EL BARRIO DE LA ESPERANZA

barrio-de-la-esperanza-1

En esta foto se ve al barrio “La Esperanza” al comenzar el siglo XX. Después de desecar la laguna que le dio nombre procedieron a edificar los primeros talleres de la compañía norteamericana. Primero la “Casa de Piedra” con el concurso de notables picapedreros siguiendo planos proyectados por don Agustín Arias Carracedo. Allí se establecieron las primeras oficinas administrativas de la “Cerro de Pasco Mining Company”. Un poco más allá, la estación del Ferrocarril al Callao que se inauguró el 28 de julio de 1904. Aquel día se repartieron medallas de plata conmemorativas. La bendición corrió a cargo de monseñor Pedro Pablo Drinot y Piérola. Ese día nació el Pisco Sour como creación del funcionario de la Railway, Víctor Morris que al retirarse a Lima en 1915 hace popular su bebida en el “Morris Bar” del jirón de la Unión.  También se establecieron ladrilleras de unidades refractarias. Se trabajaba con ímpetu nunca antes igualado. Hombres de todas las zonas del Perú llegaban a sus fronteras.

En EL PERÚ ILUSTRADO, brillante revista limeña, respecto de la antigua Hacienda que dio origen al barrio, dice: “La antigua Hacienda Mineral de La Esperanza, fue construida durante  los años de 1849 y 1850, por la casa comercial inglesa Naylors, Conroy y Cía, bajo la dirección de don Tomás Jump con el objeto de beneficiar metales de plata. Está situada al sur de la ciudad del Cerro de Pasco. En 1887, era propiedad de los señores Steel y Compañía”. Por su parte, nuestro patriarca Gerardo Patiño López, dice: “El barrio se encuentra al lado sur de la ciudad y termina en el Horno de Fundición “Misti” de Sebastián Arauco Bermúdez. Más allá están las instalaciones del antiguo ferrocarril que circuló para el transporte de minerales hacia Quiulacocha, con su estación que hoy es la cárcel pública. Debajo del cerro Jaujaypata, encontramos varias antiguas propiedades como la de los acaudalados mineros Manuel Martel, Sebastián Arauco, Teodosio López y Pío Ramírez. Este barrio colinda con Ayapoto y La Docena a cuyas inmediaciones se ha construido el Hospital del Seguro Social”.

barrio-de-la-esperanza-2

Lado este de La Esperanza los primeros años del siglo XX. Se puede ver la nueva estación del ferrocarril (La anterior –cuando se inauguró- estaba cerca de la Casa de Piedra). Al fondo, hacia la izquierda, la “Vizcachera” que en amaneceres y atardeceres diarios, las vizcachas asomaban sus peludos cuerpecitos tomando la luz del sol.  En primer plano los terrenos que fueron aplanados para la edificación de los campamentos habitacionales de La Esperanza. Al fondo los primeros  talleres de la compañía norteamericana y en la parte superior izquierda, todavía viva se ve la primera  capilla de Uliachín a cuyo costado había un cementerio donde se enterraron a los soldados caídos en la Batalla del Cerro de Pasco del 6 de diciembre de de 1820. Todavía no se habían delineado los campos deportivos. Desde entonces, una serie de transformaciones cambiaron totalmente el panorama de aquel barrio querido.

barrio-de-la-esperanza-3

Vista panorámica del barrio La Esperanza a fines de 1940. A lo lejos, al fondo,  se distingue el histórico barrio de Paragsha y Miraflores. En la pampa de San Juan todavía no se había iniciado la edificación de la nueva ciudad. Aquí se ve desértica. Enfrente ya está el Campamento de Ayapoto y, más abajo, las  minas “Excelsior” y “La Docena”. En la primera se ve la cancha de fútbol donde  -1956-  se construyó el Hospital del Seguro Social. Más acá –a la izquierda- mi añorado barrio “Misti”. Subiendo a la derecha, la Casa de Piedra, la comisaría rural, el Hospital Americano,  los talleres mecánicos atendidos por don José Agostini, la Estación del Ferrocarril de donde parte una intrincada red de vías para el desplazamiento ferrocarrileo; la Mercantil y el depósito de carbón; la derecha los campos de fútbol y los Campamentos de La Esperanza frente al cerro de “Jaujaypata”. Recordaba don Gerardo que en aquella gigantesca caverna se alojaban los obreros traídos de Jauja mediante el “enganche” para trabajar en la mina. La Compañía les regalaba con numerosos durmientes de madera que, encendidos a la puerta, los abrigaba en las frías noches cerreñas. Pasados los años, los muchachos de mi tiempo utilizábamos como nuestras “cuevas” en los juegos de aventuras inspirados por las “seriales” cinematográficas de entonces. Por allí aparecían los anónimos “Llaneros Solitarios”, “Águilas del Desierto”, “Calaveras del Terror”, etc. que a punta de hondazos y pugilatos interminables, nos entreteníamos sobremanera. Muchos hombres de mi tiempo, estoy seguro, recordarán con nostalgia aquellos pasajes de la vida cerreña.

barrio-de-la-esperanza-4

Panorama del Campamento de la Esperanza donde vivieron recordadas y muy queridas familias cerreñas, escenario de grandes hechos históricos. En mayo de 1908 –por ejemplo- el incansable aventurero Durand quiso tomar nuestra ciudad para que, desde aquí, pudiera derrocar al gobierno de entonces. Después de apoderarse del “Polvorín” de la compañía, los insurrectos avanzan por sobre esta explanada, pero nuestro pueblo en armas los repele y los vence. Aquella fecha, los ojos del país estuvieron sobre nuestra ciudad.

En uno de estos cuartos nació en 1924, Eleodoro Vargas Vicuña, que, andando los años se convirtió en notable poeta y novelista. Recibió el Premio Nacional de Literatura tras escribir sus libros “Ñahuín” y “Taita Cristo”. Fue hijo de Eleodoro Vargas Galarza notable jugador del Centro Tarmeño Social y Deportivo. Posiblemente su señora madre, doña Julia Vicuña Avellaneda -natural de Acobamba- sembró en él un cariño entrañable por esa tierra a la que adoptó como su cuna. No obstante que el Cerro de Pasco había sido su origen y el escenario de los primeros años de su vida, él lo negó diciendo, primero, que era arequipeño y después cajamarquino para, finalmente afirmar que era acobambino. Esa fue su decisión que respetamos. Fue enterrado en aquel pueblo.

En el campamento que vemos en la foto, nacieron una respetable cantidad de amigos muy queridos que, en la actualidad, se encuentran diseminados por todo nuestro territorio. A la derecha de la foto se ve la escuelita de la Esperanza que, acertadamente, lleva el nombre de don Ricardo Palma; más allá el campo deportivo y, prendidas de los cerros, las casas de los que quieren seguir viviendo en la tierra bendita. Al ver esta fotografía se nos oprime el corazón por todos los recuerdos que concita. ¡Lindo nuestro barrio querido!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s