PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (Cuarta parte)

La Santísima Virgen de Lourdes (11 de febrero)

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Cuando arribaron los inmigrantes franceses trajeron consigo la devoción por la Madre de Dios que se la había presentado a la niña Bernardette Soubirus en la localidad francesa de Lourdes. Los diarios locales magnificando el prodigio de las apariciones entre 1884 y 1852, reforzaron su vocación en nuestra tierra. Las damas de sociedad conformaron una congregación que tuvo notables consecuciones en beneficio de la clase necesitada. El logro que aumentó su popularidad fue la construcción de un altar muy especial en la iglesia Chaupimarca. Los artistas locales forraron interiormente la hornacina de su altar con abundantes piritas de plata refulgente, cuyas facetas emitían resplandores llamativos al reflejo de la luz. Era el más preciado altar de la iglesia. Allí la pusieron a Ella. Alta y hermosa con su límpida mirada, las manitas empalmadas, cubierta con una alba túnica que la cubre desde la cabeza y una cinta celeste aprisionándole la cintura; desde el brazo izquierdo un enorme rosario con cuentas de plata. Debajo, en actitud de reverente oración, la niña campesina santa Bernardita Soubirus.

Para darnos una idea de la manera cómo se celebraba aquel acontecimiento, citamos textualmente la crónica del 12 de febrero de 1905, aparecida en “El Minero Iustrado”, que dice los siguiente: “Con verdadera pompa se celebró la misa en honor de  “Nuestra Señora de Lourdes” en la iglesia de San Miguel de Chaupimarca, a devoción de la señora Julia Pastor de Peña. La hermosa gruta que forma el altar dedicado a la Virgen estaba adornada con profusión  de flores artificiales y multitud de luces, coronando su parte alta un hermoso monograma formado con focos de luz eléctrica. Lucía un hermoso bendón de raso celeste pintado al óleo por la señora Herminia P. de Yantscha. La misa fue celebrada por el R.P. Pacomio de la orden de los SS.CC asistido por los presbíteros Arrieta y Delgado. La parte musical compuesta de canto, piano, violín y flauta corrió a cargo de la señora Julia Pastor de Peña, señoritas Mercedes Wilson, Antonieta, Manuela y Josefina Peña y de los señores José L. Coloma; J. Hartmann y T. Balarín, quienes ejecutaron con gran maestría la magistral y clásica misa de Luiggi Bordese, hermosa composición digna de la majestad del culto divino. El panegírico pronunciado por el Vicario y Párroco doctor Merggeliza, estuvo a la altura de su sagrado ministerio, alabando la historia de Francia, estableciendo el sentido contraste que ofrece la nación de Carlo Magno, Clodoveo, Juana de Arco y las Cruzadas con la  República de hoy, hostil al sentimiento religioso”. Con el mismo entusiasmo con que los españoles festejaban a su matrona, los franceses hacían lo propio con fiestas especiales a partir del 11 de febrero de cada año.

Enterados que la Virgen había aparecido en los cerros de  Lourdes, los mineros que habían comenzado a erigir un enorme castillo metálico en la zona denominada “Huasca Cocha” -después de su desecación- a la entrada de la bocamina de la “Mining” por consenso lo denominan “Castillo de Lourdes” y  a la virgen nombraron su matrona construyéndole un altar a la entrada. Ella sigue siendo la amorosa y milagrosa matrona de los mineros. Por lo que sabemos, el nuestro es el único lugar donde se reverencia el recuerdo de la Virgen de Lourdes. Así lo hace notar la iglesia católica en sus publicaciones.

Continuará…..

 

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