UN TRAIDOR DE LUJO (1820)

Un traidor de lujoEste es el relato que hiciera el coronel argentino José Segundo Roca, activo participante en la Batalla del Cerro de Pasco el 6 de diciembre de 1820, consignando un despreciable acto de traición que por aquellos días tuvo lugar. Él mismo coronel relata así el acontecimiento:

“Cuando el general Arenales marchó con la división sobre Huamanga el 21 de octubre, dejó como gobernador político de la provincia de lca a don Juan José Salas, persona de distinguida clase, de ilustración no común y de educación cultivada, cualidades que le habían granjeado la estimación del general, proporcionando a la división, alojamientos cómodos, víveres, caballos y cuanto se hacía necesario a la oficialidad y tropa; por éstos comedimientos, todos nosotros le correspondíamos con las más finas atenciones y deferencias”.

 “El señor Salas, que a todos merecía el concepto de un patriota decidido y leal, olvidándolo todo, despreciando las consideraciones y honores que se le habían prodigado, se había puesto en inteligencia secreta con el Virrey. En cuanto el general Arenales continuó la marcha para el interior, su correspondencia fue más frecuente con datos más positivos, más detallados y doblemente más perniciosos. La Providencia que parecía estar de parte de la causa del la libertad, puso el antídoto al lado del veneno. Los conductores indígenas de esa correspondencia de Salas para el virrey, sospecharon la traición y la entregaron al general San Martín. Varias de estas cartas, y entre ellas, la de la bella señora Rosa Campusano (guayaquileña, que disfrutaba entonces de mucho ascendiente ante el general La Serna decidida y entusiasta patriota de Lima, que había logrado sustraer clandestinamente de las gavetas de un escritorio, estaban también en poder del general San Martín. Cuando el ayudante condujo el parte de la victoria de Pasco, al regreso el general Arenales recibió órdenes con recomendaciones encarecidas, de hacer comparecer a Salas en el cuartel general con toda seguridad y la mayor brevedad posible”.

 “Salas llegó muy ufano al cuartel general de Retes, llamando la atención el conjunto de su lujoso traje militar, montura, sable, botas granaderas, y sobre todo, su estatura gigantesca. El oficial conductor lo presentó en el acto al general San Martín, diciendo, que lo remitía el comandante Bermúdez desde Huancayo por órdenes que había recibido para ello. El general entonces pidió a su secretario privado, capitán don Salvador Iglesias, que le trajera las cartas que tenía de Salas; siéndole presentadas, las revisó, tomó de entre ellas una, y enseñándole la firma le preguntó: ¿Conoce usted esta carta? Salas respondió: -Sí, señor, la conozco; es mía. El general le dijo entonces: -Pues si usted las reconoce, lea su contenido. Salas al reconocer su letra, creyó probablemente que era alguna de las que había escrito desde lca al mismo general a Pisco, pero en cuanto dio vuelta la hoja para leerla desde el principio, se encontró con que era de las que había dirigido a Lima aconsejando la sorpresa al comandante Bermúdez en lca. Quedó estupefacto, sin sentido; y comprendiendo de golpe su crimen y que ya no eran momentos de recurrir a disculpas, no encontró más recursos que postrarse a los pies del general San Martín, y abrazándole las piernas implorar:

 -Piedad, perdón, clemencia para un hombre débil, inexperto, alucinado por el poder de los realistas, que él conceptuaba invencible. El general entonces dio dos pasos atrás, le dirigió una mirada de despreció con sus ojos centelleantes diciendo:

 -Yo no he venido a este país a sacrificar bichos tan miserables como éste; y volviendo la espalda, ordenó que en el acto se mandase al puerto de Huacho, le embarcasen en el buque que iba a zarpar rumbo a Valparaíso, remitiéndolo a disposición del gobierno de Chile, con exposición de la causa y sus antecedentes. La orden del general San Martín se cumplió, y Salas permaneció alejado durante su administración; más cuando Riva Agüero asumió la presidencia del Perú en marzo de 1823, no sólo le permitió regresar al país, sino que lo llamó a la carrera militar, no recuerdo bien, si en la clase que le confirió el general Arenales o con ascenso; esto no importa gran cosa, pero si conviene saber, que no fue este el único de los actos notables de la corta administración Riva Agüero”.

 “Bajo la prestigiosa influencia del ejército libertador, en el mes de diciembre de 1820 los pueblos de Cuenca, Ambato y Loja, del departamento de Quito, habían proclamado su independencia; enseguida el departamento de Trujillo y sus provincias repitieron el mismo grito, encabezados por su intendente el marqués de Torre Tagle; y a su imitación hicieron otro tanto las ciudades de Moyobamba, Chachapoyas y demás pueblos del departamento de Maynas; es decir, todo el norte del Perú, se sometió al poder de nuestras armas”.

Coronel del Ejército patriota José Segundo

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