LA ESCUELA DE CAPATACES DE MINAS

Nota de saludo al INEI Nº 3 “Antenor Rizo Patrón Lequérica” de parte del profesor Daniel Florencio Casquero, al cumplirse cincuenta años de la creación del primer plantel secundario del Cerro de Pasco,

Escuela de CapatacesPor Daniel Florencio Casquero

Recuerdo nítidamente que allá en antaño, cuando en nuestros años mozos veíamos como quimera, como un sueño ilusorio, si alguna vea tendríamos un centro educativo que por entonces se conocía como la educación media y que si nosotros los jóvenes no tendríamos oportunidad de alcanzar una superación  cultural por falta de medios adecuados y propicios, vimos con exultante alegría que ¡al fin! Se creaba por primera vez un colegio nacional técnico.

Rielaba entonces el año de 1941 y la hasta entonces Ciudad Opulenta transcurría en su dinámica producción minera, encerrada en una existencia laboriosa de pueblo satisfecho y donde todavía existía resabios de sus antigua opulencia… La juventud de entonces daba salida a sus inquietudes de superación sólo con  actividades institucionales. Estaban en su apogeo pleno los clubes  populares como el “Centro Social y Deportivo Team Cerro”, el “Club Unión Copper” El “Centro Tarmeño Social y Deportivo”, el “Club Deportivo Municipal”,  el Club Sport Ideal, Unión Esperanza, Unión Railway y otros. Entre las instituciones sociales que en algunos casos se creían la “élite” figuraba el “Club de la Unión”,, “Centro Social Cerro de Pasco”, “Centro Juventud Cerro”, Etc. Deportes, actividades culturales, celebraciones de fiestas carnavalescas, presentaciones teatrales,, verdaderas fiestas sociales, algunas de ellas se consideraba como “Soareé de gala” donde damas y caballeros hacían alarde de lujo y boato y a los que para concurrir era indispensable merecer una invitación especial, previa selección. Por último circulaban publicaciones cotidianas, semanales y eventuales: “El Minero”, “El Diario”, “La Voz del Cerro”, todos diarios de larga duración.

Pero…¿Y cuál era el destino de las nuevas generaciones?…De esas camadas de adolescentes que habiendo terminado sus estudios de educación primaria tenían que resignarse a vegetar con la única esperanza de conseguir trabajo en alguna oficina pública o en la empresa llamada entonces Cerro de Pasco Corporation o, por último, a improvisarse como maestro empírico de escuelitas primarias…?

Puede considerarse esta crónica como una añosa y sentimentaloide evocación, pero la juventud de cualquier época cultiva anhelos de evolución espiritual e intelectual, exigía la creación de centros educativos de grados superiores; estos anhelos se hicieron exigencias; el clamor colectivo subía más y más a través del tiempo y se convirtió en una fuerza de empuje, hasta que los señores gobernantes y políticos de entonces se vieron en la necesidad de plasmar, aunque sólo tímidamente en realidad, las aspiraciones juveniles y, ¿Al fin! En 1941 se creó el primer centro educativo secundario con el nombre de Colegio de Capataces de Minas.

Relatar la sístole y diástole de la vida de lo que actualmente es el Colegio Nacional de Educación Industrial Nº 3 “Antenor Rizo Patrón Lequérica” sería caer en manida y tediosa redundancia. Como toda institución que lleva su evolución creadora del conocimiento y la técnica, ha tenido sus altibajos; sobre todo más altos. Sufrió abandono y olvido de mucho regímenes e turno; de políticos arribistas y audaces, como sucede en los momentos actuales; muchos de sus educadores y directivos sufrieron persecución y prisiones y, como si fuera poco, ha ido desfigurándose su verdadera función técnica a que aspiraba su alumnado, para darle mayor importancia al conocimiento humanista. ¿Acaso no es una muestra de esta nuestra sección el hecho de que hace ya varias décadas sus directores y docentes de especialidad son más pedagogos humanistas que profesores especializados como sí los tuvo cuando recién se fundara el plantel?…

Mas no es momento de intentar un análisis crítico negativo de sus transcurrir en sus cincuenta años en los que ha alcanzado consistencia de roble o acero, porque de su parto fecundo devino el milagro del nacimiento de sus otros hermanos “Daniel Alcides Carrión” y “María Parado de Bellido”. Podemos afirmar que desde entonces se produjo el orto luminoso de la verdadera cultura que se agiganta cada vez más brillante en el cielo pasqueño y que se perenniza en las legiones de sus hijos profesionales, muchos de ellos peregrinos por las cuatro latitudes de nuestro Perú y de esa patria grande que se llama América.

La presente crónica es a manera de apología y aludo ofrecido por un proyecto maestro, a los cincuenta vigorosos años de existencia al decano de los colegios cerreños. En nuestra ya larga existencia hemos sido testigos de los múltiples avatares de la cultura de nuestro pueblo y ahora que enfrentamos una tremenda crisis de valores por obra de la inopia de políticos y gobernantes audaces y logreros, enviamos nuestro abrazo fraterno a los bien queridos “capachos” que no sólo son la simbología de nuestra opulencia telúrica sino del vigor y del orgullo permanente del hombre cerreño, representado por su brillante juventud estudiantil.

 

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