Testimonio de Antonio Raimondi a su paso por el Cerro de Pasco.

antonio raymondi

“Visitando yo en 1857, en compañía del doctor don Clemente Blanco, la gruta llamada de Sanso-Machay, en las cercanías del Cerro de Pasco, no pudimos obtener que los indios que nos servían de guías, entrasen en la gruta para ayudarnos a excavar algunos huesos de animales  antediluvianos que se encuentran en el terreno que forma el piso de la cueva; y a pesar de todo mi deseo, tuve que desistir de mi proyecto por falta de brazos que me ayudasen, habien­do sólo recogido algunos huesos de poca importancia que pude sacar por mis propios esfuerzos.

Los indios que nos acompañaban permanecían a la entrada de la cueva y como no podían vernos por algunos recodos y desigualdades del piso, nos gritaban continuamente desde afuera para que saliéramos diciéndonos que padeceríamos de dolores por toda la vida, y como no contestábamos a sus ridiculeces nos creían muertos.

Salí pues de Lima en 1857, acompañado del doctor Clemente Blanco, el día 4 de febrero y subiendo por la quebrada del Chillón, atravesamos la elevada cordillera por el paso llamado de la Viuda, para entrar en la rica hoyada mineral del Cerro de Pasco. Después de haber recorrido las tortuosas calles de la frígida población, bajé a visitar sus entrañas de las que se han extraído fabulosas cantidades de plata.

Del Cerro de Pasco nos dirigimos a la mentada gruta o Cueva de Sanso-Machay, para descubrir algunos restos de animales que hoy en día no existen, y bajando enseguida por Chacayán, tomé por la quebrada de Michivilca, la ruta hacia la población de Huánuco.

Concluida mi exploración en la parte central del Perú, y habiendo relacionado mis trabajos geográficos con los anteriores, continué mi itinerario dirigiéndome hacia el norte, pasando de Huancayo a Tarma para seguir después al Cerro de Pasco.

Hallándome en el célebre asiento mineral del Cerro de Pasco, supe que la comisión hidrográfica presidida por el señor contralmi­rante Tucker estaba en Huánuco y aunque deseaba hacer algunos estudios sobre la constitución geopolítica el Cerro de Pasco, importante hoya mineral, dejé este trabajo para mi regreso y apresuré mi marcha a Huánuco con el objeto de alcanzar a la comisión y entrar juntos a las montañas del Pozuzo y Mairo.

El 30 de julio salí del Cerro de Pasco y media hora después veía el primer arroyo que se puede considerar como el origen del río Huallaga.

El agua de este arroyo, uniéndose con la de otros y la que sale de un puquio suministra la fuerza necesaria para hacer marchar las ruedas hidráulicas de los ingenios para moler el metal que se extrae de muchas minas del Cerro de Pasco.

En ninguna parte del Perú, se ha aprovechado tanto de las fuerzas que puede dar alguna corriente, como en el Cerro de Pasco, sirviendo la misma agua para un gran número de haciendas que se suceden una tras otra, a pocos pasos de distancia. Sólo falta reemplazar las antiguas ruedas horizontales que utilizan solamente una pequeña cantidad de fuerza que puede dar el agua, con otros motores hidráulicos más perfeccionados, tales como las turbinas, con las cuales se puede obtener con la misma cantidad de agua, una doble fuerza.

Después de un poco más de dos leguas de camino, llegué a la hacienda La Quinua en la que existe la antigua Casa de la Moneda, actualmente paralizada, donde se han acuñado todas las piezas de plata que llevan la inscripción “Cerro de Pasco”

Seguí mi marcha por la quebrada y pasando por los caseríos de Chicrín y Cajamarquilla, llegué a la población de Huariaca y enseguida a la de San Rafael.

Después de cinco días de descanso en Huánuco, empleados en poner en orden mis notas de viaje y en hacer algunas observaciones, salí de la ciudad con dirección al Cerro de Pasco, pasando por la población de Huacar.

El camino entre Antapirca y el Cerro de Pasco, exceptuando algunos pequeños trechos con escalones sobre piedra, es bastante regular. Pasando por la laguna de Alcacocha, llegué a la población minera del Cerro de Pasco. Por tercera vez entraba a esta gran hoyada de la que han salido inmensas riquezas; pero en esta ocasión venía con el propósito de hacer algunos estudios sobre diferentes formaciones geológicas que constituyen el terreno de este rico y célebre asiento minero.

Un amigo mío, don Alfredo Bignon, que se hallaba establecido desde tres años en el Cerro de Pasco, tuvo la bondad de acompañarme en mis excursiones en toda la circunferencia de la hoya metalífera.

Con la experiencia que había adquirido durante largos años de viaje y el estudio de gran número de metalíferos del Perú, la formación geológica de la hoya del Cerro de Pasco, que en mi primer viaje me había parecido oscura y difícil de estudiar, esta vez la vi muy clara y sencilla.

El hallazgo de unos fósiles me proporcionó además un horizonte geológico para conocer la edad relativa de los otros terrenos.

Al recorrer con mi amigo Bignon este importante lugar, le comunicaba mi opinión sobre la naturaleza de una rocas ferrugino­sas anómalas, las que según mi modo de ver eran rocas sedimentarias modificadas por el metamorfismo; y que el mineral argentífero, que con el nombre de cascajo forma el inmenso depósito que se explota desde mucho tiempo, tenía el mismo origen, esto es, una arenisca metamórfica impregnada de plata.

Poco tiempo después, dicho amigo me trajo a Lima una concha fósil hallada en el cascajo, que tenía la mima naturaleza de este último, y era por consiguiente argentífera como él.

Con este nuevo hallazgo no me quedó duda alguna sobre el extraño origen del mineral argentífero llamado cascajo en el Cerro de Pasco, el que puede considerarse como una arenisca jurásica, profundamente modificada por el metamorfismo e impregnada de plata.

Después de haber estudiado la formación geológica de la rica hoya mineral de carbón, a cuyo lugar tuvo la bondad de acompañarme el señor Gustavo Maggela.

Llenados mis deseos aunque no completamente, por escasez del tiempo, me decidí emprender la marcha hacia la costa, bajando por la quebrada de Chancay que todavía no conocía.

El día 16 de setiembre salí del Cerro de Pasco dirigiéndome a la hacienda Conoc, que dista seis leguas, el camino es casi enteramente llano, sobre planicies elevadas y frías donde la vegetación está casi reducida a un tapiz verde formado de diminutas plantas que no se elevan dos pulgadas de la superficie del suelo.

El camino por el que se va a Conoc es el mismo de Rancas, dividiéndose el de Conoc a media legua de distancia del Cerro de Pasco. La hacienda Conoc es de ganado lanar y bastante productiva por tener un mercado seguro en la cercana población del Cerro de Pasco, donde se consume bastante carne. (RAIMONDI, Antonio. EL PERU.

 

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