EL “CAMPO HUAYLAS”

Es una hermosa danza que se caracteriza por alegre y vistosa; una de las más hermosas danzas pasqueñas. Su cuna, el hermoso pueblo de Vilcabamba desde donde se ha irradiado a todos los pueblos de la hermosa quebrada de Chaupihuaranga.

Llegados los carnavales se baila durante cuatro días y una noche en la plaza principal de cada uno de los pueblos de la abrigada quebrada. Su nombre deriva de una costumbre ancestral: la fiesta la ofrecen los “campos” salientes a los “campos” entrantes en marco de alegre repique de campanas. No es para menos. Es tan arraigada que si por una razón u otra los salientes no organizan el homenaje a los entrantes, lo efectuará el Presidente de la Comunidad. Pero, en todo caso, el pueblo participará corporativamente.

Los “Campos” –de arriba a abajo- son los hombres investidos de plena autoridad para velar por el orden estricto en las labores del campo, especialmente en lo que a sembríos y labores pertinentes a las chacras se refiere; para mantener y mejorar los caminos que conducen al pueblo; para la construcción de locales comunales, para evitar los daños y robos de animales resguardándolos de los abigeos; para una labor lindante con lo policial y la administración de justicia. Cada vez que lo requieran, convocarán al pueblo mediante los bandos correspondientes que se hace conocer con redoble de tambor y tañido de trompeta.

La elección de estos valiosos elementos de la sociedad se efectúa así. El primer día de cada año -día de Año Nuevo- todos los comuneros se reúnen en la plaza principal del pueblo bajo la dirección del Presidente del Consejo de Administración de la Comunidad, luego se nombra dos VARAYOCS -uno para sementera grande y otra para sementera chica- de inmediato nombran al Alcalde de Campo que estará acompañado por ocho o diez auxiliares de campo; luego al Mayor de Campo y sus Regidores Campos; éstos eligen a sus Alguaciles Campos. Todos estos son elementos principales para el progreso del pueblo y son los hombres con sus respectivas mujeres, los que realizan la sin par fiesta carnavalesca que por esa razón llevan el nombre de “Campo-Huaylas” (La fiesta de los “Campos”).

Naturalmente que para los días de jolgorio se han precavido de cumplir algunos pasos necesarios, como la acumulación de leña con su trozada respectiva; la preparación de chicha en suficiente cantidad; el beneficio de los animales que habrán de sustentar la alimentación de los bailantes; la contrata de una extraordinaria banda de música que animará toda la fiesta.

Para el día central, todos los “Campos” alquilarán sus alhajas y sus varas. Estas varas de gobierno están adornadas con incrustaciones de plata para blandirlas durante toda la danza como demostración de la autoridad de la que están investidos. Ellas estarán emperifolladas con sus catas de lana que cubren sus blusas claras y polleras de color. Sombreros de lana orillados con variopinta guarnición de vistosas flores frescas. El cuello rodeado de abundantes serpentinas de colores. En una de sus manos portan un chicotillo y algunos en la derecha, una botella de trago que repartirán a lo largo del jolgorio. Todas llevan sus  canastillas adornadas de flores y frutas frescas. Todos llevan los rostros pintados de harina del juego de carnaval. Ellos, gallardos con sus ternos oscuros, camisa clara y corbata, todos con su alijo de serpentinas colgándole del cuello. El torso lo llevan cruzado, de derecha a izquierda, por una cadeneta metálica, artísticamente trabajada, con incrustaciones de piedra y; de  izquierda a derecha una cinta con los colores patrios.

La coreografía es vistosa, alegre y variada. Hombres y mujeres se desplazan en cuadrilla a lo largo del recorrido. Giran una y otra vez, pero siempre acompasando su avance con los brazos en alto y con golpes enérgicos. Los hombres con sus varas adornadas y las mujeres con sus botellas y sus cestas de flores. Una de las variedades consiste en reunirse tres parejas que danzan en giros y así llega una mujer que lleva el trago y los hace bailar.

Dos tres o cuatro pares y se detienen al ritmo de la banda y mueven las cabezas de un lado para otro, enérgicamente, al compás de la música. A medida que bailan, tanto hombres como mujeres, emiten sonoros guapidos  de alegría.

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