Las almorceritas

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En la fotografía que les presentamos, vemos el impactante paisaje humano conformado por una bulliciosa ringla de mujeres del pueblo: “Las almorceritas” (Mujeres de los mineros que entregaban sus “portaviandas” a los encargados para que las hicieran descender a los socavones donde sus esposos degustaban del vivificador yantar). Este era un cotidiano acontecer en la mina de Lourdes de la compañía norteamericana Cerro de Pasco Corporation que tuvo  vigencia hasta 1956 en que se inició la apertura del monstruoso “Tajo Abierto” que esta engullendo a nuestro pueblo heroico.

Hay un huaino de Andrés Urbina Acevedo –el vate de nuestro pueblo- cuya  inspiración, producto de mimetismo y folclore, el pueblo lo ha hecho suyo, cantándolo generación tras generación. Nos habla del castillo de “Lourdes” -otrora monumento de la minería nacional- a la que cada mañana, una interminable fila de chaposas paisanitas hacía la cola para dejar la “porta vianda” con el magro yantar para su amor que está trabajando en las profundidades de las galerías. Entretanto, mientras esperaban su turno, surcían  medias o tejían chompas o “puchkaban” kilométricas chalinas –nunca estaban  quietas- comentando y “rajando” de lo que acontecía en la vida diaria. Las mantas y pañolones de vivos colores le daban una policromía hermosa que, con arte, la pluma de don Andrés describía. Nos hablaba de la “jaula”, metálico ascensor, donde “subía  y bajaba” la vida de los mineros; de la “lamparita de carburo”, compañera necesaria en su diaria brega, la que con su fulgor iluminaba sus caminos, pero también con sus parpadeos y cambios de color, le prevenía de los peligros acechantes. Esta joya tuvo su correlato artístico en la fina sensibilidad del músico Jesús Enciso –heredero de la magia de Graciano Ricci, su padrastro- que lo acunó en querendonas melodías, siguiendo los cánones impuestos por el maestro. Cuando este huaino se actualiza en los temblorosos labios de los “expatriados” cerreños, más de una lágrima colofona viejos recuerdos y perdidas vivencias.

 

            ¡¡Ay mi Lourdes!!

 

¡Ay, mi Lourdes, Ay mi Lourdes!           

se parece a un paraíso,

a las diez de la mañana,

pintadito de colores,

con sus lindas cerreñitas.

 

            Lamparita, lamparita,

            lamparita de carburo,

            tú no más estás sabiendo

            la vida que voy pasando.

 

            En el castillo de Lourdes,

            hay una jaula de acero,

            donde sube, donde baja,

            la vida del pobre obrero.

 

                        ESTRIBILLO

 

            El trabajo de la mina,

            no me gusta, no me agrada,

            la pobreza me cautiva,

            para seguir trabajando.

 

            (Música de Jesús Enciso)

 

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