LA MUJER CONDENADA (Cuento)

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Esta era una familia campesina constituida por un pastor, su mujer y un niño recién nacido, que vivía en Quiulacocha. Un día que las provisiones escasearon en su pueblo, el hombre viajó al Cerro de Pasco a adquirir lo necesario. Encargó a su mujer que cuidara celosamente del niño y partiendo de madrugada prometió que estaría de vuelta al atardecer; sin embargo, sin proponérselo, demoró mucho en adquirir sus compras y cuando se aprestaba a regresar, se encontró con un grupo de amigos que le invitaron a beber. Tantos fueron los tragos que terminó borracho y dormido.

Entretanto, a la vera de la rieles del tren, su mujer esperaba iluminada por la luz de la luna. Largo rato estuvo oteando el camino cuando distinguió que por el sendero del pueblo, una mujer de largo sayal se acercaba con paso cansino. Compadecida de la pobre que parecía muy cansada, en la creencia de que se trataba de una peregrina, comenzó a llamarla a grandes voces con el fin de brindarle alojamiento. Al escucharla, la peregrina enfiló sus pasos hacia la joven mujer que la llamaba.

— ¿Qué hace por estas soledades, señora?…. De aquí al pueblo más cercano hay muchísimas leguas de distancia y ya es demasiado tarde. ¿No quiere quedarse conmigo?…. Yo le ofrezco alojamiento…

— Gracias, joven señora- contestó la peregrina con voz misteriosa.

— Pasemos a mi casa. Le prepararé algo de comer. Entre.

La joven mujer hizo pasar a la misteriosa caminante y como el niño que tenía en su regazo le impedía encender su bicharra, dio al niño a la peregrina con el encargo de que lo tuviera en sus brazos en tanto ella preparaba los alimentos.

Mientras la anfitriona se empeñaba en encender el fuego, oyó a su niño emitir dos gritos y luego quedar callado. En la esperanza de que ya se había tranquilizado siguió con la tarea y cuando todo estaba listo dio vuelta y vio que la peregrina tenía la boca empapada en sangre. ¡Se estaba comiendo a su hijo!..

Presa de terror arrancó lo que quedaba del niño de las manos de la extraña y salió corriendo desesperada con destino al Cerro de Pasco en busca de auxilio. Durante todo el trayecto no se detuvo para nada y al llegar a Chaupimarca, el cura le dijo que había sido víctima de una mala mujer que por convivir con su hermano había sido condenada a sufrir en martirio de una larga condena.

Muy poco tiempo después fue apresada cuando devoraba a otro niño por lo que fue quemada viva en el pueblo de Rancas. Sólo así se pacificó la zona.

 

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