MI HOMENAJE A LA MADRE

Shisha-cushuro
Esta fotografía me fue tomada el “Día de la Madre”, después de mi actuación en la ceremonia de la escuela. Llevo una cinta negra de duelo en la solapa porque mi madre acababa de fallecer en Lima. Aquel fue un día que no olvidaré jamás.

Con la más grande reverencia rindo emocionado homenaje a las madres del mundo, especialmente a las cerreñas, con una anécdota y dos poemas conmovedores y hermosos. Comenzaré con un recuerdo de mi infancia y luego podrán leer dos hermosos versos dedicados al ser más sublime del mundo: La madre.

“Mi primer contacto con los escenarios tuvo lugar en mi escuelita de Patarcocha. Por aquellos días los niños nos encontrábamos afanados en preparar debidamente la celebración del “Día de la Madre”. Mi maestro, Mamerto Galarza Mayor, conocido como “El gato” por sus ojos verdes, me entregó un poema de Federico Barreto con versos muy conmovedores. “Este poema vas a recitarlo en la actuación del sábado”, me dijo. Nada más. Hasta entonces nunca había tenido la oportunidad de hablar en público, menos aún en un escenario. Obediente aprendí todos los versos con indescriptible inquietud. Acuciado por la enorme responsabilidad lo ensayaba a voz en cuello en el soledoso trayecto diario de la escuela a mi casa. Hasta que llegó el gran día.

El salón de actos estaba repleto. Todas las secciones ocupaban el lado izquierdo y, la delegación femenina del 492, el derecho. Ya habían sido presentados algunos números hasta que me “tocó” recitar en representación del primer año. Cerrado el cortinaje tras el número anterior, mi profesor me ubicó en la parte central del escenario. Yo estaba vestido con mi mameluco azul en cuyo ojal lucía una flor blanca que señalaba mi orfandad y en mi solapa izquierda una franja negra que indicaba mi duelo. Después que el maestro de ceremonias terminara de anunciarme escuché con terror el rechinar del telón abriéndose. No he podido olvidar el impacto de aquel momento. Incontables ojos curiosos clavados en mí, uniformados por el mismo silencio expectante. En primera fila, los directores y maestros rodeando a una anciana madre –invitada de honor- detrás las traviesas miradas de los alumnos. No sé lo que me ocurrió en aquel trance, pero mi mente se puso en blanco. No recordaba nada. Miraba a un lado y otro sin recordar nada. Cuando comencé a pensar que la tierra me tragaría, sentí sobre mis hombros las afectuosas manos de mi maestro que, dándome ánimos, me susurró: “Ponte tranquilo, toma aire y, comienza. Tú sabes!”. No sé cómo, pero como un milagro recordé los versos y los dije uno a uno, con el alma, con mi vida, con un sentimiento enorme. Cuando terminé mi voz estaba quebrada y, el director, los maestros y todos los alumnos me aplaudían de pie con un cariño que jamás olvidaré. Lágrimas cargadas de dolor rodaban por mis mejillas. Creo que me conmoví profundamente. Era explicable. Muy pocos días antes, mi madre había fallecido. Aquel poema es el siguiente:

MADRE MI AMOR

                                   Federico Barreto.

Madre mi amor, tu carta he recibido

y he llorado sobre ella tanto, tanto,

que sus renglones han desaparecido

bajo las turbias gotas de mi llanto.

—- 

“Hijo me dices con ferviente anhelo

en esos signos que mi pecho adora

Dios te bendiga desde el alto cielo

como yo te bendigo en cada aurora”.

—- 

“Hijo sé bueno y como bueno, honrado,

no te arrastres jamás sobre la escoria

y cuando bajes al sepulcro helado

Dios como premio te dará su gloria”.

—- 

No envidies con rencor lo que te admira

porque la envidia ruin, tenlo presente,

es una gloria para el que la inspira,

y es un veneno para quien la siente.

—- 

Si odias depón tu encono envenenado

si amas mantén tu amor hasta la muerte

y, ya seas feliz o desgraciado

aprende a conformarte con tu suerte.

—- 

Respeta siempre todos mis consejos

si buscas paz si quieres tener calma,

y hoy que me tienes de tu vista lejos

no me olvides jamás hijo de mi alma.

—- 

Esto me dices en tu carta bella,

y yo te juro madre bendecida,

que las lecciones que me das en ella

serán desde ahora la norma de mi vida.

 —-

Seré austero, sagaz, justo y honrado

como tú lo ambicionas y lo esperas,

por tu amor seré yo bueno o esforzado

por tu amor seré yo… lo que tú quieras.

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