….La catástrofe de Morococha (5 de diciembre de 1928)

Por Gamaniel Blanco Murillo

la catastrofe de MorocochaEl año de 1928 fue un año fatídico. En aquel entonces, radicaba en Morococha nuestro inolvidable maestro y mártir obrero, Gamaniel Blanco Murillo quien, a través del quincenario LABOR, hizo conocer la verdad sobre la desgraciada catástrofe minera del lugar que arrojó 28 muertos y sin número de heridos. Aquel informe decía:

“Como en los diversos diarios de la prensa capitalina se han dado a la publicidad informaciones oficiales y periodística inexactas acerca de la catástrofe ocurrida en este lugar el 5 de diciembre de 1928, no sabemos si inocente o deliberadamente; nos permitimos dirigir al quincenario de su dirección con el objeto de esclarecer algunos hechos que quieren ocultarse sobre las verdaderas causas que dieron origen al lamentable suceso”.

“Hace un mes, más o menos, que se había abierto una grieta en dirección a los stops de la mina “Yankee”, es decir, en la superficie y en la parte cenagosa de la laguna de “Morococha”, en cuyas galerías altas trabajaban los “contratistas” Davis y Kardum y, en las bajas, los contratistas Terrazos y Cueva, notándose desde esa fecha en las labores de los primeros, la abundante filtración de agua y cieno negro. De suerte pues que avanzándose los trabajos de explotación hacia la parte superior, tenían que comunicar dichos stops a la laguna y al lado cenagoso de ésta con consecuencias que pudieron evitarse en su oportunidad y de produjeron el referido 5 en forma horrible”.

la catastrofe de Morococha2“Hace tiempo que de los mencionados stops se extraían abundantes cantidades de metal lamoso de alta ley. Veinticinco días antes del suceso, al abrir el chute por donde se descargaba este metal, el ayudante de motorista Máximo López fue muerto debido a la recia descarga y precipitación de lodo que cayó, causándole el fallecimiento instantáneo”.

“Y ocho días antes del accidente, el referido contratista Jorge Kardum, previendo, ya, el peligro inminente que amenazaba, porque la filtración de agua y lama se presentaba en mayores proporciones de día en día, hizo abandono de la labor que tenía a su cargo. Se nos afirma, también, por informaciones de fuente autorizada, que el contratista Davis había informado personalmente al Superintendente, señor Geo. B. Dilligan, con anterioridad a la catástrofe, sobre la peligrosa situación en que se hallaba la labor a su cargo; informe que fue recibido con un recogimiento de hombros. Los cierto es que desde el día anterior del accidente, Davis, no fue al trabajo”.

“De manera, pues, que la horrorosa tragedia estaba prevista desde muchos días antes y no se puede mencionar que ha sido fortuito”.

“Merece la más dura sanción al personal de la Compañía norteamericana encargada de la dirección técnica y ejecución de los trabajos de las minas, que por explotar en gran escala haciendo las mayores economías y especulaciones, como en el caso presente, ha dado lugar a la avalancha que nos ocupa, sepultando en las profundidades a más de 26 obreros nacionales y 2 extranjeros, quienes dejan en triste, mísera y desamparada situación a esposa, hijos y ancianas madres”.

“A la forma cómo se halla establecido en la mina el trabajo de diez y de doce horas forzadas para hacer la tarea con infracción a las disposiciones de las leyes de la materia que establece el máximum de ocho horas, hay que agregar la manera despótica como son tratados los obreros indígenas por el elemento yankee. Estos en su gran mayoría no tienen ni el más elemental concepto de trabajos de minería, y no obstante esta deficiencia desempeña los puestos de primeros jefes de la mina, siendo su misión única la de especular sobre el obrero y después reposar en algún frontón desocupado de la lumbrera. Los segundos jefes, casi siempre elementos nacionales y mal remunerados, son los que verdaderamente dirigen los trabajos”.

“Los obreros que más producen, los que con las manos encallecidas incrementan las riquezas de la empresa explotadora, son los lamperos, indios vestidos de harapos que perciben un mísero jornal de dos soles; los maquinistas que a diario ingieren muchas onzas de polvo y otras sustancias nocivas a la salud humana, y los enmaderadores que tienen la vida en continuo peligro, porque ellos son los encargados de contener los derrumbes de la mina. Tras de esas iniquidades viene la más cruel, que es la de no permitir la salida de la lumbrera de los trabajadores que necesitan tomar sus alimentos necesarios en las horas de descanso. Obligados en esta forma, tienen que hacerlo dentro, respirando el humo y los gases producidos por los explosivos que se disparan en las labores. Con las ropas mojadas y los pies casi desnudos en el infernal piso de la mina cubierto de agua, todos maltrechos, apenas tienen la hora de descanso para tomar el alimento frío y asimilar después la coca. No se les da -por economía- ropa de agua a esta gente que trabaja con resignación.”

“Una economía mal entendida de la empresa que llega al extremo de hacer desenmaderar y desenrielar las labores antiguas, para utilizar la madera podrida y los rieles carcomidos por el cobre en trabajos nuevos de explotación, siendo este  método la causa principal de los accidentes en la mina, así como el enmaderado de los stops sin el relleno necesario”.

“Por economía también, la Empresa ha establecido los trabajos de la mina por el sistema de contratas. El contratista que desempeña en este caso el papel de pequeño gamonal, es explotado a su vez por la empresa yanki y explota las energías de los obreros indios sometiéndolos a rigurosos trabajos para ganar. Los que convivimos con el elemento obrero en las profundidades de las minas, hemos tenido la oportunidad de constatar que el 99% de contratistas, no ganan. Más bien, deben a la companía fuertes sumas. Semanalmente les da a éstos la Empresa 15 soles de plata como para que no se muera de inanición”.

“Así es cómo la compañía explota a la desamparada clase obrera. Para ésta no hay leyes que la favorezca, ni autoridades que la hagan respetar. Y es que los cargos de autoridad aquí, están desempeñados por empleados de la compañía y como tales, son parciales a ésta, por conservar el puesto”.

“El día del suceso desgraciado que comentamos, se constituyeron en el lugar las primeras autoridades de la provincia y después el Prefecto del departamento, pero no ha dictado ninguna medida tendiente a hacer una prolija investigación sobre las cusas que determinaron la horrorosa catástrofe, ni a garantizar a los deudos de las víctimas y los obreros lesionados en la avalancha. Al contrario, como para provocar a la masa proletaria, se ha apresado al obrero Jesús Hermoza, remitiéndole después a la cárcel de la Oroya, por el delito de haberse presentado ante Míster Fleming, capitán general de minas, con palabras descomedidas, reclamando a un primo suyo que había perecido en la catástrofe, no sabiéndose hasta ahora la suerte que habrá corrido este indefenso obrero”.

“Una fuerte guarnición enviada de Lima, armada de ametralladoras, para resguardar los intereses de la Compañía, se constituyó asimismo en ésta el 6 del presente. Para alojar a dicha tropa, el Prefecto, Flores Arrieta, intimó al Presidente del Club de Movilizables No 1 de Auxilio Mutuos, que hiciera entrega las llaves de dicho local. El Club se vio obligado a proporcionar casa para alojar a dicha guarnición”.

“El Director del Cuerpo de Minas y los miembros que integran la comisión enviada por el Supremo Gobierno, encargada de practicar las investigaciones necesarias e informar sobre las causas que determinaron la catástrofe y establecer responsabilidades, estuvieron también en ésta; pero la comisión se concretó solamente a recibir informes del Superintendente, interesado como es natural,  por desvirtuar la verdad de los hechos, a fin de que la grave responsabilidad que pesa sobre la empresa explotadora quede sin sanción. A comisiones de esta índole, la Compañía suele proporcionarles suntuosos alojamientos en su campamento, sito en “Tuctu”. Ahí estuvo alojada esta comisión durante su permanencia en este lugar”.

“El día 9 estuvo asimismo el Ministro de Gobierno, quien tampoco pudo informarse de una manera concienzuda, sobre las verdaderas causas que dieron origen a tan dramáticos sucesos En los pocos instantes de su estada, pudo apenas este alto funcionario tomar informes de parte interesada como son los personeros de la empresa, preocupados por tergiversar la realidad de los hechos. Si el Director del Cuerpo de Minas y el Señor Ministro de Gobierno, se hubiera dado cuenta cabal de lo que hace la empresa con los obreros, por humanidad no habrían permitido que la cuadrilla de trabajadores que se dedica a la labor de desatorar el túnel de “Carlos Reinaldo”, obstruido a causa de la fuerte avalancha, continúen en esa tarea inhumana y criminal, so pretexto de hacer trabajos de salvamento para extraer los cadáveres, cuando en rigor, no es sino trabajo de la compañía necesita verificarlo pronto, para reanudar los trabajos de explotación. El único y verdadero trabajo de salvamento lo hizo el ingeniero Alberto Brazzine en la mina Alejandría de la “Sociedad Minera Puquiococha”, y debido a esta meritoria actitud se pudo rescatar 13 obreros”.

“Ahora, en lo referente a las indemnizaciones de las víctimas de la catástrofe, la actitud de la Empresa explotadora es a todas luces injusta. En la, sarcásticamente, llamada Oficina Legal de la compañía, se ha ofrecido a cada deudo la insultante suma de cincuenta soles de plata, y para obstaculizar la acción judicial que les toca ejercitar a éstos, se han urdido ya toda las trabas imaginables, comenzando por la Municipalidad del lugar, en cuyo despacho se niegan a sentar las partidas de defunción de los muertos en la catástrofe, invocando fútiles pretextos y ser fieles cumplidores a las leyes, cuando en todo el tiempo se ha hecho siempre tabla rasa de la Ley Orgánica de Municipalidades los prueba el hecho de que la Municipalidad está acéfala hace un año”.

“Tenemos conocimiento de que los obreros se han dirigido, telegráficamente, al Senador por Junín, doctor Amberto Salomón, en días pasados, felicitándole por su levantada actitud en el Senado con motivo de los trágicos sucesos y porque situándose en el terreno de la verdad y la justicia, ha pedido que por el ministerio respectivo, se haga los esclarecimientos sobre las causas que determinaron la catástrofe y establecer responsabilidades y que se indemnice conforme a ley a los damnificados y lesionados en la tragedia. El doctor Salomón es el único representante que ha levantado la voz en favor de la clase obrera, en medio de las desgracias que la afligen, gesto que estamos seguros perdura en los corazones obreros”.

la catastrofe de Morococha3

“El día 9 estuvo asimismo el Ministro de Gobierno, quien tampoco pudo informarse de una manera concienzuda, sobre las verdaderas causas que dieron origen a tan dramáticos sucesos En los pocos instantes de su estada, pudo apenas este alto funcionario tomar informes de parte interesada como son los personeros de la empresa, preocupados por tergiversar la realidad de los hechos. Si el Director del Cuerpo de Minas y el Señor Ministro de Gobierno, se hubiera dado cuenta cabal de lo que hace la empresa con los obreros, por humanidad no habrían permitido que la cuadrilla de trabajadores que se dedica a la labor de desatorar el túnel de “Carlos Reinaldo”, obstruido a causa de la fuerte avalancha, continúen en esa tarea inhumana y criminal, so pretexto de hacer trabajos de salvamento para extraer los cadáveres, cuando en rigor, no es sino trabajo de la compañía necesita verificarlo pronto, para reanudar los trabajos de explotación. El único y verdadero trabajo de salvamento lo hizo el ingeniero Alberto Brazzine en la mina Alejandría de la “Sociedad Minera Puquiococha”, y debido a esta meritoria actitud se pudo rescatar 13 obreros”.

“Ahora, en lo referente a las indemnizaciones de las víctimas de la catástrofe, la actitud de la Empresa explotadora es a todas luces injusta. En la, sarcásticamente, llamada Oficina Legal de la compañía, se ha ofrecido a cada deudo la insultante suma de cincuenta soles de plata, y para obstaculizar la acción judicial que les toca ejercitar a éstos, se han urdido ya toda las trabas imaginables, comenzando por la Municipalidad del lugar, en cuyo despacho se niegan a sentar las partidas de defunción de los muertos en la catástrofe, invocando fútiles pretextos y ser fieles cumplidores a las leyes, cuando en todo el tiempo se ha hecho siempre tabla rasa de la Ley Orgánica de Municipalidades los prueba el hecho de que la Municipalidad está acéfala hace un año”.

“Tenemos conocimiento de que los obreros se han dirigido, telegráficamente, al Senador por Junín, doctor Amberto Salomón, en días pasados, felicitándole por su levantada actitud en el Senado con motivo de los trágicos sucesos y porque situándose en el terreno de la verdad y la justicia, ha pedido que por el ministerio respectivo, se haga los esclarecimientos sobre las causas que determinaron la catástrofe y establecer responsabilidades y que se indemnice conforme a ley a los damnificados y lesionados en la tragedia. El doctor Salomón es el único representante que ha levantado la voz en favor de la clase obrera, en medio de las desgracias que la afligen, gesto que estamos seguros perdura en los corazones obreros”.

 

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