LA MAÑANA QUE SE ABRIÓ LA TIERRA (1º de noviembre de 1947)

Antes de seguir con nuestra tarea de difusión de la historia de nuestro pueblo, me permito hacer llegar mis más sentidas condolencias a los familiares por la partida definitiva de cuatro entrañables amigos cerreños: Julio Baldeón Gabino; Carlos Lobatón Minaya, Fausto Vásquez Medina y Efraín Herrera León. Todos ellos han dejado hermosos recuerdos en el corazón de sus amigos que con el alma acongojada piden su descanso eterno.

terremoto

Los primeros en advertir los signos del inminente desastre, fueron los perros. Miguel Dávila, de nueve años, nunca había visto a su perrita “Titina” en tan frenético estado: corría alocadamente ladrando y aullando alternadamente. El perrito cojo del “Sogpe” Palomino también estaba extraordinariamente nervioso; en cuanto abrió su puerta,  salió como loco, describiendo círculos y olfateando el suelo insistentemente. No hizo caso del llamado: ¡¡“Wegro”!!!, ¡¡¡“Wegro”!!!, ¡¡¡“Wegro”!!!; se alejó como huyendo de la muerte. El perro del “Shico” Espíritu, el gigantesco “Tarzán” estaba como loco. En poco tiempo el barrio “Misti” fue acometido de una inacabable sinfonía de ladridos y aullidos dramáticos.

Nadie en el barrio se dio cuenta de lo que los perros trataban de decir.

Algunas familias emperifolladas partían de romería al cementerio; la mañana clara como pocas, propiciaba el peregrinaje. Era sábado primero de noviembre de 1947, día de “Todos los Santos”. Otras familias, remisas por numerosas, aguardarían la tarde para llevar sus ofrendas; lo harían inmediatamente después del almuerzo.

Alarmados por el continuo aullido de los canes, las gentes trataban de hacerlos callar sin lograr su objetivo. Los animales habían comenzado a gemir lastimosamente. De pronto, siendo las 10 y 05 de la mañana, un repentino fragor, como venido del centro de la tierra, comenzó a crecer en tanto la tierra se  agitaba con espasmódicos estertores, horrísonos y trepidantes, parecía una alocada y gigantesca zaranda.

El pánico de adueñó de la ciudad. Las gentes huían nerviosas por las calles tratando de evitar el impacto de las paredes que caían ruidosamente en medio de un polvo seco y asfixiante. En los primeros minutos de terror, los deudos que estaban en el cementerio, miraban espantados el estruendoso chocar de las cruces; el crujir de los viejos mausoleos; el desmoronamiento de los túmulos terrosos. Muchos, de rodillas, imploraban gimientes la intercesión de los muertos para alcanzar el perdón de Dios.

En el centro de la ciudad, las gentes contemplaban horrorizadas, cómo, la torre del Hospital Carrión se bamboleaba de un lado para otro, amenazando con venirse abajo. En un escalofriante desorden, las campanas de su reloj marcaban el vaivén del estremecimiento terráqueo.

El terror del movimiento aumentaba con un ruido sordo y escalofriante, como si la tierra triturara las piedras de sus entrañas. En el jirón Callao 336, don Andrés Russo Peraldo, querido concertista de guitarra, ensombrecido por la angustia, veía caer su casa en medio de gran estrépito. El mismo sentimiento de impotencia y terror atenazaba el alma de doña Teresa Alcántara de Malpartida, al ver que como simple castillo de naipes se amontonaba su vieja casona familiar, en la calle Yanahuanca. Sulpicio Huari Córdova, otro excelente músico, salvó la vida por ir muy de mañana al cementerio en compañía de su familia. Su casa quedó convertida en escombros. En la calle Diputación, salvaron la vida doña Segundina Yalico Grados, Agapito Gallegos, Ascencio Mallqui Carrillo, Teófilo Ticlavilca Hinostroza, Daniel Chávez Peraldo y familiares por huir a tiempo. Muchísimos estaban heridos, pero lo que más lamentaban era la pérdida de sus casas y pertenencias.

A medida que el pavor humano crecía, el terremoto fue calmándose  acallando el estruendo de la tierra. Llegaba a tres minutos el tiempo  de tranquilidad, cuando nuevamente el sordo estruendo del suelo, acompañado de fuertes movimientos, continuó como si aquellos momentos de tregua hubieran servido para tomar más enérgicos impulsos para seguir temblando.

La tierra se había abierto como horripilantes fauces de la muerte en cinco lugares de la ciudad. En cinco lugares en la calle del marqués; dos en Mesapata; dos en Tápuc y uno en la calle Lima. De las profundidades emanaban espesos y urticantes gases azufrados que muy pronto inundaron todo el ámbito. Los remezones fueron tan recios que en la añosa calle del marqués, cayeron las casas de Raúl de la Vega, Santiago Pérez Henríquez y Alberto Centeno Sandoval. Las casas que no llegaron a caer, quedaron seriamente agrietadas. Otro tanto ocurrió en Parra, Huancavelica, Cayac, Yanahuanca y Cajamarca, donde se registraron derrumbes espectaculares.

Luego de dos minutos de estremecedores movimientos, la tierra dejó de crujir por un lapso de cinco minutos. Es en esta brevísima tregua cuando, hombres y mujeres, acuden al templo y capillas a rezar arrepentidos. De rodillas imploraban al Hacedor aplaque su ira. En pocos instantes más la tierra siguió temblando. En esta ocasión, terminaron de caer las casa de don Eleodoro Herrera, Emilia Meléndez de Rivera, en el jirón Lima; de Bertha Vda. De Gallegos, en Dos de Mayo; de Aurelio Rivera y  Alejandro Cajahuamán, en la calle Diputación; de Ignacio Rivera, en Cusco; de  Leandro Chacón, en Loreto y de Cipriano Oliveros, en la calle Lima.

Felizmente, este día hubo una coincidencia milagrosa. Por ser feriado, día de todos los santos, los mineros no habían acudido a sus labores, salvándose de una muerte segura porque todas las galerías habían sufrido terroríficos hundimientos en varias partes. Los desplomes, la ruptura de cañerías de agua y aire, fueron reparados con posterioridad.

Esta vez, la tierra estuvo trepidando por minuto y medio. A partir de entonces, con una intermitencia de tres a cinco minutos, el sismo continuó hasta la una de la tarde. Las réplicas fueron numerosas. Ahora sabemos que fuimos víctimas de uno de los más pavorosos terremotos de la historia, con una constante de 7.5 en la escala de Mercali. Tal la afirmación del sismólogo Fernando Oshiro Higa.

En la Municipalidad Provincial de Pasco, convocados por el Gobernador de Chaupimarca, don Francisco Pretell, se reunieron, el ingeniero, Carlos F. Peña, Presidente y el ingeniero Alberto Benavides de la Quintana, vicepresidente de la Junta Transitoria del Cerro de Pasco; el Vicario Foráneo doctor Anatolio Trujillo Zevallos; el Jefe de la Guardia Civil, mayor Gregorio Que Pérez; el teniente G.C, Néstor Vargas Malaver; el alférez comisario, Miguel Matute y tropas a su mando; el comandante de la compañía de bomberos voluntarios; funcionarios y personajes notables, con el que se conformó la Brigada de Salvamento.

Aquel  día y siguientes, médicos y enfermeras trabajaron día y noche para atender a cientos de lesionados  en el Hospital Carrión. El doctor Hipólito Verástegui Cornejo, Jefe del Área de Salud, desempeñó un papel importantísimo en estos dramáticos momentos. Atendió con una solicitud y un sacrificio verdaderamente espartanos, a los numerosos heridos. El Hospital se repletó con los más graves. Los lesionados leves, después de las atenciones primarias, se retiraban a su domicilio. Otro tanto ocurría en la Asistencia Pública del edificio Proaño. Bajo las órdenes de don Pedro Santiváñez, laboraron eficientemente, Zózimo Angulo, Delfín López, José Bravo, Máximo Jiménez, Lola Rivera, Ana Muro, Vicenta Tacano, Juana Galarza y Juana Acquarone. Atendieron a los que fueron llevados por los bomberos y otros particulares.  Gran cantidad de damnificados con sus pertenencias rescatadas, fueron alojadas en el local del Sindicato de Trabajadores Mineros; en el local de la Beneficencia Pública y en los cuartos desocupados de los campamentos de la compañía Cerro de Pasco Corporation.

Al mediodía de aquel 1º de noviembre de 1947, el Perú se estremeció de dolor cuando con voz entrecortada de emoción, Guillermo Lecca, decía textualmente por las ondas de Radio Nacional del Perú: “A las diez de esta mañana se ha producido un dantesco terremoto en el centro del Perú. Las ondas sísmicas todavía se siguen sintiendo en estos momentos en forma intermitente. Las primeras oleadas han sido estremecedoras, tan mortales que todo el Cerro de Pasco ha desaparecido entre las profundidades de sus minas”. Inmediatamente la noticia se expandió por todo el país. El informe del terremoto despertó en el país un sentimiento de conmiseración. Casi todos los hermanos de muchos rincones de la patria inquirían por los habitantes y preguntaban por sus familiares residentes en esta localidad.

En esta ocasión de dramáticos contornos, nuestro pueblo va a recibir, el oportuno y generoso aporte de una de las mejores radioemisoras que ha tenido el Cerro de Pasco en toda su historia: RADIO AZUL. En los altos del cine Grau, convocados por su presidente del directorio, don Félix Martinench Ruiz, se reunieron, Teodomiro Huayanay, Flaviano Llanos y Gerardo Patiño López, disponiendo el ininterrumpido servicio de la radio a favor de la comunidad. Desde aquel mediodía del primero, hasta las doce de la noche del tres de noviembre, no se movieron del aire en ningún momento. En la banda de los 49 metros en onda corta y cubriendo todo el territorio nacional, las voces de Rodolfo Maldonado Madrid, José Ridia, Félix Llanos, Elías Trinidad, Humberto Maldonado, Alfonso Boudrí Tello, y los controles de Julio Cajahuamán, Manuel Llanos Alvarado, entraron en cadena con Radio Nacional del Perú de Lima, Radio Huancayo, Radio DELCAR de Chiclayo y Radio Continental de Arequipa. El puente radial que se estableció con los pueblos del Perú, sirvió para informar los pormenores del sismo y realizar un intercambio de notas entre los damnificados y sus familiares residentes en otros lugares de la República.

Después de aquel terremoto, muchos niños quedaron sicológicamente traumatizados. Nuestro pueblo volvió a erguirse por sus propios esfuerzos, sin contar con ayuda de ninguna clase. Los damnificados volvieron a levantar sus casas, porque aquí, en el Cerro de Pasco, desde siempre, sabemos que no ha habido ni habrá cataclismo que nos derrote.

(Fuente: “El Minero”)

 

 

 

 

 

3 thoughts on “LA MAÑANA QUE SE ABRIÓ LA TIERRA (1º de noviembre de 1947)

  1. Profesor Cesar Pérez Arauco con el debido respeto que Ud. merece agradecerle q ha tenido la generosidad de compartir su investigación de la historia de nuestra tierra, ahora por este medio sobre el terremoto tenía la narración de mis abuelos también con lujo de detalles lo que les pasó a ellos ,pero la magnitud no .
    Ud. tiene el croquis por ejemplo de calles q iban de la plazuela Carrión hacia la calle parra y de allí como quien va a la casa de Carrión o menciona en alguna investigación para leerlo .
    profesor me gustaría poder conversar con Ud. lo tenemos pendiente mucho tiempo verdad
    lo saluda muy afectuosamente .Gloria Arellano Porras
    Hacerle saber que falleció mi papá hace un año fue su amigo de juventud del barrio el Misti.

  2. Gracias, muchas gracias maestro,César Perez Araucarias,por enviarme a mi correo Esta Excelente Exposición Real,Verídica Del Acontecimiento Acaecido El 1 de Noviembre de 1947,Aquel Terremoto que Remecio y Destruyó Vidas Humanas, y estructuras vivencias del Heroico Pueblo de Cerro de Paseo Excelente Exposición, con atentado Regionalismo Clara y Sencilla Comprensión FELICITACIONES MAESTRO.LE ESCRIBO DESDE LIMA PERÚ

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