DESDE LA MORGUE

torre-del-hospital-carrion-1Vista de la Torre del Hospital Carrión entre las agónicas ramas de un viejo quinual en un lúgubre atardecer cerreño. La fotografía fue tomada justo desde la ventana de la morgue. Lugar completamente helado en donde convergían los ramalazos de aire frío en todas las épocas del año.

Las ventanas, en lugar de vidrios, tenían un enmallado protector. No hacía falta más. Las tres o cuatro mesas adhoc donde se colocaban -completamente desnudos-  los cadáveres, están ubicadas estratégicamente en derredor de la mesa central donde se efectuaban las necropsias.

Los cadáveres que eran depositados tras los accidentes, permanecía muchas veces por cuatro o cinco días. El intenso frío ambiental, los mantenían “refrigerados” por así decirlo. Casos muy raros de viruela, tifus exantemático u otras enfermedades infecciosas, era solucionado inmediatamente.

Sólo una vez se presentó un caso alarmante. Un desconocido que había llegado de la selva se abandonó a su suerte en uno de los “Tambos” de Santa Rosa, víctima de: escalofríos, fiebre elevada, dolores de cabeza, con fuerte decaimiento y con los ganglios linfáticos muy inflamados. Los médicos hicieron todo lo posible por salvarlo, no lo consiguieron. Sacado del Lazareto donde estaba alojado y llevado a la morgue, cuando lo desnudaron hallaron unas gigantescas bubas purulentas formadas en sus ingles. Esta es la “Peste Bubónica” sancionó el doctor Leopoldo Colina. Inmediatamente hicieron todo lo posible para evitar su propagación. Fue llevado al cementerio general en donde se abrió una sepultura profunda donde se amontonó abundante cal viva y, sobre ella, depositaron el cadáver.

Por otra parte, periódicamente se realizaban campañas contra el tifus exantemático que muy a menudo se producía por culpa de los pijos. En otros casos, el hospital Carrión y, generalmente Rotary, realizaban campañas de vacunación para prevenir las enfermedades en los niños de las escuelas.

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En frente de la morgue –como puede verse en la foto- estaba ubicado el LAZARETO PORTAL para entender casos peligrosos e infecciosos. En la fotografía puede verse el frío ambiente que rodeaba al hospital.

Cuando se realizaban las autopsias, el encargado de manipular y abrir el cadáver era don Pedrito Santiváñez que, a lo largo de su desempeño como jefe de enfermeros, dejó una escuela de destacados discípulos. Zósimo Angulo, Pepe Bravo, el último fue “El cojito” Cárdenas.

Hubo muchas anécdotas el respecto. Una vez por ejemplo, cando llegué al hospital a ver la autopsia de los comuneros de Rancas, me encontré con Jesús Pomalaza. Cuando quiso ir conmigo le pregunté si alguna vez había visto una autopsia y, su respuesta fue, “Si tú puedes ir, por qué yo no. El caso es que, cuando abrieron el tórax del cadáver, Pomalaza cayó sin sentido. Tuvimos levantarlo en brazos para sacarlo del recinto. Nunca más se atrevió a ver una autopsia.

 

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