Enfermedades, remedios, curanderos, brujos y maleros (Primera parte)

Enfremedades, remedios caserosEl Cerro de Pasco, como todo pueblo minero, está influenciado por creencias ancestrales que todavía perviven. Su mundo está poblado de seres invisibles -buenos y malos- que actúan sobre el cuerpo y el mundo circundante. El Muki, el Auquillo, el Jumpe, el Achkay, son personajes que pueblan, junto con otros, su mundo fantasmagórico.

Está probado que el hombre andino ­-en nuestro caso el minero- desde sus ancestros es muy proclive a la superstición. Aquellos tópicos que desconoce, como el caso de las enfermedades, los achaca a la acción de los espíritus malignos que siempre están presentes en la vida de la comunidad.

Los hombres que más han estudiado estos fenómenos y particularmente la mente primitiva –Alberto Seguín, Fernando Cabieses, Hermilio Valdizán, Sergio Quijada Jara, Juan B. Lastres, Mario Chiappe Costa, Daniel Lavorería, Max Silva Tuesta, entre los más notables- afirman que es de tipo “antropomórfico, intuitivo-imaginativo, rico en vivencias difusas y evanescentes, más sentidas que pensadas”, es decir, que funciona por la sugestión y la autosugestión. Nadie desconoce que los curanderos y los “curiosos” actúan con una determinación y seguridad tales que influyen en sus pacientes que débiles y atrapados por los males que juzgan cosa de malignos, tiene la voluntad maltrecha y restringida, propensa a la aceptación. Ellos mismos, en su deseo de curarse, luego de recibir la orden emanada del curandero, se autosugestionan y contribuyen a que los remedios que se le administren surtan los efectos deseados. Por eso es necesario mencionar que los curanderos deben tener una fuerte personalidad, capaz de sugestionar a sus pacientes.  Un bagaje de prejuicios y costumbres enraizadas en la mente de nuestros hombres primitivos les hace conservar vigente, todavía hoy, la fuerza de la medicina tradicional.

No le faltaba razón al padre Acosta que en su “Historia Natural”,  con la autoridad que le confería sus estudios, llega a afirmar: “los indios tenían conocimientos muy superiores a los médicos de profesión”. Por su parte el estudioso italiano Antonio Raimondi, afirmaba: “Los indios del Perú son los primeros naturistas del mundo empleando las plantas en economía doméstica, en tintorería y sobre todo en el tratamiento de diferentes enfermedades” Ya en 1985, Sal y Rosas llega a decir: “Los practicantes de la medicina tradicional o folclórica peruana, cuyos actos son legítima expresión antropológica cultural, no están en contra de la medicina oficial, sino lejos y fuera de ella”. En una interesante conferencia disertada por el sabio Javier Pulgar Vidal en el seno del Congreso de la República (1998), dice al respecto: “Aparte de las 1,000 ó 1,500 plantas de comer –y vean este es un dato muy interesante porque lo acabo de recibir- creíamos tener en el Perú solamente 3,000 plantas curativas. Pues en un simposio que se ha realizado recientemente en la Amazonía, se ha puesto en evidencia que los botánicos peruanos han dominado ya el conocimiento de 8,000 plantas medicinales. Y los hierberos que podemos encontrar en Lima nos ofrecen tan sólo 49. Alguno de los presentes dirá: “No, me parece que son unas 100″. Sí, son 100, pero sucede que las 51 restantes son venidas del Viejo Mundo, entre ellas el áloe o sábila”. Como podrá verse, los hombres de nuestra tierra, no estuvieron exentos de los conocimientos de las plantas que en otros mundos se había dado, como lo asegura Fernando Cabieses al decir: “…el hombre primitivo en su continuo contacto con la naturaleza, supo extraer de las plantas medicinales lo necesario para conservar su salud. Por ejemplo, los sumerios nos mostraron el opio; los egipcios nos enseñaron el valor medicinal de la cebolla y el ajo; Esculapio nos habló de las bondades del áloe; Hipócrates nos enseñó a usar la manzanilla; Dioscórides nos mostró las ventajas de la ruda; los médicos árabes nos hablaron del aceite de ricino; los antiguos médicos de la India descubrieron las virtudes y pecados del cáñamo; el hombre del Mediterráneo supo combinar las hierbas; los antiguos chinos ilustraron plantas en sus libros de medicina. Asimismo, imagino cómo la medicina se refugió en los conventos cristianos y en las boticas medioevales y las plantas medicinales se escondieron en tarros de porcelana; cómo Colón llegó a nuestro mundo y las huestes españolas encontraron la quinina… y la coca…y el estamonio; y cómo los herbolarios ingleses encontraron la digital. Desde todos esos tiempos, la planta medicinal nunca engañó al hombre, aunque el hombre frecuentemente quiso engañarse a sí mismo. (…) La búsqueda de la salud, a través de las plantas medicinales, ha sido una constante actividad de la profesión médica. Linneo, médico ya legendario puso orden y otro médico, el gran Paracelso, comenzó a explorar la química de las plantas acompañando a los alquimistas que buscaban la química de oro y, lentamente, fueron perfeccionando  su armamento convirtiéndolo, desde hace ya más de cien años, en una selva de vidrio donde se sigue buscando la química de la vida y de la salud”. Es decir pues, desde tiempos inmemoriales, cada pueblo adquirió conocimiento de las plantas medicinales que crecen en su entorno para utilizarlas debidamente.

De acuerdo con el sentir tradicional que está vigente entre nuestras gentes, la enfermedad es producida por pecados, faltas cometidas o desobediencia a los cánones locales; siendo así, el tratamiento consiste en alejar a los malos espíritus causantes de la enfermedad mediante la magia natural, es decir, las fuerzas naturales que con la ayuda de Dios, se proyectan sobre el enfermo para obtener su curación.

En nuestra ciudad, donde la casi totalidad de hombres y mujeres tienen un trabajo fijo relacionado con la minería, se utiliza a los “curiosos” locales o en último caso a especialistas de Margos, Chaulán u otros lugares “mentados” por sus brujos y adivinos.

De acuerdo con la tipificación que éstos hacen, las enfermedades que atacan a hombres y mujeres de nuestra tierra, se pueden aglutinar en dos grandes grupos:

a). – Enfermedades de “daño”.

b). – Enfermedades de Dios.

En las del “Daño” se incluyen todas las producidas por la mala intención de un enemigo que, generalmente por envidia y mala fe, contrata a un “malero” para que valiéndose de sus artimañas le haga mal. En este grupo se consideran no sólo a los que producen males físicos como dolores de huesos, hemorragias, cólicos, etc., sino también los que atacan a la moral y a las áreas de la vida como pérdida del trabajo, pérdida de sus bienes, enemistad con sus familiares y amigos y apego rendido al alcoholismo, que es lo más común.

Continúa….

 

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