Las primeras máquinas a vapor en Sudamérica (Primera parte)

Las primeras maquinas a vaporEl Cerro de Pasco había comenzado a producir oro  y plata desde la lejana época preincaica, más tarde, tras el exitoso “boom” de 1567, comenzó la explotación masiva del mineral de Santa Rosa, y la segunda zona de mayor importancia, Yanacancha, pocos años después. A pesar de que el mineral que se hallaba en la superficie pertenecía al tipo denominado “paco”, con el que normalmente se obtienen de 10 a 12 marcos por cajón era abundante y fácil de explotar. Los primeros mineros amasaron grandes fortunas. Sin embargo, a principios del siglo dieciocho, muchos pozos que raramente excedían las 30 varas de profundidad, habían alcanzado la capa freática y los beneficios decrecían al aumentar los costos de drenaje. El agua era enemigo muy duro de vencer. Algunos mineros intentaron solucionar el problema utilizando métodos hasta entonces conocidos en otras partes, como los malacates muy utilizados en México; sin embargo ninguno permitía que los pozos sobrepasasen más que unas yardas del nivel del agua. La única alternativa que les quedaba consistía en excavar un socavón o túnel de drenaje, con un cierto desnivel, a una profundidad superior a la de los pozos, y de ese modo, eliminar el agua por debajo de éstos.  A pesar de que un socavón bien construido podía incrementar considerablemente los beneficios, debido a los pocos conocimientos que se tenían sobre ingeniería minera y sus principios básicos, su construcción resultaba una empresa especulativa, para la que se requería la inversión de grandes capitales sobre los que no se acumulaban intereses durante varios años. El primer socavón de drenaje lo construyó José Maíz y Arcas en 1740, y fue terminado en 1760. Para entonces había adquirido varios pozos en Yauricocha con beneficios suficientemente grandes como para adquirir el título de Marqués de la Real Confianza, otorgado oficialmente en reconocimiento a la prontitud con que solventaba el azogue que recibía de Huancavelica y Almadén (España) y sus notables aportes pecuniarios a la corona española.

A pesar de este éxito inicial, hacia 1770 la producción decreció cuando los nuevos pozos alcanzaron el nivel del agua y se inundaron una vez más. La solución que adoptaron entonces, consistió en un contrato firmado en 1780, entre cincuenta mineros, bajo la dirección de Félix Ijurra, Vicente Amavisca y Bernardo Cárdenas, para financiar la construcción de un nuevo socavón de desagüe, desde el lago de San Judas, al mineral de Santa Rosa. El proyecto se completó en 1786, permitiendo así que los pozos inundados de Santa Rosa volviesen a rendir una vez más. La producción que se registró entonces en Pasco, sobrepasó los 100.000 marcos, por primera vez desde 1771. El nuevo mineral no era excesivamente rico, pero se hallaba en abundancia. En 1789; cuando se registraron 120,000 marcos de plata, los beneficiadores procesaron más de 15,000 cajones de mineral, con un peso de 47,000 toneladas métricas. Al incrementar la producción a ritmo tan impresionante, en 1794, el gremio local  comenzó trabajar en proyectos todavía más ambiciosos, extendiendo el socavón de Santa Rosa hasta el importante centro de Yanacancha. Conforme avanzaba, todos los pozos situados sobre el mismo, podían profundizar 30 varas más. Las dimensiones de dicho túnel eran verdaderamente impresionantes —dos varas de ancho por dos y media de alto—- habiendo logrado financiar a fines de 1796 la excavación de las primeras 233 varas. No obstante, se hallaban todavía a 937 varas de su meta final y al año siguiente, al aumentar los costes, el Tribunal de Minería, accedió a utilizar sus ingresos del real por marco, para hacerse cargo de los gastos anuales que se calculaban por encima de los 20000 pesos. Con la ayuda económica garantizada y con el soporte oficial para conseguir mano de obra barata, el proyecto siguió; una marcha lenta pero segura, a pesar de ciertas disputas referentes a si la forma en que se llevaba a cabo la excavación correspondía a las propuestas originales. Al avanzar dicho túnel, los pozos situados entre Santa Rosa y Yanacancha fueron extendidos hasta alcanzar la profundidad del mismo, manteniendo así un alto nivel de producción. El único año crítico durante la construcción del socavón fue 1806, cuando, como se ha señalado ya, la aparición de nuevas ordenanzas, regulando la distribución del azogue, causaron cierta dislocación temporal. En 1811, el túnel alcanzó los pozos más lejanos de Yanacancha, quedando así prolongado el socavón original en un total de 1,800 varas. A su vez se construyeron varias ramificaciones, de las cuales la más importante fue el ramal de Chaupimarca. Aunque desconocemos el costo total de dicho proyecto no cabe duda que excedió los 100,000 pesos sugeridos por algunos investigadores, ya que sólo entre 1,804 y 1,811 se habían gastado 116,000 pesos.

El socavón de Yanacancha, denominado a veces de San Judas por llamarse así el lago donde desembocaba, fue, en cierto modo, un gran éxito, ya que permitió que el Cerro de Pasco, y por lo tanto el virreinato del Perú en general mantuviese su producción argentífera a un alto nivel a lo largo de la primera década del siglo diecinueve. Su defecto principal consistió en que esencialmente no era más que una prolongación del socavón construido en 1780-6 y por lo tanto se hallaba relativamente cerca de la superficie, a una profundidad media de 70 varas, es decir unos 200 pies. A pesar de que muchos de los pozos existentes pudieron ser desaguados por dicho socavón conforme avanzaba, no pasó mucho tiempo antes que volvieran a alcanzar el nivel del agua. Incluso antes de que el socavón llegase a Yanacancha, algunos mineros habían sobrepasado el nivel del túnel y achicaban sus pozos con bombas manuales o cubos.

A los mineros no les cabía, por lo tanto, ninguna duda de que deberían tomarse nuevas medidas si se quería evitar que la producción decayese considerablemente. Por esta razón en 1802 los diputados locales comenzaron a estudiar la posibilidad de excavar un nuevo socavón, unas 30 varas más profundas que el anterior, desde el lago Quiulacocha hasta las minas de Santa Rosa. Hubo sin embargo cierta oposición por parte de algunos mineros. Éstos aseguraban que hubiesen obtenido mayores beneficios extendiendo el socavón existente, desde Yanacancha hasta Chaupimarca, razón por la que las obras no comenzaron sino en 1811.

Una vez más el Tribunal de Minería ofreció su apoyo económico para este nuevo proyecto que el gremio local esperaba completar en cinco años, pero la ayuda que podía ofrecer, era inevitablemente limitada debido a la disminución de la producción a partir de 1811, debido fundamentalmente a la inundación de las galerías, lo que hizo que sus ingresos fuesen más reducidos. El agua estaba impidiendo la producción. En agosto de 1816 el socavón tenía una longitud de 962 varas, pero todavía le faltaban 600  para llegar a Santa Rosa, su destino final. Sin embargo, una inspección llevada a cabo aquel año, mostró que el ingeniero supervisor había cometido graves errores, el más notable y de fatales consecuencias, era que el túnel había comenzado  a inclinarse y sé había desviado no menos de 57 varas del rumbo que debía haber seguido. Se impusieron multas de 4000 pesos a quienes se consideró culpables de tales errores, con cuyo dinero contaba el tribunal rectificarlos, y así continuaron las obras.

La repentina disminución de la producción en 1812, cuando los pozos alcanzaron el nivel del socavón de Yanacancha, es la causa directa del descenso de la cantidad total registrada en el virreinato, llegando a la cifra más baja de las registradas desde  1786.  Este hecho parece marcar para la industria de plata, el fin de un período de prosperidad en la última etapa colonial, ya que en 1814 desde la segregación del Alto Perú producida en 1776, la producción había descendido aún más.

A partir de entonces, con  la  excepción  importantísima  de  1820, cuando se llegaron a alcanzar los 477,000 marcos, la producción se mantuvo por debajo de los 300,000 marcos anuales. Este cambio tuvo a su vez una relación directa con el movimiento del Cerro de Pasco, ya que en 1,820 su producción aumentó espectacularmente, alcanzando los 313,000 marcos. Esta fue la segunda cifra de mayor importancia registrada en Pasco y, representaba el 65,6% del total de la plata registrada en el Perú, aquel año. La cifra se logró no a causa del socavón de Quiulacocha, que se hallaba, según se ha dicho, inacabado, sino a razón de haberse introducido, con éxito, tres bombas de vapor “Cornish” en Santa Rosa, Cayac y Yanacancha. Gracias a dichas bombas, los mineros lograron extraer eficazmente el agua de los pozos que habían alcanzado una profundidad de 15 varas, superior a la del socavón de San Judas, y por primera vez en la historia de Cerro de Pasco, lograron penetrar los depósitos superiores de pacos alcanzando minerales  sulfúricos  de  mayor  riqueza —pavonados y polvorillas— que les permitieron obtener 400 marcos por cajón.

CONTINÚA…….

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