Sebastián G. Benavides Huaynate

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Este distinguido hombre de letras, nació en la cálida ciudad de Yanahuanca, el 22 de noviembre de 1898. Fueron sus padres don Julio G. Benavides Avellaneda y doña Marcela Huaynate.

Sus estudios primarios los realizó en el «Liceo Cerreño», dirigido por el eminente pedagogo jaujino, Antonio Martínez, en la vieja ciudad minera del Cerro de Pasco. Los secundarios en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, de Lima.

Al finalizar la secundaria, ingresa en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y, finalizados los primeros años, aquejado por una dolencia que requería de reposo y calma, retoma a medicinarse a su tierra natal y, ya repuesto, retoma a la capital e ingresa a la Universidad Católica de Lima. Nuevamente el clima húmedo ataca al insigne yanahuanquino por lo que esta vez definitivamente tiene que abandonar los estudios.

Cuando en 1929 ingresa en la política comunal, lo hace con éxito. Es elegido Alcalde de su tierra natal en donde va a desarrollar prolífica labor gubernamental. En aquella ocasión, su entrañable amigo y colega, Ambrosio Casquero Dianderas, poeta y escritor como él, publica en «El Minero» del 5 de abril de 1929 la siguiente nota que titula:

LA PERSONALIDAD DEL ACTUAL ALCALDE DE YANAHUANCA

 Con conocimiento de causa, porque he radicado por algún tiempo en Yanahuanca, esbozaré algunas parrafadas sobre la personalidad del personero comunal actual de aquel pueblo.

 Efectivamente, es Sebastian G. Benavides -sin que la suspicacia de los que me leyeran pueda decir que hay convenio antelado para halagarlo-, libre estoy de ello, es uno de los elementos más representativos de aquel lugar.

 Es decir, tiene todo lo que puede tener un elemento de valía con personalidad propia. Entre otros méritos, sus dotes intelectuales son demasiado conocidas. La camaradería, por otro lado, de su franco corazón sugestionóme siempre, debido a la similitud de temperamentos que piensan del mismo modo. Y una vieja amistad continuamente nos ligó con un fraternal aprecio.

 Asimismo, en otros terrenos, Benavides es suficientemente preparado. La política comunal, no tiene deficiencias de conocimientos para él.  Puede en su próximo curso de servicios en el mundo que le toca seguir, no ser un práctico de una labor impuesta, mas es todo un idealista para mantener el calor de todo progreso general y colectivo.

 Volviendo a lo intelectual, hombre de fácil palabra- cuando habla se expresa bien. No tiene el sentido del amaneramiento ni del decir común-. Escúchesele y siempre dirá algo nuevo en favor y bien al todo.

 En suma, de Benavides en el actual mando del gobierno edilicio, no se esperará mucho, sino lo concreto y correcto para el progreso de Yanahuanca.

 Para terminar, brindo al viejo camarada periodista en estas líneas, como un deber que en mi impera, mi más cálida felicitación por su rotundo triunfo comunal.

 A.W.Casquero.

 Cerro, abril de 1929.

Una de las creaciones de nuestro escritor es este ensayo acerca de la Envidia, publicado en momentos en los que esta lacra hacía estragos entre la comunidad cerreña.

LA ENVIDIA

 Los hombres de espíritu mezquino, que inclinándose siempre a la maledicencia, sufren y jamás gozan con el bien ajeno.

 Lejanos fragores de trueno recuerdan las palabras que fementido pronunció Caín después de victimar a su hermano- dice José Ingenieros al hablar de la envidia y remarca, «el primer asesino de la leyenda bíblica tuvo que ser un envidioso».

 Nuestro medio ambiente cuajado de gentes maldicientes, de espíritus bastardos y almas raquíticas, nos dan a diario patéticos ejemplos de los alcances de esta bastardía moral.

 Difícil sería extirpar del seno de los hombres de cenagosa estructura espiritual los achaques de la envidia que en todo momento la esgrimen como arma de combate y desahogo procaz y, es por esto que el lapidario González Prada, al hablar de tópico semejante, dijo: «Los hombres tienen su baba como el reptil su veneno».

 El espartano Antístenes al saber que le envidiaban contestó – dice Ingenieros- «Peor para ellos; tendrán que sufrir el doble tormento de sus males y de mis bienes». Y el mismo Ingenieros agrega: «Es necesario provocar la envidia, estimularla, acosarla, para tener la dicha de escuchar sus plegarias. No ser envidiado es una cosa muy triste».

 Ser superior para los que nos envidian, para servirles de sombra y férula, es la mejor bofetada moral que podemos darles, como la luna cruza el Zenit mientras los perros ladran.

 Cerro de Pasco, 3 de mayo de 1923.

Otra de sus creaciones, publicada en «El Diario», del Cerro de Pasco en su edición de homenaje a Pasco en mayo de 1928, es la siguiente.

MIENTRAS LA VIDA TRANSCURRA

 Mientras el vértigo del tiempo y la marcha acelerada de los siglos que huyen desgranen segundos y minutos y la vida transcurra; mientras penas y alegrías giren en torno nuestro: el hombre piensa. El cerebro en trabajo constante, hilvanando ideas forja nuevas orientaciones que germinan como la simiente sobre un suelo fecundo para servir de nuevo derrotero a la humanidad.

 Mientras las sonrisas existan en los labios de vírgenes insomnes; mientras el corazón oscile apasionadamente; mientras el pudor de la mujer inviolada escatime caricias; mientras acompañe al hombre la diosa Esperanza, cual una diamantina luz en la diafanidad de un cielo perláceo; mientras exista una inquietud y un rito indescifrable; mientras se piensa en un lisonjero porvenir, el hombre temerá a la muerte.

 Mientras exista el jardín de la quimeras, donde las flores tienen la exótica policromía de las cosas sugestivas y atrayentes; mientras exista un cielo límpido; estriado de largas nubes blancas, donde elevar el espíritu en horas nostálgicas; mientras la mujer ofrezca concesiones nuevas; mientras exista el amor, que es el incentivo de la vida, el que esto escribe seguirá escribiendo…

 Mayo de 1928. S.G. Benavides

¿Sabía usted….?

Que todavía el 5 de junio de 1890, se inaugura solemnemente la Escuela Municipal de la ciudad. Inicialmente tenía dos ramas, una femenina y otra masculina. Funcionaba en los altos de la municipalidad. Allí recibieron sus primeras letras, Evaristo San Cristóval y León, Teodomiro Gutiérrez Cueva, Gamaniel Blanco Murillo, Gerardo Patiño López, Elias Malpartida Franco, y Daniel Alcides Carrión que después fue llevado a Tarma y más tarde a Lima.

 

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