LO QUE SUCEDIÓ EN DICIEMBRE DE 1963

Mi conmovido homenaje a mis compañeros que habiendo marchado conmigo para la consecución de nuestra Universidad, han partido a la eternidad. Ellos son Luis Aguilar Cajahuamán, Nectalio Acosta Ricse, Eduardo Mayuntupa Punto, Raúl Canta Rojas, Pascual Córdova, Joaquín Cotrina Valverde, Ernesto Misari y Julio Baldeón Gabino. Donde estén les llegue nuestra gratitud y admiración eternos.

marcha-de-sacrificio-52-anosPartimos de Chosica con rumbo a Lima exactamente a la medianoche. La frescura del ambiente nos permitió avanzar a buen paso por el borde de la carretera. Nuestros cantos eran optimistas y llenos de vida. Las chicas iban con nosotros portando la bandera nacional.

El día anterior, los compañeros de otras universidades me ofrecieron su colaboración pero me di cuenta que los comunistas querían utilizar nuestra marcha para sus intereses partidarios. No lo permití. Nosotros no portábamos ninguna bandera política. Sólo queríamos nuestra Universidad. Así fue. Marchamos solos. Lo conmovedor es que, cuando entramos en Lima, gritando nuestros slogan y barras correspondiente, los choferes de los carros de servicio urbano se ubicaban a la orillas del camino y nos saludaban con cariño mediante sus bocinas. A nuestras chicas les lanzaban piropos. Fue muy conmovedor aquel momento porque nos daba fuerzas para gritar con una sonoridad que no se esperaba. No era para menos, Habíamos caminado más trescientos kilómetros y no podíamos acobardarnos.

En la avenida Abancay los dirigentes de las principales universidades de Lima nos esperaban. El Presidente de la F.E.P, Gustavo Espinoza Montesinos, y los presidentes de la Católica, UNI, Agraria de la Molina, San Marcos, Villarreal. Me acompañaron a llevar la bandera nacional y de una manera casi autoritaria hicieron fuerza para que siguiéramos a la Casona de San Marcos. Cuando advertí la intención, les dije que si quisieran acompañarme lo hicieran directamente al Palacio Legislativo donde nos esperaban. En ese momento saltó el conejo. Tratando de ser convincente el presidente de la F.E.P me dijo que había preparado una ceremonia en la Casona en la que, con asistencia de camarógrafos de la televisión y los periodistas de todos los diarios de Lima, yo prendería fuego a la bandera de los Estados Unidos como repudio a su política abusiva. Me aseguraba que ese gesto atraería la simpatía de todo el Perú. Con una energía digna del momento les dije que yo no había venido a quemar ninguna bandera ni a efectuar poses políticas. Que nuestra marcha obedecía únicamente a la instauración de la Universidad local y nada más. Diciendo esto ordené continuar la marcha. A regañadientes me acompañaron.

A las doce del día del 29 de diciembre de 1963, estábamos ocupando la avenida Abancay en medio de una conmovedora expectativa general. Los gritos estudiantiles atronaban. Confieso que me encontraba sorprendido de la vitalidad de mis compañeros. No pensé que pudieran manifestar tanto empuje después de del esfuerzo desplegado. A lo largo de la calle, los fotógrafos de la prensa imprimían sus placas. Estoy muy conmovido de cómo la gente que iba en los carros de servicio urbano, nos aplaudía con generosidad. Los alumnos de las universidades limeñas se habían sumado a la comitiva estudiantil. Los gritos, proclamas y maquinitas, eran rotundos y varoniles. Sentí un enorme orgullo por mis compañeros.

La plaza Bolívar estaba plagada de obreros portuarios y otros gremios. Cuando nos vieron llegar, respetuosamente abrieron calle y, aplaudiéndonos, nos dejaron seguir hacia la puerta del Congreso. Yo no lo podía creer. Esa muestra de solidaridad era muy especial. La puerta del Congreso estaba resguardada por una tupida delegación de la Guardia de Asalto que con metralletas y máscaras anti gases, impedían el paso. Era imposible avanzar un poco más. Nos quedamos frente a la puerta principal sin dejar de gritar a voz en cuello nuestras consignas, cuando sucedió algo inesperado. Salió un edecán de interior del Congreso y habló con el Comandante que dirigía a los policías: “Hay orden del Presidente del Congreso para que pueda entrar en el recinto la delegación de Estudiantes. Ha sido un pedido del diputado Llanos de la Matta”, Mágicamente se hizo una calle resguardada por los custodios por donde entramos al Congreso. A la puerta, nos esperaba Llanos de la Matta. A medida que nos estrechaba las manos pude ver cómo sus ojos se enturbiaban. No era para menos. Parecíamos unos engendros de alguna película terrorífica de esas que por esos días abundaban. Nuestras caras estaban cubiertas de escamas oscuras y se notaba claramente los signos de abatimiento que veníamos arrastrando. Entretanto, se había suspendido la sesión para recibirnos.

Tras las palabras de bienvenida del Presidente, el relator dio lectura al memorial respaldado por los sindicatos de trabajadores del Cerro de Pasco, las Comunidades Campesinas, los Clubes Sociales y Deportivos, los Concejos Municipales y buen número de ciudadanos notables. Cuando fui invitado a exponer nuestro pedido, rodeados del Alcalde, los secretarios generales de los sindicatos, de obreros, de empleados y de ferroviarios, hice uso de la palabra de una manera tan rotunda y conmovedora, sin dejar de ser respetuosa y varonil, que al final fui aplaudido generosamente por todos los asistentes. Nunca había hablado como entonces. Puse todo mi empeño y el calor que nos animaba a todos los estudiantes y obtuve un éxito. En medio de las cariñosas palmas que premiaban mi intervención, escuché el aliento quebrado de emoción del “Ronco” Santiago, Secretario general del sindicato de obreros mineros: “¡¡¡Buena, Cesarcito!!!”.

Inmediatamente después, el Presidente del Congreso, don Fernando León de Vivero, nos dijo: “Nos encontramos muy emocionados por la muestra de entereza que acaban de demostrar los estudiantes del Cerro de Pasco y a usted, señor Presidente de la delegación, le encargo: Dígale a ese pueblo generoso que, lo que ha pedido, ha sido aceptado plenamente. El Cerro de Pasco ya puede contar con su Universidad autónoma pero como tenemos que ser respetuosos de los procedimientos, empeño mi palabra a nombre de la Célula Parlamentaria Aprista que el próximo año de 1964, la ley de su creación será discutida y aprobada en ambas cámaras y, los primeros días del 1965, ya tendrán la Universidad que han venido a solicitar” Fue el momento más hermoso de toda la travesía, hubo abrazos y lágrimas. Los aplausos se centuplicaron y la emoción nos nublaba los ojos. Habíamos conseguido nuestra Universidad. Sólo Dios sabe lo que nos había costado. De inmediato, respetuosamente, en medio de los aplausos generosos de los congresistas nos retiramos del aquel histórico recinto. ¡Habíamos conseguido lo que habíamos venido a pedir: Nuestra Universidad!

Se apersonó el diputado Genaro Ledesma Izquieta para anunciarnos que la Directora de Educación Secundaria había dispuesto que nos alojáramos en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. De inmediato partimos hacia allá superando nuestra fatiga. Bajamos hasta Alfonso Ugarte y entramos en el histórico plantel… En conserje nos señaló una habitación mediana en uno de cuyos rincones se hallaba almacenada gran cantidad de colchones de lana. Cada uno tomó el suyo y colocándolo en el lugar que mejor le conviniere, se tiró a dormir. Yo recuerdo que, cogiendo el mío lo arrastré a un rincón y agobiado por un cansancio tremendo, me abandoné a un sueño que en días interminables no había gozado. ¡Qué hermoso aquel momento!..

Cuando sentí el ruido de unas cachetadas escandalosas, apenas si pude entreabrir los ojos. Me frotaban las orejas para que el dolor me despertara, pero el sueño era más poderoso. El agua entrando por mi cuello y recorriendo las interioridades de mi cuerpo y la repetición de las cachetadas en el rostro consiguieron hacerme abrir los ojos. En ese momento, difuminado por la pesadez del sueño, distinguí la figura del Alcalde que con gran energía me conminaba a levantarme “! He conseguido una entrevista con el Ministro¡ Él nos espera en su despacho. La reunión es a la siete de la noche y casi ya no nos queda tiempo. ¡Tienes que venir con nosotros, porque contigo es con quien quiere hablar”! Yo que le oía como si me hablara de una inmensa distancia le pedía que me dejara dormir, que al día siguiente, a primera hora, estaría en el Ministerio. Les rogaba con el alma que me dejaran descansar un poco más. Que mi cuerpo estaba completamente rendido. No me hicieron caso. Con razón. Ésa era una única oportunidad. Cuando advirtieron que ni los golpes ni el agua fría habían surtido el efecto deseado, de la cafetería del Colegio trajeron un menjunje que afirmaban era café pero que yo lo sentí como una brea pesada y amarga que tuve que engullir. Ayudado por los amigos me puse de pie, me pusieron mi casaca que estaba sirviendo de cabecera y partimos. Los otros compañeros ni se enteraron de este acontecimiento, seguían durmiendo como leños.

Cuando llegamos ya el Ministro, doctor Francisco Miró Quesada Cantuarias, nos estaba esperando. Con sonrisa benevolente nos estrechó las manos y nos dijo que nos había visto pasar desde su Despacho y que él hubiera querido acompañarnos pero que su obligación de asistir a la clausura del año académico de un Colegio Militar se lo había impedido. Ahora con especial deferencia nos recibía manifestando su admiración por nuestra hazaña de caminar seis noches y siete días para lograr nuestra meta. Que había leído nuestro memorial y el informe económico de la filial y que él, nos extendería un cheque a nombre de la Universidad para entregarle al “sabio” y que él derivaría los pagos completos a nuestra filial. Esta partida extraordinaria nos permitió  superar las deudas de 1963 y el ejercicio económico de 1964, en tanto se creara nuestra Universidad.

El 29 de diciembre de 1963, conseguimos no sólo la creación de nuestra Universidad autónoma sino también los fondos para solventar los gastos que nos agobiaban y el presupuesto para seguir viviendo hasta que la ley se diera.

Al día siguiente, el señor Ministro tuvo la gentileza de nombrar al doctor Juan José Vega como su representante personal a fin de que él pudiera ayudarnos en nuestras gestiones en Lima. Con aquel dinero obtenido cancelamos nuestras deudas,  y por especial disposición del Ministro, el 64 seguimos como parte de la Universidad del Centro. Aprobada la ley en el Congreso, fue enviada para que el Presidente de la República firmara el cúmplase. Inexplicablemente, el gallardo mandatario, Fernando Belaunde Terry, se negó a firmar la autógrafa de la ley. Este señor que en nuestra plaza, como en todas las del Perú, había declarado que “los últimos serían los primeros” se negó a firmar no obstante llevar la impronta de “el pueblo lo hizo”. De acuerdo a la Constitución entonces vigente, el Presidente del Congreso de la República, Senador Ramiro Prialé y Prialé, estampó su firma que fundaba nuestra Universidad. Era el 12 de abril de 1965.  Aquel día se improvisó un desfile por todas las calles de nuestra ciudad entre la algarabía de nuestro pueblo. Yo no pude marchar. Tenía las piernas completamente hinchadas pero, cuando llegaron a la puerta de la casa, salí al balcón y les di mi saludo fraternal. Nunca me sentí tan conmovido con mis compañeros.

 

 

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One thought on “LO QUE SUCEDIÓ EN DICIEMBRE DE 1963

  1. EXTRAORDINARIO GESTA Y TRIUNFO DEL PUEBLO CERREÑO QUE CORONÓ CON LA CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DANIEL ALCIDES CARRION, UNDAC,Y TITANICA LUCHA Y SACRUFICIO DE LOS MAESTROS,ALUMNIS,ALCALDE Y PUEBLO CERREÑO ESCRITAS EN LAS PÁGINAS DE LA HUSTORIA.

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