El ALCOHOLISMO EN LA HISTORIA DEL PERÚ (Primera parte)

Magno Antenor Álvarez

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

bebidas-alcoholicas

Durante estos últimos meses hemos sido testigos de noticias lamentables sobre accidentes automovilísticos y homicidios: ¿las causas?, todas dan cuenta que se produjeron por personas en estado de ebriedad o personas que consumieron gran cantidad de bebidas alcohólicas en diversas actividades principalmente durante los fines de semana. Es así cuando el “problema” se hace masivo según las estadísticas, tan solo ahí nos preocupamos. Pero ¿a qué se debe el poco interés de las ciencias sociales y específicamente de la historia y la sociología para su estudio?; creemos que las razones son diversas, que a continuación abordaremos algunos aspectos.

Si bien es cierto este “problema” no es novedoso, ni característico de nuestra sociedad actual, sino que deviene desde épocas remotas, pues se sabe que nuestros antepasados consumían un tipo de bebida llamada chicha, que se obtiene a partir de la fermentación del maíz. Podemos mencionar que los primeros testimonios lo encontramos en las crónicas, solo por citar un ejemplo a Pedro Pizarro, uno de los que presenció de cerca los primeros días de la conquista y dio su impresión acerca de la sociedad peruana en su “Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú”, y sobre el tema que estamos tocando nos dice que las mujeres que habían decidido servir al sol se dedicaban “… en hacer chicha, que es una manera de brebaje que hacían de maíz, que bebían este brebaje como nosotros vino…” y sobre su consumo lo califica como un vicio y nos describe que, “… Estando borrachos tocaban algunos en el pecado nefando. Emborrachávanse muy a menudo, y estando borrachos, todo lo que el demonio les traía a la voluntad hacían”.

Pero hacia 1532 los europeos nos trajeron la caña de azúcar y la vid, y toda la tecnología del alambique para procesar y destilar el alcohol y fruto de ello nacieron el aguardiente (guarapo), el pisco y otras bebidas, y su venta se realizaban en las chinganas y pulperías, pero no podemos excluir la presencia de otros licores que llegaban por la importación y debido a su alto costo era el privilegio de una élite. Pero el consumo de las clases populares era abundante, es por ello que la lucha contra el alcoholismo comenzó en la época colonial y estuvo a cargo del clero, por disposiciones de los virreyes. El Arzobispo don Pedro Villagomes realizó esta tarea imponiendo penas de carácter religioso y en otros llegó a recurrir a los azotes y el destierro sin lograr éxito debido a las costumbres de pagar el trabajo de los indios por medio de la coca y el alcohol, y se oponían rotundamente a ella.

Llegada la República esto continuará y más aún desde el día de la proclamación de la independencia nacional el 28 de julio de 1821, donde durante la noche el general San Martín, inició el baile luego se comenzó a servir el ponche para el cual se utilizó 36 botellas de vino cartón, 18 botellas de vino de ron, 18 botellas de vino de cerveza, 24 botellas de vino generoso, 1 1/2 arrobas de azúcar y un peso de limón, sumando la cuenta a 100 pesos, adicionalmente se incrementaron 12 pesos por los vasos que se rompieron. Pero el “problema” fue más amplio, y para esto incurren en delitos, que por lo general debido a la ebriedad siempre están ligados a “fomentar escándalos y pleitos”, y a las “alteraciones del orden público”, donde se llegan a casos extremos de homicidios.

Para este período de las primeras décadas de la república contamos con algunos documentos del Archivo General de la Nación (A.G.N.), de la cual podemos extraer algunos ejemplos que nos permitan comprender el “problema”, así tenemos los autos criminales de doña María Dolores Santiago contra Don Antonio Rodríguez su marido pidiendo su divorcio por maltratos y dice :” … que en calificación de los hechos tengo producida la información respectiva y necesitando de ella para proponer mi demanda de divorcio ante el eclesiástico solicito se me dé un testimonio de todo el expediente íntegro para deducir con su mérito (en) cuanto a mi derecho convenga … mi marido ha sido tan bárbaro y atroz que difícilmente puede haberlo experimentado otra alguna mujer …” y concluye diciendo que “… aún así podía caber disimulo sino hubiese sido atemorizado de peores maltratos de lo que sufría, principalmente en las noches en que se recogía ebrio indigesto, y enfurecido, haciéndose el fin tan habitual este vicio que era un milagro verlo en su sana razón”. Confrontado Rodríguez a causa de las acusaciones y preguntado, “si tiene (la) costumbre de beber y (si) lo hace con tal exceso que le perturba la razón, y lo pone en miserable estado de embriaguez dijo: que lo usa un poco de vino burden, a la hora de comer, y eso en cantidad muy pequeña, y que sólo una vez advierte habérsele perturbado la cabeza por haberse excedido en concurrencia de otros amigos …” , pero finalmente se le pone en libertad al acusado gracias al testimonio de su empleado que declara a su favor, y la sentencia final califica que “no se hace relación de los hechos ni los dichos”, (A.G.N. Leg. No. 3, 24/01/1827).

Pero también se llegaron a casos extremos de homicidios como lo podemos ver en los autos criminales seguidos contra Felipe Zapata por haber asesinado a Simón Foronda, esclavo de la Hacienda de Maranga, que según testimonios del mayordomo y el caporal dijeron “… que lo mas que saben es que habiéndose levantado muy temprano tanto el (mal)echor (Felipe) como el difunto (Simón) ambos se robaron una botella de aguardiente y se la bebieron, en el galpón y cobrándole el difunto ocho o nueve reales que le tenía se fueron ambos a las manos y el dicho Zapata le metió una puñalada en el corazón. Todo esto aconteció en el galpón de otra hacienda y en circunstancias que toda la gente estaba durmiendo por ser día de fiesta…”. Luego se le condena a la pena de seis años de presidio, pero busca su libertad confesando haberlo matado y apelando que el homicidio fue “en defensa de su persona”, (A.G.N. Leg. No. 8, 18/12/1828).

Anstoßen mit MaßkrügenLas fiestas no pueden pasar desapercibidas, como un diario de la época nos describe sobre una tarde de corrida de toros y menciona que, “desde la una del día, la gente ha principiado a invadir las localidades los vendedores recorren desde esta hora el tablado ofreciendo sus vendimias por medio de pregones extravagantes todos los arcos de la plaza se ven ocupados por las cerveceras … (y además) … por todas partes se toma cerveza y aguardiente”(1), (La Zamacueca Política, Lima 20/03/1859). Pero para esta época no solo existe los licores ya mencionados sino hay una gran variedad de estos tanto nacionales e importados que podían comprarse en los diversos almacenes y tiendas, así podemos mencionar los vinos de Italia, Moscatel, Pedro Jiménez, Jerez dulce, Oporto, Catalán; y los aguardientes de Italia, de anís, puro o pisco, cereza y de chirimoya; como también los licores de menta, aguardiente de Ica, pisco de Italia, ron, entre otros; (gran parte de estos licores fue introducido y difundido por los inmigrantes italianos que formaban su pulpería), de igual modo la migración de los japoneses y chinos implicó la presencia de su licor llamado saké.

Frente a los desórdenes existentes se trató de frenar desde diversos medios, como son los Decretos, Leyes, Ordenanzas, o el Reglamento de Policía, que establecía en su artículo 114 que “será conducida a la cárcel cualquier persona que se encuentra ebria por las calles sin distinción de sexo, edad, estado ó condición: permanecerá en ella hasta que se le disipe la embriaguez, y pagará a mas una multa de uno a cuatro pesos”, (El Peruano, 15/01/1840). También la Constitución Política de la República Peruana (1822, 1826, 1834, 1839, 1856, 1860, 1867) declara que se podían perder el ejercicio de ciudadanía, “En los jugadores, ebrios, truhanes, y demás que con su vida escandalosa ofendan la moral pública”. La ley se daba pero no se cumplía, debido a que la venta de los licores había adquirido importancia por ser un “gran negocio”. Así hemos podido apreciar sólo algunos aspectos del siglo XIX (2).

Continúa…

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