La juventud cerreña de aquellos días del prefecto (Cuarta parte)

la-juventud-cerrena-4Por su vivacidad e inteligencia lo llevaron a “Radio Rancas” donde demostró su valía que con entusiasmo y dedicación fue superándose hasta llegar a “Radio Azul” la primera emisora comercial de la ciudad. Aquí, no obstante su registro infantil de voz blanca -de niño- siguió triunfando. Un día cuando leyó un anuncio de catchascán con las figuras del Luna Park, llegados a la ciudad, se apersonó el inolvidable “Yanqui” que le dijo: “Oiga jovencito, dígale a la señorita que está leyendo estos comerciales que los aumente a cada hora”. Él se quedó de una pieza.

Humberto podía pasar horas enteras frente al micrófono sin un ápice de cansancio, organizar programas y animar presentaciones de la más variada índole; desde las catequizantes sesiones del “Profesor Castillo”, mezcla de gárrulo, predicador y nigromante, hasta lo más expresivos boleros de la inquietante “Pichusa”, fina como una muñequita; pasarse horas enteras en busca de noticias como ahora; pero su familia no está contenta: “Ya te has convertido en un hombre hecho y derecho, tienes que comportarte a la altura de las circunstancias” había pontificado su cuñado, el médico, con la aprobación de la viejita e “ipso facto”, para que el entusiasmo no se disipara, le encontraron una “pega” en el Banco Popular; pero la felicidad de la familia y su acatamiento servicial duró muy poco. Tuvo que chocar con los gritos destemplados, ademanes teatrales, desplantes y pataletas espectaculares del abusivo administrador del Banco.

En el cine “Grau” tuvo la ocasión de presentar personalmente a: Ernesto Castillo, intérprete destacadísimo del bolero que irrumpía con fuerza en el sueño de los jóvenes; nada tenía que envidiar a Fernando Albuerne, Nicolás Urcelay, Leo Marini, Gregorio Barrios y otros; a las hermanas Hilda, Amanda y Maruja Solís, extraordinarias cantantes que gozaron de la admiración general del pueblo, El Paisano, gran intérprete de tangos, acompañado de Orchán y Lactayo; a “Pepe” Bravo y sus guitarristas Víctor Romero y Víctor Rojas; a las orquestas Paredes, los Chavelanos, Andamayo etc. También presentó a Ima Sumac, Los Embajadores del Perú, Alicia Lizárraga, Jesús Vásquez, y a las artistas locales: Hilda Solís, Julia Tello, etc.

Cuando los cuatro entraron en el Colegio Nacional Daniel A. Carrión, ampliaron mucho más sus actividades. Inquietos, enamorados, juguetones la pasaban muy bien con sus colegas hombres y mujeres.

De aquella época es la historia que les narro a continuación.

Un día, no obstante el cuidado que había puesto en el cumplimiento de la tarea, omitió involuntariamente un dato muy importante en la transacción bancaria. Otilio Cerberos Ortlieff –así se llamaba el jefe de marras- lo llamó a su presencia y, altanero, para que todo el mundo lo oyera, sacudiendo su dedo índice acusador delante de sus ojos como un estilete le espetó su descuido y le amenazó con despedirlo, ¡Carajo!, para que nunca se vuelva a cojudear y aprenda a ser más responsable. Fue suficiente. Indignado, sin bajar los ojos, sin humillarse, el joven locutor de “Radio Azul”, haciendo uso de sus notables facultades oratorias, alzó la voz como si fuera a anunciar el discurso del Presidente de la República y le dijo: ¡Administrador!: Su puesto bancario métase al culo y, luego, váyase usted a la mierda!.

Todo fue rápido, cortante e intempestivo. Nadie se movió. Alguno de los clientes estuvo a punto de aplaudir pero prefirió quedar mudo. Los papeles se estrellaron sobre el escritorio y con paso firme se retiró de aquella oficina dando un sonoro portazo. Nadie habló de otra cosa por mucho tiempo en la ciudad.

Naturalmente, el joven speaker quedó fuera del trabajo, mal recomendado y peor tratado por su familia a la que había “hecho quedar muy mal”. Los que lo aplaudieron si ambages fueron sus “adúes” y miembros del clan.

— ¡Salud, que se enfría el trago.!-urge el “Mosho” y todos escancian sus bebidas. Lo que es bueno celebrar –dice Lucho- es que ahora tenemos un Colegio. Por fin, caramba, por fin, dice Marín. No lo teníamos. Otros pueblos como Huancayo, Tarma, Jauja, Ayacucho o Huánuco, ya contaban con colegios desde el siglo anterior, a nosotros recién el año 41 de este siglo nos acaban de conceder uno. ¡Caramba! ¿Qué es lo que pasaba con los viejos?, pregunta el Nation, porque aquí lo que sobraba era dinero y capacidad…¿Qué pasaba?  ¡Pendejadas, carajo, pendejadas, dice Marín. Con nuestra plata hacían colegios en otras partes mientras nosotros. ¡Chupábamos! Completa el negro, porque nadie va a negar que a nuestros viejos, jaranistas, mujeriegos y chupacañas, nadie los vencía. Bueno, bueno, ya tenemos Colegio y eso hay que festejarlo, completa Abelardo. ¡Ay, caray!, los tragos me han abierto el apetito. Les propongo que salgamos a comer.  Sí, sí, sí.  Es la unánime decisión. ¡Vamos al “Farolito” donde se come bien y de paso tiramos lente a la Yurico y a su hermana Rosita. Y allá se dirigen después de pagar la cuenta de los tragos.

“El Farolito” del japonés Yoshinaro Noda, de la calle del marqués, tampoco cierra de noche. Sus vitrinas lucen fuentes repletas de arroz con pato, tallarines con pollo, chanfainita y pancitas que el propietario calienta en grandes sartenes. Yurico, su hija, corta jamones, quesos y salchichas para los emparedados que los noctívagos consumen; el fideo Kenyi, su hermano, atiende los pedidos. Los bullangueros comensales que ocupan sus mesas siempre están contentos por la atención de primera, el precio módico y la rapidez. Después de atiborrarse de tallarines y sonrisas de la Yurico, salieron a dar sus vueltas por la ciudad nivosa. Visitaron “El Casino” del Papi Beloglio, templo nocturnal de billaristas. Sus mesas, -las mejores de la ciudad-, siempre están ocupadas por aquellos para quienes el billar es un protocolo ritual. Allí están, el “Muerto” Pajuelo, el viejito Lagunas, el chino Lam León, “Chacalhua” Farje, Braulio Mateo Ricra. Haciendo boladas espectaculares en medio de un recogimiento especial en el que sólo el chocar de las bolas y los OHHH Ohh, de admiración se alternan. El “Hotel Bolívar”, recibe a sus huéspedes en la vieja casona colonial de numerosas habitaciones. El salón de billar con ocho mesas colocadas para el desenvolvimiento de los jugadores; una abrigada estufa y numerosas mesas colmadas de bebedores. El que atiende este lugar es “Sonaja”, pintoresco personaje de cara de boxeador, manazas de boxeador, andares de boxeador que jamás permite grescas e interviene presto en cuanto se eleva la voz amenazadoramente; solícito sin dar paso a la excesiva amabilidad atiende con prontitud hasta las cinco de la mañana.. A esa hora, enérgico y puntual, emite su ¡!!Tataríiiii!!, semejante a una trompeta mañanera y esté quién esté, cierra sus puertas. Nunca hizo excepción con nadie. Hasta que una oportunidad por atender a un huésped, cayó desde el segundo piso al empedrado y no obstante el ruidoso golpe del cráneo, se levantó como si nada, sacudió su ropa y siguió atendiendo. Cuando sus manos comenzaron a desobedecerle, se fue a acostar. No despertó más. Murió a las siete de la mañana. El “Centro Social” también trasnocha en atención a sus socios. Un elegante segundo piso de casona colonial, de escaleras estrechas, empinadas y empedradas en su base donde muchos socios cayeron, algunos para no levantarse más. Además de su amplio bar y su sala de billar, tiene una habitación muy abrigada y bien iluminada. Es la sala de juegos. En sus tapetes se han jugado enormes fortunas en póker, rocambor, pinta, fulcán, briscán,… Los jugadores entran el viernes en la noche y no abandonan la mesa sino el lunes en las primera horas, para trabajar.

Tras la comida y los tragos a escondidas, ayudadas por el “Borrao”, Davicho, terminaron en el “Rancho Chico” a donde entraron a “Hacerse hombres”.

CONTINÚA…