LA PAMPA

Publicamos esta página porque  mucho tiene que ver con nuestros “muleros” que conducían miríadas de mulas argentinas para el trabajo minero a través de la infinita pampa del norte argentino.

Por Egydio Romanenghi, Carlos Noguiera-Martins

gaucho-1Cuando hablamos de la pampa pensamos en el gaucho, y cuando lo hacemos sobre el gaucho pensamos en la pampa. Nada más natural y lógico. Allí estaba el gaucho con su caballo moviendo todos los resortes de una nueva gran industria: la Industria ganadera. Nombrar al gaucho es nombrar la pampa; nombrarlos, una función y un ambiente.

¿Qué es la pampa, propiamente dicha? El escenario donde actuaron los gauchos y los campesinos, unos ganaderos y otros agricultores. El gaucho, el hombre del caballo y de a caballo, no fue nunca agricultor. El escritor uruguayo Marcos Sastre (1) le llamó a la pampa “un océano de verduras”* y Domingo Faustíno Sarmiento* “la imagen del mar en la tierra”. En efecto, su verdor, casi permanente, es inigualable en ciertos momentos. Contemplarla en los días sin cercos, sin tranqueras y sin estancias era verla besaras ininterrumpidamente con el horizonte. Hoy, todavía, los arroyuelos y los ríos la atraviesan perezosamente y le dan vida, vida abundante y permanente. Su fertilidad es exuberante y su clima, aunque templado, no desentona ni disminuye el vigor de los temperamentos. Su monotonía, interrumpida a veces por el solitario y gigantesco ombú nos asombra y nos hace pensar en la Inmensidad de las cosas. Su belleza, según se juzgue, es admirable.

La pampa se extiende, sin interrupciones, desde Río Grande do Sul (Brasil) hasta el sur de la provincia de Buenos Aires. De oriente a occidente, desde las costas atlánticas de la Banda Oriental del Uruguay, hasta las estribaciones y el pie de la altiplanicie boliviana. “Así como el escenario del gaucho abarca tan lato territorio, este contiene desde las fértiles lomas uruguayas, las praderas mesopotámicas de ricos y abundantes pastoso hasta las sabanas salitrosas del norte argentino los pantanos chaqueños y el pie de los Andes, cuyas cimas nevadas son el grito penetrante y dolorido del cóndor y la planta firme del guanaco, una de las “grandes ovejas de la tierra”, expresión que usaban los cronistas españoles de la conquista para designar las llamas, las alpacas y los guanacos”. (2)

Cuentan los viajeros que cruzaban la pampa hace dos siglos, que hay cosas que oprimen el corazón y otras que halagan los sentidos. El horizonte, que se extiende ilimitado, es opresivamente impresionante. Por momentos, la naturaleza parece Inanimada, sin dejar de ser bella. La falta de árboles crea en los viajeros cierta natural desconfianza que desaparece cuando de pronto se divisa, a lo lejos, una poeta u otros viajeros que pesan en dirección contraria. Extraviarse en la pampa, en esos días, era una cosa seria y a veces fatal.

Las antiguas irregularidades pampeanas subsisten todavía. Cuando los cardos se multiplican durante toda una estación, (3) la vida se vuelva insoportable por falta de visión. Crecen por todas partes no hay sitio que no lo cubran. Su influencia no puede ser Me perniciosas paraliza todas las tareas campestres y modifica sensiblemente la vida y el espíritu de los campesinos.

Otra de las Irregularidades es el cambio de ritmo del viento pampero. Es un viento frío y veloz cuya proximidad anticipan las aves y en general todos los animales. Tan pronto se dan cuenta de su proximidad, corren atemorizados a sus albergues en procura de protección. Este viento, que sopla de vez en cuando durante las estaciones, es producido por el aire frío cordillerano. No es tan temible como parece, pues rara vez se presenta huracanado. Estas dos irregularidades pampeanas -la estación de los cardos y el viento pampero- alteran la apacible quietud de la pampa y el ritmo normal de sus tareas.

La proximidad de un médano rompe la monótona uniformidad de las extensas llanuras. Por otra parte, anuncia la existencia de agua potable. Las poetas, que los viajeros no han errado el camino. El campo, las colinas, los ríos y arroyuelos tienen sus encantos. “Es tan lindo el campo -le decía un paisanito al poeta Leopoldo Lugones- que no da ganas de hablar”.

La vida en el campo tiene sus ventajas. Es mucho más natural que la vida de la ciudad. El aire es más puro; y cuando el sol brilla, brilla en todas partes. En las ciudades los edificios obstruyen el paso de los rayos del sol. En la campaña los alimentos son siempre más naturales y más frescos y el ritmo de vida más acompasado.

La soledad de la pampa ya no es parece a la soledad asiática, ni las tropas de carretas y animales a las caravanas de camellos. La civilización mecanizada ha transformado las llanuras de la pampa quitándoles su primitivo encanto. La pampa hoy tiene otra fisonomía.

Esa pampa dilatada cubierta de pasto* extensa y misteriosa, solitaria y triste, deja de sergaucho-2 hermosa para el gaucho que conocía sus caminos y senderos, sus ríos, sus valles sus bosques sus vientos, sus lluvias, sus fríos y calores. Esa pampa que lo había visto nacer, hacerse hombre, enlazar y domar potroso realizar las diarias faenas ganadoras, y reunirse con los otros por la noche en la cocina “con el Juego bien prendido y mil cosas que contar” esa pampa, sí, ha dejado de ser lo que era; ya no infunde miedo: se ha modernizado, pero falta el gaucho.

 NOTAS

(l) Autor Argentino, hace una magnífica descripción del delta del Paraná. Sastre nació en 1809 y murió un año antes de Sarmiento y un año después de José Hernández, el autor de Martín. Fierro. Falleció en 1887. Hernández, en 1886.

(2) Juan Carlos Guarníeri El gaucho (Montevideo) P-13.

(3) Guillermo Enrique Hudson (1840-1922), Allá lejos Y hace tiempo. Ver La estación de los cardos”.

Postas.- Eran casas situadas a cierta distancia unas de otras para descanso de los viajeros y animales, principalmente después de obscurecer.

Cardo – Los diccionarios definen la palabra cardo diciendo que es el nombre vulgar de diversas plantas espinosas.

Alpaca. La alpaca es un mamífero rumiante oriundo de América.

El pelo de la alpaca es largo, muy fino y de color rojizo. Es bestia de carga. Su carne es comestible.

 

 

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