EL MILAGRO DE LA MAMI 1

“Cuando una puta se desviste y se echa para recibir a un hombre y darle el supremo placer de la

El milagro de la mami vida a cambio de una escasa paga, ¿sabe, ilustre combatiente de la justicia social, cuántos están comiendo de esa escasa paga? El propietario de la casa, la celestina, el comisario, el gigoló, el gobierno. La puta no tiene quien la defienda, nadie se levanta por ella, nadie la respeta, los diarios no dedican ni una columna a describir la miseria de los prostíbulos, es asunto prohibido…”.

                                            Jorge Amado

                                     (Escritor brasileño)

A un extremo de la solariega calle del marqués, colindante con una depresión que terminaba en la “Central” –primeros talleres de la “Mining Company”- funcionaba el burdel de Tambo Colorado. Lupanar de baja estofa regentada por la “Meche”, una gringa entrada en años que no obstante las huellas dejadas en su cuerpo, mantenía algo de un pasado garbo que se resistía a morir. Siguiendo a un exitoso jugador del “Atlético Chalaco” que venía a enrolarse al “Unión Railway”, llegó procedente del Callao. Aquí sentó sus reales. Hija de padre español y madre peruana congregaba porte y belleza excepcionales. Hablantina, juguetona y amiguera, llamaba la atención por su talante y perenne sonrisa a flor de labios. Rostro ebúrneo de rasgos finos, labios carnosos, ojos celestes y largo cabello rubio; complexión robusta de senos enormes, cintura fina, anca poderosa y piernas bien formadas: un verdadero encanto de mujer. (Un cinemero viejo memorioso de aquellos tiempos afirmaba que era vivo retrato de la voluptuosa Mae West, estrella del cine norteamericano)

Abandonada por el futbolista fue bienvenida en el “Rancho Grande” donde inició su exitoso periplo carnal. Allí le clavaron el mote de “Marquesa”, no sólo por su belleza y talla extraordinarias, sino también por su nombre: Mercedes Henríquez Vélez de Villa y Ruiz de Somocurcio. Pronto eliminaron el rimbombante nombre y quedó sólo como Meche.

Cuando advirtió que mineros, hacendados y comerciantes ricos, encamotados con las más jóvenes, ya no satisfacían sus exigencias pecuniarias, envió a sus dos hijas tenidas en el burdel a casa de su madre, lió bártulos y se fue al “Rancho Chico” donde fue muy bien recibida. Aquí celebró sus 25 años de servicios lupanarios. En ese lapso dio profesión a sus dos hijas. Enterada que “Tambo Colorado” no tenía quien la regentara porque todas sus pupilas se creían con igual derecho, llegó para imponerse como superiora llevando consigo tres o cuatro mujeres más. Para entonces,  la dureza de la vida había dejado huellas en su cuerpo. No obstante las marcadas ojeras, sus ojos celestes conservaban un luminoso brillo especial; su cuello surcado de arrugas siempre lucía un hermoso crucifijo de plata, y, si por el intenso frío tenía que usar una chompa de cuello alto -lo que sucedía casi siempre- la cadena de plata y la cruz brillaban encima. Ésa era su más grande reliquia, mágico talismán al que confiaba sus más acerbos secretos y escasas alegrías que experimentaba en la vida. Vestía una falda vueluda de lana con varias enaguas para mantener caliente la zona baja de su cuerpo. Si el helor de la dilatada sala de baile era abrumador, las levantaba y, debajo, colocaba una estufa eléctrica. “Estoy calentando la comida” decía; pero jamás pudo vencer sus dolores reumáticos. La señora que la atendía, doña Tomasa –cocinera, lavandera y confidente- le aseguraba que eso agravaba su malestar. Ella no le hacía caso. Cuando los dolores se tornaban insoportables, se veía obligada a aplicarle un tratamiento de hierbas milagrosas: romero, jaya, hojas de aliso, sayán, shipita, quinual, malco, santa mata y huaca Kasha. Este brebaje debía ingerir en ayunas en ayunas durante quince días. El bagazo de las hierbas hervidas le aplicaba en caderas y articulaciones de brazos, piernas y dedos. Otras veces  azotaba las partes adoloridas con ortiga negra, luego las sumergía en vasijas repletas de nieve. Esto lo aliviaba por un tiempo. Pasadas las crisis agobiantes volvía a las andadas. Su alimentación siempre estuvo encendida por enervantes ajíes que eran su pasión; especialmente los rocotos. “! Sin ají, no hay comida aquí en el Cerro, carajo!”, sentenciaba engullendo toda la variedad que ponían a su alcance. La comisura de labios y  dientes de un amarillo sarroso denunciaban su tremenda pasión por los cigarrillos que no los fumaba uno por uno como todo el mundo. No. Atando toda una cajetilla con unas pitas, le quitaba el envoltorio y como si estuviera tocando la armónica, se soplaba los veinte en medio de un humo espantoso. Era increíble. Una que otra vez, regalado por alguien allegado al “Golf Club” de los gringos, fumaba su habano MONTECRISTO, con parsimonia festiva. Tenía junto a la mesa del cubículo que le servía de otero para controlar todo lo que acontecía en el salón, una robusta botella de Coñac “Viuda de Clicquot”, que de rato en rato, degustaba. La vieja era rumbosa y se daba sus gustos. Nunca fue cicatera. Muy comprensiva, cuando una de sus pupilas garantizaba a  algún marchante, éste dejaba su reloj como prenda. El día de pago lo rescataba. Así, en el cajón central de su mostrador, tenía una fabulosa cantidad de relojes pulsera y de bolsillo: Movado, Cima, Edox, Westclox, Omega, Nivada, Longines, Waltan. Los relojes que no eran reclamados, los vendía al peso al relojero Peña que se hacía buen negocio con ellos.

Mujer, mujer divina,

tienes el veneno que fascina en tu mirar.

Mujer alabastrina,

tienes vibración de sonatina pasional;

tienes el perfume de un naranjo en flor;

el altivo porte de una majestad.

 

Sabes de los filtros que hay en el amor,

tienes el hechizo de la liviandad,

la divina magia del atardecer,

y la maravilla de la inspiración.

tienes en el ritmo de tu ser, 

todo el palpitar de una canción.

Eres la ilusión de mi existir, mujer…

La “gringa” era tan comprensivamente maternal que en su dilatada vida putañera jamás tuvo enemigos ni personas que la contrariaran. Se daba el lujo de permitir la concurrencia de curas a su “chongo” cuando la mayoría de “chicas” veían en eso un marcado signo de mal agüero. “Pobrecitos, ¿Dónde van a botar la piedra?”-decía. Dos eran las condiciones que tenían que cumplir: Quitarse la sotana para entrar en el salón y ponerse otro nombre de combate, como lo hacían las putas. Así al cura Giles le decían: “El Gaucho”; a Ascanio Santiváñez, “Panchito”; al cura Lobatón, “Pepe”. Todos los curas llegados a la iglesia de Chaupimarca, menos el padre Severiano Rojas Lazo y Próspero Reyes Cortez, “Chazán” fueron –cada uno en su época- infaltables asistentes al burdel. Eso todo el mundo lo sabía. En cuanto a su indumentaria, ingresaban en la habitación de su “mujer” para cambiar sotana por terno y, con él, a bailar en la sala como cualquier parroquiano.

Por qué tú eres así

si el alma entera te di

y te burlaste tranquilamente

de mi pasión.

Si triunfa el bien sobre el mal

y la razón se impone al fin.

Sé que sufrirás

porque tú hiciste sufrir mi corazón,

es una deuda que tienes que pagar

como se pagan las deudas del amor.

No voy a llorar

porque la vida es la escuela del dolor

donde se aprende muy bien a soportar

las penas de una cruel desilusión.

Por otra parte, las veces que alguna de sus pupilas quiso casarse, exigió que le presentara al interesado para conversar con él; tras la plática, decidiría si le convenía o no. La pupila acataba la decisión. Era una verdadera madre para todas aquellas desventuradas que, pintarrajeadas y forzadas sonrisas en los labios, buscaban alegrar a los burdeleros. Así, durante su estada, vio marcharse a seis mujeres con sendos maridos que les dieron hogar. Eso sí, salida de la casa, ya no tendría oportunidad de retornar, cualquiera hubiera sido su suerte. De aquellas, Morayma, accedió al pedido de un hombre solitario, otoñal como ella, que había visto pasar su vida sin encontrar a la compañera de sus sueños. Las diarias pláticas revelaron una maravillosa conjunción de pareceres, coincidencias en gustos y preferencias, hasta que comprendieron que estaban hechos el uno para la otra. Tras darle muchas vueltas al asunto, decidieron unir sus destinos por el resto de sus vidas. Jamás imaginaron lo que tendrían que afrontar después. “Gelacho” Malpartida, pertenecía a un grupo social de elite en la que estaba la gente  encumbrada y la más prejuiciosa de la ciudad: “Los Decentes”. Cuando se enteraron de la verdad,  ni sus familiares le perdonaron. Le cerraron sus  puertas y cortaron todo vínculo de parentesco. Cargando unos cuantos cachivaches, se fueron a vivir a extramuros de la ciudad. Los clubes “Centro Social”, “Team Cerro”, “Copper” y “C.J.C”, le retiraron su membresía y lo trataron como a un apestado, aunque claro está, todos los socios eran irrenunciables y solapados “chongueros”. Felizmente, pasados los años se decantaron pasiones y perdonaron el desliz sin restituirle antiguos privilegios. Lorenzo “Luly” Dorregaray, tuvo suerte diferente. Sin hacer caso de insultos y desplantes se plantó a vivir en su casa, en compañía de la “Pantera”, una negra magistral de hermosura soberana que convertida en atracción de los lupanarios, fue “sacada” para casarse. Fueron felices porque la negra valiente, defendió su hogar con uñas y dientes. Nadie se metió con ellos. Por su parte, “Machi” Romero –arquero del deportivo Municipal- “sacó” a Vilma y se llenó de hijos con ella. Tuvieron mala suerte. Una tarde que estaba atendiendo su Restaurante, se inflamó la cocina originando un mayúsculo incendio. Murieron tres de sus hijos. Ella, por salvar al menor, sufrió serias quemaduras que la desfiguraron completamente, al igual que a su niño. Nunca pudieron reponerse de tremenda desgracia. Como ésta, muchas historias anduvieron de boca en boca por el pueblo. Todas fueron conocidas por la Mami que, siempre oportuna, hizo llegar su apoyo a los damnificados.

Continúa………….

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2 thoughts on “EL MILAGRO DE LA MAMI 1

  1. EXTRAORDINARIO LOS VERSOS DE JORGE AMADO POETA BRASILEÑO CON SUS VERSOS Y POEMAS DIÓ EN LA LLAGA DE LA HERIDA A TODOS QUE HASTA NUESTROS DIAS TRATAN DE DESENTENDERSE DE LAS MOISERIAS DE LA SOCIEDAD PASADA .PRESENTE Y FUTURA GRACIAS IMSIGNE MAESTRO CÉSAR PÉREZ ARAUJO POR TAN DISTINGUIDO Y HERÓICO TRABAJO DE DIFUNDIR LA CULTURA NACIONAL E INTERNACIONAL DIOS, LE BENDIGA SIEMPRE. SALUDOS DESDE LIMA PERÚ.

    1. Clemente:
      Gracias una vez más por tus palabras.
      Con tu amable compañía seguiremos revelando todas las realidades de nuestra tierra querida.
      Un abrazo enorme para ti que te estabas haciendo extrañar.
      Gracias

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