Augusto Mateu Cueva (Escritor minero)

Nació en el pueblo de Masma, Jauja, el año de 1907. Es uno de los personajes de mayor gravitación político cultural durante la década del treinta; marxis­ta, dirigente sindical, había terminado la educación secundaria en el Colegio San José de Jauja. Trabajó primero en el asiento minero de Morococha. Concurrió al Pleno de la CGT y, conjuntamente con nuestro paisano, Gamaniel Blanco Murillo, está entre los fundadores de la Federación Minera del Centro. Como Gamaniel fue un perseguido político. En esta época escribe sus libros que constituyen lo más significativo de la literatura proletaria el Perú, “Trabajadores del Campo”, en 1938;  cuentos basados en la vida de su comunidad con los que obtuvo el primer premio en un concurso promovido por la Acción Cultural Jaujina. “Alborada”, es otro de sus libros aclamados, con una dolorosa poesía obrera. En 1941 publica “Lampadas de Minero”, reveladores cuentos mineros de enorme significación para conocer la vida mine­ra. “Antena Proletaria”, en 1947; “Gualda y Rosi­cler”, (1940); “Estampas del campo y la ciudad”. Sin duda que su libro inédito, la novela “El Cobre y el Grisú” es según los que la han leído, su mejor obra. Una excelente novela.

Perseguido implacablemente, se trasladó a Lima en donde ingresó en la Facultad de Educación de San Marcos, optando finalmente el título de Profesor de Segunda Enseñanza. Con su flamante título llega al Cerro de Pasco, como profesor fundador de nuestro Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión (1943), en donde fue su primer profesor de letras. Dejó una estela de gratitud en sus alumnos que lo recuerdan con especial respeto y cariño. Luego dirigió los Colegios de Camaná, Lucanas y Parinaco­chas. Este ilustre luchador peruano que nos honró con su aporte en beneficio de la cultura de nuestro pueblo, murió en 1969.

Como justo homenaje a su memoria, nos permitimos transcribir “La Huelga General”, de su libro ANTENA PROLETARIA, publicado en 1947.

LA  HUELGA   GENERAL 

            Hasta ayer la Cerro de Pasco Copper Corporation, con su ronca laringe de acero, nosla-huelga imponía estridentemente el trabajo o la vida. Hoy el Sindicato, por medio de los líderes, planteó a dicha Empresa las reivindicaciones o la huelga.

La explotación y el despido en masa, la persecución y el  encarcelamiento, las balas y las bayonetas, eran siempre la respuesta de los yanquis a la justa demanda de los trabajadores.

–¡La huelga!… ¡La huelga! – ha sido la decisión unánime de los obreros.

Una escalofriante conmoción, cual si fuera un baño eléctrico, ha  estremecido los nervios de la gran masa trabajadora. En el ambiente falta una inquietud impregnada de anhelos de mejoramien­to. Escritos en el espacio habían signos interrogativos chorreados de ozono. Jeroglíficos en las miradas de los niños, ancianos y mujeres.

La multitud ya constituye un inmenso océano azul cada vez más proceloso. De pronto destacóse la vanguardia minera, portando desplegada la roja enseña proletaria, la que fue saludada con emoción por vez primera.

“¡Arriba los pobres del mundo

de pie los esclavos sin pan…”

Floración frenética en nuestros cárdenos labios las vibrantes notas de esta canción universal.

Cual una abrasadora llamarada, con puños en ristre, engullendo ansias grosellas y con milenarias voces gritando en nuestras fibras, ascendíamos jadeantes la escarpada cuesta de nuestras aspiraciones.

Las minas y los talleres, en silenciosa protesta contra el amo, solícitos se plegaron a nuestra causa.

Una atronadora descarga de fusilería nubló nuestra vista. Balas fratricidas, disparadas por soldados indios, acribillaron nuestros garridos pechos. Los ayes de dolor nos enardecieron súbitamente. Los caídos formaron los jalones de la insurgencia y la sangre vertida sembró de cucardas la senda. La indignación, en erupción volcánica, calcinaba nuestras gargantas.

–¡ Arriba!…¡Arriba, héroes mineros!… ¡A la conquista de nuestras caras reivindicaciones!..

Estando cerca a los tercos solados, con el grito en la sangre, descargamos el fogonazo de nuestro pobre arsenal proletario:

¡Vamos unidos,

                                               vamos unidos,

                                               obreros y soldados

                                               contra el capital…..”

A la cumbre, a nuestro Gólgota, ganaba la llama inextingui­ble de nuestro furor indómito, acicateado por el baldón imperialista.

Grandioso cuadro nimbado de celajes de arrebol. En los niños veíamos el derecho a la vida, en los ancianos el seguro social  y en las mujeres a igual trabajo igual salario. Nuestros estómagos gritaban más pan, nuestros músculos exigían menos horas de trabajo y nuestras conciencias demandaban libertad de organización sindical.

Los elegantes palacetes yanquis a la visa cual un insulto a nuestra condición de peruanos. Rechinantes los dientes y mostrando los puños, nos lanzamos a castigar a los amos y a sus sabuesos los obreros aristócratas. Escena tragicómica represen­tando la huida de los gringos y sus esbirros. ¡Ja. ja, ja, ja! En tanto nuestro odio reconcentrado estallaba en petardos de recriminaciones:

-¡Abajo el imperialismo yankee…!…¡Fuera del Perú, invasores!…

Tempestad ATMOSFÉRICA y social en los Andes. Tarde sombría y fáustica. Espacio gris surcado de negros nubarrones. Fúlgidos centelleos cortando en grandes tajadas el brumoso infinito. Rayas rojas iluminando las altas cumbres y estruendosos truenos haciendo estremecer desde su base la cordillera.

-¡Viva la huelga!- Voces tremebundas que, horadando los cerros y las nubes, acaso se propagaba de eco en eco por todo el Universo.

Noche lóbrega y fría. Los campos están cubiertos de blanco sudario. Los mineros, en apretada fila, como río que busca su cauce, nos dirigimos al local del Sindicato. A nuestro paso de gigantes indómitos, cruje la nieve sedante y, al calor de esta canción, juramos seguir luchando: 

                                               ¡En minas y talleres

                                               nos explotan a destajo,

                                               como bestias de trabajo

                                               nos revienta el capital….!

Y el Sindicato Minero sigue abriendo la senda roja de la Historia, desbrozando las malezas de la traición y las intrigas antiobreras.

– Luchamos hasta alcanzar nuestras caras reivindicaciones – reafirmamos los mineros.

Mientras tanto seguíamos recibiendo la solidaria adhesión de los Sindicatos Mineros de la Oroya, Morococha, Casapalca, Mahr Túnel, Malpaso, Bellavista y el Cerro de Pasco; la dirección de la  gloriosa C.G.T.P y de su fundador, el maestro José Carlos Mariátegui.

Goyllarisquizga, Agosto de 1930.

 

 

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