TESTIMONIO DE DORIS CAQUI DE CAPCHA (Segunda parte)

doris-caqui-de-capcha-2“Logré sacar, una comisión investigadora de la Cámara de Diputados para que investiguen la muerte de mi esposo sin resultado alguno porque estaba conformada por apristas. Ellos dijeron: No, Teófilo Rímac se ha fugado. En segundo lugar, logré sacar una comisión investigadora de la Cámara de Senadores. Nuevamente, la mayoría de los que integran esta comisión investigadora eran apristas. Y los apristas igual dijeron que Teófilo se había fugado. Dentro de ello estaba Javier Diez Canseco que sí hizo un trabajo de investigación, recogió muchos testimonios. Con él cavamos muchos lugares donde creíamos encontrar el cuerpo de mi esposo sin resultado alguno”.

Pero más adelante se hizo el informe respectivo donde se decía que mi esposo había  fallecido en la base militar de Carmen Chico, como producto de las torturas. Más tarde cuando salieron otros jóvenes en libertad, detallaron el asesinato y desaparición de mi esposo. Los documentos han llegado hasta las organizaciones internacionales.

Después de todo esto, para nosotros no termina la situación allí. Las cosas que hemos pasado, los momentos que hemos vivido, han sido sumamente difíciles. El 86 ante la desaparición de Teófilo -casi por dos años- yo dormía sentada en la cama con mis hijos. A  veces ellos me preguntaban: Mamá, ¿por qué no nos acostamos a la cama como normalmente lo hacíamos? ¿Por qué dormimos con los zapatos puestos? ¿Por qué dormimos vestidos, mamá?. Yo no podía explicarles. Pero, ¿Yo por qué dormía así, señores, con mis hijos? Porque yo era amenazada constantemente. Desde las tanquetas de sus carros me decían los militares: “Maldita, me decían, cómo no cierres la boca definitivamente, te vamos a joder. Si a tu marido lo hicimos volar en mil pedazos, a ti te vamos a descuartizar. Y en las calles principales de Cerro de Pasco se van a ir a exhibir cada uno de tus miembros, me decían. Y eso lo gritaban delante de mis hijos, sin compasión alguna para ellos. Eso es lo que más me hacía sufrir. Yo podía soportar como ser humano, como persona adulta, pero los niños no. Ellos tenían terror a los militares, a los policías. Hasta ahora, mi hijo que tiene veinte años,  cuando ve que hay batidas, cuando  ve que hay movimiento de policías, tiene terror.

Fui detenida hasta por tres oportunidades y en todas ellas me golpearon, me amenazaron, diciéndome que de una vez por todas callara la situación de mi esposo. Que no siguiera denunciando. Pero yo tenía que buscar a mi esposo. Si él no cometió ningún delito, si él no fue terrorista, por qué tenía que olvidarlo. Si yo tenía a mis hijos que día a día me exigían a su padre, ¿Cómo no iba a buscarlo?.

En 1991 otra vez allanaron mi domicilio los militares, buscándome a mí. Si estoy viva quizás es porque aquella vez tuve una reunión con mis alumnos y con los padres de familia que se habían encariñado conmigo. Yo era asesora de tres promociones. Y nos demoramos porque cada uno presentó su balance económico. Gracias a ellos estoy viva, de verdad. A las once y media de la noche terminó la reunión. Cuando llegaba, un par de vecinos y me dijeron: Vecina, no vaya a su casa. Está llena de militares otra vez. La buscan a usted. – ¡¡¡¿Y mis hijos?, decía, ¿no?, porque a mis niños los había dejado en la casa!!. Eran muy pequeños. El mayor creo que tenía ocho años y todos habían sido apuntados con el FAL, con la metralleta, como narran mis hijos. Y le exigían que dijera dónde estaba su madre. Los chicos no decían nada, sólo lloraban. Y producto de ello Tania quedó afectada.

Yo fugué de Cerro de Pasco, huí disfrazada de campesina. Me apoyaron los de Derechos Humanos de Pasco y APRODE. Me enyesaron la cabeza, me enyesaron las piernas unos amigos médicos. Así pasé las bases militares, los controles de Junín, de Carhuamayo y ya me encontraba en Lima. Pero había huido sola, no estaban mis hijos. Había dejado a ellos en Pasco. Era muy doloroso para mí. Después de quince días logro reunirme con ellos.

Luego, en Lima, no teníamos casa, no teníamos familia alguna. Los pocos familiares que teníamos, huían de nosotros como si tuviéramos algún un mal, como si tuviéramos una enfermedad contagiosa. Decían que a mi esposo lo habían asesinado por terrorista y que podía complicarles la vida a ellos.

Yo ya no tenía mi trabajo. Yo soy maestra, pero no podía trabajar porque no había sacado mis documentos. No había logrado mi reasignación a Lima. Deambulamos con mis hijos en la calle. A veces comido, a veces sin comer, muchas veces desalojado de la casa.

Nuevamente, después de año y medio, creo, volví a reincorporarme a mi trabajo gracias a la gestión de muchos compañeros de trabajo, muchos amigos del SUTEP. Y hoy, Tania arrastra las secuelas. Es una jovencita de diecisiete años. Cuando tenía quince años, aproximadamente, supo la verdad de su padre. Ellos sabían que a su papá se lo habían llevado los militares, que lo mataron, pero nunca habían leído los testimonios. Yo los tenía en un fólder, los había recogido de APRODE. Me descuidé porque yo más me dedicaba las veinticuatro horas a trabajar. Trabajaba en un colegio, en otro colegio. Yo creía que lo más importante era cubrir la parte económica para mis hijos. Quería que mis hijos salieran adelante, que siguieran estudiando, que no se perjudicaran en sus estudios. Pero descuidé atender a mis hijos. No me di cuenta que Tania ya arrastraba todo el mal. Y hoy, recibe tratamiento psiquiátrico. Perdió el conocimiento al descubrir el testimonio de su padre. Cuando estaba leyendo el testimonio donde dicen que a su padre lo patearon, lo llenaron en costal, etcétera, etcétera, Tania estaba sola en casa. Perdió el conocimiento. Salió gritando, pidiendo auxilio a la vecindad. Corrió por las calles. Yo estaba en mi trabajo, sus hermanos en sus colegios y no hubo quien auxiliara. Y hace dos años vengo sufriendo con Tania. A la fecha, ha habido cierto avance pero nada nos garantiza que Tania puede en cualquier momento nuevamente perder el control. Como ya ha tenido varias recaídas, cortarse, utilizar hasta el cuchillo porque ella cuando pierde el control no reconoce a nadie. No sabe quién es ella. Son las secuelas que arrastramos.

Y por el lado económico, yo quedé nuevamente en cero, económicamente. Pedí adelanto de mi sueldo, pedí préstamos por un lugar, por otro lugar. Me llené de cuentas. Mi pequeño sueldo de Magisterio las empeñé completamente para buscar el tratamiento de mi hija porque ninguno de nosotros queríamos aceptar la situación de Tania. Y creo que Tania nos arrastraba con su mal a todos porque yo ya veía caído a mi hijo mayor, a Carla, que es la más valiente de la familia, yo la veía completamente destruida, destrozada, sin ganas de vivir.

Hubo momentos inclusive en que dijimos: Ya no podemos más. No hay pasajes para ir a trabajar, no hay pasajes para ir a estudiar. No tenemos una vivienda decorosa donde podemos darle la oportunidad a Tania de que se recupere integralmente. No hay condiciones óptimas para la recuperación de Tania. Entonces dijimos: ¿Qué hacemos? Si perdimos a tu papá, ¿por qué no morimos todos?, dije. Y se lo dije también al señor Ministro de Justicia en una reunión que tuve. Le dije: Señores, si quieren ayudarnos dennos la mano ahora porque nuestros hijos deben de seguir el camino, para ellos no debe cerrarse, la oportunidad para ellos no debe terminarse. Debe haber por lo menos oportunidad de estudiar en las universidades. No queremos a nuestros hijos convertido en renegados sociales, o de repente, convertidos en pandilleros. Queremos que nos apoyen. Pero hasta la fecha no hemos logrado nada.

Y aquí, a los miembros de la Comisión de la Verdad, les pido una investigación exhaustiva para ubicar el cadáver de mi esposo y así darle cristiana sepultura. Para que Tania deje de sufrir, porque esa niña sufre mucho por su padre. Ella dice: Mamá, falta año y medio para que culmine el trabajo de la Comisión de la Verdad. Dígale que ubiquen el cuerpo de mi padre para ir a llorarle, para ir a contarle, para ir a cantarle una canción para decirle que la quiero, que no le hemos olvidado. Y quizás eso pueda ayudarle a Tania a recuperarse integralmente. Queremos que Tania sea rescatada, sea recuperada. No queremos perderla. Todos mis niños han nacido sanos y yo quiero verlos sanos. Quiero verlos convertidos en grandes ciudadanos. Y también exijo sanción a los responsables de la muerte de mi esposo. Muchas gracias.

– Profesora Doris, hemos escuchado con mucho detenimiento su relato. Un relato que está cargado de recuerdos hermosos y trágicos en relación al doloroso problema de su señor esposo Teófilo. Lo menos que podemos hacer los miembros de la Comisión de la Verdad es solidarizarnos con su pesar y asumir en este momento el compromiso de profundizar la investigación para que ese su anhelo de llegar a conocer la verdad se haga una realidad.

Nosotros hemos tomado debida nota de su testimonio, por eso le expresamos en principio nuestra admiración por el coraje que ha tenido para hacer memoria de esos momentos trágicos pero al mismo tiempo también tomamos nota de su demanda de justicia y esa justicia será posible alcanzar sólo cuando usted y la Comisión de la Verdad tenga la mayor cantidad de evidencias que nos permitan llegar a los responsables. En ese sentido, a nombre de la Comisión, le expresamos nuestra profunda solidaridad y muchas gracias por haber venido.

–         Gracias a ustedes”.

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