DESPUES DE LA NEVADA

Cerro de Pasco despues de la nevada

Imagen de San Juan Pampa al día siguiente de una nevada. Como si todas se hubieran descargado durante la tormenta del día anterior las nubes casi han desaparecido del cielo que ahora luce hermosamente azul. Las casas ateridas debajo de los cerros guardan la simetría que los arquitectos modernos le han impreso. Calles rectas como para una cálida ciudad costera y cálida por donde al viento y la nevisca se pasean de un extremo a otro como Pedro por su casa. Qué diferencia con la antigua ciudad de Chaupimarca.

Los primeros españoles que la ocuparon, jamás pararon mientes en cuadraturas ni orientaciones previas. Levantaban sus casas resguardando su mina para explotarla resguardándola por sus herméticos muros. Otro minero hacía lo propio más allá. Entre una vivienda y la otra -¡eso sí!- debían dejar una calla estrecha por donde transitaban mulas y mineros en el diario laboreo de explotación. Este tipo de conformación permitió que las casas en Chaupimarca y alrededores fueran más abrigadas que las de San Juan. Su laberíntica conformación así lo determinó. De esa manera nació nuestra vieja y querida ciudad, caótica y desordenada,  pero con una personalidad única en el mundo.

Algo parecido ocurrió en Guanajuato (México) ciudad minera como la nuestra, sólo que allá, se tuvo una mística diferente respecto de la tierra madre que los cobijaba. Agradecidos por los bienes materiales que recibían de la tierra, invirtieron sus dineros para embellecerla. Proyectaron sus viviendas y edificios de tal manera que, trascurridos los años, perviven invictos desafiando el tiempo. Erigieron hermosos templos que todavía perduran, teatros, universidad, edificios administrativos y enormes casonas.

En el Cerro de Pasco, no. Desde sus orígenes, pasmados ante la abundancia de plata a ras del suelo que se hallaba en orgiástica abundancia, supusieron que muy pronto se agotarían sus filones y acumularos sus  ganancias para invertirlas en otros lugares. En su fugaz permanencia se aposentaron en sus cómodas casonas sin importarles el entorno. Fueron poquísimos los mineros extranjeros que dejaron sus huesos en nuestra tierra.

Actualmente da la impresión de que los cerreños perteneciéramos esa tribu berebere de los tuareg del desierto del Sahara que andan nómades en busca de un lugar donde aposentarse. Así nosotros, en estas  altitudes, vamos de un sitio a otro supeditados a lo que los “amos” decidan sobre nuestro destino. Como siempre ha sucedido, los cerreños no nos podemos de acuerdo para un decisión consensuada. Miles de suposiciones y maldicientes afirmaciones se multiplican en nuestras instituciones y nuestras calles. ¿Hasta cuando seguirá ocurriendo esto?.

Parece que estos fuera una creación fantasiosa y carente de verdad, pero no es así. Hay que revisar documentos de las Cajas Reales y otros repositorios.

 

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