LA “JUGADA” DEL DEPORTIVO MUNICIPAL

El 22 de junio del 2010 -hace siete años- falleció nuestro gran amigo, GUZMÁN VARILLAS BASURTO. Además de inquieto periodista y animador de nuestras reuniones amicales, fue brillante Presidente de la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco. En el desempeño del cargo nos dejó una estela de grandes consecuciones para nuestro popular deporte. Con nuestra gratitud y recuerdo a los diecisiete años de su partida, me permito rendirle homenaje de recuerdo con esta anécdota de pasados años. La afición cerreña sigue adolorida por su desaparición y, no obstante los años transcurridos, lo recuerda con mucho cariño.

deportivo municipal campeón de 1950

Vivíamos pletóricos aquella inolvidable época en la que uno de los más emblemáticos equipos de fútbol de nuestra patria estaba en la cumbre de la popularidad: el Deportivo Municipal. Para entonces, presidiendo a la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco, teníamos a uno de sus más eficaces y carismáticos dirigentes que ha tenido esta institución: Guzmán Varillas Basurto, miembro de la Policía de Investigaciones del Perú. Como jugador primero, y como dirigente después, fue ganándose la confianza y el aprecio de los aficionados. Elegido Presidente puso en marcha un plan muy bien hilvanado destinado a traer a nuestras canchas a los mejores equipos capitalinos. Naturalmente la respuesta de la afición fue aprobatoriamente generosa. Con el mismo entusiasmo trajo cuadros de gran prestigio como el Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sport Boys, Ciclista Lima, Atlético Chalaco y otros; inclusive, gracias a él, tuvimos el primer partido internacional cuando, para Fiestas Patrias, jugó el Municipal de la Paz, Bolivia con nuestra selección de fútbol local.

En cada una de estas presentaciones el éxito de taquilla era efectivo. Por aquellos, días oyendo las sugerencias de la prensa que canalizaba con mucho acierto las aspiraciones de la hinchada, decidieron traer el Club Deportivo Municipal, que por aquellos días tenía en su plantilla nada menos que al ídolo nacional que había triunfado ampliamente en Argentina al jugar por “Platense” y “Racing”: Tito Drago. Lo acompañaban, un joven que con gran pundonor y calidad emergía triunfador para codearse con las mejores estrellas de nuestro fútbol: Juan Seminario; los jóvenes hermanos Manuel y Roque Rivera; un “patrón del medio campo”, Germán Colunga; Oscar Montalvo como puntero derecho; César Brush y Willie Fleming, backs de gran prestigio; Humberto Becerra, en el arco; también ”Pichín” Biélich . Es decir lo mejor de la vidriera futbolística de aquellos días.

Con bombos y platillos se anunciaba la presentación del Municipal para enfrentar a nuestra selección el 28 de julio en el Estadio Municipal. La publicidad fue tan abrumadora que desde los primeros días de julio no se hablaba de otra cosa. Llegado el día, como no había sucedido nunca en nuestra ciudad, el tema candente de toda conversación era la presentación de la “Academia”. El 28 de julio cuando se celebraba el Te Deum oficial, se presentaron los jugadores capitalinos premunidos de sus buzos rojos de franela con letras blancas: MUNICIPAL. Todo fue que aparecieran cuando la ceremonia central estaba perdiendo solemnidad porque, sin hacer caso de los pasos de la liturgia de rigor, las gentes señalaban y comentaban la presencia de los cracks limeños.  Éstos se paseaban por nuestras calles y firmaban autógrafos de los “hinchas”, inclusive, invitados por el “Club Tito Drago”, la estrella homenajeada se presentó en el recinto de nuestro Deportivo Municipal donde se le tributó un gran homenaje. Como nadie podía sospechar, los jugadores ediles realizaban una muy notoria campaña publicitaria que a la postre fue muy efectiva.

A partir de las dos de la tarde inmensas colas se formaban en las boleterías. Nunca se había visto nada igual. Camiones repletos de aficionados llegaban de las compañías  mineras vecinas, Atacocha, Huarón, Colquijirca, Chicrín, Santander, Pilar, Chungar, Animón, Vinchos, etc. Nuestro primer escenario deportivo mostraba un lleno impresionante. Su tribuna de madera estaba al tope. La gente de “popular” se acomodaba como podía en la enorme extensión que rodeaba el campo de juego. La banda de Músicos adornándose con piezas musicales del gusto popular alegraba a la enorme multitud. Llegada la hora, cuando el Deportivo Municipal entró en la cancha, una atronadora ovación acompañada de cohetes y bombardas, saludaba a los visitantes. Inmediatamente comenzaron a calentar con sendas pelotas, haciendo la alegría de los hinchas, especialmente de los niños. Al entrar en la cancha el árbitro Felipe Medrano, los jugadores se retiraron a los camerinos para cambiarse, pero lo que ocurrió a continuación fue increíble. Con las correspondientes camisetas del Municipal ingresaron los jugadores, pero ya no las estrellas que acababan de verse en el campo. Naturalmente el público comenzó a protestar. Acababan de ver a los titulares y los que habían ingresado eran todos suplentes desconocidos. La silbatina arreciaba y se hacía más agresiva. La gente ya estaba indignada. Nadie se explicaba el por qué del “cambiazo” y la rechifla se hizo tremenda. Recuerdo todo esto como si fuera ayer porque yo estaba transmitiendo las ocurrencias por “Panorama Deportivo” de Radio Corporación. La indignación se hacía cada vez más belicosa porque ya los descontentos comenzaron a tirar grandes piedras a los techos de las tribunas originando una barahúnda espectacular. Desde la caseta de transmisión venía ir y venir a un desconcertado Guzmán Varillas que al verme me invitó para que lo ayudara a solucionar el problema. Me explicó que no querían salir al campo porque decían que habían cumplido con el contrato por ambas partes. Intrigado por aquella audacia entré en los vestuarios y encaré –micrófono en mano- a Nino Cavassa, el hombre que había firmado el contrato

  • ¿Tiene usted el contrato….? – pregunté
  • Aquí está…
  • Por qué no lo cumple…?
  • Sí, he cumplido…
  • ¿Ha cumplido…? ¿Cómo..?..¿Por qué no entran los jugadores titulares, Tito y Seminario, por ejemplo…?
  • Porque aquí dice claramente, “El Club Deportivo Municipal llevará al Cerro de Pasco a Tito Drago, Juan Seminario etc. Etc.
  • ¿Y por qué no juegan…?
  • Porque en ninguna parte dice que deben jugar. Aquí dice claramente, se compromete a llevar al Cerro de Pasco, bueno, aquí están, ya los he traído, pero en ninguna parte dice que deben de jugar…
  • Pero se supone que tenían que venir a jugar, sino… ¿Por qué habrían de venir…?
  • ¡Ahhh, no sé! Yo he cumplido con mi parte del contrato. Pueden ustedes tomar las medidas legales que juzguen conveniente….

Leímos cuidadosamente el contrato y, verdad; no se estipulaba en ninguna de sus cláusulas  que debían jugar. Entretanto ya la situación se tornaba muy peligrosa. Afuera la silbatina se había convertido en una incontrolable protesta que amenazaba la seguridad de todos los que estábamos en el recinto. Los mismos escasos policías, se hallaban desconcertados e impotentes. Así las cosas. Decidimos ver el caso con mucha serenidad. Varillas me informó que habían ido al Cerro por quince mil soles. Que la taquilla había registrado un ingreso de más de cuarenta mil. Inmediatamente entendimos que sólo con dinero podíamos solucionar el impase. Cuando se habló de solucionar el problema, sugirieron que por una cantidad más entrarían a jugar los titulares. ” ¿Cuánto?” –preguntamos. “Cinco mil más” dijeron. En vista de que faltaba poco para que incendien las tribunas, Varillas tuvo que aceptar. Cuando le contaron los cinco mil soles más. Cavassa hizo una señal y Tito, Juan Seminario y los otros que estaban con sus abrigos, como listos para marcharse, se despojaron de ellos y vimos que estaban completamente uniformados, listos para jugar… ¡Sabían que “atracaríamos”!!!.

Cuando el público vio a sus ídolos retornando a la cancha, como por encanto calmaron sus protestas y les tributaron aplausos muy cariñosos. En ese momento, ni mucho después, se enteraron que habíamos sido víctimas de un chantaje que gracias a la generosidad de la hinchada cerreña, habíamos solucionado. Naturalmente, los maestros dieron una muestra excelente de su juego y el público quedó contento. Tras esta ingrata y nada positiva experiencia, siempre hemos tenido mucho cuidado en redactar  los contratos.

 

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“Atahualpa ya pagó la deuda externa” POR Segundo J. Llanos-Horna – Lima, Perú

Atahualpa

Contabilizada por la Dirección General de Crédito Público del Ministerio de Economía y Finanzas, al 31 de marzo de presente año, la deuda pública externa del Perú ascendía a 21,426 millones 345 dólares. Es público, asimismo, que los estimados cuantitativos la proyectan, para el año 2006, en un monto de 24,000 millones. Grosso modo, esta suma es menor o equivalente en oro macizo, a la que -hace 471 años- el inca Atahualpa acumuló en Cajamarca para pagar su rescate al conquistador Francisco Pizarro, representante plenipotenciario de la monarquía española. Tal contrastación es posible gracias a un cálculo económico realizado en 1938 por un experto que cuantificó el tesoro de Atahualpa en 8,545 millones 598.57 dólares. Esta suma, técnicamente actualizada, podría sobrepasar, con creces, el adeudo público peruano, incluyendo el presupuesto general de la república del 2004 previsto por el ministro de Economía y Finanzas en 44,115 millones de soles.

Precisamente en este presupuesto, expuesto recientemente por el ministro Jaime Quijandría, aparece un significativo incremento en el servicio de pago de la deuda externa que aminora la posibilidad de atender las urgencias internas del pueblo peruano, no obstante que el monto presupuestal supera al del 2003 cuando se pontifica y urge una necesaria austeridad fiscal.

La aprehensión dolosa del inca Atahualpa, cuando sostenía una guerra civil con su hermano Huáscar fue, sin duda, el primer acto de saqueo económico y de terrorismo político registrado en el continente americano. La imaginación nos traslada a  aquellos tres meses en que grandes piaras de llamas movilizaban el oro del Tawantinsuyo para llenar el cuarto del rescate y atender la criminal exacción. La más precaria lógica indica que, cumplida la exigencia, el secuestrado debió obtener su libertad. Paradójicamente, un ucase del irracional extremeño dispuso la conformación de un “tribunal” que, en proceso sumario, decretó la muerte del inca por idolatría, adulterio, incesto, poligamia y hasta malversación, entre otros cargos.

Al pie de la hoguera, Atahualpa aceptó el bautismo a cambio de su vida, pero sólo se le conmutó la incineración por el garrote. El plan terrorista continuó con el funcionamiento de enormes fraguas, operadas bajo látigo por orfebres incaicos también prisioneros, para fundir en barras los ornamentos y joyas acumulados. De acuerdo con lo establecido, una quinta parte del tesoro estuvo destinado a la corona española, es decir, al estado monárquico promotor de la conquista. Si a esto agregamos el descomunal saqueo a que fuera sometida luego la ciudad de Cusco, capital del incario, la valoración del daño resulta realmente inmensurable. Sumadas ambas rapiñas, España tiene una indemnización pendiente que -derivada a los voraces acreedores del Perú- nos libraría de una gigantesca espada de Damocles.

En aquella época, el Viejo Mundo, del que España era parte importantísima, estaba saliendo del oscurantismo medieval por lo que los cuantiosos recursos económicos obtenidos del Nuevo Mundo resultaron providenciales para financiar su desarrollo. El estado español no tuvo escrúpulos y hasta justificó la depredación de América publicitando que las riquezas procedían de territorios habitados por salvajes adoradores de ídolos de piedra, sin capacidad de raciocinio e indignos de considerarse como seres humanos.

Opiniones de Mario Samamé Boggio y Estuardo Núñez sobre el Cerro de Pasco

(Una de las primeras páginas de mi libro PUEBLO MARTIR Tomo II – Páginas 7,8,9)

Mario Samame Boggio

A la mitad del siglo, los famosos yacimientos argentíferos abandonados o por cerrarse y los establecimiento metalúrgicos paralizados por falta de mercurio, eran los rasgos saltantes de la minería peruana en el siglo XVIII. Las únicas minas que se trabajaban entonces, eran las del Cerro de Pasco (…) El oro y la plata extraídos fueron llevados a España saciar en parte la avidez por estos metales, y en el Perú sólo quedaron como único saldo positivo, las huellas en la superficie del territorio, de una busca exhaustiva que ha servido más tarde para identificar, prácticamen­te, todas las minas que se habían trabajado. (24) (SAMAMÉ 1972:).

En pleno siglo XVIII ya el Cerro de Pasco es una boyante ciudad minera con una población fija de quince mil habitan­tes, (Henke, Tchudi, Helms, etc.) la mayoría de los cuales, directa o indirectamente, dependían del trabajo minero. A esta cantidad hay que añadir una población flotante procedente de los pueblos cercanos a la provincia de Pasco, e inclusive, provincias alejadas del asiento minero que se hallaban a cinco o más leguas de distancia y días de camino, llegando a conformar un notable polo migratorio que alcanzaba, por el norte, las provincias ubicadas en el Callejón de Conchucos y por el sur, hasta Huancavelica; abarcando una superficie de más de cincuenta mil kilómetros cuadrados.

Una ciudad minera como lo es el Cerro de Pasco, ha sido en el Perú, un producto eminentemente colonial. Esto es muy impor­tante. Nunca antes habían surgido ciudades mineras en el mundo prehispáni­co (25) CONTRERAS, Carlos. La única función que tuvieron Potosí y Huancavelica primero, y el Cerro de Pasco, des­pués, fue la de servir de alojamiento a la población que trabajaba en las minas. Esta exclusividad de función convirtió a estos centros urbanos en entes totalmente dependientes de la prosperidad de las minas para su desarrollo. Más que a imperativos estratégicos, su creación obedeció a consideraciones económicas. Es así que cuando se descubrieron los ingentes mantos de plata que estaban a flor de tierra y que, en forma restringida venían siendo explotados por los nativos, un éxodo de gentes, principalmente de la Villa de Pasco, llegaron a afincarse en los alrededores de las minas de San Esteban de Yauricocha.

Los que vinieron no lo hicieron con el fin de fundar una ciudad, no. Sólo trataron de aglutinarse para explotar los ricos yacimientos de plata cuyos filones se hallaban desperdigados en esta inverosímil altura. La edificación de las primeras viviendas obedeció a la ubicación de las vetas. Aquí no se siguieron los viejos lineamientos para fundar ciudades. Esto no funcionó aquí. La agreste topografía y la improvisación hicieron el resto.

Volviendo a la crisis minera del siglo XVIII, Estuardo Núñez, estudioso identificado con los problemas del Perú y notable conocedor de las obras dejadas por ilustres viajeros visitantes,- especialmente científicos-, nos dice en TRES INSTANCIAS DEL ORO EN EL PERÚ,  publicado en el número once de la revista editada por Centromín Perú denominada CIELO ABIERTO (25)

“De un lado el empirismo del trabajo y de otro el uso abusivo del trabajador, trajeron por tierra la riqueza minera del Perú. El colapso no se hizo esperar desde mediados del siglo XVIII (…) Para conjurar la crisis, un gobierno progresista como el de Carlos III, decidió afrontar el problema con medios avanzados de la tecnología moderna en ese momento. Al efecto, contrató en 1788 los servicios de un grupo de expertos mineros alemanes. Al frente de esta comisión compuesta por quince miembros, vino al Perú, el barón Fuerhtegott Leberech Von Nordenflych, graduado en la famosa Escuela de Minas de Freiberg. Llegados sus componentes a Buenos Aires, emprendieron por tierra su camino al Perú, unos tres mil kilómetros, deteniéndose en Potosí, Cuzco, Huancavelica, en el Cerro de Pasco y Cajatambo. Nor­denflycht elaboró un completo plan reorgani­zador de la explotación minera en el Perú, emitió y escribió muchos informes técnicos, absolvió innumerables consultas y difundió ideas liberales, por lo cual fue procesado  con su esposa por la Inquisición, acusado de “leer y poseer y prestar libros prohibidos”. Sus planes de reforma técnica no llegaron a implementarse seriamente dada la cerrada oposición que provocaron los burócra­tas de entonces (26) (NUÑEZ­, Estuardo, 1980).

El año de 1771, el trigésimo primer Virrey del Perú, don Manuel Amat y Juniet, concede a nuestra ciudad, el título de DISTINGUIDA VILLA DEL CERRO DE PASCO en reconocimiento a su importancia económica que favorecía a la Corona Española. Esta es la primera vez que en forma oficial, se le denomina a nuestra ciudad con el nombre de El  Cerro de Pasco. A partir de entonces este nombre             quedó oficializado.

Al respecto en la página 122 del libro NOBILIARIO DE LAS CIUDADES DEL PERÚ, su autor, el doctor Enrique Guzmán y Hernán­dez, di­ce: (27):

Sobre las más elevadas y enriscadas cumbres de los Andes, allí donde las nieves lucen la perenne blancura de su manto y se escucha el horrísono estruendo de la tempestad que alumbra, con la lívida luz de los relámpagos la desolación de la puna, se levantan tres ciudades cuyos nombres son sinónimos de riqueza y abundancia: La Villa Imperial de Potosí, en Charcas; la Opulenta Villa del Cerro de Pasco, en Pasco; y la Villa Rica de Oropesa, en Huancavelica. Los dos primeros vaciaron y siguen vaciando de sus entrañas la plata, sumas tan fabulosas que da vértigo; la tercera deja escapar desde sus venas torrentes de ese metal que los antiguos consagraron al dios de la riqueza y el comercio, de esa plata líquida sin la que el caudal argentífero de las otras, habría sido casi inexplota­ble (…) Respecto de la Opulenta Ciudad del Cerro de Pasco; el Virrey don Manuel Amat y Juniet, ordenó se fundara esta Villa en 1771, a causa del enorme incremento que tomaron sus ricas minas de plata  destinadas a emular las fabulosas riquezas de Potosí. Al iniciarse la guerra de la independencia, se convirtió en uno de los más activos centros de propaganda patriótica. Numerosos habitantes de la población formaron terribles “montoneras” que hostilizaba sin cesar a las tropas realistas, sobre todo cuando fueron organizadas por el argentino Don José Otero que llegó a alcanzar el rango de General de los Ejércitos del Perú.” (27)GUZMÁN Y HERNÁNDEZ 1940:122).

En el informe (28) que el Virrey Amat en 1775 eleva a S.M, el Rey de España, dice que para 1771, las minas de Potosí, Oruro y el Cerro de Pasco, eran las más ricas del reino y cuyos caudales, sólo de los tres yacimientos, hacen un total de 539 mil marcos de plata. Se afirma también que, la producción de estos yacimien­tos, fácilmente supera el millón de marcos. En ese momento-esto es muy importante-nuestras minas son el principal sustento de la Intendencia de Tarma por lo que, en los escritos de aquel tiempo, todo lo  que acontecía en nuestro ámbito, aparecía como  acontecido en Tarma.

 

ANAMELBA

(Ahora que ya se ha marchado dejando enorme tristeza en los corazones de los que la conocimos y la admiramos, evocamos un pasaje de su vida artística cuando nos visitó en el Cerro de Pasco)

Anamelba

Había causado grande impresión en la ciudad. Todos hablaban de su calidad vocal y su personal estilo de interpretar los boleros. Sus discos habían “volado” de las disqueras y las emisoras locales irradiaban a todas horas sus más recientes éxitos. Fue tanta su popularidad que cuando se anunció su presentación en nuestro teatro, todos se aprestaron a oírla, verla y prodigarle sus aplausos de cariño y admiración. La conmoción de su debut fue de tal dimensión que faltando una semana ya las localidades se habían agotado. Increíble. Muy pocas veces había ocurrido esto; sólo cuando se presentaron Ima Sumac, Los Trovadores del Perú, Jorge Escudero, Jesús Vásquez, Brisas del Titicaca, el “Mago Dilmer” y uno que otro artista extraordinario, se habían terminado las localidades con mucha anticipación. Bien merecía esta expectativa nuestra admirada, Anamelba. Ha sido para mí –particularmente- la mejor bolerista del Perú.

Desde las primeras horas de su debut en nuestro teatro ya el público se había arremolinado a la puerta del “Cine Teatro Grau” para, por lo menos, verla de lejos. Entretanto, los muchachos del “Banfield” que habíamos tenido nuestro partido de práctica en la Esperanza, nos reunimos en nuestro conocido “huarique” del “Tico – Tico” en el calle del marqués. Mientras bebíamos nuestros refrescos comentábamos la frustración de no poder ver a nuestra artista del momento. El único que tendría ese privilegio sería el director de la radio y yo que la presentaríamos en el Teatro y en “Radio  Corporación”. Nada podía hacer para conseguirles entradas a los otros muchachos. Ellos lo sabían. Entre los que quedaban, tratando de participar en las conversaciones, se distinguía un joven huanuqueño al que estábamos probando como back lateral: Roberto Yalán Soto. Ya jugaba con  nosotros en el “Jorge Chávez Fútbol Club”, conformado por los integrantes del ”Banfield” al que así nomás no se podía llegar. En el momento de más candente discusión, Yalán dice

  • ¡Ya no hay ni una entrada al cine! ¡Todas se han acabado!
  • ¡Claro pues, “chaplaquito”! –dice el “Loco” Pajuelo- ¡Todos estamos sufriendo porque no podemos ver el “lomazo” de Anamelba!
  • Bueno, yo podría conseguirles entradas….
  • ¡¡¡¡Fuera, baboso!!! –Le llovió comentarios unidos a golpes y cocachos en la cabeza. Parecía un “roche” cruel y abusivo- Esperen pues –alcanzó a decir sobre los golpes- Como ustedes saben, yo soy huanuqueño…
  • ¿….Y, Babas; qué hay con eso? ¡Todos sabemos de tu desgracia….!
  • Yo soy amigo de Anamelba. Ella es como una hermana de mi hermana Yolanda con la que han crecido juntas…
  • ¿Y…….?
  • ¿Cómo, Y…. Yo puedo hablar con ella que está con mi hermana en el hotel donde se aloja -Hubo un silencio tremendo. Todos miraban a Roberto con incredulidad, pero ¿Y si fuera cierto? Una ola de  voces se sacudió emprendiéndola contra él.
  • ¿Qué esperas entonces, bobalicón?…. ¿Por qué no vas a hablar con la “mamacita” y nos consigues las entradas…
  • ¿Si….?
  • ¡Claro pues, cojudo!!!- Pero si es mentira, no vuelvas a vernos porque te vamos a dar tu soberana paliza- Uniendo la acción a la palabra lo sacaron en vilo y lo arrojaron a la calle…

En aquel momento todos tuvieron la sospecha de que Roberto les había “chamullado”. Pensaron que no volvería. ¿Cómo iba a ser amiga de tremenda artista? Para superar la frustración siguieron con sus  comentarios y chistes cuando, a las 4.45 de la tarde, sintieron los aldabonazos tremendos a la puerta. Se miraron en silencio. “Gacho” Pagán fue a abrir. La puerta abierta de par en par dejó entrar el reverbero de los últimos rayos de sol de la tarde y, a contra luz, pudieron contemplar la majestuosa imagen de una soberbia mujer. Era Anamelba. Quedaron  atónitos. Encerrada en un lujoso vestido rojo que resaltaba sus formas extraordinarias, estaba allí, iluminándoles con una soberbia sonrisa. Sorprendidos y silenciosos la miraban mudos de adoración, cuando la pastosa voz triunfal de Roberto Yalán los sacó del mutismo.  “Como les prometí, aquí les he traído a mi hermana Anamelba para que la conozcan”. De inmediato la presentó a todos, uno por uno. Lo que les dio un vuelco al corazón fue cuando ella, sonriendo, dijo: “Mi hermano me ha contado que ya no han podido encontrar entradas para el teatro, pero no se preocupen. Ustedes van a ser mis invitados de honor en mi actuación de esta tarde. Acompáñenme al Teatro. Eso sí les advierto que como todas las localidades están vendidas, tendrán que acomodarse en el suelo. No puedo hacer más. Vamos. Y salió como como una reina. La escoltaban todos los zarrapastrosos jugadores del equipo más combatido del pueblo, el “Atlético Banfield Club” que, como bizarros escuderos escoltaban a una verdadera artista. Todos miraban con admiración y mudos de asombro a la comitiva que se dirigía al teatro. Cuando comenzó la función en medio de atronadores aplausos, Anamelba, al borde del escenario, dijo “Con el permiso de ustedes, damas y caballeros, quiero dedicar mi actuación de esta tarde a mis amigos integrantes del “Atlético Banfield Club” que me están acompañando”. Nunca como entonces emergió la admiración por aquellos mal vistos pero extraordinarios jugadores que una artista como Anamelba los presentaba e invitaba a que su pueblo los reconozca. Aquel día fueron muy felices. Todavía recordamos el acontecimiento. De los meandros de la memoria vuelve a nosotros la canción con que Anamelba inició su actuación aquella tarde. Donde esté, nuestro cariño y recuerdo a la amiga y mejor bolerista del Perú.

 

EL “CAMPO HUAYLAS”

Campo huayllas

Es una hermosa danza que se caracteriza por alegre y vistosa; una de las más hermosas danzas pasqueñas. Su cuna, el hermoso pueblo de Vilcabamba desde donde se ha irradiado a todos los pueblos de la hermosa quebrada de Chaupihuaranga.

Llegados los carnavales se baila durante cuatro días y una noche en la plaza principal de cada uno de los pueblos de la abrigada quebrada. Su nombre deriva de una costumbre ancestral: la fiesta la ofrecen los “campos” salientes a los “campos” entrantes en marco de alegre repique de campanas. No es para menos. Es tan arraigada que si por una razón u otra los salientes no organizan el homenaje a los entrantes, lo efectuará el Presidente de la Comunidad. Pero, en todo caso, el pueblo participará corporativamente.

Los “Campos” –de arriba a abajo- son los hombres investidos de plena autoridad para velar por el orden estricto en las labores del campo, especialmente en lo que a sembríos y labores pertinentes a las chacras se refiere; para mantener y mejorar los caminos que conducen al pueblo; para la construcción de locales comunales, para evitar los daños y robos de animales resguardándolos de los abigeos; para una labor lindante con lo policial y la administración de justicia. Cada vez que lo requieran, convocarán al pueblo mediante los bandos correspondientes que se hace conocer con redoble de tambor y tañido de trompeta.

La elección de estos valiosos elementos de la sociedad se efectúa así. El primer día de cada año -día de Año Nuevo- todos los comuneros se reúnen en la plaza principal del pueblo bajo la dirección del Presidente del Consejo de Administración de la Comunidad, luego se nombra dos VARAYOCS -uno para sementera grande y otra para sementera chica- de inmediato nombran al Alcalde de Campo que estará acompañado por ocho o diez auxiliares de campo; luego al Mayor de Campo y sus Regidores Campos; éstos eligen a sus Alguaciles Campos. Todos estos son elementos principales para el progreso del pueblo y son los hombres con sus respectivas mujeres, los que realizan la sin par fiesta carnavalesca que por esa razón llevan el nombre de “Campo-Huaylas” (La fiesta de los “Campos”).

Naturalmente que para los días de jolgorio se han precavido de cumplir algunos pasos necesarios, como la acumulación de leña con su trozada respectiva; la preparación de chicha en suficiente cantidad; el beneficio de los animales que habrán de sustentar la alimentación de los bailantes; la contrata de una extraordinaria banda de música que animará toda la fiesta.

Para el día central, todos los “Campos” alquilarán sus alhajas y sus varas. Estas varas de gobierno están adornadas con incrustaciones de plata para blandirlas durante toda la danza como demostración de la autoridad de la que están investidos. Ellas estarán emperifolladas con sus catas de lana que cubren sus blusas claras y polleras de color. Sombreros de lana orillados con variopinta guarnición de vistosas flores frescas. El cuello rodeado de abundantes serpentinas de colores. En una de sus manos portan un chicotillo y algunos en la derecha, una botella de trago que repartirán a lo largo del jolgorio. Todas llevan sus  canastillas adornadas de flores y frutas frescas. Todos llevan los rostros pintados de harina del juego de carnaval. Ellos, gallardos con sus ternos oscuros, camisa clara y corbata, todos con su alijo de serpentinas colgándole del cuello. El torso lo llevan cruzado, de derecha a izquierda, por una cadeneta metálica, artísticamente trabajada, con incrustaciones de piedra y; de  izquierda a derecha una cinta con los colores patrios.

La coreografía es vistosa, alegre y variada. Hombres y mujeres se desplazan en cuadrilla a lo largo del recorrido. Giran una y otra vez, pero siempre acompasando su avance con los brazos en alto y con golpes enérgicos. Los hombres con sus varas adornadas y las mujeres con sus botellas y sus cestas de flores. Una de las variedades consiste en reunirse tres parejas que danzan en giros y así llega una mujer que lleva el trago y los hace bailar.

Dos tres o cuatro pares y se detienen al ritmo de la banda y mueven las cabezas de un lado para otro, enérgicamente, al compás de la música. A medida que bailan, tanto hombres como mujeres, emiten sonoros guapidos  de alegría.

EL CERRO DE PASCO

Cerro de pasco satelitalEn la fotografía aérea que fue tomada en junio de 1955 se puede ver nuestra ciudad minera íntegra con sus calles clásicas, sus barrios conocidos, sus campamentos mineros y los sinuosos parajes que los unían. Todavía podían contemplarse las dos lagunas de Patarcocha con sus intactos espejos de agua. Una, la más grande, fue desecada contraviniendo las leyes humanas y las de la república. Sobre este terreno los “nuevos dueños” -aparecidos no sé de dónde- han trazado calles a las que les han bautizado -con anuencia de la municipalidad- nombres extraños que nada tienen que ver con su historia gloriosa. (Calles como Botafogo, Las Begonias, Primavera, Los Jacintos, etc. Podían haberlas denominado, por ejemplo, Teodomiro Gutiérrez Cueva, Luis Fabio Xammar, Fabio Mier y Proaño, María Valdizán, Enriqueta Rivera Woolcott, Gerardo Patiño López, Dora Mayer de Zulen, Pablo Inza Basilio, Gamaniel Blanco Murillo, Zózimo Mayta López, Andrés Urbina Acevedo, Teófilo Rímac Capcha, Gudelio Espinoza, Martín D. Tarazona, etc. etc. entre otros; así nuestros niños al preguntarse por su significado sabrían que hubo hombres y mujeres excelsos que han sido vilmente olvidados por su pueblo.  Porque la verdad sea repetida una vez más: No solo hemos dado ingentes cantidades de riquezas minerales que han solventado la prosperidad de nuestra nación, sino fundamentalmente,  valiosísimos seres humanos que fatalmente están olvidados por el pueblo donde nacieron).

La otra, la de tomar, otrora “bien cuidadita por las “huanquitas” la han convertido en un inmundo albañal; asqueroso  depósito de aguas servidas que originan nauseabundos e insoportable olores fétidos con peligro para la salud de los que habitan en derredor.

En aquellos momentos, la compañía norteamericana que jamás consultó con el pueblo, trazó el plano general de la “Nueva Ciudad” que  proyectaba en las pampas de San Juan, hacia el norte. Un terreno completamente húmedo. En tiempos pasados había sido una de las tantas lagunas que existían en la zona. Por eso, desde el comienzo de su historia nuestro pueblo se llamó Yauricocha. En el trazo se ve la proyección del sistema de viviendas de la nueva ciudad

Al centro han trazado una sombra macabramente negra que, andando los años, sería el Tajo Abierto. Éste, como se ha programado y se puede ver en la fotografía, abarcaría toda nuestra ciudad. Un trazo de línea blanca englobaría la primera etapa que ya se ha cumplido.

En cumplimiento de un siniestro plan pre concebido por “los dueños” de la ciudad han afirmado que “Van a cerrar nuestras minas”, cuento que vienen a sacar con fines nada santos. Nosotros, en el primer capítulo de nuestro libro PUEBLO MÁRTIR “Historia del Cerro de Pasco”, exponemos con claridad las inmensas reservas minerales del Cerro de Pasco. Esta afirmación está avalada por connotados geólogos. Ojalá que alguna entidad gubernamental o privada puedan publicar estos veinte volúmenes. Allí van a encontrar muchas revelaciones que oscuros intereses tratan que no se conozca.

Entre tanto, se está trabajando el nuevo traslado de la ciudad. En medio de una indiferencia general, pocos son los que han tomado conciencia de este trance de nuestra ciudad. En unos días –nosotros- haremos conocer nuestra posición.

 

¿Sabía usted…?

Juan MasferrerEl ciudadano español Juan Masferrer que durante su juventud demostró sus grandes dotes de actor, fue el eje principal de numerosas representaciones en nuestra ciudad y, ya entrado en años, fue excelente director. Además de su afición por las tablas fue un connotado comerciante que gozó el respeto y cariño de nuestro pueblo. Fue el hombre que le dotó de un prestigio notable al Hotel Universo donde se alojaban los más notables viajeros que visitaran la ciudad minera y, era un garito especial de juego. En sus mesas se jugaron notables fortunas de manirotos mineros y comerciantes extranjeros. Una vez entró Luis Pardo sin apearse de su caballo pidió que le sirvieran una copas de mistral para beber con las autoridades ahí presentes.

EL PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Octava parte)

El prefecto 7
Imagen referencial: Trabajadores mineros de la sección carpintería, nótese la presencia de niños como obreros. 1930. Estudio Pecho Luna. Morococha 1930. Imagen tomada del Blog de Víctor Mazzi (http://victormazzihuaycucho.blogspot.pe)

Aquel martes 17 de febrero de 1948, cuando las madrugadoras colas reptaban ateridas para lograr su diaria ración de pan en medio de un temporal de truenos inclementes que rasgaban los cielos, arribó una caravana de jeeps y camiones repleta de soldados. Tras varias vueltas por céntricas calles con fin intimidatorio fue a instalarse en la Plaza Mayor. En ese momento, un presagio de muerte se apoderó de cariacontecidos hombres y mujeres. Las viejas se santiguaron, agoreras. Tenían razón. A partir de entonces el terror se acantonaba en casas, talleres y oficinas de la ciudad minera.

Los corros lenguaraces y gesticulantes reconstruían la tragedia del día anterior. El pueblo en una negra asonada había dado muerte a la odiada autoridad que con altanería insufrible y maltrato cruel había alimentado un odio cada vez más creciente. Los  chismosos señalaban al detalle actitudes y nombres de protagonistas que los soplones apuntaban para la correspondiente delación.

En “Radio Azul”, Humberto Maldonado Balvín leía el Decreto Supremo firmado por el Presidente Bustamante y su Ministro de Gobierno y Policía,  Manuel Odría, suspendiendo las garantías en la Provincia de Pasco y nombrando como Jefe Político – Militar al coronel Emilio Pereyra, “con facultades que para el caso otorga el Código de Justicia Militar y el Reglamento de Guarnición”.

A la puerta del Hospital Carrión, un gentío acuciante se extendía por toda la calle del Estanco indagando por familiares y amigos internados. En el pizarrín, escueta y terminante, se publicaba la lista.

 Muertos.- Señor, Francisco Tovar Belmont, Prefecto del Departamento de Pasco (50), natural de Lima. Fracturas múltiples, heridas y escoriaciones en todo el cuerpo, principalmente en la cabeza.

Filomeno Paucar Aire, obrero de 23 años, natural de Yurajhuanca, muerto por tres balazos que le destrozaron los intestinos.

Heridos.- Genaro Arteaga, de 16 años,  natural de Yarushacán; herida de bala en el brazo derecho; Fructuoso Herrera Aliaga, (21), Cerro de Pasco, fractura en la pierna izquierda por impacto de bala; Máximo Clemente, (20) Margos, escoriaciones en el brazo derecho; Sabina Alvarado (16), Cerro de Pasco, herida de 4. ctms. en el parietal derecho; Celino Rodríguez (45) Huallanca, herida de bala en la rodilla izquierda; Raúl Celli (22) Piura, herida profunda en la ceja derecha; Sergio Villanueva (21) Huancayo, herida abierta en parietal derecho;  Roberto Sánchez, (21) Cerro de Pasco, herido de bala en brazos y piernas; Alejandro Flores, (23) Cerro de Pasco, herido de bala en ambas nalgas; Fabián Obregón (23) herido de bala en el omóplato derecho; Ronaldo Limpián, guardia republicano, (27) Lima, contusiones diversas; Pompeyo Ponce (16) Cerro de Pasco, bala en ambas piernas, hospitalizado en el Hospital Americano. La atención en el Hospital Carrión está a cargo de los doctores Hipólito Verástegui Cornejo y Aurelio Malpartida.

A medio día irrumpieron en la Plaza Chaupimarca, camiones repletos de soldados armados al mando del Jefe de la tercera Región de Policía, comandante José Monzón Linares. El noticiero de “Radio Azul”, por parlantes ubicados en la glorieta Escardó, balcones y ventanas, en cadena con “Radio Rancas” es escuchado con pavor por las colas que festonan la plaza principal y otras de la ciudad. Informaban que también han arribado tropas del 39º de Infantería del Ejército al mando del teniente Mariano Olivera Puga y un Batallón de la Guardia Republicana que fueron alojadas en la Beneficencia Española y en el local de la Prefectura, respectivamente. De Huancayo y Oroya estaba por llegar otro contingente de soldados. Nunca se había escuchado con tanta atención la serie de revelaciones que alarmaba a toda la ciudad minera. El locutor de “Radio Azul” puntualizaba también: “Los heridos fructuoso Herrera y Genaro Arteaga que se medicinan en el Hospital Carrión, continúan en período de franca mejoría. Los heridos Pompeyo Ponce y Ernesto Porras que han sido asistidos en el Hospital Americano de la Esperanza, fueron dados de alta por encontrarse bastante aliviados. El resto de heridos continúan recibiendo adecuada atención en los nosocomios donde se atienden. A las ocho de la noche del día de ayer, en carro expreso, fueron trasladados a Lima el capitán Echegoyen y el Secretario de la Prefectura, señor Próspero Castillejos para ser internados en una clínica particular de Lima”.

Se informaba que luego de la necropsia del cadáver del Prefecto a cargo de los doctores Hipólito Verástegui Cornejo, Aurelio Malpartida y el capitán de Sanidad Policial, Armando Gutiérrez, con la asistencia del Juez Instructor, Amadeo Vidal Tello y del Agente Fiscal Oscar Lavado, determinaron que las heridas en la cabeza y diversas partes del cuerpo, eran de necesidad mortal. Luego embalsamaron el cuerpo para ser  trasladado en tren expreso a Lima. Terminó el acto a las doce de la noche. Para la autopsia de Filomeno Páucar, realizado a la una de la tarde del día siguiente, intervinieron también, el señor Ramiro Ráez Cisneros y el perito en balística, teniente del Ejército, Narciso Velásquez. Finalizado el acto fue transportado por cuatro soldados armados  al cementerio general. El único acompañamiento que tuvo esta humilde víctima de la balacera,  fue el de su acongojada madre, la anciana Nemesia Aire.

El miércoles 18 de febrero, Carlos Falla López el subprefecto que había abandonado a su superior en el momento más dramático de la asonada, retornaba a la ciudad en calidad de Prefecto para ejercer los actos más reprobables de venganza. Entretanto habían llegado a la ciudad, invitados por la Dirección de Publicidad del Ministerio de Gobierno y Policía, los periodistas siguientes: Eduardo Jibaja, de la “Tribuna”; Carlos Stagnaro, de “El Comercio”; Carlos Rojas, de “La Prensa”; Román Hernández, de  “La Crónica”; Genaro Carnero Checa, de “1948” ; Manuel Alarcón, de “Jornada”; Federico More de “Cascabel”.

Enterados que dos periodistas de LA TRIBUNA  de Lima se encontraban cubriendo la información del funeral de Filomeno Páucar, tras arrebatarles dos rollos de película, fueron recluidos en fría prisión. Allí, sin ningún abrigo, alimento, ni bebidas calientes,  tuvo confinados a Eduardo Jibaja, redactor, Guillermo Gutiérrez, fotógrafo y Juan Durand, corresponsal y representante cerreño del diario. Cercana la medianoche, debido al frío reinante, Jibaja sufrió un brusco descenso de  presión sanguínea con una marcada hipotermia que hacía peligrar su vida.  Sólo el auxilio de un guardia caritativo que le alcanzó un termo con agua caliente, hizo superar el trance fatídico. A las cinco y media de la mañana, tras haber soportado por largas horas el incómodo encierro, los enviaron a la estación del ferrocarril escoltado por ocho policías. Ahí fueron embarcados rumbo a Lima. Juan Durand, el corresponsal, siguió prisionero. Carlos Falla López, para aparentar normalidad ante propios y extraños, dispuso que se venda ½ kilo de azúcar por persona y no los 100 gramos que había limitado hasta antes de la tragedia. Para desprestigiar cívicamente al pueblo cerreño urdió una farsa en la que participaron muchos traidores y fue publicada como verdad en todos los diarios de la capital, especialmente en EL COMERCIO, con fotografías y todo. El escudo nacional que estaba colocado, intacto y sin mácula alguna en el frontis de la Prefectura hasta el día 17, apareció magullado y completamente maltratado arguyendo que había sido arrastrado y pisoteado por la muchedumbre. “La incontenible chusma india que merece el más severo de los castigos, pisoteó el escudo nacional de la Prefectura y arrastró por plazas y calles junto con el cadáver del ejemplar servidor de la patria” mentía EL COMERCIO. Los periódicos gobiernistas decían que éramos apátridas porque no  habíamos respetado el símbolo patrio ni teníamos dignidad. “Un pueblo de esa calaña, donde la canalla, ciega e irrespetuosa, desconoce la majestad de los símbolos patrios y el valor de la vida humana, debe ser castigado con todo el peso que la ley de los hombres civilizados ha implantado. !Los criminales no tienen perdón!”

Después de la campaña difamatoria que duró tres meses, en marco de fanfarrias e himnos, se colocó otro escudo en el frontis de la Prefectura, “reemplazando al vejado por la chusma ignorante”.

El coronel Pereyra comenzaba la investigación y garantizaba el normal desarrollo de las actividades laborales y comerciales en la localidad.  Eso sí –advertía- será duro e inflexible en las pesquisas para dar con los asesinos. Que actuaría sin miramientos; caiga quien caiga. Al promediarse la tarde, hizo publicar en EL MINERO y las radios, el Bando que decretaba el Estado de sitio en la ciudad. Nadie podía asomar a la calle a partir de las ocho de la noche.

Después de instalarse el Comando, comienza a ejercer cruel venganza contra el pueblo. Como primera medida, ordenó que los “Informantes” –abyectos soplones que siempre hay en buen número en la ciudad minera- delataran nombres, direcciones y demás señales de los que habían estado en la asonada. De inmediato se efectuó una redada. El primero en caer fue Jorge Barzola. En su poder tenía las fotografías impresas por su cámara el día anterior. Ampliadas a tamaños gigantescos con una celeridad extraordinaria, pusieron en evidencia a hombres y mujeres cuyos nombres fueron revelados por los soplones.

A partir de entonces la caza se hizo espectacularmente salvaje. La cárcel se abarrotó de gentes. La miseria de los soplones involucró –por venganza- a muchos inocentes. Numerosas familias abandonaron nuestra ciudad temerosas de la cruel represalia del gobierno al ver que clausuraban nuestras emisoras e imprentas. Muchos periodistas fueron detenidos. Aquel nefasto día se ensombreció nuestra ciudad con la condena de todo el país. Hasta ahora nuestro pueblo sigue luchando por levantarse de la  condena del gobierno.

Al finalizar este estrecho relato, les recomiendo leer íntegramente nuestro libro; así se enterarán de los pormenores de aquella nefasta asonada. Gracias.

FIN