Simón Bolívar Héroe de América (1783-1830)

RETRATO FÍSICO DEL LIBERTADOR

Presentamos, a continuación, los dos más acertados retratos de nuestro libertador de los muchos que circularon a través del tiempo

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“El General en Jefe Simón José Antonio Bolívar cumplirá cuarenta y cinco años el veinte y cuatro de julio de este año: manifiesta más edad y parece tener cincuenta años. Su estatura es mediana, el cuerpo delgado y flaco; los brazos, los músculos y las piernas son descarnadas. La cabeza es larga; ancha en la parte superior de una sien a la otra, y muy afilada en la parte inferior: la frente es grande, descubierta, cilíndrica y surcada de arrugas muy aparentes cuando la cara no está animada e igualmente en momentos de mal humor y de cólera.

El pelo es crespo, erizado, bastante abundante y mezclado de canas. Sus ojos que han perdido el brillo de la juventud, han conservado la viveza de su genio: son hondos, ni chicos ni grandes; las cejas son espesas, separadas, poco arqueadas y están más canosas que el pelo de la cabeza.

La nariz es proporcionada, aguileña y regularmente plantada. Los huesos de los carrillos son agudos y las mejillas chupadas en la parte inferior. La boca es algo grande, y saliente el labio inferior: los dientes son blancos y de risa agradable. La barba es algo larga y afilada.

El color de la cara es tostado y se oscurece más con el mal humor: en ese estado el semblante es otro, las arrugas de la frente y de las sienes son entonces mucho más aparentes; los ojos se achican y se encajonan más; el labio inferior sale considerablemente y la boca se pone fea.

En fin, se ve una fisonomía del todo diferente, una cara ceñuda que indica pesadumbre, pensamientos tristes e ideas sombrías. Contento, todo desaparece, la cara se anima, la boca es risueña y el espíritu del Libertador brilla sobre su fisonomía. La excelencia no lleva ahora ni bigotes ni patillas”.

(Del Diario de Bucaramanga, por Luis Perú de la Croix, quien conoció al Libertador y lo acompañó por algún tiempo).

OTRO RETRATO DEL LIBERTADOR

Su aspecto y su actitud eran los de un perfecto militar. De estatura mediana, muy flaco y de constitución física bastante raquítico; el bigote grande y negro, este, lo mismo que su abundante cabellera, comenzaba a encanecer (era 1824), pero le daban un aspecto marcial que estaba en manifiesta oposición con su voz débil y con su desmedrada figura. La cara decaída, oscura y quemada por el sol, comprobaba las fatigas que había pasado; mientras que la frente alta y la seriedad de sus modales inspiraban veneración, e involuntariamente se veía uno obligado a inclinarse delante de él, aunque no afectaba presunción ni despotismo. Así me produjo la impresión de un grande hombre, satisfaciendo en todo sentido la idea que nos habíamos formado de él, según las descripciones que nos habían hecho”.

(De un general del regimiento de Defensores de Caracas que, en un comienzo fue su edecán y amigo”