Más tarde tuvo que aumentarse la extensión para la portada. Una junta integrada por el Alcalde, el Director de la Beneficencia, el ingeniero municipal como miembros natos y el doctor Enrique Portal, en su carácter de iniciador de la obra, se encargó de dirigir los trabajos. Esta junta trabajó muy arduamente para superar muchas dificultades, especialmente el referido a las partidas presupuestales.

Fue en los años 1922 y 1923 cuando el trabajo se adelantó notablemente por la provechosa labor del Director don Cipriano Proaño que logró hacer efectiva la subvención de la junta departamental por 300 libras peruanas. En ese momento se pudo levantar las paredes y colocar los techos del lote de calaminas que fueran enviadas por el diputado Juan Manuel Yañez León, quien,  posteriormente gestionó y obtuvo del presidente Leguía, 500 libras primero y 200 libras después, además de 50 barriles de cemento con los que se terminó la obra. Colaboraron, el Prefecto del Departamento con dinero de su peculio; también el señor Inspector del Hospital así como el Superintendente de la Compañía norteamericana, el señor Philpott quien  proporcionó el material a precio de costo.

Como el terreno adquirido no era suficiente, se adquirió una extensa área de la testamentaría Woolcott y más tarde, una casa ruinosa con lo que se dio amplitud al edificio.

El Lazareto consta de un edificio central, un pabellón aislado para lavandería, cuarto de baño para los enfermos, un cuarto para depósito de ropa y aparte, un edificio para las autopsias. El pabellón central de 551 metros cuadrados tiene la fachada por la calle Apurímac. Tiene forma de una herradura con una parte central y corredores de vidrios con mamparas que permiten la iluminación, ventilación y abrigo. También hay dos salas de seguridad para los presos que se alojan y están enfermos; tiene sólidas rejas para evitar las fugas. En el ala izquierda hay una habitación para laboratorio y dos salas para los enfermos que paguen su hospitalización. La capacidad del Lazareto es para 30 epidemiados. Está apartado del hospital por muros naturales.

La construcción duró doce años por un área total de 551 metros cuadrados. El costo total del edificio fue de mil libras peruanas en efectivo al que se agregó el costo de 100 quintales de calaminas procuradas por el diputado Yañez y 50 barriles de cemento por el mismo señor.

Desde aquella fecha, este edificio ideado y realizado por el doctor Portal, médico del Hospital Carrión, cumplió una labor extraordinaria para alijar a epidemiados que en reiteradas oportunidades hizo peligrar la salud de la ciudad con enfermedades como la viruela, tifus exantemático, peste bubónica, etc.