LEONCIO LUGO, NUESTRO EXTRAORDINARIO PINTOR

leoncio-lugoEs una constante en nuestro pueblo, el olvidar a los hombres que nos dieron prestigio y honor. Uno de los más postergados en la memoria popular -injustamente, por supuesto- es el extraordinario pintor paucartambino, don Leoncio Lugo, discípulo preferido del genial José Sabogal y amigo entrañable de eminentes pintores peruanos de entonces como Camilo Blas, Julia Codesido, Camino Brent, Wenceslao Hinostroza y muchos más. Sabogal, como recordarán, fue el padre del indigenismo en la pintura, es decir de la corriente que dejando la moda europeizante en plena boga en la década del cuarenta, volvió los ojos a  la realidad nacional y trabajó representando toda la majestad de  la raza autóctona y su patética realidad. Visitante en muchas oportunidades de nuestra ciudad, ha plasmado en algunas telas, los recios rasgos de la personalidad minera cerreña. Son notables los cuadros en los que se puede ver las casas cerreñas. Esas obras se pueden hallar actualmente en colecciones particulares.

Don Leoncio Lugo, hijo de Julio Lugo Collao y Cecilia Bao, nació en Paucartambo, el 24 de abril de 1901. Allí inició sus estudios primarios en una escuela particular regentada por el Dr. Loayza, sacerdote de amplios merecimientos. Los continuó en el Cerro de Pasco a donde fue llevado por su tío, don Gerardo Lugo, a la sazón alto miembro de la Corte Superior de Justicia Departamental. Cuando este jurisconsulto quiso ponerlo a su servicio personal el joven rechazó de plano el proyecto. No había nacido para ser un sirviente. Al ver su inconformidad el juez lo recomienda para laborar en la Fábrica de Aguas Gaseosas de “Piedras Gordas” del alemán Wilhelm Herold. En este lugar trabaja arduamente y al ver que el sueldo era muy bajo y el trato al personal  infame, decide cambiarse de colocación. Logra ingresar en el servicio de mantenimiento del servicio del ferrocarril, Cerro de Pasco – La Oroya, a cargo de la Railway Company. En este lugar encuentra que la dureza del trabajo es altamente compensado por el sueldo que le pagan.

Como la dureza del empleo le impedía seguir sus estudios, decide quedarse en la localidad de Carhuamayo en donde, por primera vez, da rienda suelta a sus inquietudes. Su primera obra es una copia de una lámina titulada LA INDEPENDENCIA que él lo convierte en un hermoso cuadro que hasta ahora se puede ver en el salón de actos de aquella ciudad. Su éxito es tan extraordinario que, las personas cultas de la localidad lo animan a seguir sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, a la que ingresa con excelentes notas después de una prueba de habilidad, en el año de 1926. Allí traba amistad con muchos excelentes alumnos, entre ellos Jorge Vinatea Reinoso, insigne pintor arequipeño y se convierte en uno de los preferidos alumnos del Director del establecimiento don Daniel Hernández. Cuando egresa en 1932 es accesitario a la medalla de oro de su promoción junto a la desparecida pintora, Carlota Carvallo de Núñez. Convertido en representante de la pintura indigenista en la región central del Perú, pues era alumno de su maestro y mentor José Sabogal, retorna  a su tierra natal. Dominador del óleo, la acuarela y el carboncillo, su arte se caracteriza por un colorido vivo de fuerte textura con el que patentiza toda la grandeza paisajista de su tierra querida. Igualmente en los retratos y desnudos que ha pintado siguiendo la corriente indigenista, hace resaltar los rasgos autóctonos de nuestra raza.

A partir del año de 1936 radica definitivamente en Paucartambo en donde pinta hermosas estampas y paisajes del lugar. Atraído por la belleza de Oxapampa viaja allá a radicar por corto tiempo. En ese lapso plasma numerosos cuadros de gran envergadura artística.

En 1940, bajo al auspicio del Alcalde del Cerro de Pasco viaja a Cusco y Puno donde no sólo ofrece exposiciones de sus cuadros, sino también trasplanta al lienzo hermosas estampas lugareñas que son favorablemente comentadas.

El año de 1941, debido al triunfo que había alcanzado a nivel nacional, el Diputado don Manuel B. Llosa, le auspicia una exposición en el Touring Automovil Club del Perú, donde alcanza un éxito extraordinario. Allí, con el abierto aplauso de la crítica de entonces, expuso sus mejores cuadros, que son los siguientes:

01.Baile de Junín

02.Soledad.

03.Indio junino.

04.Cansancio.

05.Estancia

06.Naranjales de Oxapampa.

07.Plaza de Oxapampa.

08.Ganados en Huancayo.

09.Amanecer en el caserío.

10.Violinista.

11.Un camino en Huancayo.

12.Eucaliptos huancaínos

13.Orillas del Mantaro.

14.Muchacho minero.

15.La Victoria.

16.Llamas fatigadas.

17.Indio Mayor.

18.Barrio de tunantes.

19.Preparando  el ponche.

20.Alfombras de Jueves Santo.

21.Pelando al chancho.

22.La Pascua.

23.Madre.

24.Camino en un peñón.

25.Verano en la sierra.

26.Pachamanca

27.Pastora de Vacas.

28.Cosecha de trigo

Sus obras fueron expuestas en varias instituciones limeñas, en Huancayo, Cerro de Pasco y Arequipa. En la ciudad blanca fue objeto de un gran homenaje de los intelectuales mistianos promovido por el inolvidable músico arequipeño, Benigno Ballón Farfán.

Durante su estada en nuestra ciudad, traba íntima amistad con Gamaniel Blanco Murillo, Gerardo Patiño López, Graciano Ricci Custodio, Antonio Jiménez y con los Casquero, especialmente con Ambrosio, el poeta, con quien edita una revista de Arte que llevaba el nombre de CENTRO.

El notable pintor, desgraciadamente, fue perdiendo poco a poco  la visión debido a un accidente sufrido en su juventud. En 1953, pierde la visión completa de un ojo y, en 1968, queda definitivamente ciego. El dolor que le causó esta desgracia fue enorme, especialmente porque, entonces, se hizo patente la indiferencia de las autoridades y del pueblo. Sus últimos días de vida en un mundo de tinieblas fueron dramáticos. Finalmente, presa de una larga enfermedad, fallece en el Hospital de Chulec el dos de noviembre del año de 1979.

Nota especial de admiración y reconocimiento merece doña Cristina Soto, su mujer,  compañera en sus momentos gloriosos y en los dramáticos de los últimos de su existencia.

Nosotros hemos tenido oportunidad de admirar sus cuadros, creemos que es el pintor que con más acierto ha plasmado la personalidad pasqueña.

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Tenemos conocimiento que, en gesto que aplaudimos sin reservas, nuestra Universidad, hace algunos años, adquirió sus cuadros. No podía ser de otra manera. Nuestra Alma Mater está en la obligación de custodiar aquellos valores que honran a nuestra tierra. Eso sí, sólo pedimos muy reverentes que, los cuadros no los almacenen en los depósitos como cosas sin valor, sino que enmarcándolos debidamente, los pongan en permanente exhibición en la sala de lectura de la Biblioteca Central, para que nuestra juventud, pueda degustar  de la genialidad de don Leoncio Lugo, un extraordinario artista.