Potentados mineros adquieren títulos nobiliarios y se codean con la nobleza

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La oportunidad que tuvieron los aventureros de codearse con lo más rancio de la aristocracia virreinal, lo facilitó el Rey de España cuando comenzó a legitimar bastardías, vender títulos nobiliarios y hábitos de caballeros a los potentados mineros y comerciantes de entonces. En sendos pergaminos firmados por él se otorgó títulos de marqueses y condes. Éstos pagaron apreciables sumas además de aportar, durante un año, la mitad de todas las riquezas que obtuvieran. De igual manera se vendieron, los hábitos de caballeros de las órdenes de Calatrava, Alcántara, Malta y Montesa, cobrándose también la mitad del total de su ganancia anual a manera de impuesto. Estos pagos recibían el nombre  de MEDIA ANATA. Las bastardías se legitimaron previo pago pecuniario. “Corresponde al Rey, conceder grandezas de España y títulos del reino, así como cualesquiera otros honores y distinciones” (…) “El rey puede también hacer caballeros” decía la ordenanza. El Perú tuvo un duque con grandeza de España; cuarenta y cinco condes, cuarenta y ocho marqueses; caballeros cruzados de las órdenes militares y numerosos hijosdalgo. Con el objeto de mantener intactas las rentas que sostenían el más alto rango en la pirámide social, llegó a extenderse la institución del mayorazgo por la cual permanecían a través de sucesivas generaciones, a disposición de un individuo, los bienes de los progenitores de la misma familia sin facultad para enajenarlos y sin tomar en cuenta los intereses de quienes se hallaban unidos por la misma sangre

Con el dinero de las minas cerreñas, cuatro marqueses y dos condes compraron y mantuvieron la vigencia de sus títulos: Una fue la Marquesa de Villa Rica de Salcedo, viuda en posesión de cuatro plantas de beneficio en el Cerro de Pasco a cuyo suegro se le había concedido el título en 1703 a pesar de ser hijo natural a cambio de donaciones a la corona. El segundo fue, José Martín de Muñoz y la Serna, Primer Marqués de Santa María de Pacoyán, título que le confirmo el Rey Felipe V el primero de noviembre de 1716; había sido Alcalde de Lima en 1703 y regidor de su Cabildo en 1711; contaba con minas, haciendas y comercios en el Cerro de Pasco. El tercero fue Don Manuel Maíz y Arcas, español residente en la ciudad minera que recibió del rey Carlos III, el título de MARQUES DE LA REAL CONFIANZA, el 26 de diciembre de 1771, pero falleció antes de tomar posesión del mismo. Con este motivo se suscitó un pleito entre su hijo José Maíz y Malpartida (hijo de doña Carlota Malpartida casada con el marqués en 1758) contra doña Carmen Morales, en nombre de su hijo José Maíz y Morales, por la legítima herencia del título. La Real Audiencia de Lima dictaminó el 4 de setiembre de 1778, que el título de Marqués de la Real Confianza, le correspondía a José Maíz y Malpartida, nacido en el Cerro de Pasco. Más tarde casó con la dama tarmeña, doña Ángela de la Canal. Los dos condes, propietarios de enormes territorios en nuestra geografía, especialmente Paucartambo, fueron los hermanos Pedro y Pablo Vásquez Velasco y Quirós: Condes de las Lagunas. Sus minas, ganado y obrajes los mantuvieron en la cúspide del poderío. Eran descendientes de Joan Tello de Sotomayor, el primer encomendero de estos pagos. Otros nobles que mantenían sus títulos con los dineros de nuestras minas fueron: Manuel Gallegos Dávalos: “Conde de la Casa Dávalos” (1744), comerciante con gran influencia desde Quito a Cochabamba como tratante de esclavos negros; Jerónimo de Angulo, Conde de San Isidro (1750); Don Bernardo Valdizán: “Conde de San Javier y Casa Laredo” (1763), comerciante en mulas con los mineros cerreños;  Conde de Premio Real (1782). Activo y rico comerciante.

Estas familias, por merced real ocuparon posiciones políticas importantes al interior del Estado Colonial, consideradas y protegidas con numerosos privilegios y prebendas en la Real Audiencia de Lima, Charcas, Buenos Aires, Tribunal de Consulado, Tribunal de Minería etc. Mantenían relaciones socioeconómicas con la aristocracia mas linajuda y límpida, española y criolla, como José Severino  de Tagle y Bracho, hijo legítimo de don José Bernardo de Tagle y Bracho y Pérez de la Riva, primer marqués de Torre Tagle, natural de Santander, Prior del Consulado de Lima y casado con doña Rosa Juliana Sánchez de Tagle e Hidalgo, propietarios del Fundo Vega-Tagle del valle de Lurigancho y de muchos solares y casas en la Plaza Mayor de Lima. Doña Águeda Josefa de Tagle y Bracho, dueña de la hermosa Hacienda de Santa Beatriz en el actual Miraflores; se  entroncaban con la aristocracia española y criolla más rancia como los Núñez de Sanabria, Santiago Concha, Pardo y Rivadeneira, De la Puente y Larrea, Bravo de Lagunas y Castilla. Don Juan de la Puente e Ibáñez “Marqués de Corpa”, con propiedades en Pasco, Lima y haciendas de Tarma y Huamalíes, emparentado con Gaspar de la Puente e Ibáñez, Contador Mayor del Juzgado General de Bienes de Difuntos de la Real Audiencia de Lima; propietario de las hacienda de Santa Ana, en el valle Camacho y en la Rinconada de Lima, Alcalde del Crimen en la Real Audiencia de Lima, dueño de la hacienda cañaveral de San Juan de la Pampa ubicada en Huaura, acreedor de 4,450 pesos que le debían don Toribio Pérez de Betetta y don Francisco Olacoa, vecinos de Huánuco. Don Isidro Abarca, millonario, político y comerciante, casado con doña Rosa Gutiérrez Cossío, pariente de don Jerónimo de Angulo, Conde de San Isidro, ambas familias agentes mercantiles del eje Lima –Buenos Aires – España- Europa.

Los aristócratas de entonces, que también tenían que ver con la ciudad minera, fueron, Tomás Irigoyen, Marqués de Casa Calderón, Gaspar de Cevallos, Juan Antonio de la Piedra, José Canseco, Manuel Bao Calderón, Pedro Bernales, Francisco y Antonio Llanos, José Henríquez, Antonio Solís, R.P. Domingo García Loayza, Manuel Gutiérrez, Clemente Gárate, María Gutiérrez de Cossío, Ventura Tagle, Juan Antonio González, Isabel de la Presa y Carrillo “Marquesa de Lara”, Bernarda de los Santos, Antonio Benavente, Mariano Rodríguez, Miguel Salvi, José Ruiz Bustillos, Ignacio López de Barreda, Miguel Prudencio Sánez, Antonio Escudero, Francisco Bezares, Juan de la O, Pedro Laredo, Juan Facundo Zalayeta, Felipe Aróstegui, “Conde de Torres”, Salvador de San Hidalgo, zapatero mestizo de la Villa de Pasco.

La vasta región minera había impuesto un novedoso circuito mercantil que vinculaba a numerosos comerciantes, en su mayoría españoles. Su actividad principal era el abastecimiento de insumos y materiales necesarios para el trabajo minero. Trasladaban sus productos, por la difícil ruta de Huaura, Sayán, Oyón, Yanahuanca y Cerro de Pasco. Desde aquí, se dirigían a Huallanca, Huánuco, Jauja, Tarma, y Huamanga, uniéndose con la ruta del Cuzco y las fronteras y pampas argentinas del Tucumán, Salta y Jujuy. No es extraño que éstos y otros mineros comerciantes, emparentados con los nobles, trataran también de alcanzar la cima de la notoriedad y la fama. No les fue difícil. Total, ahí estaban los caudales que los laboreros cerreños  extraían de los socavones.

 

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