CÉSAR VALLEJO EN EL CERRO DE PASCO

Cesar Vallejo

El hogar formado por el comerciante y minero Domingo Sotil y la respetable dama cerreña Domitila Woolcott, sufrió un dramático final el 23 de julio de 1911. Aquel día fallecía repentinamente en su hacienda Racracancha, la señora Domitila,   dejando sumido en el dolor y la orfandad a su esposo y sus siete hijos. Un fulminante paro cardíaco le causó de la muerte cuando se preparaba a viajar a Lima y residir allí para conducir la educación de sus hijos. La señora Domitila Woolcott –miembro de una de las más distinguidas familias descendiente de ingleses- había nacido en el Cerro de Pasco el 7 de mayo de 1873 y, concluidos sus estudios primarios en una escuela religiosa regentado por monjas fue enviada a Lima donde estudió en los mejores colegios recibiendo esmerada educación e ilustración notables. De regreso en su tierra se unió en matrimonio con don Domingo Sotil, el 9 de abril de 1891, cuando estaba por cumplir los dieciocho años de edad. Su estadía la hizo en su hacienda Racracancha donde vivió plenamente feliz durante los veinte años de vida matrimonial hasta el repentino momento de su deceso

El trance dramático en el que se vio envuelto don Domingo Sotil por procurar una adecuada preparación educativa a sus hijos, lo resolvió trayendo a un maestro para que personalmente se ocupara de la preparación de sus tres hijos mayores. Exigente en la elección se decidió por don César Abraham Vallejo Mendoza cuya hoja de vida decía que había nacido en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892. Que sus estudios primarios los había realizado en el Centro Escolar No. 271 del mismo Santiago de Chuco, y desde abril de 1905 hasta 1909, la secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco. Que en 1910 se matriculaba en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo y en 1911 viajaba a Lima para matricularse en la Escuela de Medicina de San Fernando, pero se había retirado por carencias económicas. Trabaja en las minas de Quiruvilca y después en la hacienda azucarera Roma del valle de Chicama. Al año siguiente retornaba a Trujillo a retomar sus estudios universitarios. En esos momentos estaba trabajando como profesor a fin de costearse sus estudios. En la entrevista personal, don Domingo Sotil quedó conforme con la sólida preparación del profesor y, de inmediato, lo llevó al Cerro de Pasco impresionándolo vivamente. A poco de llegar, el diario el MINERO ILUSTRADO publica su primer soneto en la edición del 6 de diciembre de 1911. Entraba Vallejo en el difícil mundo de la poesía del que fue el más grande representante peruano.

                    SONETO

El día toca a su fin. De la cumbre

de un enorme risco baja el rebaño,

pastor garrido, que con pesadumbre

toca en su quena un yaraví de antaño.

 

El sol que lento cae, con su lumbre

da un tinte de misterio y de tristeza

a un campo de solemne soledumbre

La aura pasa suave. La noche empieza.

 

La choza pastoral está a la orilla

De un río de corriente silenciosa,

hila en la puerta una india candorosa.

 

Después, los labradores en cuadrilla,

Rendidos se recogen a la choza,

da la seis en el reloj de una capilla.

  VIDA E IDEAL

Juego… ¡Qué se yo de la suerte mía!

Juego…Y enervado con la alegría,

Jamás horizontes escudriñó.

¡Oh!. ¿Cuán feliz es nuestra ¡Edad de Niño!

Pero al fin salgo de esa Edad de Plata

Y nada hay que me agite y que me abata.

 

 

 

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