ABRIENDO CAMINO (Octava parte)

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DÉCIMO SÉPTIMO DÍA (11 de noviembre de 1925).

Al amanecer del 11 de noviembre –día histórico- con las primeras claridades del alba procedieron a lavar y aceitar el épico FORD, que estaba cubierto de polvo y con muchas magulladuras.

Después del parco desayuno, emprendieron la marcha. Faltaban 23 leguas y no era cosa de dejarse vencer.

Como la carretera era ya funcional, el carro rodaba cómodo y triunfante. La brisa tonificante de la zona, refrescaba el recio y curtido rostro de los cerreños.

A las dos de la tarde, entraron en Yangas en medio de los aplausos de sus gentes y estuvieron muy poco tiempo en este lugar. La ansiedad de llegar a la meta final los devoraba. Es así que luego de los abrazos cariñosos y amicales, se despidieron.

A las cinco de la tarde hacían su ingreso triunfal a Lima.

Se encontraban muy emocionados porque todos sus sueños se cumplían. Entraban por la Repartición y Malambo cuando alcanzaron a ver al final de la calle, gigantescos cartelones, banderas, banda de música, camarógrafos de cine, fotógrafos, periodistas y un grupo de autoridades presididas por el señor Jesús María Salazar, Ministro de Gobierno; General Augusto Bedoya, Senador por Junín; y doctores Patiño, Diputado por Canta y José Otero Diputado por Tarma.

Después de las palabras de bienvenida y las felicitaciones del caso, los reporteros de los diarios capitalinos comenzaron sus largos y animados reportajes. Los camarógrafos estampaban diversas placas en celuloide, registrando los pormenores del acontecimiento.

Transcurrida una hora en la ceremonia; escoltados por numerosos automóviles se dirigieron al Ministerio de Fomento a presentar su saludo al Ministro que les aguardaba. De allí salieron triunfalmente y entraron por el Paseo Colón y luego por el Jirón de la Unión hasta Palacio de Gobierno donde dieron cuenta al Presidente de la República de los pormenores de la hazaña, cuya culminación exitosa era la prueba más fehaciente de la posibilidad de construir la carretera. De Palacio de Gobierno, siempre seguidos de numerosos coches se dirigieron a la agencia Ford del Perú, donde el señor Shiway les brindó su cómoda cochera. Después de terminar la emotiva cena  ofrecida por el Centro Cerreño Unificado, los vencedores fueron conducidos hasta el Hotel Comercio.

Aquella noche durmieron grata y plácidamente.

DÉCIMO OCTAVO DÍA (12 de noviembre de 1925).

Esa mañana tuvieron que ser despertados por los miembros del Centro Cerreño Unificado, quienes presididos por don Santos Cuadrado y Pérez, portaban un oficio de invitación. Los raidistas se alarmaron al comprobar lo avanzado de la hora: Once de la mañana. El cansancio les había doblegado y, ellos cumplido el sueño de sus vidas, se habían abandonado al grato descanso.

Entre los comentarios y chascarros los gloriosos aventureros se alistaron para asistir al almuerzo que se sirvió en el Cordano donde hubo discursos, brindis y mucha confraternidad.

Culminado el almuerzo, la delegación cerreña en pleno, acudió al Touring Automóvil Club del Perú, donde su presidente, el señor Juan Tabusse, les tenía una sorpresa. En primer lugar, indagó el nombre del jefe de la expedición y al serle presentado don Teobaldo Salinas, le estrechó en un fuerte abrazo y le entregó siete medallas de plata para los esforzados pioneros, luego, al preguntar quién había sido el heroico chofer del vehículo, don Teobaldo Salinas, en un gesto que habla mucho de su grandeza de espíritu, dijo: Don Juan Manuel Beloglio, entonces el Presidente de la Institución entregó en medio de cariñosos aplausos de la concurrencia, treinta libras de oro al piloto. De inmediato, Juan Manuel, entre el marco redoblado de aplausos, entregó cuatro libras de oro a cada uno de sus compañeros. El gesto fue muy aplaudido porque era la muestra de sólida unidad de aquel compacto grupo humano. Luego se sirvió una cena y, después de ella, se inició una animada tertulia. A medianoche, se retiraron al hotel a descansar.

DÉCIMO NOVENO DÍA (13 de noviembre de 1,925).

Después de haber dispuesto el día en un paseo por los balnearios de Lima, los audaces aventureros, tuvieron una reunión de despedida en el rimense Centro Cerreño Unificado. En esta ocasión, los miembros del Comité Central del Camino Carretero, repartieron proporcionalmente, dieciséis libras de oro entre los raidistas y, don Santos Cuadrado y Pérez, hizo lo propio con la donación de las diez libras de oro prometidas. El Ministro de Gobierno regaló una bolsa de cinco libras de oro para el retorno de la comitiva. La velada fue emocionante y aquella noche, nuestros aventureros se despidieron de Lima.

VIGÉSIMO DÍA (14 de noviembre de 1925). 

En la mañana después de oír misa en la Catedral de Lima, partieron con rumbo al Cerro de Pasco. Ellos estaban conscientes de que habían abierto una ruta homérica, demostrando al mundo que era posible la construcción de la carretera. Una hazaña que el pueblo nunca olvidará.

Bajo la patriarcal iniciativa y ayuda de don Santos Cuadrado y Pérez, los pioneros inolvidables y héroes invictos de la cruzada, fueron:

TEOBALDO SALINAS.

MANUEL OYARZÁBAL.

JUAN MANUEL BELOGLIO.

ANTONIO BELOGLIO.

ASUNCIÓN CORNEJO.

ISIDORO DELGADO, Y

GAMANIEL BLANCO MURILLO.

Ellos con su grandeza, nos trazaron un camino en el que nos demostraron que no hay imposibles cuando se empeña el corazón en una empresa.

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EL COMITÉ PRO CARRETERA SIGUE  TRABAJANDO.

La titánica gesta, cuya hazaña hemos reseñado, demostró palmariamente, que era factible la construcción de la carretera y, alentados por el éxito obtenido, el comité siguió trabajando empeñosamente.

Como era de esperarse en estos casos, se hacía necesario reunir fondos pecuniarios iniciales que pudieran permitir el inicio de la acción. Se recurrió a la erogación pública con el fin de que el pueblo, en forma general, pudiera aportar con su contingente económico y, fueron los señores Víctor Priano y Gerardo Gallo Díez, quienes iniciaron esta colecta general, con considerables aportes personales. Este generoso ejemplo despertó un entusiasmo tan marcado y notable que, las compañías mineras, negociaciones, comerciantes y pueblo en general, reunieron una erogación de 13 mil soles. En el curso del mes de diciembre de 1925, los diarios de la localidad, de la región y de todo el país, desarrollaron intensa campaña publicitaria, la que tuvo encomiable acogida por todos los pobladores que sin excepción colaboraron para el fin propuesto.

Todo iba encaminado hacia el éxito completo, cuando ocurrió una desgracia verdaderamente lamentable que conmovió  a todo el pueblo, don Santos Cuadrado y Pérez falleció súbitamente enlutando a un pueblo emocionado y triunfante.

Conscientes de que la obra debía continuarse en homenaje a su propulsor, todos los cerreños cerraron filas en torno a la realización de la empresa que tanto había soñado el ilustre desaparecido. Se formó un nuevo comité asumiendo la presidencia el señor Carlos Languasco. Los otros miembros, los señores Víctor Priano, Amado Rocha, Cipriano Proaño y Alfonso Maldonado.

Cumpliendo con su programa de acción, la nueva junta continuó con las erogaciones y, por fin, el 8 de agosto de 1926, se inició el trabajo en la localidad de Huayllay, lugar equidistante y sobre todo apropiado para atacar el trabajo en dos direcciones, una hacia Canta y otra hacia el Cerro de Pasco. Embarcados ya en la empresa, el comité no sólo aumentó los fondos obtenidos, sino que los dineros destinados para las obras viales de la provincia, fueron derivados hacia esta construcción.

El comité logró el avance de 42 kilómetros de excelente vía entre San Gregorio y la Cruzada, al costo promedio de S/. 2 600.00 por kilómetro. En ese momento se expidió una resolución gubernativa para someter a licitación la obra, debiéndose pagar la cantidad de S/. 10 000.oo por kilómetro. Cumplidos los requisitos de ley, obtuvo la buena pro el señor Mateo Biasevich quien encargó la obra a Teodoro Raikovich, pagándole S/. 4 700.oo por kilómetro en beneficio notabilísimo. El sub contratista Teodoro Raicovich avanza otros 22 kilómetros desde la Cruzada hasta las cercanías de Chuquiquirpay. Inexplicablemente por resolución gubernamental, el comité cerreño queda cruzado de brazos, limitándose al cuidado de la parte que había construido. En este momento, un decreto ordena la suspensión de los contratos, debiendo quedar las carreteras a cargo de los administradores. La obra fue encargada al señor Alfredo Luis Huidobro, quien sólo alcanzó a avanzar un kilómetro y medio más. En el cambio político de agosto de 1930 se deroga la ley de Conscripción Vial, viéndose en la obligación de entregar a la Prefectura los materiales de la construcción y un saldo superior a los S/.23 000.oo que pasó a la Caja de Depósitos y Consignaciones.

Al año siguiente, en 1931, se crea la Junta Pro Desocupados de Junín con sede en el Cerro de Pasco, conformada por los señores Cipriano Proaño, Benjamín Malpartida, Moisés Martínez, Cesáreo Villarán y Carlos Languasco.

La nueva junta, bajo la presidencia del señor Proaño consiguió el apoyo del doctor Pedro de Osma que presidía los fondos de la junta y, después de muchas gestiones, sólo lograron la devolución de S/. 8 000.oo y los materiales depositados en la Prefectura. Cuando la Junta de Pro Desocupados pasó a Huancayo el 15 de enero, nuevamente se paralizó la obra. Felizmente, el 3 de setiembre de 1931 se forma una nueva junta que tuvo los siguientes integrantes: Cipriano Proaño (Presidente), Benjamín Malpartida, Gastón Espejo, Moisés Martínez y Ernesto Bertl. Con esta junta se avanzó hasta el lugar denominado Parinacochas; luego por disposición gubernamental se encarga que la junta también se encargue de la construcción de la carretera a la Oroya para lo cual se amplía el personal con los señores Fabio Mier Proaño, Alfredo Ruiz Huidobro y Aquiles Venegas, quienes felizmente culminan la realización de esta obra.

Es necesario señalar también el nombre de las personas e instituciones que hicieron posible la obra con su generoso apoyo. Ellos son: el representante por el departamento don Domingo Sotil, quien hizo las gestiones necesarias ante el gobierno central; las compañías Vanadium Corporation; la Compagnie Des Mines Huarón; la Negociación de Eulogio Fernandini y la Sociedad de Mateo Galgjuf.

Los ingenieros que se encargaron de la parte técnica de la obra fueron los señores Rosendo Icochea que trazó y siguió finalmente gran parte de la obra; Federico Villar, Alberto Ureta y Ernesto Bertl, con la administración del señor Demetrio Herrera.

Esta hazaña se cristaliza con la inauguración de la carretera el 20 de octubre de 1932. En aquella oportunidad, confundidos con el grueso público presente, estaban los siete héroes de la epopeya. Ellos, con decisión y valentía, habían trazado la ruta que en esa fecha se inauguraba.

fin

 

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