La juventud cerreña en aquellos días del prefecto (Quinta parte)

Con “Pecho de lata”

la-juventud-cerrena-5Con el paso de los días fue sopesando sus actitudes que le habían creado un rechazo familiar. Después de mucho meditar llegó a la conclusión de que debía dejar la vida perdularia que estaba llevando y para no entristecer a su viejecita que tanto le quería, decidió ponerle freno a tanto arrebato juvenil e insustancial. Vamos, quiso ser otra persona más responsable y cuidadosa.

Así las cosas, su cuñado le informó que tenía que viajar a Lima para efectuar algunas gestiones de su cargo y de paso traer de vuelta a su esposa. Le dijo que confiaba plenamente en él y que estaba seguro del propósito de enmienda que había manifestado. Le entregó las llaves de la casa y se despidió. Humberto quedaría solo en el amplio recinto familiar.

Aquella primera noche de soledad esperó el avance de la hora para ir a cenar en el restaurante EL VIAJERO que quedaba enfrente de la casa, atravesando la plaza. No quería encontrarse con nadie que pudiera invitarle unos tragos. Era tan popular y conocido en la ciudad que eso era seguro. A las diez de la noche, aseguró la puerta y abrigado con un gabán de lana se fue a cenar.

Al entrar en el restaurant vio a su amigo del alma, administrador del Seguro Social que se encontraba bebiendo unos tragos con dos hermosísimas chicas recién llegadas de Lima. El conocido “Pecho de lata” por su voz aguardentosa y casi inaudible se puso de pie y cariñoso le invitó a que compartiera la mesa con sus dos acompañantes. Humberto no pudo negarse no obstante el propósito de enmienda que lo animaba. Pasado un buen rato ya estaban bebiendo unos ricos calientes de vino.

En un momento que las chicas pidieron permiso para ir al baño, “Pecho de lata” como dueño de una gran oportunidad que no debía perder, le dijo confidente

-¿Qué te parecen las hembras….?

– Están buenas, muy buenas….

– Mira acaban de llegar para trabajar en el hospital. Están solitas no tienen ningún compromiso.., ¿Qué te parece?. Estábamos esperando a alguien para ser un cuarteto. ¿Te animas…?

– No, no, no. Yo ya no puedo….

– ¿Qué te impide…?

–  No, estoy un poco mal de salud y…….

– No vengas con vainas, hombre. Tú estás bien sino que te “chupas”. Anímate hermano. Ambas son “todo terreno” y están queriendo. Contigo hacemos dos parejas…Anímate. Las llevamos al Ritz, Arequipa o Central o a cualquier hotel y ahí hacemos la faena… ¿Qué dices….?

-Mira, yo tengo un compromiso con mi cuñado y no puedo fallarle…

Al final, como la carne es débil, aceptó la oferta. Es más. Ofreció su casa para la orgía. Al poco tiempo estaban subiendo las escaleras de la casona que se encontraba muy abrigada con la enorme estufa que calentaba fogosamente. Felices entraron las parejas para quitarse los abrigos. El calor era de tal magnitud que sólo quedaron con ropas ligeras. Inmediatamente se puso a funcionar la radiola con boleros muy venidos al caso y se abrió una enorme botella de cognac francés para animar la fiesta…. Las acarameladas parejas dispusieron olvidarse del mundo.

Mientras esto ocurría en el Cerro de Pasco, su cuñado -el médico- al pasar por Colquijirca quiso visitar a su amigo Dante Schennone, Administrador de la Negociación Fernandini. Cuando le abrieron la puerta se dio con que Dante cumplía años y estaban en plena fiesta celebratoria. La alegría fue espectacular. El anfitrión le invitó a pasar y tomarse unos tragos. No aceptó ninguna disculpa. Se marcharía después de la cena.

De aquí en adelante la fiesta fue de tal magnitud que se hizo muy tarde y el médico decidió que al día siguiente seguiría el viaje. Le dijo a su chofer que vuelvan a la casa.

Llegaron a la plaza Carrión completamente desierta a esas horas de la madrugada y sin hacer ruido se apeó del carro y subió sigilosamente las escaleras para no incomodar a su cuñado que estaría descansando. Abrió con la llave muy sigilosamente y quedó estático sin  comprender lo que estaba viendo. Al centro de la sala, completamente desnudos estaban “Pecho de lata” y su pareja haciendo el amor de una manera escandalosa. (Humberto estaba en la alcoba principal con su pareja). Al descubrir la presencia del dueño de casa, completamente alarmado “Pecho de lata”, comenzó a gritar

–¡¡¡Humberto!!!  ¡¡¡Humberto!!!- pero sus gritos opacados por su ronquera perenne y el sinsabor de la sorpresa, apenas si se escuchaban…

El doctor, repuesto de la sorpresa, no quiso seguir causando más incomodidad y riéndose a más no poder se salió y fue al hotel americano a pasar el resto de la noche.

 F i n….

 

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