El ALCOHOLISMO EN LA HISTORIA DEL PERÚ (Segunda parte)

Magno Antenor Álvarez

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

alcoholismo

Hacia fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, este “problema” parece tomar una mayor importancia, pues se publican diversos artículos en diarios y revistas, como también adquiere interés desde la perspectiva médica, dentro de ello contamos con la tesis de bachiller de Justo Telesforo, “sobre la fabricación del alcohol de caña y el alcoholismo en Lima”, sustentada en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1889. Otro de los exponentes que luchó contra el alcoholismo, con gran ímpetu, fue el sabio médico José Casimiro Ulloa, con la publicación de artículos como la “Falsificación de las bebidas espirituosas” (El Monitor Médico, 1886), también hablándonos de la prevención, “Otra faz del alcoholismo”, 1890; donde buscaba mejorar la calidad de los licores y tener cuidado en su fermentación y fabricación, pero llegando a conclusiones que el consumo exagerado del alcohol podía llevar a generar la locura.

En 1901, el Municipio de Lima convocó a un concurso para el mejor trabajo escrito, para combatir el alcoholismo resultando ganador el médico Manuel O. Tamayo, donde nos menciona la presencia de licores como el “ajenjo, anisado, bitter, ginebra, whisky, mistelas, old-tom y el ron de Jamaica”, y según sus datos en 1894 fueron detenidos en estado de embriaguez 3029 individuos, incrementándose en 1899 a 5820 y en 1900 a 6133; también resultaron ganadores Pedro Paz Soldán, Carlos B. Cisneros, entre otros. Durante los años siguientes se creó la “Sociedad Nacional de Temperancia” que funcionó en Lima durante los años de 1912 a 1920 que fue dirigida por Wenceslao F. Molina, Oscar Miró Quesada y otros, y formaron un órgano periodístico llamado “La Temperancia”, que era distribuida gratuitamente pero además dictaban charlas y conferencias.

El 11 de octubre de 1916 el Congreso dio la ley 2282 de enseñanza antialcohólica, pero debido a la imposibilidad de preparar el libro, el gobierno de José Pardo, convocó a un concurso nacional para lo cual da un decreto el 3 de febrero de 1917, resultando ganador el normalista y abogado don Luis C. Infante que redactó el, “Manual de Enseñanza Antialcohólica para las Escuelas y Colegios del Perú”, publicado en 1921, que solo se cumplió en los primeros años de su promulgación. El 9 de Noviembre de 1917 el mismo gobernante promulgó la ley 2431 referente a la venta de bebidas alcohólicas y su articulo único ordenaba: “prohíbase en el territorio de la República durante los días sábado y domingo”, pero debido a que los comerciantes burlaban las disposiciones el presidente Augusto B. Leguía en 1926 derogó dicha ley gracias a diversas gestiones realizadas por diversas agrupaciones en vista de inmoralidades comprobadas en la administración pública.

Luego de ello hubo diversos proyectos que buscaban la prohibición, fabricación, venta, transporte e importación de bebidas alcohólicas en todo el territorio de la República, pero ninguno de ellos tuvo efecto. Así llegamos a nuestra actualidad de la cual no somos ajenos y contamos con grandes fábricas cerveceras, y son quienes aportan más impuestos al Estado, e incluso aportan económicamente al deporte principalmente al fútbol; que el incremento de los impuestos a estos productos le llevan a un enfrentamiento con el gobierno, caso nada novedoso pues esto deviene desde el siglo XIX. Al margen de la cerveza existen otros licores de bajo costo y muchos de ellos adulterados que pueden producir la muerte por el uso del alcohol metílico que es exclusivamente de uso industrial.

Pero estamos tan inmersos con las bebidas alcohólicas que casi todas las actividades que se realizan no se salvan de la presencia de estos licores, en las discotecas, un cumpleaños, matrimonio, una fiesta patronal, aniversario, etc.; y no podía faltar en nuestras famosas polladas y en sus tarjetas -infaltables- anuncian, “Gran Pollada Bailable … y el bar estará surtido de la refrescante y deliciosa cerveza” y otras más llamativas como, “… y no faltará la riquísima rubia heladita”, en alusión a la cerveza. Pero esto no solo se da en las actividades, o que algunos la llevan en la sangre, sino también está presente en nuestras memorias, en nuestras canciones y la cantamos cotidianamente pues muchas veces sin darnos cuenta por la pegajosa melodía, y no hay genero musical que se salve, pues está presente en un huayno, salsa, rock, balada, con mas énfasis en los boleros y muchas otras, y en nuestra tecno cumbia, muy de moda durante estos últimos años, como la canción que popularizó el grupo Armonía 10, que titula “Me emborracho por tu amor”, que a la letra dice; “Que dolor me estas causando con tus engaños / hay amor mío, quiero olvidarte pero no puedo / por que te quiero con toda el alma, por eso yo / me emborracho por tu amor … Me emborracho por tu amor me emborracho en cada vaso que tomo se acaba mi vida …”. Frente a estas diversas peculiaridades el gobierno lanzó un spot publicitario radial y televisivo que decía, “si tomas no manejes y si manejas no tomes”, pero como siempre solo quedó ahí, en el olvido.

Como hemos podido apreciar, las bebidas alcohólicas la tenemos siempre presente y es tan cotidiana que somos incapaces de ver y aceptar como un “problema”, pero al margen de todo ello no estamos en contra del consumo de los licores, lo que si nos preocupa es su consumo en exceso (hasta perder la razón) y esto es lo que lleva a que se produzcan los accidentes automovilísticos, peleas, homicidios, que hacen daño a la sociedad. Finalmente estamos plenamente seguros y convencidos que este problema no va a cambiar ni ha de desaparecer, luego de haber visto su evolución podemos decir que esto continuará -tanto la producción (fabricación) y su consumo- por tener raíces muy profundas.

(1) La Zamacueca Política, Lima 20/03/1859

(2) Para mayor información sobre esta época, véase mi trabajo, “Embriaguez y Delitos: Aproximaciones para el estudio del alcoholismo en el siglo XIX”. Presentado al “IX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia”. PUCP, Lima, Octubre de 1999.

FIN……

 

 

 

 

 

 

 

El ALCOHOLISMO EN LA HISTORIA DEL PERÚ (Primera parte)

Magno Antenor Álvarez

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

bebidas-alcoholicas

Durante estos últimos meses hemos sido testigos de noticias lamentables sobre accidentes automovilísticos y homicidios: ¿las causas?, todas dan cuenta que se produjeron por personas en estado de ebriedad o personas que consumieron gran cantidad de bebidas alcohólicas en diversas actividades principalmente durante los fines de semana. Es así cuando el “problema” se hace masivo según las estadísticas, tan solo ahí nos preocupamos. Pero ¿a qué se debe el poco interés de las ciencias sociales y específicamente de la historia y la sociología para su estudio?; creemos que las razones son diversas, que a continuación abordaremos algunos aspectos.

Si bien es cierto este “problema” no es novedoso, ni característico de nuestra sociedad actual, sino que deviene desde épocas remotas, pues se sabe que nuestros antepasados consumían un tipo de bebida llamada chicha, que se obtiene a partir de la fermentación del maíz. Podemos mencionar que los primeros testimonios lo encontramos en las crónicas, solo por citar un ejemplo a Pedro Pizarro, uno de los que presenció de cerca los primeros días de la conquista y dio su impresión acerca de la sociedad peruana en su “Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú”, y sobre el tema que estamos tocando nos dice que las mujeres que habían decidido servir al sol se dedicaban “… en hacer chicha, que es una manera de brebaje que hacían de maíz, que bebían este brebaje como nosotros vino…” y sobre su consumo lo califica como un vicio y nos describe que, “… Estando borrachos tocaban algunos en el pecado nefando. Emborrachávanse muy a menudo, y estando borrachos, todo lo que el demonio les traía a la voluntad hacían”.

Pero hacia 1532 los europeos nos trajeron la caña de azúcar y la vid, y toda la tecnología del alambique para procesar y destilar el alcohol y fruto de ello nacieron el aguardiente (guarapo), el pisco y otras bebidas, y su venta se realizaban en las chinganas y pulperías, pero no podemos excluir la presencia de otros licores que llegaban por la importación y debido a su alto costo era el privilegio de una élite. Pero el consumo de las clases populares era abundante, es por ello que la lucha contra el alcoholismo comenzó en la época colonial y estuvo a cargo del clero, por disposiciones de los virreyes. El Arzobispo don Pedro Villagomes realizó esta tarea imponiendo penas de carácter religioso y en otros llegó a recurrir a los azotes y el destierro sin lograr éxito debido a las costumbres de pagar el trabajo de los indios por medio de la coca y el alcohol, y se oponían rotundamente a ella.

Llegada la República esto continuará y más aún desde el día de la proclamación de la independencia nacional el 28 de julio de 1821, donde durante la noche el general San Martín, inició el baile luego se comenzó a servir el ponche para el cual se utilizó 36 botellas de vino cartón, 18 botellas de vino de ron, 18 botellas de vino de cerveza, 24 botellas de vino generoso, 1 1/2 arrobas de azúcar y un peso de limón, sumando la cuenta a 100 pesos, adicionalmente se incrementaron 12 pesos por los vasos que se rompieron. Pero el “problema” fue más amplio, y para esto incurren en delitos, que por lo general debido a la ebriedad siempre están ligados a “fomentar escándalos y pleitos”, y a las “alteraciones del orden público”, donde se llegan a casos extremos de homicidios.

Para este período de las primeras décadas de la república contamos con algunos documentos del Archivo General de la Nación (A.G.N.), de la cual podemos extraer algunos ejemplos que nos permitan comprender el “problema”, así tenemos los autos criminales de doña María Dolores Santiago contra Don Antonio Rodríguez su marido pidiendo su divorcio por maltratos y dice :” … que en calificación de los hechos tengo producida la información respectiva y necesitando de ella para proponer mi demanda de divorcio ante el eclesiástico solicito se me dé un testimonio de todo el expediente íntegro para deducir con su mérito (en) cuanto a mi derecho convenga … mi marido ha sido tan bárbaro y atroz que difícilmente puede haberlo experimentado otra alguna mujer …” y concluye diciendo que “… aún así podía caber disimulo sino hubiese sido atemorizado de peores maltratos de lo que sufría, principalmente en las noches en que se recogía ebrio indigesto, y enfurecido, haciéndose el fin tan habitual este vicio que era un milagro verlo en su sana razón”. Confrontado Rodríguez a causa de las acusaciones y preguntado, “si tiene (la) costumbre de beber y (si) lo hace con tal exceso que le perturba la razón, y lo pone en miserable estado de embriaguez dijo: que lo usa un poco de vino burden, a la hora de comer, y eso en cantidad muy pequeña, y que sólo una vez advierte habérsele perturbado la cabeza por haberse excedido en concurrencia de otros amigos …” , pero finalmente se le pone en libertad al acusado gracias al testimonio de su empleado que declara a su favor, y la sentencia final califica que “no se hace relación de los hechos ni los dichos”, (A.G.N. Leg. No. 3, 24/01/1827).

Pero también se llegaron a casos extremos de homicidios como lo podemos ver en los autos criminales seguidos contra Felipe Zapata por haber asesinado a Simón Foronda, esclavo de la Hacienda de Maranga, que según testimonios del mayordomo y el caporal dijeron “… que lo mas que saben es que habiéndose levantado muy temprano tanto el (mal)echor (Felipe) como el difunto (Simón) ambos se robaron una botella de aguardiente y se la bebieron, en el galpón y cobrándole el difunto ocho o nueve reales que le tenía se fueron ambos a las manos y el dicho Zapata le metió una puñalada en el corazón. Todo esto aconteció en el galpón de otra hacienda y en circunstancias que toda la gente estaba durmiendo por ser día de fiesta…”. Luego se le condena a la pena de seis años de presidio, pero busca su libertad confesando haberlo matado y apelando que el homicidio fue “en defensa de su persona”, (A.G.N. Leg. No. 8, 18/12/1828).

Anstoßen mit MaßkrügenLas fiestas no pueden pasar desapercibidas, como un diario de la época nos describe sobre una tarde de corrida de toros y menciona que, “desde la una del día, la gente ha principiado a invadir las localidades los vendedores recorren desde esta hora el tablado ofreciendo sus vendimias por medio de pregones extravagantes todos los arcos de la plaza se ven ocupados por las cerveceras … (y además) … por todas partes se toma cerveza y aguardiente”(1), (La Zamacueca Política, Lima 20/03/1859). Pero para esta época no solo existe los licores ya mencionados sino hay una gran variedad de estos tanto nacionales e importados que podían comprarse en los diversos almacenes y tiendas, así podemos mencionar los vinos de Italia, Moscatel, Pedro Jiménez, Jerez dulce, Oporto, Catalán; y los aguardientes de Italia, de anís, puro o pisco, cereza y de chirimoya; como también los licores de menta, aguardiente de Ica, pisco de Italia, ron, entre otros; (gran parte de estos licores fue introducido y difundido por los inmigrantes italianos que formaban su pulpería), de igual modo la migración de los japoneses y chinos implicó la presencia de su licor llamado saké.

Frente a los desórdenes existentes se trató de frenar desde diversos medios, como son los Decretos, Leyes, Ordenanzas, o el Reglamento de Policía, que establecía en su artículo 114 que “será conducida a la cárcel cualquier persona que se encuentra ebria por las calles sin distinción de sexo, edad, estado ó condición: permanecerá en ella hasta que se le disipe la embriaguez, y pagará a mas una multa de uno a cuatro pesos”, (El Peruano, 15/01/1840). También la Constitución Política de la República Peruana (1822, 1826, 1834, 1839, 1856, 1860, 1867) declara que se podían perder el ejercicio de ciudadanía, “En los jugadores, ebrios, truhanes, y demás que con su vida escandalosa ofendan la moral pública”. La ley se daba pero no se cumplía, debido a que la venta de los licores había adquirido importancia por ser un “gran negocio”. Así hemos podido apreciar sólo algunos aspectos del siglo XIX (2).

Continúa…

LA HUELGA (Segunda parte)

la-huelga-2En el transcurso de aquel día la noticia se expandió: Leoncio Rivas, centro delantero de la Selección mina, era un vil traidor y vendido. Todo el mundo lo condenó.

¡¡¡¡Hay que desafiliarlo….!!!

¡¡¡Hay que declararlo persona no grata al Sindicato…..!!!!

¡¡¡ Qué persona no grata, carajo. Cojudeces. Hay que botarlo a patadas al muerto de hambre ése……!!!

Cuando Rivas salió a las cuatro de la tarde, se había hablado tan mal de él que a su paso algún hombre escupió y, todos los demás, lo miraron con odio tremendo. Pero Rivas no veía nada. Se le había clavado un presentimiento muy negro en el corazón y, ahora, apuraba el paso.

No se había equivocado.

Cuando abrió la puerta de su casa encontró a su mujer con los ojos hinchados de tanto llorar. En sus brazos sostenía al niño. Se acercó con miedo, cogió al niño y lo miró. Estaba yerto. Tocó sus manitas, su cuerpo intensamente amoratado. Estaba helado. Acababa de morir. Abrazó a su mujer y lloraron juntos…

Afuera nevaba. Todo el resto de la noche estuvo nevando. Colocaron el cuerpecito sobre una mesa rústica y encendieron dos velas para flanquearlo. Frente a frente se sentaron Rivas y su mujer, inmóviles, mudos, solos, desesperadamente solos, envueltos en la terrible soledad de su dolor.

  • No dejes la puerta abierta, Panchita. Está haciendo mucho frío…
  • No, Lionso. Tiene que estar abierta, sino ¿Cómo van a venir los vecinos……? – Hubo un largo silencio. Rivas quiso informarle a su mujer, pero calló. No lo habría entendido.
  • Cierra la puerta, Panchita. No vendrá nadie….

La mujer contempló largamente a su marido. Estaba acabado. Le parecía que en el transcurso del día se hubiera envejecido, ahora lo notaba. Ahora que tenía los ojos prendidos en el suelo o en el rostro amoratado de su hijo. No alcanzaba a comprender por qué no venía nadie a acompañarles en el velorio. Sintió pena, mucha pena y se puso a sollozar en silencio…¿Será lo apartado de la casa?…¿Será por la nevada?….Si del campamento minero se vería la luz. ¿¡ Es que no tenían alma…?!.Hubiera querido gritar su pregunta. Quiso interrogar a su marido, pero no se atrevió. Respetó su silencio y siguió llorando…

  • No estés llorando, Panchita, cálmate –rogó más que ordenó y miró a su mujer que ahora estaba más pálida que nunca. “Igualita a la virgen de los Dolores”, pensó, y siguió rumiando su dolor en completo silencio.

 A la mañana siguiente, sin haber pegado los ojos en toda la noche, se dispuso a salir como había llegado el día anterior. Su mujer le tomó del brazo y le miró…

– Ya no estés llorando, Panchita y, no llames a nadie. ¿Me oyes?. Hoy voy a trabajar “corrido”. Voy a salir a las tres para hacer los “Papeles”. A esa hora voy a traer el cajón…

– Ya, Lionso…ya…..¿No lo vamos a mortajar….?

– ¡¿Mortaja…?!….¡¿Para qué todavía, mortaja…?!.¿Envuélvele en un “pullo” no más y, no llames a nadie. Te harían desaire….

– Ya, Lionso….

Cuando llegó en la tarde, traía los “papeles” y un ataúd blanco bajo el brazo. La mujer siguió llorando…

  • Ya, Panchita, ya. Deja de llorar. Así será nuestra suerte, pues….
  • ¡¡Nadie ha venido, Lionso!!.- Rivas estuvo a punto de abofetear a su mujer por recordarle su desamparo, pero se contuvo. Tan mal estaba la pobre. Sólo la miró un rato.
  • El doctor me ha cobrado cincuenta soles por el certificado y me ha dicho que nosotros tenemos la culpa…- La mujer permanecía en silencio, sollozando, incontenible – ¡Ya es más de las cuatro y seguramente va a llover…¡Rézale algo a tu hijo porque lo voy a encajonar…!.

Tuvo que actuar con energía para cerrar la tapa del ataúd. La desesperación de la mujer en medio de tanto dolor cedió a la orden del marido. Rivas puso la blanca caja sobre sus hombros en el que previamente había colocado un poncho. No lo llevaría en el brazo. Él que se preciaba de haber llevado a su última morada a muchos hombres buenos, no haría ninguna excepción con su hijo. Introdujo en uno de sus bolsillos una botella de aguardiente de caña. Una angustia atroz estuvo a punto de hacerle llorar, pero se contuvo. La gente no debería verle llorar.

Salió de su casa y, con su cargamento de dolor, comenzó a recorrer el camino. Al pasar por el campamento notó que de las ventanas, negras y odiosas miradas, estaban clavadas en él. Pero no estaba solo. Detrás oía los pasos menudos de su mujer. Esas calles que tantas veces había recorrido con la sonrisa de felicidad se les presentaba ahora desiertas y hostiles. No podía calibrar la dimensión de su actitud. ¡¿Tan mal había hecho con ir a trabajar….?! No, no lo comprendía. Trató de no seguir pensando en su dolor, porque al hacerlo, una fuerte presión oprimía su pecho a punto de hacerle gritar.

Ya estaba llegando al local del Sindicato. Tenía que pasar por allí. Vio gran cantidad de hombres reunidos en sus inmediaciones. A medida que se acercaba los fue reconociendo. El “Shulo” Vivas, pequeño compañero de equipo que, al verle, le volvió despectivamente las espaldas. Sentía que las miradas se clavaban en su cuerpo, en su cara, en sus piernas, pero siguió caminando. Sus ojos se encontraron con los de Marcial Huari que miraba impávido el ataúd. ¿Qué estaría pensando…?. En otro grupo estaban, Ildefonso Blanco, Remigio Sosa, Almaquio Lagos, Cirilo Cuenca, Logio Ramírez, Estanislao Colquichagua, el “loco” Ampudia. ¿Cómo no reconocerlos, si tantas veces habían jaraneado juntos…?. Cuando éstos vieron a Rivas, sus miradas otras veces amables, ahora eran de odio y reproche. Todos esos hombres que en memorables tardes de triunfo futbolístico lo habían paseado en hombros, ahora hubieran querido matarlo. Todas esas miradas agresivas le hacían daño, estuvo a punto de bajar la cabeza para evitarlas, pero el peso de su carga le hizo reaccionar: nunca bajaría la cabeza delante de su hijo aunque estuviera muerto. A sus espaldas oía los insultos, escupitajos, blasfemias, pero siguió caminando, silenciosamente.

El cielo estaba amenazante gris. Una intensa cerrazón oscureció el paisaje. Subió Santa Rosa y llegó a la iglesia. A la puerta hizo descender el ataúd. Su brazo estaba entumecido.

  • ¡Llama al cura, Panchita….!
  • Ya, Lionso…

La mujer entró en la iglesia y salió con el cura que dijo una corta oración, asperjó agua bendita sobre el ataúd e hizo una señal de que había terminado. Gruesas y cargadas gotas de lluvia comenzaron a caer. Rivas volvió a levantar el ataúd. Miró a su mujer que había cubierto su palidez con un raído pañolón y, continuaron caminando. La lluvia comenzó a arreciar. Las gentes se guarecían en las veredas.

Rivas sentía que el camino se había hecho más largo que nunca; la lluvia se colaba por su cuello y por sus mangas haciéndole estremecer. Pensó en su mujer. Aguzó el oído ya que el chasquido de las gotas de lluvia al caer sobre el cajón no le dejaba escuchar bien, pero aún así logró oír el chapoteo de sus pies sobre los charcos que iba  formando. Siempre detrás de él, como en sus tardes de triunfo, como en los días de pago. Como cuando marchó de su pueblo por preferir su amor y desamparo sin hacen ninguna pregunta, sin ninguna objeción; sólo con su amor y la decisión de compartir su vida. ¡Cuánto había envejecido! Cuando la conoció, era muy hermosa; todavía lo era, pero ya se le había ido de las mejillas aquel color hermoso y natural de las mujeres de la sierra. Se sintió agradecido por la compañera admirable que iba detrás de él por los mismos surcos que el dolor había trazado. Recién cumplirían tres años de estar juntos y habían tenido mala suerte. Al nacer el niño a Pancha le sobrevino esa hemorragia que no la dejaba. Ahora debían operarla. Sintió una aflicción tremenda al pensar en esto, especialmente ante el recuerdo de su hijo que llevaban a enterrar. Si su hijo viviera….pero no; había muerto ante su impotencia de sacarlo del Cerro de Pasco. En este constante reto a la vida de sus habitantes, la agresión de la altitud y la crudeza del clima habían cobrado otra víctima más.

Al llegar a “Matagente” dejó el cajón sobre la hierba mojada y sacando la botella del bolsillo le dio a beber a su mujer. Ésta apuró un sorbo y tosió. Rivas hizo lo propio. Necesitaban calentarse. Cuando la miró vio que se había quitado el pañolón para cubrir el ataúd.

  • ¡Se está mojando mucho -argumentó.

Rivas se lo impidió. Cubrió el cuerpo de su mujer y siguieron caminando.

Llegaron a la puerta del cementerio. Estaba cerrada. Llamaron y salió un viejo cubierto con un costal. Abrió la puerta y recibió los papeles.

  • ¡¡¡Allá, al lado del mausoleo de los extranjeros, detrás de la capilla hay una lampa y un pico, entiérrenlo allí…!!! -dijo el viejo y corrió a guarecerse en su casucha. Rivas y su mujer entraron. Llegaron al lugar. La fosa no estaba abierta. Dejó el ataúd en la capilla y comenzó a cavar con todas sus fuerzas. La tumba se llenaba de agua a medida que era abierta. Cuando terminó, fue a la capilla a traer el ataúd. Se detuvo a la puerta. Su mujer abrazaba frenéticamente la caja llorando desconsoladamente. Sintió unas ganas terribles de llorar, pero se contuvo. La tomó en sus brazos y la apartó, entonces sintió que la cara de su compañera estaba roja y caliente, muy caliente. Hervía de fiebre. Se asustó.

De varias lampadas sacó el agua de la fosa. Puso el ataúd en el fondo y comenzó a echar lampadas de barro. A sus espaldas oyó que su mujer tosía, tosía muy fuerte y lloraba.

Un relámpago rasgó la oscuridad.

Rivas lloraba.

Con las lampadas de barro, sus lágrimas fueron cubriendo la tumba de su hijo.

FIN…

 

 

 

 

 

LA HUELGA

Peruvian miners protest in the streets in Lima

La decisión había llegado a ser unánime. Como la compañía se negara a dar solución al “Pliego” de aumento salarial, el Sindicato Minero, cumplido el plazo de ley, se declaraba en huelga general indefinida.

El Secretario General después de fustigar la política financiera del Gobierno y su olvido para con la clase trabajadora, terminó afirmando que la única solución al conflicto se conseguiría con el “Paro” indefinido. Una explosión de voces broncas aprobó la moción. Hermes Buendía, Secretario de Defensa, habló largo sobre los derechos del trabajador. Sus ojos se encendieron de un extraño brillo de odio contenido cuando se refirió a los “gringos”.

  • ¡Hay que enseñarles a esos explotadores “yankis” lo que vale un peruano! ¡Que sepan hoy más que nunca que estamos unidos como un solo hombre…!!!
  • ¡Siiiii…!!!!- imparable ola de voces aprobó lo dicho.
  • ¡¡¡Debemos mantenernos unidos, compañeros…!!!!
  • ¡¡¡¡¡¡¡ Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii….!!!
  • ¡Aquí no hay lugar para los traidores, vende patria….!!!!!
  • ¡¡¡Nooooooooooo….!
  • ¡¡¡¡No hay que permitir que ninguno nos dé las espaldas!…¡¡¡ Esta lucha es de todos y para todos!!!!
  • ¡¡¡¡Siiiiiiiiiiiii……!!!!
  • ¡Acabemos con los traidores…..!
  • ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…………..!
  • ¡Los compañeros de la Confederación del Centro, están listos para apoyarnos! Sólo están esperando nuestra última palabra. Nuestra palabra definitiva – Alejandro López Espíritu, se había subido sobre una banca para hacerse oír por la muchedumbre enardecida. Alzaba los brazos y gesticulaba con energía….-¡¡¡Ahora es cuando, compañeros….!!!!
  • ¡¡¡¡¡¡Síiiiiiiii..!!!!. ¡Ahora es cuando!!!!!

Hubo muchos oradores más que, encendidos, reclamaban unidad para la lucha. Más tarde nombraron los “piquetes de huelga”.

Todos los pormenores de la sesión llegaban nítidos a la mente de Leoncio Rivas. Aquel mar de sudorosos rostros cetrinos, curtidos, fieros y esperanzados, se le había clavado en el cerebro. Le parecía todavía sentir aquel calor sofocante y meloso que se pegaba al cuerpo, a la cara, a las manos, con acre olor a metal y a sudor.

Largo rato estuvo sumido en sus recuerdos hasta que una tos seca le hizo incorporarse. Se acercó y la cama y miró fijamente el rostro demacrado de su mujer. Sus ojos vidriosos tuvieron una respuesta de impotencia. Rivas quedó contemplando a su hijo que estaba al lado de su madre. Tres meses en un cuerpecito que luchaba frenéticamente por seguir viviendo. Oía la acezante respiración que ahora se hacía difícil, muy difícil. El médico le había dicho que era imperiosos sacarlo del Cerro, a Huariaca u otro lugar de menos altitud; pero… ¿quién lo haría?, si su pobre mujer se iba desangrando en una dolorosa continuidad que daba miedo. ¡¿Cómo podía ir ella, si ni moverse podía?! ¿Y, él?….. De hacerlo, correría el riesgo de perder su trabajo ahora que se había declarado la “Reducción de Personal” en la compañía. Hubiera querido darle algo de su vida cansada y amarga para que siguiera viviendo, pero una oleada de impotencia le arañó el alma.

Hubo un prolongado silencio.

  • ¿Pancha, sigue doliéndote? –concentró toda su esperanza en la pregunta
  • Sí, papá, sí – las lágrimas rodaron por su pálidas mejillas – No “para” la hemorragia, no “para”, sigue saliéndome sangre…y, no tenemos plata…
  • No importa, ya conseguiremos; pasado mañana va haber “abono”. Después de cobrar te llevaré a Huariaca con nuestro hijo para que te mejores…
  • Ya, Lionso…
  • Ahora duérmete, hijita, duérmete. Descansa. Ya saldremos de apuros…
  • Si, Lionso. Nuestro Señor no nos va abandonar –su voz sonaba lejana, extrañamente lejana; débil, como a punto de apagarse.

Aquella noche Leoncio Rivas no durmió. Las horas pasaron por sobre su dolor y desesperanza con la misma silenciosa continuidad con que la nieve caía afuera, cubriéndolo todo. Su monólogo interior, dramático e intenso, tenía un fondo martirizante en el continuo ronquido del niño y en esa tosesita pertinaz que le retumbaba en el alma. Afuera, se oía a veces el paso crepitante de algún hombre al romper la nívea igualdad de la nieve o el sacudirse el barro de los zapatos. A ratos, el roncar de los camiones pasando rumbo a Lima o a la montaña. Un frío penetrante como cuchillo se colaba por las hendijas de la puerta, de la ventana, del techo, calándole hasta los huesos.

Se revolvió en la cama.

Lentamente acudieron a su memoria algunos pasajes de su vida. Recordó a don Cupertino Huaylas Rocco. Aquel viejecito de edad indefinible que, muriendo cada día en las negras oquedades de la mina, ya tenía cubierta la cabeza por la blanca pena de los años. Cuántas veces se habían sentado a “chacchapar” en algún perdido recodo de las inmensas galerías subterráneas. Ya lo había dicho él con su rústica filosofía minera: “El Cerro de Pasco no es para cualquiera, hijaco. Esta es tierra de hombres, pero de hombres machos. Aquí la altura es cojonuda, y el frío nos ahoga poco a poco, apretándonos el pecho y, morados no más morimos, si no es  la tos de la mina la que nos remata…”.

Había visto desfilar la vida y la muerte a través de los relatos de don Cupertino Haylas Rocco. Por él aprendió mucho de la dura realidad de la vida. Ahora, en el negro encierro de su vigilia, recordaba estos relatos como si los hubiera vivido. Todos estos recuerdos y penas presentes se conjugaban haciéndole un bloque pesado que le apretaba la garganta. Toda la noche estuvo así, y con las primeras claridades, se calzó las “pacas” y se dispuso a volver a su labor. Su mujer despertó.

  • ¡Lionso….¿Te preparo tu desayuno….?
  • No, Pancha, no; si no, no te vas a mejorar. Así no más me voy. Del almuerzo tampoco te preocupes. Ya encontraré algo. Para ti te estoy dejando esta latita de atún y panes para que comas a las doce…
  • Ya, Lionso……
  • Frótale con enjundia de gallina a nuestra “guagua”. Ahora voy a hablarle a don Cupicho para que nos lo bautice….
  • Si, Lionso; tal vez por falta de bautizo también será…
  • Me voy, Panchita…
  • Ya, papá…

La intensa claridad de la nieve le hirió los ojos. Le sorprendió el silencio total de aquel camino. Diariamente a esa hora veía gran cantidad de obreros dirigiéndose al trabajo. La huelga había inmovilizado a todo el mundo. Él también debía “parar” como sus compañeros, pero no podía. ¡¡Cómo hacerlo si necesitaba dinero para operar a su mujer y salvar a su hijo!!!. Sintió miedo. ¿Qué dirían sus compañeros del nivel 400?. Seguramente que toda la galería estaría desierta.

A la puerta de Lourdes divisó un grupo de hombres con brazaletes rojos que lo miraban con una actitud de odio e interrogación. Él siguió caminando. El camino le parecía muy largo; el más largo que había recorrido en su vida.

Llegó al portalón de la mina.

  • ¡¡¡¿Qué pasa, compañero Rivas?!!!. No creo que usted sea un “amarillo”..¡¡El paro es general………..!!!
  • ¡¡¡¿Se ha vuelto usted loco?!!! –pregunta otro-

No contestó. ¿Para qué?. No entenderían.

  • ¡¡¡No lo dejaremos entrar, compañero; la huelga es general!!!.
  • ¡¡¡Claro, además, usted no es nadie para romper esta huelga…!!!

Los hombres gritaban con un odio tremendo en sus ojos

  • ¡¡¡Él está en su perfecto derecho de entrar si quiere trabajar. Nadie se lo puede impedir!!! – La voz sonó autoritaria a sus espaldas. Era el policía armado que formaba el grupo que cuidaba los interesas de la compañía.

Los hombres abrieron paso.

  • ¡Oye, Rivas. No hagas cojudeces, carajo. Fíjate-….
  • -¡¡¡Rivas…no seas traidor, carajo….!!!!
  • ¡¡Rivas….no sea huevón, carajo!!!!
  • Déjenlo al amarillo ese, compañeros. Por traidores como estos es que estamos: jodidos, carajo…¡¡¡Ya las pagarás, carajo. Recuérdalo!!!

Rivas siguió caminando. Sus botas le pesaban una enormidad. Cuando estuvo a punto de volverse atrás, el recuerdo de su hijo le hizo avanzar. A sus espaldas oía gritos….

  • ¡¡¡¡¡Maldito!!….¡¡¡Vende patria!!!
  • ¡¡¡Muerto de hambre…..!!!
  • ¡¡¡¡Traidor…….!!!

Continúa…

Mina Ragra, la mina pasqueña más famosa del mundo (Segunda parte)

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Nuestro entrevistado nos sigue contando: “Parte de mi trabajo en aquellos años era actuar de intérprete ya que habían cerca de 30 ingenieros americanos y sus familias en Jumasha. No se imaginan lo moderna y limpia que era la planta en ese entonces. Todo era nuevo: ventanas, oficinas con baño privado, y equipos automáticos con ojos y oídos eléctricos para controlar la maquinaria, que desgraciadamente se fue deteriorando poco a poco por que los trabajadores no sabían manejarlo. Finalmente el equipo automático tuvo que ser retirado, las ventanas se cubrieron de polvo, las paredes sufrieron la acción de los ácidos y las oficinas se desmantelaron para dar más espacio a la planta.

Reactivos

Se nos explico luego acerca de los dos reactivos que se usan en la planta: sal y ácido sulfúrico. El primero proviene de la mina San Blas, cerca de Junín y que pertenece al Gobierno. Desde el año 1949 la Vanadium tiene un contrato con el Gobierno por el que se compromete a proporcionarle sal industrial y doméstica, a cambio de extraer la cantidad necesaria para sus operaciones. En la planta se usan cerca de 15 toneladas diarias en plena operación.

El otro reactivo, ácido sulfúrico, es comprado a la CdeP y llevado a través del lago Pun Run en una lancha especial y luego bombeado a unos tanques en la planta. Utilizan un promedio de 250 toneladas al mes en pleno trabajo.

El Proceso de Lixiviación

Visitamos la planta y pudimos apreciar el proceso usado. El mineral, después de ser reducido a polvo fino, pasa a unos hornos de tipo rotatorio que son calentados a petróleo. La calcina que sale del extremo de los hornos pasa a un elevador de cadena con eslabones de cromo y cae en un tanque, donde se le añade una solución débil de ácido sulfúrico y agua. La solución pasa luego por una serie de tanques y filtros, en los que es clarificada y descantada, yendo finalmente a unos tanques de precipitación donde la solución hierve por medio de vapor y el vanadio se precipita al fondo. La etapa final consiste en filtrar la masa y extraerle la humedad en una secadora rotatoria, antes de ensacarla para su envío a los Estados Unidos.

“No sabemos porque el vanadio reacciona al proceso”, nos dice el Sr. Fiedler, “sólo sabemos que responde favorablemente a determinado tratamiento. En nuestro laboratorio, cuyo jefe es el Sr. Justo Alcántara, quien ha estado con nosotros por 22 años, efectuando constantemente ensayos. Muchos trabajadores han estado tanto tiempo en Jumasha que conocen a simple vista y tacto el mineral”.

En la planta de fuerza conocimos a otro antiguo trabajador, el Sr. Juan Davirán, quien nos mostró el local. Hay cuatro motores diesel que dan energía eléctrica durante la estación seca. Un pequeño lago arriba de Jumasha provee agua para las turbinas parte del año, y hay también dos generadores de 2.400 voltios conectados con los motores.

En nuestro recorrido por las instalaciones tuvimos oportunidad de conocer a varios antiguos trabajadores, entre ellos a Juan Ponce, Jefe del Taller Eléctrico que tiene 17 años en Jumasha y que trabajó antes para la CdeP; vimos también a Pablo Orna, bodeguero, y Juan H. Meza, cajero ambos con más de 20 años con la Vanadium.

La Vida en Jumasha

Pese a lo aislado que se encuentra Jumasha, cuenta con todas las comodidades de una pequeña ciudad. Hay campamentos para 1.200 trabajadores, mercantil y panadería, baños públicos, una escuela mixta hasta 5º año, y un hospital con capacidad para 20 camas bajo la dirección del Dr. Jorge Colina y dos enfermeros. Hay también un club social, dos canchas de fútbol, una de basketball y, según nos cuentan, se practica con mucho entusiasmo el atletismo. Todos los años se lleva a cabo una maratón Mina Ragra- Jumasha, ida y vuelta, con un recorrido de ocho kilómetros y una diferencia de altura de más de 1.000 pies. El Sindicato de Trabajadores de Jumasha, fundado en 1946, es uno de los más antiguos del Centro.

La larga caminata por la planta e instalaciones de Jumasha nos hicieron sentir los 14.230 pies de altura, de modo que regresamos al hotel a descansar un rato y revisar nuestros apuntes. En la noche nos dirigimos hacia una de las cinco casas para el personal directivo, a fin de conocer a cuatro de los seis niños Fiedler y averiguar más sobre Vanadium Corporation.

La Mina Ragra

A la mañana siguiente, que lucía brillante y despejada, nos encontramos listos para visitar la Mina Ragra (15.472 pies). En un inclinado de contrapeso, de 1.500 pies de largo y 35º de gradiente, subimos hasta lo alto de los cerros. La magnífica vista de Jumasha cubierta de nieve y el azul del lago, nos hicieron olvidar lo precario y rápido del ascenso. El Sr. Víctor Hugo Salcedo, Ingeniero de Mina y Seguridad, nos acompañó en el viaje y nos contó que había trabajado en la mina San Cristóbal cuando recién se abrió y más tarde en las cercanías de Huarón.

La segunda etapa de nuestra jornada hacia la mina la hicimos en un carrito fabricado en Jumasha y detrás de una pequeña locomotora. Después de nueve kilómetros de lenta y subida por montañas cubiertas de nieve, divisamos las instalaciones de la Mina Ragra, consistentes en un edificio para la chancadora y secadora, talleres y oficinas. El Ing. salcedo nos mostró luego el gran tajo abierto con forma de casco de un barco, de donde se había extraído patronita de la veta madre. Vimos también los túneles de los que se extrae ahora mineral de más baja ley llamado broza.

El sol había convertido la blanca de la noche anterior, en un espeso barro, que se pegaba a las botas cuando tratamos de subir a ver las instalaciones. Los campamentos para trabajadores se alinean en la ladera del cerro; cerca, la mercantil y la escuela y más lejos, el hotel y las casitas para el personal superior.

Regresamos hasta lo alto del inclinado en el mismo carrito, pero esta vez sólo usando la fuerza de la gravedad y descendiendo a gran velocidad.

En el embarcadero, la lancha “Aurelia” se encontraba lista para traernos de regreso a La Oroya. Con mucha tristeza dijimos adiós a nuestros amables anfitriones, que durante dos días nos habían brindado toda su hospitalidad.

(EL SERRANO, revista mensual de la Cerro de Pasco Copper Corporation – Setiembre de 1957).

FIN…

Mina Ragra, la mina pasqueña más famosa del mundo (Primera parte)

(De un reportaje publicado en EL SERRANO, revista mensual editada por la Cerro de Pasco Copper Corporation, correspondiente al mes de setiembre de 1957)

la-mina-ragraEnclavada en lo alto de los Andes Centrales está Mina Ragra, que por muchos años fuera el más grande productor de vanadio en el mundo y la única que produjo vanadio sólo, ya que generalmente se la encuentra acompañando al Uranio, aunque no en esta mina. Situada a más de 15.500 pies de altura, para llegar a ella hay que utilizar casi todos los medios de locomoción conocidos. Aunque no es la mina más alta de la zona, es tal vez la más aislada e inaccesible en toda la región.

Hace algún tiempo solicitamos permiso al Sr. Glenn Craig, Gerente de Operaciones, para visitar Jumasha, centro de operaciones de la Vanadium. Logramos efectuar la visita a principios de setiembre, antes de que empezara la temporada de lluvias y nos impidiera admirar el espectacular paisaje de la región. En Ricrán, estación del ferrocarril donde la Vanadium mantiene un hotel y depósitos a cargo del Sr. César Ponce, empleando con más de 35 años de servicios, recogimos a una guía para que nos llevara por el nuevo camino hasta Casa Laguna, embarcadero en el Lago Pun Run. Hace algunos años fue construido un ferrocarril de trocha angosta de 25 kilómetros hasta el lago, pero preferimos hacer el viaje por la carretera; lamentablemente una nevada nos impidió contemplar el famoso Bosque de Piedra a la izquierda del camino. Durante el viaje pasamos por la mina, planta y haciendas de Fernandini y cruzamos el Río Blanco donde abundan enormes truchas.

El Sr. Glenn Craig, antiguo conocido de Mahr Túnel, donde trabajó para la Volcan Mines, es ahora Gerente de Operaciones de la mina.

Vino al Perú contratado por la Vanadium Corporation of América, trabajando con esta firma desde 1942, con la excepción de un año con la Volcan Mines.

Seguimos por el estrecho camino hasta que logramos ver, entre la nieve, el embarcadero de Casa Laguna, donde la lancha “Aurelia” nos estaba esperando. Como no hay carretera hasta Jumasha, todo transporte se hace por el Lago Pun Run. La Vanadium posee para ello tres lanchas a motor, cuatro lanchones con tanque para petróleo y una para ácido sulfúrico, cuatro chalupas para mineral y materiales, y una chata para cargas pesadas.

El cruce del lago, de 15 kilómetros de largo por 5 de ancho, demoró cerca de una hora y al final logramos divisar Jumasha emergiendo entre la nieve. Fuimos recibidos por el Sr. Hugo Fiedler, Superintendente de Planta y Mecánica, su esposa Sra. Moraima Ruíz de Fiedler y el Sr. Boris Archipov, Secretario del Gerente de Operaciones y padre del Sr. V. B. Archipov que trabaja con la CdeP. “Si desean visitar la mina el tren está listo; demora cosa de cuatro horas”, nos dijeron, pero como a duras penas podíamos ver a través de la nieve, postergamos el viaje hasta que mejorara el tiempo y nos encaminamos hacia el hotel para saborear una reconfortante taza de café.

Los esposos Fiedler nos acompañaron y amablemente se dispusieron a contestar la avalancha de preguntas que teníamos.

“Somos tres generaciones de Fiedler en Jumasha. Mi padre Walter Fiedler, fue Gerente General en un tiempo, yo nací aquí y mis seis hijos forman la tercera generación”, nos dijo el Sr. Hugo Fiedler. “”El trío formada por Walter Fiedler, Robertson y Ch. Fritz, fue el que más tiempo estuvo aquí y por el año 30 construyeron la primera planta. Más tarde fueron gerentes los Sres. Altshuler y Alexander, y por último el Sr. G. Craig”.

“Comencemos por el principio” suplicamos, “¿Cómo empezó todo?”

El Comienzo

Rumores y leyendas cuentan que el distrito de Huayllay, donde se encuentran las propiedades de Don Eulogio E. Fernandini, estaba muy necesitado de carbón. Se encontraron algunas muestras que parecían carbón pero no ardían. El Sr. Rizo Patrón, químico de Fernandini, analizó las muestras y encontró que contenían 2% de lo que creyó era vanadio. Las muestras se enviaron a Alemania para ser analizadas y se confirmó la teoría del Sr., Rizo Patrón. El mineral se llamó “quisquita” y lamentablemente fracasaron todos los intentos de recuperar el vanadio. Rizo Patrón siguió explorando la mina y descubrió otro mineral de alto contenido de vanadio, el que más tarde lo llamó “patronita” en homenaje a su descubridor. Debido seguramente a las pocas relaciones del Sr. Fernandini con el exterior, se hizo muy poco progreso con el mineral y la mina no se desarrolló.

Por esta época, el Sr. James F. Flannery, quien usaba aleaciones de vanadio en su planta de Bridgeville, Estados Unidos, se enteró de la existencia de la mina de carbón en el Perú que se supone tuviese vanadio y envió al geólogo Sr. D. Foster Hewett a investigar. La mina resultó improductiva y ya el Sr. Hewett regresaba cuando el Dr. Bravo, de la Escuela de Ingenieros de Lima, le enseñó una muestra de patronita que le parecieron tan interesantes, que inmediatamente viajó a la mina. Como resultado de este viaje el Sr. Flannery compró la Mina Ragra a Fernandini, quien mantuvo el 10% de las acciones y el puesto de Director Gerente en la nueva compañía que se llamó American Vanadium Co. Hasta el año 1919 la patronita, conteniendo 35% de vanadio, era llevada en recuas de llamas hasta Ricrán y de allí enviada a los Estados Unidos.

En 1917 el Sr. Leonard Replogle formó la Vanadium Corporation of América, comprando los derechos de la mina a los Sres. Flannery y Fernandini, y contratando a la Foundation Co. para que construyera un ferrocarril de Jumasha a Mina Ragra. La mina se mantuvo en operación hasta 1923 en que tuvo que ser cerrada por una baja en los precios mundiales de metales.

“También construyeron una plata de flotación en 1929″, nos dice el Sr. Fiedler”, “pero no dio muy buenos resultados ya que el mineral no se adapta al proceso de flotación. El más adaptable para este tipo de mineral, es el proceso por lixiviación y el que se usó finalmente, fue desarrollado después de muchos estudios y experiencias”.

Nuevamente en 1930 el precio mundial del vanadio decayó considerablemente y la producción tuvo que ser paralizada hasta 1935, en que se construyó una nueva planta de lixiviación que empezó a producir tres años más tarde.

Aquí es cuando el Sr. Hugo Fiedler se inicia. “Comencé a trabajar a los 13 años, haciendo de todo en la planta y los talleres. Después de finalizar mis estudios secundarios en el Colegio Alemán en Lima, vine a Jumasha para aprender mecánica e ir luego a la universidad alemana. La guerra puso fin a mis esperanzas de una educación europea y estudié ingeniería mecánica por correspondencia”.

La guerra dio nuevo auge a la industria del vanadio y el Gobierno Americano otorgó un contrato a la firma Rust Engineering Company, para que construyera una nueva planta en Jumasha.

(Continúa….

 

AYAPOTO (Leyenda)

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Uno de los barrios más populosos y queridos del Cerro de Pasco, en tanto vivió, fue Ayapoto. La tradición popular nos refiere una historia un tanto fúnebre para explicarnos su origen.

En el promontorio donde se asentara el popular barrio, antiguamente residencia de gran parte de los servidores de la compañía minera, existía una capilla en cuyo altar principal, la martirizada cabeza de un Cristo doliente presidía el recogimiento de los fieles que por allí pasaban. Al lado de la capilla, siguiendo la vieja tradición española, se hallaba edificado el cementerio en cuyos confines se abarrotaban las cruces.

El tiempo implacable en su marcha, con el peso de las nieves, el azote de las lluvias, la cellisca, el granizo, las heladas, las ventiscas y el remezón de los truenos, se encargó de traer por los suelos el techo de paja y las paredes de barro apisonado de la capilla sepultándola toda, excepto, la sagrada efigie de Cristo que uno de los fieles –según se cuenta- la llevó a proteger en otra capilla: la de Uliachín.

Esto fue lo último que los creyentes hicieron por la capilla. El tiempo y los rigores serranos se encargaron de enterrar bajo el polvo a la ermita y a las quebradas cruces del cementerio, llegándose a borrar muy pronto todo vestigio.

Años más tarde, cuando por el impulso del progreso se comenzaron a edificar viviendas en el lugar para dar paso a los trabajos de minería, se vieron emerger a flor de tierra, los huesos de los difuntos que reposaban en toscos cajones de madera. Las calaveras de los muertos, “ayas” y sus recipientes, “potos’’ fueron los que determinaron el nombre del barrio más populoso del Cerro de Pasco: AYAPOTO. Lo que son las cosas. El “progreso”  minero ha hecho que, en la actualidad, ya nada quede de este histórico barrio. Tractores, cargadores frontales, camiones y explosivos lo han convertido en desolado paisaje.

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El campamento de Ayapoto en su mejor momento. Ahora nada de esto existe. Ha desaparecido