Ramiro Ráez Cisneros “El Pescador de Perlas”

ramiro-raezEl año de 1919 llegaba al Cerro de Pasco, un artista cuyo nombre engalana el añoso cancionero de nuestra tierra minera. Contaba entonces con floridos y hermosos dieciocho años. Había concluido brillantemente sus estudios secundarios en el Colegio Particular Santo Tomás de Aquino y su profesión de Contador Mercantil en las Escuelas Americanas de la ciudad de Lima. Llegaba no en busca de aventuras extrañas ni el logro de fáciles fortunas, sino a ocupar su cargo de Cajero en la Compañía Recaudadora de Impuestos del Cerro de Pasco. Había nacido en Huancayo el 18 de abril de 1901; hijo del ilustre sabio huancaíno don Nemesio Ráez Gómez, prolífico escritor, notable maestro y autor de la “Historia de Huancayo” y de la distinguida dama, doña Guadalupe Cisneros Morón.

Su arribo a nuestra ciudad constituyó todo un acontecimiento. Por su simpatía, sus notabilísimas dotes intelectuales y su bonhomía, pronto se ganó el aprecio y el respeto de las gentes más connotadas del pueblo. Se convirtió en el obligado contertulio de los más exigentes grupos cerreños; su talento comenzó a hacerse conocido a través de sus numerosísimos artículos periodísticos que se publicaron en los más importantes diarios de la ciudad de los que más tarde va a llegar a ser su Director: “La Voz del Cerro de Pasco”, “El Pueblo”, “El Esfuerzo” y, el inolvidable “Hipo”.

El año de 1922, es llevado al Concejo Provincial de Pasco por su primo hermano don Herminio Cisneros Zavaleta, a la sazón, Secretario General. Su desempeño como auxiliar en la Secretaría es tan brillante que ante el retiro de don Herminio a la ciudad de Ambo, es nombrado Secretario General titular. Es entonces que su vena literaria reforzada por un talento especial, alcanzó logros sin precedentes y sin continuadores notables en el campo humorístico. Comenzó redactando los famosos “Bandos Carnavalescos” que, cargados de humor y sátira, enfocaba los principales problemas de la vida ciudadana y de los personajes más notables de la historia cuotidiana y risueña de la ciudad, la gente fiestera reía a más no poder y aplaudía las genialidades de don Ramiro, un humorista punzante y acertado que se había ganado ya el corazón del pueblo. En esta faceta interesantísima y saturada de verdadera genialidad, la redondeó con creces al publicar “El Hipo” que se editaba “cuando a su Director le venía en gana”, como decía en su presentación.

Si como escritor serio fue extraordinario, como humorista fue único. Sus creaciones populares como mulizas, huaynos, cachuas y chimaychas que ha cantado y sigue cantando el pueblo con especial delectación y regocijo, estaban cargados de sentimientos delicados y aliñados, acertadamente versificados que preferentemente estaban destinados a celebrar la belleza de la mujer cerreña de la que indudablemente fue su más alto y notable cantor. Tal es el caso de la inolvidable muliza “Calla Corazón”, que en 1924 la dedicara a la más hermosa de las  reinas que haya tenido el carnaval cerreño, señorita Isabel Ravelli Malpartida.

Como todos saben, el Cerro de Pasco fue el pueblo que con más entusiasmo acogió los carnavales que entre serpentinas, máscaras, chisguetes, confetti y alegría, celebraba con gran algarabía la fiesta de Momo. En el carnaval de 1925, le dedica a la soberana de entonces, señorita Lucila Arias, S.M. Lucila I, su hermosa muliza “Flor en Capullo”. Desde entonces, el pueblo minero comenzó a llamarle cariñosamente “El Pescador de Perlas”.

Cuando en 1926, el Colegio Americano implanta la sección secundaria en sus aulas, don Ramiro es contratado para desempeñar el cargo de Profesor de los cursos de Redacción Comercial, Matemáticas y Preceptiva Literaria; simultáneamente ejercería la enseñanza de Esgrima en sus modalidades de sable, espada y florete.

Cada año, los clubes carnavalescos cerreños,  se disputaban las creaciones de este admirable poeta del pueblo, que desde 1922 hasta 1948 estuvo regalando las primicias de su genio.

En plena racha de éxitos contrae matrimonio con la distinguida dama cerreña, doña Rebeca Malpartida Durán, que se alegró con la llegada de sus cinco vástagos: Olga, Ramiro, Ernesto, César, Haydeé, Luis, Gustavo y Sidy.

Su creación poética fue el oasis de las diarias labores que como Secretario General del Concejo Provincial de Pasco. (En una conversación que tuvimos con el doctor Alberto Benavides, Alcalde del Cerro de Pasco de 1945 a 1950, me aseguró que don Ramiro le ayudó enormemente a llevar adelante el gobierno de la ciudad). Fue también Juez de Paz, periodista activo y  miembro de la Compañía de Bomberos.

Alternó con los mejores músicos en la creación de huaynos, mulizas, chimaychas y cachuas de carnaval.

Su maestría de ameno conversador y bromista fino, inesperadamente es cortada por el aciago destino. Ante el estupor y congoja del pueblo cerreño, fallece en la sala de operaciones del Hospital Carrión el 29 de febrero de 1948.

El dos de marzo a las cuatro de la tarde, todos los cerreños unidos como un solo hombre sin hacer caso de la vigilancia policial de la tiranía de entonces, acuden a poner sus hombros para conducirlo a su última morada. Los guardianes de la dictadura de turno, desde lejos, con los seños fruncidos, torvos, fusil en ristre “vigilaban” el sepelio. Los soplones miraban boquiabiertos la impresionante manifestación de dolor del pueblo minero. Veían cómo, en respetuoso silencio, llevaban a su tumba a un hombre bueno; a un periodista extraordinario, a un poeta popular dulce y galano, a un hombre ejemplar, a un bohemio risueño y jovial que tanto había alegrado a nuestra tierra…¡Qué recogimiento el de la gente cerreña!…¡Qué  veneración de un pueblo para un hombre admirable!…Aquella tarde, acongojada y fría, la tierra minera que tanto había amado, le abrió sus amorosos brazos y lo cobijó entre sus entrañas de plata, como su veta más preciada.

Acaecido su deceso a las ocho de la noche del 29 de febrero de 1948, en el quirófano del Hospital Carrión,  el inolvidable periodista ambino don Herminio Cisneros Z. con el que había compartido innumerables horas de trabajo, dice en las páginas de EL DIARIO, periódico en el que ambos habían trabajado, lo siguiente:

El preclaro, “Pescador de Perlas”, el bohemio exquisito y sugestivo que tan brillantemente cultivara la prosa y el verso en las páginas de EL MINERO, primero y en el HIPO después -órganos periodísticos de perenne memoria en el Cerro de Pasco- ha muerto,

La ágil labor intelectual de Ráez Cisneros tuvo facetas múltiples y magníficas. La prestancia de su personalidad singular, alcanzó justos relieves de superior jerarquía cívica en las vastas regiones del Mantaro y el Huallaga, en los que gozaba de profundas y cordiales simpatías.

Conocí a Ramiro en una mañana clara de diciembre de 1922 en la Opulenta ciudad del Cerro de Pasco. Dirigía ya entonces, el diario LA VOZ DEL CERRO DE PASCO y llegó a mi mesa de trabajo con la franca sonrisa que le era habitual y sin preámbulos, formamos amistad que, transcurriendo el tiempo, llegó a constituirse en el culto de la sincera fraternidad. Durante 15 años trabajamos hermanadamente. En la Comuna Cerreña, ya como empleados, ya como concejales. En el periodismo, en la función pública, en el deporte; en actividades sociales y culturales actuamos inseparablemente. En1937 al retirarme del Cerro de Pasco por motivos de salud, Ramiro me sucedió en el importante cargo de Secretario General del Concejo Provincial, puesto que ha desempeñado, hasta su fallecimiento, con el propio brillo de su talento fecundo.

La súbita noticia del deceso de Ramiro ha lacerado mi corazón muy hondamente. Dolor profundo, angustia suprema por el hermano ausente para siempre.

Los restos mortales de Ramiro reposan en las tierras de la urbe cerreña a la que tanto amamos y a la que ofrecimos en todo momento, el fruto de nuestro intelecto, el cariño de nuestro corazón, el calor de nuestro entusiasmo y el fervor de nuestros idealismos.

Desde aquí o donde el destino quisiera llevarme, a tu tumba haré llegar Ramiro, mientras viva, las flores de recuerdo imperecedero y de mi afecto infinitamente fraterno.

Ambo, 2 de marzo de 1948. Herminio Cisneros Z.

Otro de los hombres, talentoso y extraordinario, amigo entrañable de Ramiro, el yanahuanquino, Sebastián G. Benavides, en las páginas de EL MINERO, dice lo siguiente:

SE NOS FUE RAMIRO….!

Ramiro Ráez ha muerto. Tal la frase dolorida, la que los labios trémulos repiten sin poder escrutar los acervos infinitos.

Ha muerto sí, porque en sus labios se extinguió la palabra y en su cerebro, la luz que iluminara la ruta de su existir, más si la muerte es la negación de todo lo material, queda, supervive, la estela refulgente de sus obras.

Ramiro Ráez, sin almibaramientos, fue un valor intelectual que honra la bella y digna tierra huanca lugar de su nacimiento.

Lo conocí hace más de 25 años y a través de la trayectoria de su vida, lo encontré siempre bueno, siempre íntegro y siempre atento; bohemio de finos quilates, porque es preciso distinguir al bohemio prosaico del bohemio intelectual que es el auténtico bohemio. Su vida fue una eterna quimera como quimérica, ese azuloso cielo, que al decir del poeta, no es cielo ni es azul.

Bohemios como Ramiro Ráez Cisneros fueron, Felipe Germán Amezaga y Ambrosio Casquero Dianderas, que también pagaron tributos a la tierra después de haber saboreado en esta gélidas tierras andinas, como por mágico contraste, el calor, la inquietud enseñoreada, de una vida de ensueños y de ilusiones, que se agota ante la escalofriante realidad de vivir, para renacer luego en un rictus de abstracción de todo lo convencional y prosaico.

Hoy cumpliendo misteriosos designios, formarán una inseparable trilogía en el más allá, en donde acaso no existan tierra, egoísmos maldicientes, ni burdos convencionalismos.

Desde entonces, han pasado muchos años y, agradecidos, repetiremos nosotros, las palabras de don Gerardo Patiño López, quien con el corazón en los labios, al ver la gran cantidad de flores que cubrían su tumba, dijo:

Gracias Ramiro; gracias por todo lo que nos has dado. Estas flores que cubren tu losa, así lo proclaman; porque al fin y al cabo, son las mismas flores que estuviste cultivando toda tu vida”.

 

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