Los apodos en el Cerro de Pasco (Segunda parte)

Acertado apunte de don Rodolfo Maldonado Madrid, destacado empresario comercial y propulsor de la radiotelefonía en el Cerro de Pasco. Varias veces alcalde de su ciudad natal realizó una labor extraordinaria que con mucha gratitud rememoran viejos cerreños.

apodos de Pasco 2Es en el campo deportivo donde más proliferan los apodos. Los  que más recordamos son :“Pavo zonzo” Rosales, “Avestruz” Martel; “Shuyto” Porras, “Pitagchay” Osorio, “Chorreao” Molina; “Wiro” Molina, “Mocho” Santiago, “Calanco” Montero, “Chimby” Rivera; “Traca” Espinoza, “Colorao” Arroyo; “Chacalhua” Ramírez;  “Wishky” Lactayo; “Aliado” Gonzalez; “Pico” Romero;  “Agra” Llanos; “Manopla” Palacios;  “Cholo” Alania; “Siete pulmones”  Zolorzano; “Shamuco” Arias; “Zapatón” Fuster; “Wisha” Aliaga; “Chalwa” Meza; “Chocolate” Ramírez;  “Perro” Vilchez; “Capón” Ramos; “Maracho” Maravi; “Chita” Cervantes; “Oso” Amador, “Flemming” Fuster, “Sangre cansada” Cuyubamba; “Jet” Villavicencio, etc. etc.

Hubo un momento de grata recordación en la vida de la Liga de Fútbol que por efecto de los apodos se convirtió en un zoológico; allí estaban, El “Gato” Galarza, como Presidente; el “Perro” Palomino, del Centro Tarmeño; “Pato” Pagán del Jorge Chávez; “Sapo” Meza, del Sport Ideal; “Pato Pascual”, del Deportivo Municipal; “Pato” García, del Club Esperanza; “Oso” Amador del Concejo Provincial

Por lo demás, hay una serie de apodos especiales:

“Burro Blanco” Zacarías, un cholazo ranqueño que por esos dictados del mestizaje había salido con ojos zarcos, cabello rubio y mofletudo rostro rubicundo. Jugaba de back por el “Circulo Urano” del barrio Buenos Aires y era temido por su implacable “guadaña” que sacaba a relucir en los momentos más álgidos del partido. Es decir, era un burro. Pasado el tiempo, retirado del rectángulo de juego, se dedico a “vocear” en los carros que iban a Huancayo, Lima o la Oroya. Una pulmonía terminó con la vida de este legendario “leñador”  de nuestro fútbol.

Teodoro “Cashpi” Loyola, preciso en el quite, incomparable en el apoyo a pesar de su talla mediana, utilizaba ambos pies como aquellos ganchos con los que las mujeres separaban el cocke de las locomotoras; así él tenía la extraña virtud de quitar a sus adversarios todas las pelotas por más escondidas que estuvieran. Era un half extraordinario del “Sport Ideal”.

Un acontecimiento que marcó con huellas indelebles a la afición futbolística del Cerro de Pasco es que el protagonizó el más grande futbolista de comienzos de nuestro balompié como Capitán de las selecciones peruanas, Don Telmo Carbajo. Este paladín del deporte peruano jugó en el Cerro de Pasco como centro delantero y capitán de uno de los más históricos planteles que tuvo la tierra minera: El Club Sport Unión Railway.

Ocupaba la presidencia de la institución don Guillermo Arauco Bermúdez y el Railway era imparable en todo el centro del Perú. Es entonces que en connivencia con los jefes de la compañía ferroviaria deciden traer a nuestra ciudad al preclaro jugador. Lo alojaron en el barrio Misti con todas las comodidades del caso y él firmó por el club ferroviario por dos años en los que alternó en el primer equipo con todos los éxitos de suponer. Aquel tiempo, el cuadro alcanzó enorme dimensión y se paseó por todos los pueblos del centro, triunfo tras triunfo. Al retirarse a su Callao querido, quedó un jugador cerreño de las mismas trazas del crack chalaco; igual en su talla, en su talante, en su carácter y en su habilidad. Este fue don Adrián Languasco, a quien siempre se le reconoció como “Carbajito”.

Manopla Palacios, fue un arquero que se caracterizaba por unas manos gigantescas, de allí su apodo. La utilizaba para trompearse con gran éxito pero, sobre todo, sacar las bolas de su área con magistrales puñetes.

Yo jugué con dos de los jugadores más ociosos que debe haberse producido en el fútbol. Uno era el “Sangre Cansada” Cuyubamba y, otro, el “Jet”  Villavincencio. Eran incapaces de ir a recuperar la pelota cuando salía del campo. Podían pasarse horas esperando que otros lo hicieran. Especial recuerdo tengo del defensa apellidado Martel que alineaba en “La Brigada Boys Scout” que había fundado nuestro insigne maestro Gamaniel Blanco Murillo. Al Martel en referencia lo apodaban “Muro Gallo” y era muy recio y agresivo. Yo que acababa de retornar de Lima estaba alineando en el Estudiantil Carrión cuando nos tocó enfrentarnos al “Brigada”. Aquella tarde, ellos habían entrado en el campo de juego y cuando nosotros lo hicimos, me llamó a un aparte y sin mediar explicación alguna me espetó una amenaza: “Mira chiquillo de mierda, yo sé que eres centro delantero, pero si entras en mi área te voy a romper las patas. ¿Ya, carajo? Ya sabes. Muchos cuidado porque te mato”. En ese momento quedé paralizado de espanto. ¿Por qué me trataba así? Seguía perplejo. Nunca me había ocurrido algo parecido. Para referencia diré que mis estudios secundaros en el Alfonso Ugarte los hice alternando las aulas con mi desempeño como acólito o “Monaguillo” ayudando en las misas, bautizo, bendiciones etc en la iglesia de los Huérfanos. Nunca me había topado con semejante energúmeno y, como es lógico deducir, mi trato no sólo era comedido sino muy atento. El caso es que, iniciado el partido, olvidé las amenazas y en un momento especial recibí un acertado pase de mi hermano Miguel Dávila, “El Pecas” y enfilé con una velocidad sorprendente al área y, cuando estaba listo para hacer el gol, sentí que de atrás me aplicaban un tremendo golpe que me hizo rodar por el suelo. Caí aparatosamente. En eso veo el rostro sonriente de “Muro Gallo” que cachaciento y matón me recordaba sus amenazas. ¡Qué te dije, huevón!, ¡Eso no es nada, la próxima, te mato! Todo esto me decía con un comedimiento especial, en las tribunas creían que me estaba auxiliando de puro caballero. “Trompito” Cornejo –el árbitro- había cobrado, penal. Aquel día le “arrimamos” una goleada de seis a cero. Fuimos campeones.

Más tarde, en las filas del “Banfield” aprendí todos los recursos futbolísticos de los buenos y de los otros, Así transcurrieron los años. Un día que nos encontramos en la peluquería de José Chaparro en las acostumbradas humoradas, llegó “Muro Gallo” y al momento estaba contando sus hazañas deportivas; de inmediato recordé la carnicería aquella y lo “cuadré”, entonces, con una pasividad enternecedora, delante de todos los amigos, me dio esta explicación: “Discúlpame hermanito. Aquella vez yo ya estaba en declive, en cambio tú emergías con todos los ímpetus del caso. Vi que me ganarían en todas, entonces recurrí a la “labia” pues hermano. Después me enteré que todavía estabas inocente, pero nunca fue por hacerte daño. Tenía que cuidarme de tu velocidad y tus goles de cabeza. Lo único que me quedaban era la “labia” y “leña” que las utilicé. Espero que lo olvides, hermano. Eché mano de un viejo recurso”. Nos abrazamos estrechamente con aquel viejo crack y luego nos tomamos un buen trago de ron.

Siempre en el ámbito deportivo hubo un apodo muy especial. Era la época en que se hacía una agresiva propaganda por el aceite hígado de bacalao que –se aseguraba- formaba gente más fuerte y sana. En el Colegio Industrial que tenía un equipo de excelentes jugadores, había un habilísimo jugador que tenía notables virtudes de conductor del equipo, el único problema era que era de apariencia muy endeble y daba la impresión de que en un simple choque saldría mal parado. Todo el mundo se equivocó. No sólo era inteligente sino muy fuerte no obstante su medrada talla, con esa razón sus compañeros le clavaron una chapa muy precisa. BACALITO. Porque según la publicidad daba mucha fuerza a los que lo tomaban y, bueno, todos tenían la sospecha de que Jesús Suárez (así era su nombre) tomaba el mencionado tónico. Su calidad futbolística nunca lo abandonó pero la chapa se le quedó per sécula seculorum. Bacalito pertenece a esa generación formada en el Instituto Industrial con Sabino “Shaby” Padilla, “Tuto” Ávalos, Lucho Llanos, “Garrincha” Fernández , “Chucro”, “Ibash” Fernández, “Tubo” Flores, “Flaco” Huayllacallán, …. Ellos fueron “Capachos”, mis alumnos.

Los apodos –eso sí- han sido siempre hereditarios en nuestra ciudad: los Malpartida eran -de abuelos a nietos- LOS GASHATOS; los Rodríguez, CHUNOS; Los Ráez, LICLISH; los Pagán, PATOS; LOS TABLACASACA, los Remuzgo; ; CAPACHONES, los Minaya, para citar sólo unos cuantos. TETERONES, los Tello (El menor de los Tello fue el más bravo, primero le llamaron  “Teterita” por ser el menor pero más tarde le cambiaron a “veneno” porque era muy revoltoso. Un día le pegó al suboficial pre militar. No lo votaron porque el militar retiró la denuncia. Ahora es abogado.

Uno de los más particulares apodos que conocí le correspondía un muchacho del barrio que tuvo la mala suerte de haber nacido con un dedo de más en la mano izquierda, encima del pulgar. Le decían SIX, en referencia a sus seis dedos. Este muchacho sufría porque su familia creía a “pie juntillas” que el haber nacido así le traería mucha suerte; lógicamente a él le importaba un bledo la creencia porque lo hacía sufrir. El apodo lo acompañó muchos años. Un día, después de meses de ausencia, se presentó a la sesión que tenía el Atlético Banfield Club, muy bien trajeado, con la esperanza de que por fin podría ser socio de la institución. En un determinado momento armándose de valor hizo un ofrecimiento espectacular. Regalaría los uniformes y dieciocho buzos deportivos a los jugadores del equipo. La propuesta originó un grito general de:

— ¡¡¡ Buena… “Six”!!!…- De inmediato, como zafándose de una larga pesadilla de años, se quitó el guante que cubría su mano defectuosa y mostró que ya el sexto dedo no existía y, con una voz de reproche largamente guardada y enseñando la cicatriz de su desaparecido dedo, dijo:

— ¡¿Cuál… six?!…- y enseñaba triunfante su manita limpia. Repuestos de la sorpresa, los muchachos gritaron..

— ¡ ¡ ¡ Buena… ex – Six!!!…

El muchacho, indignado por no haberse podido despegar del apodo que lo atormentaba, se retiró de la sala mentándonos a la autora de nuestros días; desde entonces lo dejamos de ver en el barrio. Claro, parece que los seis dedos le habían traído suerte porque casó con una chica que era hija única de un panadero que tenía muchas propiedades y lo acogió con mucho cariño. Él a partir de entonces, ejerció el cargo de Gerente e hizo prosperar el negocio. Lo que lamento es que aquella temporada, otro equipo del barrio, lució el hermoso juego de buzos que tenía como destino a nuestro club de apodadores. Lástima.

Los negros, especialmente dentro del deporte, también son numerosos: “Negro” Alfaro, “Negro”  Remigio Sánchez; “Negro” Gamonal, “Negro” Luquillas. Cuando nació el Unión Minas, la mayoría eran negros.

Un back que dejó escrito su nombre con caracteres indelebles en el historial del fútbol cerreño, es nada menos que Félix Rivera a quien apodaron “Trueno” por su juego recio y relampagueante que todos aplaudimos; especialmente cuando defendía con entereza los colores de la selección de Pasco. Sus primeros pasos deportivos los dios en el Colegio de Yanahuanca donde lo vio jugar don Nilo Manyari De la Cruz, emblemático director del colegio Carrión de entonces. Él lo llevo a filas carrioninas donde dio muestras de su enorme valía. Era además un inquieto hombre de avanzada que estaba presente en mítines concentraciones y asonadas, haciendo escuchar su voz. La policía lo tenía “marcado” porque en cuanto se suscitaba una asonada lo apresaban y retrataban con montones de dinamita y mechas y fulminantes. Lo hacían aparecer como “Terrorista”. Él nunca lo fue. Cuando todo volvió a la normalidad, el pueblo lo eligió para Presidente del Gobierno Regional de Pasco. Acaba de finalizar su gobierno. La Historia lo juzgará.

Las cantinas cerreñas fueron laboratorios en los que se cocinaba los apodos de los miembros de la comunidad entre risotadas y chascarrillos justificativos. Las cantinas, por otra parte, contaban también con el privilegio de contar con su correspondiente remoquete: “La trompada gratis”  reunión de gentes de pocas pulgas que en todo momento armaban estentóreos trifulcas en las que volaban vasos y botellas por doquier, amén de mesas y sillas, hasta que tenía que intervenir la policía para poner fin al escándalo.  Finalmente, los dueños del bar tuvieron que fijar con remaches, mesas y banquetas para evitar que siguieran sirviendo de objetos contundentes durante las peleas. Los vasos eran de plástico para no herir a los camorristas.

Las otras tabernas, también tuvieron sus apodos inconfundibles: “Aquí me quedo”, a la salida de la ciudad; límite entre Chaupimarca y Yanacancha. “La Frontera”, “El Aguajal”, “El Come”, donde atendía la guapa cerreñita llamada Maura; “La Limeñita”, “La teterita”, “El Pulmón”; “El Corazón”. “El Arrabal”, es una cantina que merece especial mención. Estaba atendida por una preciosura. Se llamaba Gloria y por su buen ver y su simpatía apabullante, llegó a sorberle los sesos a uno de mis más caros amigos que jamás le interesó perder enormes sumas de manos de la belleza que también era experta en “Cachito”. Los muchachos del Unión Minas, después de cada partido recalaban en el “Arrabal”  donde jugaban cachito, bebían sus chelas, cantaban y lo demás.

En un pueblo extremadamente varonil en el que se tiene por ley estricta el tener numeroso hijos, era mal visto y motivo de burlas de mal gusto el referirse a quienes no los tenían. Se decía que eran “Shegue” Leche, es decir, leche aguada por que no podía cuajar. Los estériles, tanto hombres como mujeres, sufrían el desprecio y las burlas punzantes de amigos y compañeros de trabajo. El machismo va a extremos de llamar “sagra tetera”, a quien sólo tiene hijas mujeres y no varones; es decir, a los “chancleteros”. Yo creo que el apodo no necesita traducción ni explicación alguna.

Les llamaban “Chula huevo” a los que, por accidente u operación quirúrgica habían perdido uno de los testículos. Tal es el caso de “Capón” Ramos, notabilísimo jugador del “Unión Minas” de Colquijirca que, en una pelea con un rival de amores tuvo la mala suerte que su contrincante le seccionara uno de los testículos de salvaje dentellada. A un hablador y fantasioso, mal visto por todos le decían “Caracol” por cornudo, arrastrado y baboso.

El machismo minero se manifiesta especialmente en tener varias mujeres con las que se convive simultáneamente, es decir, varias amantes que aquí se las denominan “queridas”. Muchos de los amantes cerreños justifican sus apodos como el “Ishcay chola Morales”, (es decir, que tenía dos cholas); cholo dicharachero, guitarrista, cantor y enamorado que, gracias a su prodigalidad amatoria se daba el lujo de convivir con dos cholas al mismo tiempo que, cosa curiosa, compartían la misma casa y ambas tenían sendos hijos del cholo amador. Jamás hubo ni una desavenencia entre ellas. Felices y contentas criaban a sus hijos y vivían felices con el generoso y cumplidor marido.

Por el contrario –cosas de la vida-  en la mina había un cholo recio y aguantador como pocos, hablantín y camorrista como él solo. Cuando se reunía con sus amigos hacía alarde de su fortaleza y sobre todos de sus conquistas amorosas que hicieron pensar a sus amigos que se trataba de un soberbio garañón. Todas estas características, reales o inventadas, además de su aspecto de poderoso hombre de trabajo, le ganó el mote fanfarronero de: “El Toro”. Sus bravatas y exageraciones ya eran muy conocidas; sin embargo, un día conoció a una guapa huanuqueña que lo envolvió en las redes del amor –sus amigos decían que le había “achamicado”- y le hizo perder la soltería. El caso es que, durante más de tres años, la guapa huanuqueña no llegó a ver crecer su barriga, entonces los amigos, como lógica consecuencia, desengañados de su fanfarronería e impotencia cambiaron su apodo, de toro a simplemente “Opa Toro” (Toro zonzo). Y así se quedó.

Últimamente la historia se repite. Él es un cumplido trabajador minero, ella -su mujer- guapa y posesiva como pocas. Llevan ya varios años de casados y nunca alumbró la mujer. Han tenido que resignarse a su suerte adoptando a varios niños a los que crían con mucho amor; pero a él le ha quedado su apodo: Muña. (Hierba aromática utilizado en la culinaria cerreña). Y le dicen muña porque ya “sólo sirve para darle gusto al chupe”.

Es de todos sabido que, con honrosas excepciones, en nuestra ciudad hay una buena cantidad de policías, investigadores, jueces y curas que han llegado a ejercer su profesión en cumplimiento de un castigo. Estos últimos –curas- especialmente los camorristas, borrachos y mujeriegos han sido tan numerosos que de tiempo en tiempo encontramos en las crónicas ciudadanas que el pueblo cansado de tanto abuso y malacrianza, lo montaron sobre un burro y arrojaron de la ciudad cuando la autoridad eclesiástica se hacía de la vista gorda.

Estos curas, cuyo paradero era  el burdel, eran muy conocidos en la ciudad; aunque también, es justo decirlo, llegaron muy buenos servidores de Dios como el padre Severiano Rojas Lazo que estableció escuelas y refectorios para los niños pobres que hoy –ya adultos- lo recuerdan con reverencia. Entre estos últimos hay que recordar a un cura gigantesco que por su talla y su fortaleza era apodado CHAZAN. Es decir, le habían puesto el nombre de un personaje de la serial de aventuras que con delectación contemplamos en nuestra infancia. Chazán era un ser mítico que al conjuro de su nombre, un joven desvalido se convertía en poderoso defensor de la justicia y las causas nobles. El apodo le venía como anillo al dedo. En la ciudad fue muy conocido y querido hasta que por razones que ignoramos fue trasladado a Chacayán en donde residió por largos años y se convirtió en toda una institución. Hace unos días, aquejado de una enfermedad Chazán murió siguiendo a su nombre que ya había sido sepultado de la memoria popular hace una buena cantidad de años. El se llamaba Próspero Reyes Cortés. En tanto vivió mantuvo vigente su apodo célebre que apareció en una novela de Scorza: “Redoble por Rancas”.

Continúa….

Ni una menos 2

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One thought on “Los apodos en el Cerro de Pasco (Segunda parte)

  1. IMPRESIONANTE RELATO HISTÓRICO DE LOS APODOS CERREÑOS DEL AYER QUE PERDURA HASTA NUESTROS DÍAS ACTUALES. MAGISTRAL DESCRIPCIÓN DE PERSONAJES. CERREÑOS. QUE DEJARON HUELLA EN EL LIBRO DE LA EFEMÉRIDES DE LA VIDA NACIONAL NUEVAMENTE TENGO QUE RECONOCER EL GRAN TRABAJO CULTURAL EDUCATIVO PATRIÓTICO DE LOS DIFUSORES Y REEDUCADORES DE LA HISTORIA DEL CERRO DE PASCO
    DIOS,LES BENDIGA SIEMPRE.

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