Reportaje a don Víctor Rodríguez.

Tema: Educación

(La grabación magnetofónica de esta entrevista se halla en el archivo de Radio Corporación de don Humberto Maldonado bajo el rubro de REUNIÓN FAMILIAR: Tema Educación. Fecha 6 de julio 1957)

Reportaje a don víctor gutierrezAprovechando de su estada en nuestra ciudad hemos querido conversar con don Víctor Rodríguez Bao, distinguido periodista trujillano que hace muchos años reside en el bello pueblo de Yanahuanca; en Huirín para ser precisos. Está ligado a nuestro pueblo por las múltiples vivencias que le cupo tener en nuestra ciudad durante su prolífica estada. Amigo entrañable de don Gerardo Patiño López es testigo especial de la historia de nuestra ciudad. De todas aquellas experiencias hemos querido tocar un tema hasta cierto punto tabú: La educación. ¿Qué puede decirnos al respecto, don Víctor?

  • Creo que este es un tema que va a originar urticaria a más de uno por lo que voy a decir: El Cerro de Pasco, no obstante ser el pueblo que más aporta al erario nacional, incomprensiblemente es el más postergado desde mucho antes.
  • ¿Por qué, don Víctor…?
  • Por la indiferencia de sus gentes…
  • ¿Cómo se explica eso…?.
  • Mire usted. A unos –los pobres- porque no tenían cómo hacerlo y otros –los ricos- porque no les daban la gana. Me explico. Los pobres se conformaban con lo que ganaban. No necesitaban más. Los ricos porque tenían asegurado su futuro. Sus fondos económicos depositados en los bancos se lo garantizaba; además sus minas, haciendas o comercios eran su garantía para el futuro… Como conclusión se llegó a establecer la costumbres de “Dejar hacer, dejar pasar”. Que todo quede tal como está.
  • Quiere decir que, ¿Estaban contentos con lo que eran y con lo que tenían?
  • Todo lo tenían a la mano, sólo había que extenderla. Pero cuidado; mucho cuidado. Hubo en la ciudad una excelente calidad de jóvenes que estaban conscientes de lo que querían…!. Eran pocos, pero brillantes. En este grupo podemos señalar a Gerardo Patiño, Ambrosio Casquero, Andrés Urbina, Arturo Mac Donald, Lorenzo Landauro….. Estos jóvenes, inconformes con el vuelo cultural de nuestra ciudad decidieron “mottu proprio”, es decir de propia voluntad, prepararse a sí mismos sin ayuda alguna. Fueron auténticos autodidactas.

  • ¿Y, los otros…?
  • Aquí, claramente había dos grupos. Los inquietos y los indolentes. Los primerosReportaje a don víctor gutierrez 2 fueron enviados por sus padres a estudiar en colegios secundarios de fuera porque nosotros no los teníamos: Huánuco, Lima, Jauja, Tarma. Los más aprovechados y pudientes, claro está, al terminar secundaria fueron enviados al extranjero. Citamos a algunos. Don Elías Malpartida Franco, que llegó a ser vicepresidente de la república, prefecto de Lima, Alcalde de Lima y, muchas veces, congresista nacional; Teodomiro Gutiérrez Cuevas, mayor de nuestro ejército y paladín de las luchas a favor de los campesinos; el doctor Gerardo Lugo, alto magistrado del poder judicial; el doctor Fabio Mier y Proaño, excelente médico y el único que en aquellos tiempos se preocupó por la educación de nuestro pueblo; el doctor Sebastián Estrella Robles; notable jurisconsulto y destacado periodista; nuestro máximo exponente de inteligencia y valor, Daniel Alcides Carrión; Luis Fabio Xammar, poeta y escritor, magnifico profesor universitario; el genial dibujante Evaristo San Cristoval y León; Mariano Arredondo y Lugo, notable militar; Sebastián G. Benavides; Julia e Isabel Rivera Woolcott, excelentes maestras cerreñas; doctor Raúl Picón Reyes, Dionisio Rodolfo Bernal…
  • ¡Hay buen número, don Víctor…!
  • Eso que faltan mencionar a muchos más; perdóname por lo medrado de mi memoria..
  • ¿Y, los otros…?
  • Ah, esos son los “hijitos de papá”. Indolentes, pendencieros, busca líos, engreídos como no se ha visto en el mundo.
  • Cuéntenos de ellos, don Víctor…
  • Esta era una cáfila de seres indolentes y engreídos que colmaron la paciencia de autoridades y familias respetables de aquellos días. Como tú sabes, cuando los extranjeros llegaron a nuestra tierra, no sólo se hicieron de gran cantidad de valiosas minas sino que entraron para “adueñarse” del pueblo. Se apropiaron del gobierno local e instituciones tutelares. Ellos fijaban autoridades y funcionarios a su gusto porque, de acuerdo a la constitución eran los NOTABLES DE LA CIUDAD. Los que decidían el destino de su sociedad. Esto bien lo sabían los hijos que quisieron gozar de aquella franquicia.
  • Háblenos de ellos, don Víctor…!
  • El caso es que estos sujetos, conscientes de su atractivo físico –Todos eran altos, blancos, bien plantados como buenos hijos de europeos- quisieron explotar al máximo su apariencia para lo cual hacían ejercicios en el gimnasio del italiano Paolo Merello donde aprendían los escarceos del box; asistían a las numerosas escuelas de baile que funcionaban en nuestra ciudad. Se convirtieron en grandes danzarines expertos en One Steep, Two steep, Fox Trot, Bougui Bougui, Charleston y otros sofisticados bailes de la época. Eran unos figurines. Verdaderos Dandys. Cuidaban de su vestir a extremos increíbles. Lucían sus ternos Oxford de telas inglesas, camisas, corbatas y calcetines finos. Para eso en la ciudad había una interminable cantidad de sastres –treinta y cinco- y elegantes bazares que los vestían.
  • ¿Y sus conocimientos respecto de los ámbitos de la cultura…..?
  • Bueno eran sofisticados y se defendían como podían sin llegar a ser especiales en ese renglón. Para esta actitud contaban con el apoyo de sus padres que los engreían demasiado. Esos tipos jamás iban a aceptar que se abriera un colegio en nuestra ciudad porque no querían ser esclavos de la educación. Querían hacer una vida disipada y libre.
  • ¿Y los padres de estos libertinos…..?
  • Naturalmente coadyuvaban con sus engendros porque no querían ganarse Cómo sería esta alcahuetería que –te cuento- una noche en el Hotel Universo donde se reunía lo más granado de la ciudad, un amigo le preguntó a don Apotino Fuster –un viejo millonario que reventaba de plata- si pensaba en enviar a su hijo a estudiar a Lima o al extranjero. El viejo se amoscó. Y con cara de pocos amigos, preguntó: ¿Para qué? Bueno, don Apotino, para que sea profesional, le respondieron. ¿Eso en qué tiempo se logra?- preguntó el ricachón. Le contestaron que sumando el tiempo de cinco años en  primaria, cinco en secundaria y cinco en la Universidad sería un profesional.
  • Quince años para una buena profesión. Apotino los miró de mala manera y sacó su cuenta. ¿Quince años para una profesión? ¿Quince años cojudeando para un simple cartón? ¿Cuánto gana un médico…?.
  • Puede ganar unos mil soles. Ah, carajo, ninguno de mis hijos va a cojudear tanto tiempo para esa miseria. Para ellos eso es una simple propina. Fácilmente pueden hacer mucho más dinero en las propiedades de su padre. Así que no hay que perder el tiempo en monsergas. Salud. Cortó.
  • ¿Ese era el criterio que primaba en aquellos tiempos?.
  • Así es. Llegaron a extremos inverosímiles que se vieron envueltos en un asesinato de la conocida familia Gamboa. Cuando al final se descubrió por narración arrepentida, se descubrió que eran cerreños hijitos de extranjeros que llegaron a ese execrable asesinato que todo el mundo condenó.
  • Sí, he tenido la ocasión escribir sobre este asesinato en mi “Crónica Roja” después de entrevistar a las personas que mucho tuvieron que ver en las indagaciones preliminares…
  • Lo he leído con mucha atención. Has sabido narrar los hechos con una gran precisiónReportaje a don víctor gutierrez 3 que bien ha merecido ser publicados.
  • Bueno, los tales elegantes, eran terribles.
  • ¡Claro! No sólo eso. Acosaban y mortificaban a quienes querían salirse de ese status. Trataban de hacerlos “quedar mal” y le ponían apodos denigrantes….
  • ¿Cómo fue eso….?
  • Por ejemplo, el joven Dionisio Rodolfo Bernal que era muy amante de las lecturas y tertulias, le decían. “Wagra Botas”
  • ¿Por qué…?
  • Porque para protegerse del intenso frío y las nieves sempiternas de nuestra tierra, usaba polainas de cuero lustroso sobre abrigadoras medias de lana. Sus piernas parecían protegidas por los cuernos de los toros…
  • ¿Y él, que decía…..?
  • ¡Qué va a decir? Soportaba la afrenta y seguía adelante. Con el tiempo se convirtió en escritor e investigador. Su mejor libro es la MULIZA. No sólo eso, enamorado de la historia del mundo llegó a ser cónsul del Perú en varios países del mundo: Japón, India, China, África….¿Donde no habrá estado nuestro “Wagra Botas”?. En cambio los mequetrefes locales, seguían con su rutina de joder a los estudiosos porque les fastidiaba.
  • ¡Qué tal impertinencia….!
  • Otro que recibía sus pullas, no obstante ser de su ralea, era el genial Lucho Remuzgo, descendiente de croatas. Le decían “Tabla casaca” porque, siempre usaba un saco de cuero muy duro que parecía de madera, para protegerse del frío; por eso le clavaron lo de “Tabla Casaca” pero ninguno de esos “dandis” de dos por medio podían parangonarse  con Remuzgo que fue un extraordinario músico. Dominaba el violín, piano, acordeón, y otros instrumentos con gran maestría. Nos amaneceríamos hablando de estos “talegones” que salvo su plata no valían un solo comino.
  • O sea que eran muchos a los que fastidiaban….
  • ¡Cómo le dolió que un muchacho talentoso y guapo como ellos, pero olvidado por su padre, tuvo que dedicarse a trabajar. El único puesto que encontró fue de mecánico. Entró decidido en ese mundo porque era muy inteligente. Los niñitos bien no le perdonaran que además de su pinta fuera un notable poeta, aclamado y querido por el pueblo. Se llamaba Arturo Mac Donald. Hicieron popular su remoquete de “Carca pecho” porque su mameluco de trabajo siempre estaba brillante de grasa; pero era un gran poeta y compositor.
  • ¿Con todos eran así…?
  • No, qué va. Los que los ayudaban o alcahueteaban eran muy bien vistos y gratificados por estos granujas. Los chinos de la calle del marqués por ejemplo. Eran los principales clientes de sus fumaderos de opio en donde era muy bien atendidos. En los burdeles, eran los vividores y manda más. Por otra parte tenían sus queridas. Muchachas que se avenían a ello por una pequeña recompensa.
  • ¿Y el resto…?
  • No todos los querían. Aunque a ellos no les importaba. Una vez –por ejemplo- decidieron mezclarse con el pueblo vía los carnavales. Conformaron una rondalla que se disfrazó a imitación de las tunas españolas. No quisieron subir a los caballos para diferenciarse de los demás. Iban por las calles cantando sus huainos y mulizas con aceptación del pueblo, pero las chicas aprovechaban la oportunidad para pintarlos y mojarlos hasta dejarlos como sopas. Los “Cayena” –así se llamaban- sólo duraron dos años, al tercero se subieron a sus cabalgaduras, pero ya nadie les hizo caso.
  • Sí, muchos de los cerreños los recuerdan. Pero ¿Por qué ese nombre…?
  • ¿Por qué? En Cayena estaba la cárcel más aberrante del mundo donde se encontraban recluidos los más avezados delincuentes. Ellos querían imitar sus fechorías. El pueblo no les dejó.

 

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